Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Su Majestad, Pastora Imperio (I): La forja de una estrella

Cuando una está predestinada al arte, éste se acaba imponiendo… y Pastora lo traía de serie. Nacida en 1885 en el sevillano barrio de la Alfalfa, era hija de Rosario Monje ‘la Mejorana’, gran bailaora gaditana retirada antes de tiempo para dedicarse a su familia, y del sastre de toreros Víctor Rojas.

Su padre deseaba para ella una vida “normal”, como la de cualquier chica de su edad, pero el destino es caprichoso… te busca y te atrapa, y si Pastora sale indemne de Serva la Barí, donde el cante y el baile florecen en cada esquina, en Madrid le aguarda su encuentro definitivo con el duende.

Pastora Imperio (El Arte del Teatro, 15-8-1907)

Pastora Imperio (El Arte del Teatro, 15-8-1907)

Con el cambio de siglo, la familia se traslada a la Villa y Corte en busca de algún remedio para la enfermedad de Víctor, y se instala en un piso de la Calle de la Aduana, justo debajo de la academia de baile de la maestra jerezana Isabel Santos.

“-… ¡Y ahí empezó el queso! Yo, desde que me di cuenta de que arriba se movían los pinreles y se tocaban los palillos, no vivía ni dejaba tranquilo a nadie. Si estaba fregando la escalera y oía bailar, dejaba la rodilla y me ponía a dar saltos sobre un escalón. Un día se me prendieron fuego las ropas porque iba por el pasillo de mi casa con el quinqué de petróleo entre las manos y, al escuchar arriba un bolero, me puse a dar saltos con el quinqué y todo, y, claro, me quemé. En fin, una fiebre, una locura.
-¿Y sus padres de usted qué decían de sus aficiones?
-Pues mi padre decía que me iba a romper una pierna para que no saltara tanto.
[…]
-… un día, fregando la escalera, llegó un señor y me preguntó por la academia de baile […]. Me dijo que era D. José Fernández, amo de un teatro que se llamaba Japonés, y donde las mocitas bailaban mucho. Yo aproveché la ocasión y, con el achaque de acompañar al caballero, me colé en la academia […]. Aquel día nació en mi imaginación la idea de ser artista. Me volví loca del todo” (Nuevo Mundo, 23-2-1917). (1)

Pastora Imperio, junto al elenco de artistas del Teatro Japonés (Vida Galante, 7-10-1900)

Pastora Imperio, junto al elenco de artistas del Teatro Japonés (Vida Galante, 7-10-1900)

Tras vencer la reticencia inicial de su padre, en octubre de 1900 la joven Pastora debuta en el recién inaugurado Teatro Japonés de Madrid, uno de los muchos salones que en esos años comienzan a surgir en la capital, dedicados al cultivo del denominado género ínfimo o de variedades, que, una vez superada su sicalíptica etapa inicial, se ofrece como un entretenimiento apto para todos los públicos, incluidas las damas:

“¡LAS SEÑORAS PUEDEN ASISTIR AL TEATRO JAPONÉEEEEES!!! Y las señoritaaaaas!!! POR MELINDROSAS QUE SEAAAAN…!!!” (La Correspondencia Militar, 1-10-1900).

“Lujo, luces, confort, elegantes acomodadores, buffet bien servido y alegría en todo el local. Pero alegría sana, a la cual no podría poner reparos el más severo padre de familia ni el más austero Pidal. […]
Van señoras, y puede verse, entre fraques y smokings, numeroso público que escucha correcto y complacido” (Heraldo de Madrid, 28-10-1900).

En el Salón Japonés actúa una compañía de varietés franco-española, que incluye cupletistas, actrices, teatro de fantoches, linterna mágica y dos parejas de baile español: las Hermanas Domedel y las Hermanas Imperio, nombre con el que el periodista Alejandro Saint-Aubin bautiza al dúo formado por Pastora Rojas y Mariquita la Roteña. Las jóvenes artistas interpretan un repertorio de bailes españoles, como el vito y la jota.

Tras una breve estancia en el local de Don José Fernández, en abril de 1901 la hija de la Mejorana debuta en el Salón de Actualidades, donde se anuncia de manera intermitente durante el primer lustro del siglo XX. Sobre esas tablas se va fraguando la leyenda de la Imperio, que no tarda en ocupar un lugar destacado entre las grandes figuras de su género.

Las Hermanas Imperio (Vida Galante, 18-1-1918), composición mía

Las Hermanas Imperio (Vida Galante, 18-1-1918), composición propia

De hecho, los espectáculos de variedades constituyen un espacio idóneo para la convivencia de distintos estilos, que favorece la innovación y la versatilidad de los artistas, y Pastora es un claro ejemplo de ello, pues no se limita a bailar -ya sea sola, ya en pareja-, sino que además debuta como cupletista y actriz, recita monólogos e interviene en apropósitos cómico-líricos, en los que muestra todas las facetas de su arte, siempre castizamente andaluz. Incluso protagoniza una obrita escrita expresamente para su lucimiento como cupletista y bailaora, que lleva por título El imperio de la Imperio (La Correspondencia de España, 22-11-1902).

En lo que respecta al arte de Terpsícore, en esos primeros años la sevillana llama especialmente la atención bailando el tango, con mucha gracia y su mijita de picardía, pero siempre dentro del buen gusto:

“Cuando en los últimos compases del tango su cuerpecito se encorva, se riza en vertiginosas ondulaciones, adelántase provocativa su cabecita desafiando las iras del respetable con el brillo de sus ojos negros […]; frúncense sus labios, arrúgase su entrecejo, oprímense sus dientecillos, aprietan sus afilados deditos el sombrero cordobés, estrujando las negrísimas bandas de cabellos que caen sobre la frente […] Pastora Imperio es de las pocas artistas que saben bailar, y desde los primeros compases de las soñadoras danzas andaluzas no limita su trabajo al cruce de pies y al agitar monótono de los brazos: en ella se balancea todo el cuerpo; sus manos agarran nerviosamente las sedas del vestido; los piececitos vibran en acompasado golpear sobre las tablas del escenario y su hermosa cabeza inclínase a veces como pidiendo un beso; pero con enérgico ademán échase atrás rápidamente, lanzando en calenturiento arranque los claveles y las peinetas que adornan sus cabellos” (El Arte del Teatro, 15-8-1917).

Pastora Imperio (José Villegas, 1905)

Pastora Imperio (José Villegas, 1905)

Pastora interpreta los bailes de siempre de un modo novedoso y muy personal, que recuerda en cierto modo a las danzas orientales y desata el entusiasmo de quienes la contemplan. Periodistas y escritores empiezan a caer rendidos ante sus formas, su belleza y sus cautivadores ojos verdes; y ensalzan el buen gusto y la finura que caracterizan a su arte:

“Sé que el baile andaluz es la cosa más admirable y que representa el triunfo más alto de la gracia. Viendo a la Imperio arquearse y trenzar sobre el tablado sus danzas todo voluptuosidad y brío, viéndola siempre plástica y arrogante, siempre desafiadora y triunfal, he comprendido el por qué las bailadoras tartesianas hicieron famosa a su patria en la Corte de los Césares…” (El Hidalgo de Tor, El Noroeste, 8-9-1906).

“La Imperio, cuando baila, prescinde de los cánones fastuosos, de los resoplidos, de los gritos, del ruido y del taconeo, que levanta polvo y molesta. No pone en juego las caderas, ni usa los brazos como banderines, ni abre las manos como en aleteo. Su tango es singular, originalísimo; bello como una danza griega, artístico como los bailes de la Mata Hari, de la Truhanowa y de Isadora Duncan. Las demás ‘bailaoras’ bailan tangos ruidosos, desenfrenados, jadeantes, como los que se ven en ciertos cafés ‘por el consumo’. La Imperio es sigilosa y serpenteante como una bayadera de Jacquoliot. Baila sin más ruido que el de las castañuelas de sus dedos; su falda no revolotea, sino que se le ciñe al cuerpo con la fina sensualidad de una camisa; sus brazos tienen la soltura noble de una pitonisa, y sus pies de andaluza airosa dan tanta fina agilidad y tanta gracia al baile, que, siendo aquella silueta alta, gentil, cimbreante y delicada, se recuerda la copla popular:
‘Eres fina y eres alta
como junco de ribera…’” Cristóbal de Castro (El Liberal, 28-4-1909).

La sevillana alterna sus largas temporadas en los teatros madrileños con actuaciones en otros lugares de España y Portugal. En 1906 se anuncia durante varios meses en el Kursaal Central de la Villa y Corte, donde coincide con otras grandes figuras del género de variedades, como Amalia Molina o la Fornarina.

Secuencia fotográfica de los bailes de Pastora en México (El Diario, 19-11-1908)

Secuencia fotográfica de los bailes de Pastora en México (El Diario, 19-11-1908)

En octubre de 1907 Pastora debuta en el Casino de París, donde se representa la fantasía coreográfica La Tulipe Noire seguida de un amplio programa de variedades. Tanto el público como la crítica se rinden ante la bailaora, que obtiene un gran triunfo:

“¡Pastora Imperio, muchacha salvaje, cuyos dedos crujen como castañuelas, cuyo cabello de noche oscura aureola una cabeza de extraña belleza y energía feroz! ¡Pastora Imperio parece que levanta polvo de oro a su alrededor!” (Le Gaulois, 22-10-1907). (2)

Tras una nueva visita a la capital del Sena para intervenir en un festival benéfico celebrado en el Hôtel Porgès, en junio de 1908 la Imperio emprende su primera gira por Latinoamérica, con escalas en Cuba y México. Durante los meses de verano se presenta con gran éxito en el Teatro Actualidades de La Habana y en noviembre debuta en el Principal de Veracruz.

Gustan mucho sus picarescos cuplés, que entona con voz agradable y clara dicción, y también sus bailes: el clásico tango, los nuevos ritmos de moda, como la farruca y el garrotín, e incluso la rumba cubana, recientemente incorporada durante su estancia en la isla caribeña.

La sevillana sorprende, además, por su originalidad, su elegancia y su dominio absoluto de la escena. Por todo ello, no es de extrañar que, según la prensa mexicana, Pastora sea, “cobrando cuarenta duros españoles por noche, […] la que bate actualmente el récord del ‘buen cobrar’” (El Imparcial, 10-1-1909).

NOTAS:
(1) “Pastora, la apasionada”, entrevista por El Caballero Audaz.
(2) La traducción de los textos extranjeros es nuestra.

 


Luisa ‘La Pompi’, una cantaora imprescindible (I)

(Artículo revisado en octubre de 2017, tras las III Jornadas de Estudio del Cante, celebradas en Jerez y dedicadas a la memoria de Luisa Ramos Antúnez, Luisa Requejo y María Valencia)

 

Luisa Ramos Antúnez, conocida artísticamente como “La Pompi”, vino al mundo en 1883 (1) en Jerez de la Frontera, en la calle Nueva del flamenquísimo barrio de Santiago. Tanto ella como su hermano Rafael, “el Niño Gloria”, y su hermana Manuela “la Sorda” poseían extraordinarias cualidades para el cante, lo cual les permitió salir de las gañanías jerezanas y ganarse la vida como profesionales del flamenco.

La Pompi junto a sus hermanos, La Sorda y el Niño Gloria

Luisa ‘La Pompi’ junto a sus hermanos, La Sorda y el Niño Gloria

Gracias a Javier Osuna y su magnífico blog Los fardos de Pericón, hemos tenido acceso a un interesante testimonio en primera persona de La Pompi, que al final de su vida concedió una entrevista al diario gaditano La Voz del Sur.

Primeros pasos como profesional del cante

Según su propio relato, Luisa Ramos se inició como profesional a los 18 años de edad -esto es, en los albores del siglo XX- en el café cantante ‘La Primera’ de Jerez y marchó después a la capital andaluza, para debutar en el café ‘La Bombilla’. En ambos locales coincidió con algunos de los artistas flamencos más destacados de su época:

“… empecé a cantar a los dieciocho. […] En Jerez; en mi tierra. Fue en “La Primera”, un café cantante que estaba frente a la Plaza. Allí actuaban Manuel Torres, el Niño Medina, Carmelita Borbolla, Mariquita la Roteña […] Luego a Sevilla. A “La Bombilla”. Con Chacón, Manuel Escacena, Pastora Pavón, La Niña de los Peines… Después a La Barqueta” (La Voz del Sur, 23-7-1950).

Café La Bombilla, de Sevilla (foto de Blas Vega)

Café La Bombilla, de Sevilla (foto de Blas Vega)

Durante los años 1913 y 1914, hay documentadas varias actuaciones de la ‘cantadora por lo jondo’ La Pompi en el café ‘La Primera’ de Jerez, acompañada a la guitarra por Javier Molina y compartiendo cartel con artistas como la bailaora Antonia la Coquinera:

“… Antoñita la Coquinera, popular y simpática bailadora, en unión de las cantadoras por ‘lo jondo’ La Pompi y Sebastianita, son aplaudidísimas a diario por los asiduos concurrentes a este Salón” (Eco Artístico, 5-10-1913).

“Son muy celebrados la cantadora de flamenco La Pompi y el inimitable guitarrista Javier Molina” (Eco Artístico, 5-2-1914).

En esa época, también se puede ver a Luisa en los teatros Principal y Eslava de su ciudad, cantando una saeta durante la representación de la obra Malvaloca, de los Hermanos Quintero. Ése es uno de los estilos que mejor domina la cantaora jerezana.

“La compañía Balmaña, que había terminado el abono abierto en el Teatro Principal, se trasladó anoche al de Eslava, donde se propone continuar la campaña artística que viene desarrollando en esta ciudad.

[…] La saeta final será cantada por la popular cantadora La Pompi” (El Guadalete, 21-3-1914).

La bailaora Antonia Gallardo Rueda, la Coquinera

La bailaora Antonia Gallardo Rueda, La Coquinera

Muy apreciada en Serva la Bari

En la década de los diez, Luisa Ramos también posee ya una fama considerable en Sevilla. Su cante es muy valorado por los buenos aficionados, que no sólo disfrutan de su arte en los teatros y cafés, sino que también cuentan con ella para sus fiestas y eventos privados.

Así, por ejemplo, en 1916, la jerezana y José Cepero amenizan con su cante la fiesta flamenca que se celebra en el domicilio trianero del torero Juan Belmonte con motivo del bautizo de su hermano pequeño. Les acompaña a la guitarra Baldomero Ojeda.

“… varias parejas de jóvenes bailaron las clásicas sevillanas, en tanto que las bandejas de cañas de olorosa manzanilla corría (sic) de mano en mano, iniciándose la juerga, que se prolongó hasta las últimas horas de la madrugada.

En la fiesta tomó parte un cuadro flamenco compuesto por el conocido cantaor Cepero, La Pompi y el tocador Baldomero” (El Noticiero Sevillano, 4-2-1916) (2).

Ideal Concert de Sevilla

El Ideal Concert de Sevilla

Desde 1919 y durante los primeros años 20, al menos de manera intermitente, Luisa Ramos Antúnez forma parte del elenco del Ideal Concert, sito en sevillana Calle Calatrava, en la zona de la Barqueta. Caracol el del Bulto, padre de Manolo Caracol, dirige el cuadro, integrado por una docena de artistas:

“… A más del cuadro flamenco formado por doce cañís de lo más flamenco que puede darse y acompañados a la guitarra por los profesores Baldomero Ojeda y Antonio Molina, toman parte los afamados cantadores ‘Caracol’ y ‘La Pompi’ y un cuadro coreográfico dirigido por el maestro Pericet, que gustó enormemente” (La Unión, 23-2-1919).

Unos meses más tarde se puede ver a La Pompi en la Venta de Villa Rosa, junto a la cantaora Rosalía -Rosalía de Triana, suponemos-; y en el Salón Variedades, de la Calle Amor de Dios, en un cuadro dirigido por el guitarrista Antonio Moreno. José Blas Vega, en su libro sobre los cafés cantantes de Sevilla (3), reproduce un cartel de este último local, en el que también figura, como artista destacada, la cantaora Lola la Macarena.

“El propietario de Villa Rosa, para corresponder al favor del público, presenta todas las noches un […] cuadro andaluz, en el que sobresalen las célebres cantadoras de flamenco La Pompi y Rosalía” (El Liberal de Sevilla, 13-7-1919).

Rafael Ortega y Laura Gómez (La Nación, 26-11-1929)

Rafael Ortega y Laura Gómez (La Nación, 26-11-1929)

En 1920, la cantaora jerezana se ve obligada a retirarse temporalmente de los escenarios a causa de una enfermedad. Sus compañeros del Ideal-Concert le dedican un festival benéfico al que también se suman otros artistas, como la pareja de baile formada por Laura Gómez y Rafael Ortega:

“En la noche del jueves último, y para beneficio de la popular cantadora de flamenco La Pompi, a quien una enfermedad obliga a retirarse temporalmente de la profesión, se verificó un espectáculo en el que además de las artistas que con éxito actúan allí a diario, tomaron parte los más conocidos artistas del género flamenco, en sus variedades de canto, baile y toque, que prestaron generosamente su concurso en obsequio a la beneficiada.

[…] El ‘clou’ de la fiesta lo constituyó el debut de Los Gómez-Ortega” (El Liberal de Sevilla, 24-1-1920).

Una restablecida de su dolencia, La Pompi regresa al local de la Barqueta. Caracol padre continúa al frente del cuadro, compuesto por los cantaores María la Moreno, José Cepero, Carlota y Rita Ortega; el tocaor Baldomero Ojeda; y los bailaores Antonio Ramírez y Eloísa Albéniz, entre otros artistas:

“Actúa un cuadro flamenco bajo la dirección de Manuel Ortega “Caracol” en el que figuran Rita y Rosario OrtegaLa Farrié”, Carlota Ortega, Manuela Moreno “La Piruli”, Emilia Juana Vargas y Antonia Ramírez; las cantadoras de flamenco La Pompi y La Moreno, y los tocadores de guitarra Baldomero Ojeda y Juan el de Alonso; […] y el cantador de flamenco José López Cepero” (Eco Artístico, 30-11-1921).

María "la Moreno"

María ‘La Moreno’

Gran saetera

En los años veinte, Luisa Ramos, -junto a sus hermanos Manuela y Rafael– es una de las artistas que cada Semana Santa se asoma a los balcones de Sevilla para lanzar al cielo sus saetas, que se encuentran entre las más cotizadas y no tienen nada que envidiar a las de La Niña de los Peines, Arturo y Tomás Pavón, Manuel Vallejo, Manuel Centeno o la Niña de la Alfalfa.

“… ¡Y llegó la Macarena! […]
En calle Sierpes había también pugilato de ‘saetas’. La Niña de los Peines, Arturo, el otro hermano, la Pompi, un enjambre de ‘cantaores’ que en estos días quedan sin glotis” (El Liberal de Sevilla, 26-3-1921).

“Profesionales de la ‘saeta’. Centeno, el célebre cantaor, no admite rival. […] Con él alternan Cepero, Vallejo, las Pompi, la Niña de las Saetas, la Goyita y otros elementos espontáneos” (La Voz, 29-3-1923).

En la entrevista que hemos mencionado, la artista jerezana también se refiere a su faceta como saetera en Sevilla y, posteriormente, en Jerez:

“- ¿Y saetas?
– También. En Sevilla he cantao mucho en La Campana.
– ¿Pagan bien eso?
1.500 pesetas por noche. Hay que cantarle a toas las cofradías que pasen, sean diez o doce. El año pasao canté aquí en El Lebrero y en la entrá de la Yedra. Y en esta calle, al Santo Entierro de recogida. El Marqués de Domecq, que estaba escuchando, dijo: – ‘Ésa, ésa es la que sabe cantar’. – Y es que yo vocalizo muy bien” (La Voz del Sur, 23-7-1950).

NOTAS:
(1) La documentación aportada por José Manuel Martín Barbadillo en las III Jornadas de Estudio del Cante confirma este dato.
(2) Todas las noticias extraídas de la prensa de Sevilla han sido localizadas por José Luis Ortiz Nuevo y están disponibles en el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco.
(3) José Blas Vega, Los cafés cantantes de Sevilla, Editorial Cinterco, 1987.