Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

María la Bonita, de París al cielo (y II)

En sólo unos meses, María la Bonita ha revolucionado París, donde se ha instalado una auténtica ‘Bonitamanía’. El público no se conforma con verla en el Circo de Verano, y su presencia sigue siendo requerida en las fiestas más exclusivas. Veamos algunos ejemplos que nos ofrece la prensa:

“Una cena de las más selectas y felices fue ofrecida anteanoche por el conde y la condesa Roman Potocki […].

Durante y después de la cena se oyó a la orquesta de los gitanos y se asistió a los bailes de María la Bonita, que fue vivamente aplaudida” (Le Gaulois, 16-6-1891). (1)

“[En la fiesta de la Señora de Iturbe] La orquesta recordaba todos los aires nacionales. Para que nada faltara vino la Bonita con su pañolón y sus sortijillas en la cara y su gracioso descaro, y allí nos bailó al son de las castañuelas, arrancando el ¡olé! clásico de nuestra tierra” (La Época, 1-7-1891).

Cartel de María la Bonita en el Pabellón del Reloj

Cartel de María la Bonita en el Pabellón del Reloj de París

Este fenómeno no pasa desapercibido para los diarios españoles, que dedican varios artículos al boom de lo flamenco allende los Pirineos. Según El Imparcial y La Época, el flamenquismo está conquistando en Francia espacios nunca alcanzados por otras manifestaciones artísticas consideradas ‘superiores’, como el arte y la literatura de nuestro país; y en esta escalada del gusto por lo andaluz, sin duda, tiene mucho que ver la presencia de figuras como María la Bonita, que ha llegado a la escena gala como un soplo de aire fresco.

Ambos diarios coinciden en destacar el decoro y la elegancia con que esta bailaora seduce al público, sin recurrir a la obscenidad típica de otras artistas, tanto francesas como españolas.

María sabe cantar y bailar con ese baile artístico, gracioso, que constituye la verdadera danza española. […]

María la Bonita, aunque representante de nuestro arte flamenco, es en París algo así como una reacción contra los bailes descocados y naturalistas […]” (La Época, 17-6-1891).

María la Bonita ha dado a conocer un género que ignoraban los que habían visto a la Macarrona y creían que los bailes españoles se reducían a aquel tango bestial de las gitanas de la Exposición. La gracia honesta de sus flexibles movimientos encanta, atrae sin ofender ni convertir la inocente danza española en las groseras contorsiones de impúdica bayadera. Las damas aplaudíanla anoche con entusiasmo” (El Imparcial, 15-6-1891).

Tal vez sea ése el secreto de su fulgurante éxito: María es diferente a las demás, como mujer y como artista. Si el público parisino no está acostumbrado a “ver a una española tan graciosa” como ella, tampoco ha podido gozar con frecuencia de unos “bailes tan coloridos y pintorescos” (Gil Blas, 28-6-1891), como sus peteneras, sus “macarenas” e incluso jotas aragonesas.

Interior del Reichshallentheater de Berlín

Interior del Reichshallentheater de Berlín

De París, a Europa

Tras hacerse un nombre en París, en septiembre de 1891 la bailaora sevillana se lanza a la conquista de otros países europeos, como Italia y Alemania. Los éxitos no se hacen esperar. Según publica el Berliner Tageblatt, “María la Bonita, la ‘fulgurante estrella del cielo del baile’” actúa durante todo un mes en el Reichshallentheater de la capital germana, adonde llega precedida por la gran fama cosechada en Francia. Al mismo tiempo, la artista es requerida en los “círculos privados de la alta sociedad” berlinesa. Así la presenta el mencionado rotativo con motivo de su debut:

“… el ‘gran número’ de la noche, la muy conocida bailarina española María la Bonita! […] una estrella que surgió de pronto en el cielo del baile. Un trabajador del ‘Fígaro’ descubrió una noche en un salón de baile de los suburbios a una muchacha de gran belleza y gracia arrebatadora en el baile – un diamante en bruto. Los primeros bailarines la pulieron y pronto hablaba todo París de la ardiente españolita, que fue contratada en el primer establecimiento de la metrópolis, en el Cirque Nouveau. En julio, el ‘Conservatorio de danza’ estatal reconoció a la incomparable María fuera de concurso, y le atribuyó un diploma y la medalla de oro. Ésta es la prehistoria de la bailarina española, y antes de ayer, ante la emoción de todos los asistentes, bailó sus primeros pasos sobre un escenario berlinés. La peculiar belleza sureña en seguida cautiva, cada línea y cada movimiento son de una gracia clásica, y cuando empieza a bailar uno inmediatamente se da cuenta de que los conocidísimos bailes nacionales españoles, el bolero, el ole, la cachucha y el fandango, le están siendo mostrados en su versión más original” (Berliner Tageblatt, 3-10-1891).

Vista de Piccadilly Circus (Londres)

Vista de Piccadilly Circus (Londres)

En noviembre de 1891, María regresa a París con su repertorio renovado. Durante los meses siguientes la prensa da cuenta de su participación como artista invitada en un banquete de la Asociación de corresponsales extranjeros, así como en un concierto celebrado en la Sala Kriegelstein de la capital francesa. Los ecos de este último evento llegan hasta nuestro país, donde se publica la siguiente crónica:

“Nuestra compatriota ha escuchado constantemente los aplausos y los ¡olé! de la flor y nata de la colonia española y americana que, amén de muchos franceses aficionados al flamenco fino, llenaba completamente la sala.

María ha tenido que repetir las peteneras y sevillanas, que ha bailado con el salero y la elegancia que acostumbra, y que durante un año le han valido tantos aplausos y tanta guita en teatros y salones aristocráticos.

Prestaron su concurso al concierto el pianista español D. Joaquín Malact, […] la estudiantina ‘La Aragonesa’ y los guitarristas González y Sánchez” (La Correspondencia de España, 22-4-1892).

El mismo diario nos informa de que “María la Bonita ha firmado un contrato para Londres, que le asegura por un año un sueldo morrocotudo”. Entre sus actividades en la capital británica destaca su participación en una velada flamenca organizada por el cónsul español en el café Monico’s de Piccadilly Circus.

Vista de San Petersburgo

Vista de San Petersburgo

Tras su periplo londinense, en mayo de 1893 volvemos a localizar a la bailaora española, esta vez en San Petersburgo, donde rivaliza con su compatriota, la Otero. Como no podía ser de otro modo, en el teatro de la Isla de Krestovsky “María la Bonita cautiva a los espectadores por su belleza” (Le Figaro, 21-6-1893).

Una artista bohemia

Desde que irrumpiera como un relámpago en la escena francesa, la artista andaluza ha saboreado la gloria en los mejores teatros europeos, ha frecuentado los ambientes más selectos y se ha embolsado una auténtica fortuna. Sin embargo, lejos de nadar en la abundancia, María sigue teniendo problemas para llegar a fin de mes.

Como ya avanzara Le Figaro tres años atrás, la española es una artista bohemia, de “carácter caprichoso”, que “sueña con el teatro: cantar, bailar y disfrutar de la vida, ése es su programa. Es capaz de darse en cuerpo y alma al primero que le guste; a veces desprecia ofertas muy tentadoras” (12-6-1891).

“En el espacio de tres años, la Bonita ha estado en España, en Inglaterra, en Suecia, en todas partes, bailando y ganando mucho dinero, que ha derrochado en su día a día. En cuanto lo ha ganado, lo ha tirado, y cada vez que debe abandonar un país necesita dinero para el viaje de regreso. Con todo y con eso, siempre está contenta, siempre fumando un cigarrillo, siempre dispuesta a bailar y reír” (Gil Blas, 31-5-1893).

En marzo de 1894 la prensa gala vuelve a situar a María la Bonita en la sala Kriegelstein de París y, unas semanas más tarde, en el Circo de Verano, donde “la seductora andaluza, inimitable en sus pasos endiablados de tra los montes” (Le Figaro, 20-4-1894), constituye uno de los números principales del programa.

La bailarina y cantante Carolina Otero

La bailarina y cantante Carolina Otero

Tres años después de su debut en el coliseo de los Campos Elíseos, aún se recuerda en la ciudad de la luz aquella temporada triunfal en que María hizo desfilar por el Circo de Verano a lo más selecto de la sociedad parisina. La artista llega algo cambiada, pero tan estrella como siempre:

“… regresa de España con nuevos bailes más atractivos, más voluptuosos aún que los que la hicieron triunfar. María ha engordado un poco, pero sigue siendo tan graciosa, tan ligera y tan cautivadora como antaño; no hay duda de que su éxito será igual de grande” (Gil Blas, 21-4-1894).

En verano de ese mismo, la bailaora andaluza se anuncia durante varias semanas en el Pabellón del Reloj, donde es presentada como “uno de los números más interesantes” de la temporada. “Buena parte de su éxito procede de los bailes españoles especialmente escritos para ella por los señores Matías Miquel y Paul Cressonnois” (Gil Blas, 29-7-1894).

En septiembre de 1894 perdemos la pista de María la Bonita. Una última referencia la vuelve a situar en la ciudad de la luz, con motivo de la Exposición Universal de 1900. Según la prensa catalana, en el café flamenco ‘La Feria’, situado en el pabellón español, “cuatro o cinco individuos vestidos a lo chulo […] matan el día acompañando con guitarras y castañuelas, y con una letanía interminable de ¡olés! y ¡ah! ¡ays!, los bailes gitanos de una tal María la bonita (según rezan los carteles)” (Joventut, 6-9-1900).

No obstante, a pesar de la coincidencia del nombre artístico, no tenemos constancia de que se trate de la misma artista, como tampoco podemos afirmar que María la Bonita sea Mariquita Ruiz, la Bonita, la malagueña que, según Fernando el de Triana, “honró a la tierra de los boquerones, tanto por su depurado arte de excelente bailaora como por su figura y cara gitana, sin serlo”. (2)

La bailaora malagueña Mariquita Ruiz, la Bonit

La bailaora malagueña Mariquita Ruiz, la Bonita

Sea quien fuere esa misteriosa bailaora, lo que debemos reconocerle, en virtud de las pruebas que hasta el momento hemos podido recopilar, es el mérito de haber llevado el baile flamenco a los mejores escenarios de Europa, algo de lo que hoy en día no todos los artistas pueden presumir.


NOTAS:
(1) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.
(2) Triana, Fernando el de, Arte y artistas flamencos, 1935.