Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

La Niña de la Alfalfa, reina de la saeta (V)

Tras largos años de estudio y dedicación al género lírico -primero a la ópera y después a la zarzuela- y a la canción, La Niña de la Alfalfa retoma de lleno la que siempre ha sido su auténtica vocación (1), el cante flamenco en general y la saeta en particular, si bien esta última siempre ha estado presente en su repertorio.

La Niña de la Alfalfa (El Liberal de Sevilla, 29-6-1934)

La Niña de la Alfalfa (El Liberal de Sevilla, 29-6-1934)

No obstante, los tiempos están cambiando y también la saeta, que se vuelve más jonda. Rocío Vega, que siempre se había distinguido por su cante tan personal, tampoco escapa a las nuevas tendencias:

“El paso de la Cofradía del Cachorro por la Campana […]; todos quieren colocarse en lugar estratégico para escuchar […] las modernas saetas por seguidillas de la Niña de la Alfalfa -sentimiento, pasión, estampa de ahora- desde los balcones de ‘la Fiambrera’” (Correo Extremeño, 23-8-1929).

“… la ‘saeta’ moderna, amplificada, lleva aires de seguidillas gitanas, o de soleares, o de bulerías, y es lágrima y sonrisa indistintamente, suspiro y arrullo […].

Ésta es la saeta y el ‘cante jondo’ de Rocío Vega, la ‘Niña de la Alfalfa’, que de nuevo […] se confirmó una vez más ante nosotros como reina de la saeta y el fandanguillo…” (T. Rabanal Brito, Correo Extremeño, 4-9-1929).

Más flamenca que nunca

En los primeros meses de 1930, “la gran estrella del cante andaluz Rocío Vega” (La Voz, 14-7-1930) actúa en Córdoba, junto a la bailarina Amparito Sánchez; y unas semanas más tarde regresa al Teatro Duque de Sevilla, con la divertida revista ‘¡Por algo será!’, de José García Rufino. En ella brilla con luz propia la artista hispalense, que canta por soleares, fandangos y saetas:

“La obra […] tuvo dos inestimables aportaciones: las soleares y saeta de la ‘Niña de la Alfalfa’, dueña más que nunca del arte que le dio fama, y las portentosas alegrías -‘desideratum’ de lo flamenco- bailadas por Antonio G. Triana, ” (ABC de Sevilla, 3-8-1930).

 

Antonio Triana

Antonio Triana

“En el cuadro que representaba un cabaret de la Exposición reapareció la gentil Rocío Vega (La Niña de la Alfalfa), que a la guitarra cantó varios fandanguillos con el más depurado estilo, siendo ovacionada calurosamente. Luego en el que simula la salida de la cofradía de San Lorenzo volvió a deleitar al auditorio, cantando ‘sus saetas’” (Don Félix, El Liberal de Sevilla, 8-3-1930). (2)

Sus compromisos de ese año también la llevan a Oliva de la Frontera (Badajoz), donde comparte cartel con la bailaora Manolita la Cañí, y a Córdoba. En esta última ciudad canta saetas junto a Manuel Centeno durante la proyección de la película Fútbol, amor y toros, de Florián Rey.

Saetera magistral

Durante la Semana Santa de 1931, el pueblo sevillano vuelve a deleitarse con el cante de su célebre paisana, cuya voz “fuertemente expresiva, de pura cadencia andaluza, de quebrados tonos flamencos, de modulaciones incomparables, […] tiene ese ‘duende’ necesario e imprescindible, para decir bien lo que decir quiere” (La Voz, 17-2-1930):

Rocío Vega, la famosa Niña de la Alfalfa, haciendo ‘un alto en el camino’ de sus ‘tournées’ por provincias, ha querido dedicar el tesoro de su voz y las galas de su estilo a las Cofradías del Viernes Santo.

Primeramente, por promesa, fue al Cristo del Calvario. Allí la aplaudieron, con el gentío que fue a admirar a la notable escultura, los ilustres hermanos Álvarez Quintero. Luego, en la calle Feria, en la madrugada, a la ‘Macarena’, cuya belleza ensalzó Rocío en varias saetas ‘escalofriantes’. Hasta el capitán de la centuria soltó la rodela y aplaudió… y con el ‘armado’ el gentío, loco de entusiasmo.

La Macarena, a su paso por el Ayuntamiento

La Macarena, a su paso por el Ayuntamiento

Por la tarde, en calle Sierpes, a la bellísima Virgen de la Soledad, de San Buenaventura, cuyos hermanos mandaron ‘parar’ en firme ante e

l gesto, la voz, el gusto, la emoción y el estilo de la Niña.

Y, finalmente, al Cachorro, en Triana, primero, y en calle Sierpes, después, dedicando la penúltima (la última, nunca) a la peregrina belleza de Nuestra Señora del Patrocinio, poniendo Rocío toda su alma en ese canto, entre profano y divino, que, como anoche, hizo poner a la gente de pie, estremecida.

La ovación fue como un homenaje a la Niña, que, agradecida, se marchó después, llorando…” (El Liberal de Sevilla, 4-4-1931).

La saeta vuelve a brotar de sus labios

Tras más de dos años en silencio -debido, entre otros motivos, a la grave crisis que se cierne sobre la Semana Santa sevillana (3)-, en la primavera de 1934 Rocío Vega reaparece en su ciudad, en una función a beneficio del actor Enrique Morillo que se celebra en el Teatro Cervantes. En el fin de fiesta, “la Niña de la Alfalfa puso la vibración intensa de sus coplas populares, todo recuerdo y risueñas esperanzas de tiempos pasados que han de volver a la realidad” (ABC de Sevilla, 13-3-1934).

La Estrella saliendo de San Jacinto en 1932

La Estrella saliendo de San Jacinto en 1932

Sólo unos días más tarde, ávida por reencontrarse con las imágenes de su devoción tras esa larga y dolorosa espera, Rocío vuelve a emocionar al pueblo sevillano con sus sentidas saetas. El Domingo de Ramos se asoma primero a los balcones del Círculo Mercantil y posteriormente, a su paso por el Ayuntamiento y ya en el arrabal trianero, dedica a la Virgen de la Estrella letras como las siguientes:

“Que España ya no es cristiana
se dijo en el banco azul;
aun siendo republicana,
aquí quien manda eres Tú,
Estrella de la mañana” (ABC de Sevilla, 30-3-1934).

“Estrella de noche y día
al Altozano llegaste
sana y salva ¡Madre mía!
por eso ya no me cabe
en mi pecho la alegría” (El Liberal de Sevilla, 29-3-1934).

Pepita Ramos, la Niña de Marchena

Pepita Ramos, la Niña de Marchena

En los días sucesivos, Rocío baja de los balcones para darse un baño de multitudes y mezclarse con sus paisanos, como en los años en que aún era una desconocida muchacha sevillana. Éstas son sus declaraciones a un periodista de El Liberal:

“… las invitaciones me llueven; pero quiero cantarle a las imágenes desde la calle, como cuando yo no era más que Rocío Vega y me iba a cantar por ahí.

Esta Semana Santa, después de dos años de pena infinita por no ver las Cofradías, es para mí de una emoción inexplicable. Me hago la ilusión de que las veo por vez primera, y que canto también mis saetas por vez primera. Además, todos los sevillanos tenemos la obligación de que esta Semana Santa sea de recuerdo imborrable” (El Liberal de Sevilla, 28-3-1934).

Su cante traspasa fronteras

Sin embargo, durante esos años de ausencia, la voz de La Niña de la Alfalfa no ha permanecido completamente en silencio, pues las emisoras de radio de distintas ciudades españolas -e incluso de Filipinas– han seguido programando algunos de sus cantes:

“… Canciones andaluzas por la señorita Rocío Vega: ‘Mariá del Rocío’, canción-soleares; ‘La Cartagenera’, canción-fandanguillo; ‘Joselillo Soleares’, canción. […] ‘Café cantante’, seguidilla gitana; ‘Zambra gitana’; ‘Soy capitana’, cuplet. Cante flamenco, con acompañamiento de guitarra” (Ondas, 12-11-1932).

“… Niña de la Alfalfa (Rocío Vega): ‘Adónde vas Paloma Blanca’ – ‘Y se acerca la Esperanza’” (La Vanguardia, Filipinas, 31-12-1932).

Cartel del sainete Trianerías

Cartel del sainete Trianerías

En marzo de 1935, Rocío acude a los estudios de Unión Radio de Sevilla para interpretar un variado programa de cante, con el que obtiene un éxito notable:

“… Actuación de Rocío Vega (Niña de la Alfalfa), que interpretará el siguiente programa: ‘Mi jaca’, Perelló y Mostazo; ‘Villancico gitano’ (bulerías), Kola, Pérez Ortiz y Gardey; ‘Rumor de guitarra’, Pérez Ortiz y Mostazo; ‘Semana Santa en Sevilla’ (marcha y saeta), Juan del Sarto y Quiroga” (ABC de Sevilla, 27-3-1935).

Poco después se la puede ver en una función organizada por la Asociación de la Prensa en el Teatro Cervantes de Sevilla, en la que la compañía de Pacheco-González representa Trianerías, de Muñoz Seca y Pérez Fernández. En el segundo acto de la obra, Rocío y otros artistas flamencos deleitan al público con sus saetas:

“Con un lleno rebosante, que daba al teatro el aire alegre y animado de las veladas solemnes, se celebró anoche en Cervantes la gran función organizada por la Asociación de la Prensa en homenaje y exaltación de las tradiciones sevillanas.

[…] La intervención en el segundo acto de la notable Banda de Tomares, consumada intérprete de Los Campanilleros, produjo gran entusiasmo en el público, al que arrancaron ovaciones clamorosas las admirables saetas entonadas por la Niña de Marchena, la Niña de la Alfalfa, la Sevillanita y el Niño de Villanueva…” (ABC de Sevilla, 30-3-1935).


NOTAS:
(1) “No tenía ella vocación para ello y dejó el bello canto, para dedicarse de lleno a lo suyo, a lo que le dictaba su corazón, para lo que había nacido, para ‘cantaora’ flamenca de las ‘güenas”, escribe Nicolás Callejón (La Voz, 17-2-1930).
(2) Las referencias de la prensa sevillana de 1916 a 1936 han sido localizadas por José Luis Ortiz Nuevo y se encuentran disponibles en el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco.
(3) En 1932, debido al clima de enfrentamiento político y social imperante, las juntas de gobierno de las cofradías sevillanas toman la decisión unánime de no procesionar por las calles de la ciudad. La Hermandad de La Estrella es la única que contraviene al acuerdo adoptado y, por ese motivo, su Virgen recibe desde entonces el apelativo de ‘La Valiente’. En 1933 no sale ningún paso a la calle, ni siquiera los de la cofradía trianera.


La Niña de la Alfalfa, reina de la saeta (III)

En la primavera de 1923, La Niña de la Alfalfa cumple la tradición de cantar en la Calle Sierpes sus inconfundibles saetas y, un mes más tarde, se presenta como cantante lírica en el sevillano Teatro Lloréns con el nombre de María D’Rocío. La obra elegida para la ocasión es El barbero de Sevilla, en la que la artista interpreta el papel de Rosina.

Rocío Vega (El Liberal de Sevilla, 21-4-1926)

Rocío Vega (El Liberal de Sevilla, 21-4-1926)

Un paso más hacia la cúspide del género lírico

En el mes de junio, en la caseta del Real Círculo de Labradores de la capital andaluza, se celebra una velada musical a beneficio de La Niña de la Alfalfa, con el fin de que ésta pueda viajar a Italia para completar su formación como soprano. La velada, que cuenta con la asistencia de varios miembros de la Familia Real, resulta ser todo un éxito artístico y económico.

Tras la actuación de la Banda Municipal de Música de Sevilla, dirigida por el Maestro Font, los cantantes líricos José Martínez y Manuel Alba interpretan varias piezas cada uno. Finalmente, sube al escenario la beneficiada, que seduce al público con sus extraordinarias cualidades para el bel canto y, como no podía ser de otra manera, entona algunas saetas:

“Llegó el turno a nuestra linda paisana María del Rocío Vega, y ya libre de la preocupación del debut y de la formidable Orquesta Sinfónica, y ajena al temor de actuar con las celebridades con que alternó en la última temporada de ópera en el teatro Lloréns, lució las galas de su preciosa y bien timbrada voz, de extraordinaria tensión, ejecutando con gran nitidez y claridad, toda suerte de artificios vocales, trinos, picados, etc., en la ‘cavatina’ de ‘El barbero de Sevilla’, ‘Voce de primavera’, de Strauss, y aria de ‘Traviata’, ratificando en esta crónica mi opinión de que María del Rocío será gloria del arte lírico […].

Manuel Font de Anta

Manuel Font de Anta

El público no regateó los aplausos, prodigando calurosas ovaciones a todos los elementos que tomaron parte en la agradable velada, que terminó con la hermosa marcha fúnebre ‘Amargura’, de nuestro paisano el inspirado maestro Manuel Font y de Anta, alternando con ‘saetas’ cantadas por la beneficiada, que puso en la última gran sentimiento:

Adiós Madre del Refugio;
adiós, hermosa María;
no olvides a quien te canta;
no olvides, no, madre mía,
a la Niña de la Alfalfa,
que en tu protección confía” (Feliz, El Liberal de Sevilla, 12-6-1923) (1).

Un sueño malogrado

A pesar de los esfuerzos realizados por sus benefactores, Rocío Vega no puede cumplir el sueño de continuar sus estudios en Italia. La propia artista explica los motivos a Galerín, a quien revela además todas las dificultades que ha encontrado en su carrera como cantante de ópera, finalmente frustrada:

“- […] Si viera usted cuánto he sufrido, cuánto he trabajado por corresponder a lo que conmigo se hacía. Pero la ópera es muy difícil, dificilísima. Se lucha enormemente, y la mayor lucha hay que sostenerla con las figuras del teatro lírico, con los que ya llegaron.

[…] Todos. Empezando por el divo, que no quería cantar con una debutante, hasta el apuntador, que equivocaba el tono, todos. Todos, con la excepción de Ofelia Nieto (3), que me ayudó mucho; pero no puede ser. Es imposible, sin contar con medios, con muchos medios. La ópera es para las niñas ricas.

La soprano Ofelia Nieto

La soprano Ofelia Nieto

-¿Usted no se marchó a Italia?

-No, señor. […] Yo obtuve en aquella función después de mi debut cuatro mil pesetas. Con ese dinero pensaba marcharme a Italia a perfeccionar mis estudios […]; pero caí enferma con la gripe y estuve muy delicada. Los médicos temían por mi salud; quedé delicada de un pulmón, y cuando mejoré marché a la sierra. El dinero me sirvió para reponerme en Castilblanco. ¡No pude ir a Italia! Y ya, ¿para qué voy? El tiempo pasa, la niña ya no es niña, y hay que pensar en ayudar a los míos, cada vez más agotados y más viejos. Hay que empezar una vida nueva” (El Liberal de Sevilla, 10-4-1924).

De la ópera a la zarzuela

Esa nueva vida a la que se refiere Rocío consiste en probar suerte como tiple de zarzuela. Para ello, según relata a Galerín, está tomando clases con la profesora Magdalena Díaz, que la está ayudando a preparar un nuevo repertorio: “hasta ahora tengo aprendidas ‘Marina’, ‘Bohemios’, ‘El barbero de Sevilla’ y el ‘Maestro Campanone’ (de esta obra estoy enamorada). Tengo en estudio ‘Doña Francisquita’ y ‘Maruxa’” (El Liberal de Sevilla, 10-4-1924).

La Niña de la Alfalfa ha firmado ya un suculento contrato con una compañía de zarzuela, con la que tiene previsto debutar pronto en alguna ciudad andaluza, para realizar a continuación una gira por distintos teatros. En las funciones, Rocío interpretará, entre otras piezas, varias canciones escritas expresamente para ella:

“… Yo haré en la compañía el fin de fiesta. Para esto me ha escrito Mariani un número precioso, que empieza con aires andaluces, sigue con una cartagenera, que canto ‘en su propia salsa’; unas notas explican luego la Semana Santa, suenan y unos tambores y ‘al acercarse el paso’ canto mi ‘saeta‘ (2), la que yo cantaba a la Virgen del Refugio.

La Niña de la Alfalfa durante su época de cantante lírica (ABC de Sevilla, 4-12-1977)

La Niña de la Alfalfa durante su época de cantante lírica (ABC de Sevilla, 4-12-1977)

[…] Llevo también -nos dice- otra canción muy linda, del maestro Pantión, y dos canciones orientales del maestro Tolosa. ¡Ah! Y una cosa exclusivamente mía, letra y música. Se titula ‘Mi guitarra‘. Para completar números cantaré algunos de ópera, de los que tengo aprendidos, el aria de ‘Traviata’, la cavatina del ‘Barbero’, ‘Boheme’…” (El Liberal de Sevilla, 10-4-1924).

Nuevos triunfos en Sevilla

En junio de 1924, Rocío debuta junto a la compañía de Diego Valero en el Teatro del Duque de Sevilla, con la zarzuela ‘Marina‘, de Arrieta. La sevillana se reparte los aplausos con los señores Bruna -tenor-, Francés -barítono- y Rabaza -bajo-:

María del Rocío Vega, nuestra admirada ‘Niña de la Alfalfa’, se presentó anoche con ‘Marina’. La prodigiosa cantante popular que un día asombró a Sevilla con sus ‘saetas’, que después triunfó en la dura prueba de la ópera, se presentó anoche a la consideración del público del Duque. Y María del Rocío triunfó en toda la línea. Esta simpatiquísima artista sevillana, merecedora de aplausos, digna de toda simpatía, atrajo anoche a un público numerosísimo que la ovacionó justamente” (El Noticiero Sevillano, 8-6-1924).

Tras su exitoso debut, Rocío Vega sigue conquistando triunfos en todos los coliseos en los que se presenta. En diciembre de 1924 se la puede ver en el sevillano Teatro de San Fernando, en una función a beneficio de la Colonia de Periodistas.

Tras la zarzuela ‘La verbena de la Paloma‘, llevada a escena por la compañía de Meana, se representa el sainete ‘La copla andaluza‘, de Eduardo Rodríguez ‘Dubois’. En él destaca especialmente Manuel Centeno, que luce sus extraordinarias facultades en un amplio repertorio de cante flamenco.

Manuel Centeno

Manuel Centeno

La intervención de María del Rocío también fue muy bien acogida por el público. “[L]a eminente cantante, interpretó, como ella sabe hacerlo, varios trozos de ópera y cantó algunas saetas, tributándosele un homenaje de admiración” (La Unión, 5-12-1924).

Rocío Vega, la encantadora artista sevillana, tuvo a su cargo, en el agradable concierto, la Cavatina del Barbero, que interpretó memorablemente. Luego, en homenaje a su querida tierra, quiso ser de nuevo la famosa ‘Niña de la Alfalfa’, tantas veces aclamada […]. El prodigio inolvidable de sus saetas se renovó anoche, levemente estremecida la voz de la cantadora con inflexiones de añoranza que hicieron más conmovedor el momento. ¿Qué importa que las notas hayan pedido, al educarse la voz, algo de su antigua amplitud? Ahora, como antes, a las divinas saetas de Rocío las impulsa un corazón de sevillana […]

Clamorosas manifestaciones de admiración y de cariño premiaron la actuación de la gentilísima paisana ” (Dionisio Piñol, El Noticiero Sevillano, 5-12-1924).


NOTAS:

(1) Las referencias de la prensa sevillana de 1916 a 1936 han sido localizadas por José Luis Ortiz Nuevo y se encuentran disponibles en el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco.

(2) Aunque sigue siendo conocida por su famosa saeta, Rocío declara con pesar que, al haber educado su voz para el bel canto, ésta ya no suena igual cuando entona los aires de su tierra:

“- ¿Va usted a cantar ‘saetas’ este año?
– ¡Ojalá!; pero ya no puedo. Es muy fácil aprender a cantar por música, teniendo afición y voluntad; pero a cantar ‘saetas‘ o a cantar flamenco no se aprende. No es cante, es sentimiento; es lo que se llama estilo, es la mayoría de las veces improvisación: algo propio que ponemos en la copla. Cuando se ha aprendido a cantar por escalas, por gradaciones, ya no se pueden dar esas notas, ya no se puede cantar. Yo misma me asusto ahora cuando canto una saeta. No crea que esto que le digo es una tontería.
– ¿Pero no saldrá la ‘saeta’ como para que griten?
– Tanto como eso no. Pero el público esperaría a la Niña de la Alfalfa y sufriría una decepción. No, no puedo cantar en público ‘saetas’. Tengo impresionados varios discos y yo misma no quiero escucharlos. Mi garganta ahora obedece a lo que está escrito, y no responde más que a lo que leo en el papel pautado” (El Liberal de Sevilla, 10-4-1924).

(3) Soprano española (1898-1931).


La Niña de la Alfalfa, reina de la saeta (I)

Una de las señas de identidad de la capital hispalense es su Semana Santa, una gran manifestación artística, religiosa y popular en que la oración se vuelve cante y vuela desde los balcones en forma de saeta.

Desde hace más de un siglo, al paso de las cofradías, los mejores artistas flamencos han lanzado sus plegarias al cielo de Serva la Bari ante una multitud enfervorecida. Voces como las de Pastora Pavón, Manuel Centeno, La Pompi o el Niño Gloria retumbaban cada primavera en la noche sevillana; aunque, si hay un nombre que huele a incienso, cera y azahar, ése es sin duda el de Rocío Vega Farfán, más conocida como La Niña de la Alfalfa.

Rocío Vega Farfán (Mundo Gráfico, 10-5-1916)

Rocío Vega (Mundo Gráfico, 10-5-1916)

Nacida en la localidad sevillana de Santiponce el 24 de marzo de 1894 (1), pronto se trasladó con su familia a vivir a la capital, donde sus padres regentaban un puesto de leche y queso. Pasó su infancia en la calle Boteros, junto a la Plaza de la Alfalfa, y desde pequeña heredó de su madre la afición por el cante.

Por una promesa

Debutó como saetera en la Semana Santa de 1916, como consecuencia de una promesa ofrecida a la Virgen del Refugio, de la Hermandad de San Bernardo. La propia Rocío lo cuenta en primera persona, en una entrevista concedida años más tarde al periodista C. Giovanni Canonico:

“Vivíamos pobres y la lucha por el pan se hacía horrible, y de este pensamiento y que el estómago estaba casi siempre vacío, una fuerte anemia se me acarreó a la cabeza, perdiendo en menos de veinte días la vista. Se acercaba la Semana Santa y tanto era el dolor que yo tenía por no verla, que le dije a mi madre: Mira, yo voy a cantarle a la Virgen, a ver si me devuelve la vista. Y cogida de la mano, mi madre me llevó donde estaba la Virgen y me puse a cantar:

‘Madre mía del Refugio
Tú has sido mi intercesora;
me has devuelto la salud
hermosísima Señora
que a mis ojos diste luz’” (Correo Extremeño, 23-12-1928).

La Virgen del Refugio a su paso por el puente de San Bernardo (ABC de Sevilla)

La Virgen del Refugio a su paso por el puente de San Bernardo (ABC de Sevilla)

La prensa de la época se hace eco de la sorpresa y el revuelo causados por la saeta de aquella muchacha, entonces desconocida:

“Al pasar la cofradía de San Bernardo por la Plaza de Mendizábal, una joven vecina del barrio llamada Rocío Vega cantó irreprochablemente desde uno de los balcones de la citada plaza varias saetas, que produjeron gran entusiasmo en el público que allí se aglomeró, el cual hizo que volvieran los ‘pasos’ dando frente a la citada joven” (El Correo de Andalucía, 21-4-1916) (2).

“Una explosión de entusiasmo salió del público que llenaba la plaza; los vítores, aplausos y requiebros a la genial cantadora se repetían sin cesar, y el ‘paso’, por imposición de la gente, se detuvo largo rato ante la casa de ‘la Niña de la Alfalfa’, consagrada en Sevilla desde entonces como una de las mejores intérpretes de la canción de tan difícil ejecución” (La Correspondencia de España, 25-6-1920).

Y se armó la apoteosis

Tanto gustaron las saetas de Rocío, que al día siguiente requirieron su presencia en el Círculo de Labradores para cantarle al Señor del Gran Poder. Según Angelita Yruela Rojas, “tendría que hacerlo, por estar prohibida la entrada al sexo femenino, desde el último balcón, y así lo hizo. ¡Qué lío, madre! La bulla de la gente por conocer a la diminuta cantaora fue tanta que hasta rompieron los cristales de los escaparates de las tiendas vecinas” (ABC de Sevilla, 22-7-1975). Así lo contó El Correo de Andalucía:

“Desde uno de los balcones del Círculo de Labradores e invitada por algunos distinguidos socios del mismo cantó la agraciada joven Rocío Vega, que tantos aplausos ha conquistado durante toda la Semana Santa, un sinnúmero de saetas de variadísimo estilo y buen gusto.

Constituyó la nota saliente de la noche el entusiasmo y admiración que produjo la potente y bien timbrada voz de la joven entre los millares de personas que allí se aglomeraron, obstruyendo el paso por calle Sierpes y vías afluentes.

Al paso de la Virgen de la O, las muestras de admiración subieron de tono, vitoreándose a la Virgen y aplaudiéndose con entusiasmo a Rocío Vega, que cantó dos saetas de forma verdaderamente prodigiosa” (22-4-1916).

Caseta del Círculo de Labradores en la Feria de Sevilla (principios del siglo XX)

Caseta del Círculo de Labradores en la Feria de Sevilla (principios del siglo XX)

Con la bendición de Sus Majestades

Había nacido una estrella. Tal fue la sensación causada por la joven Rocío -bautizada por el periodista Galerín como La Niña de la Alfalfa– que, sólo unos días más tarde de su sorprendente debut, fue elegida para ofrecer un recital de cante en la Caseta del Círculo de Labradores, con motivo de la visita de los Reyes de España a la Feria de Sevilla.

El cante de Rocío -por tangos, malagueñas, guajiras, peteneras, tientos…- cautivó especialmente a la Reina Victoria Eugenia, que no quiso perder la ocasión de oír sus ya famosas saetas.

“Con la suntuosidad y buen gusto que caracterizan a esta aristocrática sociedad, se verificó esta mañana en el amplio salón de dicha caseta un baile, en el que distinguidas y hermosas jóvenes, ataviadas a la andaluza, bailaron como sólo saben hacerlo las sevillanas, las clásicas seguidillas.

[…] En los intermedios, la joven Rocío Vega, acompañada a la guitarra por el artista Antonio Moreno, cantó malagueñas y tangos, cosechando abundantes aplausos.

También cantó con mucho gusto varias saetas, que le valieron nutridas ovaciones.

[…] A la hora indicada se dio por terminado el baile, marchando a la elegante morada de don Patricio Medina Garvey los artistas Antonio Moreno y Rocío Vega, para dar un concierto ante las numerosas amistades de aquél” (El Noticiero Sevillano, 1-5-1916).

“Pusieron un decorado más o menos bonito, y entre cortinas cantó Rocío, acompañada a la guitarra por Antonio Moreno, por guajiras, peteneras, tientos… Al oír su voz Doña Victoria Eugenia se interesó por ella y por sus saetas. Rocío le dijo que su saeta estaba inspirada en el pregón de la sentencia de Santiponce, y que por eso tenía ese sabor místico y reminiscencias de salmos religiosos. Quiso oír la soberana esa mezcla de carceleras, martinetes y salmos, y al escucharla quedó maravillada” (Angelita Yruela Rojas, ABC de Sevilla, 22-7-1975).

Los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia durante su visita a la Feria de Sevilla de 1916

Los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia durante su visita a la Feria de Sevilla de 1916

Sus inimitables saetas

Años más tarde, al desvelar el secreto de su éxito, Galerín se referirá precisamente a ese sabor añejo de sus saetas, aprendidas de su madre, que sólo ella sabe interpretar de esa manera:

Rocío Vega se dio a conocer cantando unas saetas al viejo estilo, sin gorgoritos, ni ayes, ni tercios por seguiriyas. Eran unas saetas que cantara su madre, hoy vieja y ciega, en sus mocedades. Por eso llamaron tanto la atención:

Dónde vas tú, Virgen Pura,
tan afligía y llorosa;
vas a darle sepultura
a la prenda más hermosa
que Dios tuvo en las alturas.

Saeta sencilla, sin ayes ni lamentos, sin esos ¡Ay, ay, ay, ayyyyyyy!… que duran más que el dolor mismo…

Rocío sabe cantar y canta las saetas de los profesionales; pero la antigua, la suya, no la canta más que Rocío” (El Liberal de Sevilla, 10-4-1935).

La siguiente aparición pública de La Niña de la Alfalfa tiene lugar unos días más tarde en la verbena de su barrio, en honor de la Virgen de la Salud. En ella también participan, entre otros artistas, la Banda Municipal de Música de Sevilla, dirigida por el maestro Font; el cuadro de baile de Ángel Pericet o la polifacética Luisa Roldán, La Oterito.

Si el primer día de festejos Rocío Vega se resistió a cantar, a pesar de la insistencia de sus admiradores, la segunda noche “se mostró […] más complaciente, y ofreció una pequeña audición de cante jondo, acompañándola muy bien el profesor de guitarra Manuel Rodríguez” (El Liberal de Sevilla, 13-5-1916). Finalmente, se arrancó por saetas, para el deleite de sus convecinos.

NOTAS:

(1) Así consta en su acta de nacimiento. Sus padres eran Manuel Vega Moreno, natural de Sevilla, y Rafaela Farfán Mendoza, de Santiponce, y se encontraban domiciliados en dicha localidad sevillana.

(2) Las referencias de la prensa sevillana de 1916 a 1936 han sido localizadas por José Luis Ortiz Nuevo y se encuentran disponibles en el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco.

 


La Ciega de Jerez, jondura y sentimiento (I)

Además de la gran Isabelita de Jerez, de quien ya nos hemos ocupado en estas páginas, en los años veinte del siglo pasado alcanzó gran notoriedad en los escenarios españoles su paisana Manuela Domínguez, más conocida como la Ciega de Jerez.

La cantaora Isabelita de Jerez

La cantaora Isabelita de Jerez

Al igual que la primera, y como no podía ser de otra forma, esta cantaora destaca especialmente por bulerías y saetas. En 1920, un diario gaditano hace referencia a la actuación de la jerezana en el Café Alhambra de la Tacita de Plata, acompañada a la guitarra por José Capinetti:

“El cronista ha de ocuparse hoy de la genial cantante de flamenco, Manolita Domínguez, una de las mayores atracciones de los excelentes números de varietés que por estos días han desfilado por este music-halls (sic), elegante y cómodo.

Manolita Domínguez ha logrado cautivarnos con su arte y su escuela. Oyéndola, se rememora el ambiente gitano y castizo de la Andalucía de ensueños, de esas épocas en las que perdíamos la noción del tiempo escuchando los acentos de la hembra celosa que en sus cantares daba quejas al hombre que la mortificaba con sus desvíos, cuando la guitarra rasgada por las hábiles manos del ‘tocaor’ arrancaban motivos musicales de la tierra castiza.

Hogaño, Manolita Domínguez ha proclamando que sabe sentir cuando sus labios dicen, y Capineti ha puesto cátedra entre los guitarristas profesionales. […]

Pepita González, la bailarina graciosa y modesta, tan aplaudida como siempre” (El Noticiero Gaditano, 11-8-1920).

Entre Madrid y Barcelona

A mediados de los años veinte, la cantaora jerezana es una de las estrellas del local de Juanito el Dorado, uno de los muchos establecimientos barceloneses en los que florece el arte flamenco y, según Sebastà Gasch, uno de los más auténticos. El periodista catalán rememora aquellos tiempos en varios de sus artículos:

“… Y detengámonos en casa de Juanito El Dorado, de la calle de Guardia. Esta casa estaba muy bien hace unos cinco o seis años. Cruda y desnuda, virgen de escenografía, el pueblo, el auténtico pueblo, se estremecía, emocionado, ante los gritos desolados de la Ciega de Jerez y los tacones trepidantes de las hermanas Chicharra” (Mirador, 21-5-1931).

La Ciega de Jerez (Foto de Blas Vega)

La Ciega de Jerez (Foto de Blas Vega)

En esa misma época, la Ciega de Jerez también actúa con cierta frecuencia en Madrid. Es el momento de la ópera flamenca y Manuela Domínguez se ha convertido en un valor seguro. En la primavera de 1926 se la puede ver en distintos cuadros que actúan en locales como el Teatro Pavón o el Kursaal, y en el mes de septiembre es una de las profesionales que participan en el certamen Copa Pavón:

PAVÓN.- Hoy, mañana y pasado […] Las entrañas de Madrid (edición Rafael Salvador), con gran cuadro de cante jondo, en el que toman parte el Niño de Granada, Niño de Madrid, Pepe, el de Badajoz y la Ciega de Jerez (éxito inmenso)” (La Opinión, 16-3-1926).

KURSAAL (Magdalena, 30).- Inauguración de la temporada, cuadro flamenco, cantaora Ciega de Jerez, reina bulerías, y Niño de Coín. Bailaor, El Gato; tocaor, Vicente Martínez. De una a cuatro, colosal súper tango” (La Libertad, 3-4-1926).

“PAVÓN.- A las once, Certamen oficial Copa Pavón 1926. Grandiosa sesión eliminatoria de cantadores profesionales, entre otros, Ciega de Jerez, Pantoja, Chata, Angelillo y el ‘as’ Manuel Centeno” (La Opinión, 23-9-1926).

En abril de 1927, también en la capital de España, se celebran en el Monumental Cinema dos conciertos de ópera flamenca. El programa consta de dos partes, una de cante y otra consistente en un concurso de saetas. Además de “la verdadera flamenca Ciega de Jerez” (La Libertad, 10-4-1927), en el cartel figuran la cantaora Carmen Espinosa ‘La Lavandera’ y los cantaores Niño de Utrera, Chaconcito, Eduardo García ‘El Chata’, Juan Soler ‘El Pescadero’, Vallejito y Niño de la Huerta.

La estrella de Juanito el Dorado

En verano y otoño de ese año volvemos a encontrar la pista de Manuela Domínguez en la Ciudad Condal. La cantaora jerezana actúa en varias ocasiones en el Circo Barcelonés, en sendos espectáculos de variedades que incluyen cante jondo, bajo la dirección de Juanito El Dorado. La Ciega es anunciada como “la revolución del cante flamenco” (La Vanguardia, 17-7-1927) y, a juzgar por las gacetillas, constituye una de las principales atracciones del programa:

“CIRCO BARCELONÉS
Mañana jueves, noche, a las 10, cante jondo, organizado por el popular JUANITO EL DORADO, tomando parte varios elementos nuevos y los mejores de Barcelona. Segunda salida de la ovacionada cantaora LA CIEGA DE JEREZ. Entusiasmo indescriptible. La revolución del cante flamenco” (La Vanguardia, 20-7-1927).

Local flamenco en Barcelona (Nuevo Mundo, 2-9-1932)

Local flamenco en Barcelona (Nuevo Mundo, 2-9-1932)

“Hoy jueves, noche, a las 10, cante jondo, organizado por el popular y célebre JUANITO EL DORADO, tomando parte los notables cantadores NIÑO DEL PERCHEL, EL CARPINTERITO, NIÑO DE TRIANA, NIÑO DE LA ROSA, PACO EL GRANADINO, GUERRITA II, MARINERO DE CARTAGENA, MANUEL CONSTANTINO y la más grande revolución del cante flamenco, LA CIEGA DE JEREZ, entusiasmo indescriptible, ruidosas ovaciones” (La Vanguardia, 21-7-1927).

Ya en el mes de agosto, en el mismo local, Manuela participa en un concurso de saetas, y en octubre interviene en el festival de presentación del gran Antonio Chacón en Barcelona:

“Mañana jueves, noche, a las 10. Gran acontecimiento de cante flamenco. Primer concurso de saetas acompañadas por tambores y trompetas, disputándose un premio de quinientas pesetas entre los concursantes EL MALAGUEÑITO, JOSELITO DE CÁDIZ, MANUEL CONSTANTINA, EL GRAN FANEGAS, LA CIEGA DE JEREZ” (La Vanguardia, 3-8-1927).

“CIRCO BARCELONÉS.- Esta noche en el citado teatro tendrá lugar un gran festival de cante jondo para presentar a Antonio Chacón, único en España que ha conseguido una aureola y un nombre. Viene a Barcelona por primera vez. Además, tomarán parte en dicho festival las renombradas cantadoras La Lavandera y La Ciega de Jerez.

El miércoles se celebrará un concurso. Se disputará la gran copa 1927 Circo Barcelonés, tomando parte todos los cantaores y presidiendo el jurado Antonio Chacón.

El organizador de los festivales es Juanito el Dorado” (El Diluvio, 25-10-1927).

Durante esos años, el arte de la Ciega de Jerez también puede disfrutarse a través de las ondas hertzianas. Así, por ejemplo, en octubre de 1928, la programación de Unión Radio Madrid incluye el cante de “Manuela Domínguez, ‘Ciega de Jerez’ (cantadora), Manuel Navarro, ‘Patena’ (guitarrista) y la orquesta de la estación” (La Libertad, 24-10-1928).

En julio de 1929, Manuela Domínguez y el Chato de las Ventas interpretan saetas durante la proyección de la película Currito de la Cruz, en el Cinema Europa de Madrid:

“CINEMA EUROPA (Bravo Murillo, 126).- Recreo de verano, Currito de la Cruz, las bandas de los regimientos de Asturias y Wad-Rás y saetas por la Ciega de Jerez y Chato de las Ventas” (La Libertad, 20-7-1929).

Cartel de Currito de la Cruz (Alejandro Pérez Lugín, 1925)

Cartel de Currito de la Cruz (Alejandro Pérez Lugín, 1925)

Nuevos éxitos en la Ciudad Condal

En el mes de noviembre, la artista jerezana viaja de nuevo a Barcelona para tomar parte en un concurso de cante flamenco y en un festival organizados por Juanito Eldorado, que se celebran en el Circo Barcelonés y en el Teatro Principal respectivamente. La prensa la define como la “revelación femenina del canto andaluz” o “la figura cumbre del canto jondo”:

“Hoy, por la noche, se celebrará en el teatro Circo Barcelonés un concurso de canto flamenco, organizado por el guitarrista Juanito Eldorado, tomando parte valiosos elementos del cante jondo.

Cuatro son los cantadores que debutarán en esta fiesta, venidos expresamente a Barcelona para tomar parte en la misma: Niño de las Marianas, cantaor que ha obtenido recientemente grandes éxitos; Catalina Muñoz, verdadera notabilidad en este arte; Rafaelillo de Madrid, fenomenal cantaor flamenco, que arranca delirantes ovaciones en todas partes y La Ciega de Jerez, revelación femenina del canto andaluz, de la que se ha ocupado con grandes elogios toda la prensa.

Para completar la fiesta habrá un intermedio de baile flamenco, en el que tomarán parte La Extremeña, Rafaela Ortega (La Patos) y el bailarín Niño Tobalo” (La Vanguardia, 14-11-1929).

“Hoy por la noche, se celebrará en el teatro Principal, de Gracia, un festival flamenco cuya dirección corre a cargo de Juanito Eldorado.

Ha reunido un conjunto de artistas que difícilmente puede superarse, lo que asegura de antemano, el éxito más completo.

Tomarán parte en el mismo, entre otros, los cantadores Rafaelillo de Madrid, estilista a lo Vallejo; el Gran Fanegas, ídolo de todos los públicos y la figura cumbre del canto jondo, La Ciega de Jerez, considerada la mejor del género.

Entre los bailadores figura el bailarín Niño de Tobalo y Catalina Muñoz con un completo cuadro de bailadores y guitarristas de primera categoría” (La Vanguardia, 19-11-1929).


María la Gazpacha, todo el sabor del flamenco de Granada (II)

Durante su estancia en Madrid, María, Pepa y Juana Amaya se dejan ver en distintos eventos, como la función a beneficio de las casas de socorro que se celebra en el teatro Español o la fiesta homenaje a la compañía argentina Muino-Alippi que tiene lugar en el teatro de la Zarzuela. En esta última, “las hermanas ‘Gazpachasbailaron y cantaron con su gracia peculiar, y obtuvieron un nuevo éxito” (La Voz, 8-1-1923).

En 1923 continúan las representaciones del sainete El niño de oro en distintas ciudades de la geografía española, como Valencia, Valladolid o Gijón. En ninguna de ellas puede faltar “el famoso Cuadro flamenco, compuesto de las hermanas Gazpachas y los hermanos Hidalgo, auténticos y populares gitanos granadinos” (Heraldo de Madrid, 23-2-1923).

Imagen de la fiesta celebrada en el Centro Artistico de Granada (Granada Gráfica, junio de 1923 - Blog 'Papeles Flamencos')

Imagen de la fiesta celebrada en el Centro Artistico de Granada (Granada Gráfica, junio de 1923 – Blog ‘Papeles Flamencos’)

En el mes de abril, la prensa asturiana anuncia el espectáculo como “el estreno que más éxito ha tenido en la temporada actual en Madrid, donde lleva más de 200 representaciones, tomando parte en esta obra el notable cuadro típico andaluz, formado por las famosas Hermanas Gazpachas y los auténticos gitanos granadinos Hermanos Hidalgo, enorme triunfo” (La Pensa, 8-4-1923).

Una artista muy solicitada

La popularidad de las hermanas Gazpachas no para de crecer. Su presencia es requerida en los mejores ambientes. Así, en el mes de mayo actúan con su grupo en una “fiesta de canto andaluz y baile gitano” que se celebra en la plaza de toros de Granada, a beneficio de la Asociación Granadina de Caridad. Las tres hermanas deleitan al numeroso público asistente con sus bailes gitanos y llenos de sabor:

“El cuadro de la Gazpacha, interpretó, a maravilla, las danzas gitanas, siendo ovacionadas con insistencia. […]

Las artistas de la Gazpacha, bailaron después tangos, la cachucha, merengazos, soleares, granadinas y el fandango, acompañando los tocaores hermanos Hidalgo y Manuel Amaya.

Nuevas ovaciones escucharon las simpáticas cañís” (El defensor de Granada, 5-6-1923). (1)

En agosto de 1923 se puede ver de nuevo a las hermanas Gazpachas en la fiesta ofrecida en San Sebastián por los Duques de Tovar al embajador de los Estados Unidos y a una millonaria del mismo país:

“En la fiesta se presentaron, para que miss Mellon pudiera conocerlos, algunos números de canto y baile andaluz. Estuvieron a cargo de las ‘Gazpachas’ y de los hermanos Hidalgo, acompañados por el notable guitarrista Luis Sánchez.

Miss Mellon, y sus compatriotas, quedaron encantados con la fiesta” (La Correspondencia de España, 30-8-1923).

Banquete en honor hermanas Gazpachas (ABC, 23-11-1922)

Banquete en honor hermanas Gazpachas (ABC, 23-11-1922)

En junio de 1924 volvemos a encontrar a las Gazpachas en su Granada natal. Durante la feria de la ciudad se celebra en el Palacio de Carlos V una fiesta andaluza, con un elenco de auténtico lujo:

“La Orquesta Sinfónica, dirigida por el maestro Saco del Valle, tuvo a su cargo la parte musical. En el cuadro andaluz fueron ovacionados La Niña de los Peines, La Finito, las hermanas Gazpachas, la Minerita, el Niño Maceo y Soledad Miralles, acompañada de la rondalla granadina” (La Voz, 23-6-1924).

Otro concurso y nuevos éxitos

Según Pedro Fernández Riquelme, en agosto de ese mismo año María Amaya participa en un concurso de cante organizado en Cartagena por la Cofradía de los Californios, del que resulta “vencedor Patricio Alarcón, seguido del Mendo y de Juan Baños ‘Fanegas’. Curiosamente, el premio especial para profesionales locales y foráneos dotado con la cantidad de 200 pesetas recayó en la granadina María Amaya Fajardo ‘la Gazpacha’”. (2)

Durante el verano de 1927, María Amaya y sus hermanas actúan en distintos locales cordobeses, en los que se exhibe la versión cinematográfica de El niño de oro -la obra que tanto éxito les dio-, rodada en 1925 por José María Granada. Tras la proyección de la película, “como fin de fiesta, actuaron ‘Las Gazpachas’, cuyas zambras, llenas de sabor, agradaron al respetable” (La Voz, 28-6-1927).

La Niña de los Peines

La Niña de los Peines

En mayo de 1928, también en Córdoba, se presenta una “zambra gitana del Albaicín” en la que, junto a un nutrido grupo de artistas granadinos, figuran María, Pepa y Paca Amaya. Las tres hermanas desempeñan un papel protagonista en el festival, que se celebra en a huerta ‘El Tablero’:

“Dolores Amaya, la Capitana; María Amaya, la Gazpacha; Pepita Amaya, la Gazpacha segunda; Paca Amaya, la Gazpacha chica; María Maya, la Jardín; Gracia Maya, la Punticas; Carmen Maya, la Golondrina; Angustias Contreras, la Niña del Albaicín; Rosa Maya, la Garrona; Concha Heredia, la Cavita; Juana Cortés, la Cotorrera; Trinidad Fernández, la Mestra; Salvadora Maya, la Serrana.

Guitarristas de la zambra: Manuel Amaya Hidalgo, Manuel Hidalgo y Juan Hidalgo.

Bandurristas: Rafael Fernández Moruno y Juan José Hidalgo.

Cantadores y sonajeros: Juan José Heredia y Antonio Maya, el Cotorrero.

Nombres de las danzas y bailes: Zambra gitana; El casamiento; La Cachucha; Soleares granadinas; Fandangos del Albaicín; Soleares flamencas; La Mosca; Farrucas; Bulerías; El Petaco; Tangos variados, gitanos y flamencos.

Además, las hermanas ‘Gazpachas’ ejecutarán cantables y bailables independientes de la agrupación. Ésta será dirigida por el gran aficionado granadino don Mariano Morcillo, la zambra gitana que quede reseñada más arriba ha actuado ante los Reyes de España, ante el Príncipe de Gales y ante toda la grandeza española, en las distintas fiestas dadas en la Alhambra de Granada” (Diario de Córdoba, 11-5-1928).

Gitanos del Sacromonte (1900 - Museo de las Cuevas del Sacromonte)

Gitanos del Sacromonte, en 1900 (Museo de las Cuevas del Sacromonte)

Unos meses más tarde, en su Granada natal, las hermanas Gazpachas son las encargadas de amenizar con sus cantes y bailes un almuerzo ofrecido al señor Cruz Conde durante su visita a la ciudad: “El cuadro de danzas gitanas de ‘La Gazpacha’ interpretó las más clásicas danzas y se cantaron granadinas, siendo ovacionadas las bellas gitanas” (La Voz, 21-11-1928).

Ya en 1929 y 30, las hermanas Amaya se presentan en distintas ciudades, como Melilla, Almería, Córdoba o Badajoz, junto a la compañía de comedias de la actriz Anita Tormo, que triunfa en toda España con la obra ‘La copla española’, de Quintero y Guillén. El espectáculo es todo un éxito, gracias a la intervención de artistas como el cantaor Manuel Centeno o a la “pareja de baile hermanas Gazpacha y el tocador de guitarra Pepe ‘El Calderero’” (El Telegrama del Rif, 1-1-1930).

“[Almería] Las huestes de Anita Tormo estuvieron magistrales en la interpretación de la obra, sobresaliendo el formidable cantador Manuel Centeno, para el que fueron las más grandes ovaciones. Muy bien el Niño del Hierro para el que también hubo muchos y calurosos aplausos.

Las populares hermanas Gazpachas magistrales en sus zambras gitanas, escuchando grandes ovaciones. Pepe el Calderero, sublime con la guitarra” (El Mediterráneo, 17-1-1930).

“Las ‘Hermanas Gazpachas’ bailaron de bolero, escuchando también muchos aplausos” (Diario de Almería, 17-1-1930).

“[Córdoba] Las ‘Gazpachas’ muy bien cantando y bailando” (La Voz, 22-2-1930).

“[Córdoba] Y las Gazpachas, con todo el arte y la gracia que las caracteriza” (La Voz, 23-2-1930).

NOTAS:

(1) Información extraída de un recorte de prensa publicado por David Pérez Merinero en su blog Papeles Flamencos.

(2) Información proporcionada por Pedro Fernández Riquelme en su artículo “Tres cantaores cartageneros: El Apañao, El Mendo y Montañita”, publicado en la revista La Madrugá, nº 9, diciembre de 2013.