Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

La odisea americana de Carmen Amaya: en el Maravillas de Buenos Aires (I)

En los convulsos años de la Guerra Civil fueron muchos los artistas que dejaron España por motivos políticos, o con el afán de desarrollar sus carreras en un entorno de mayor libertad y prosperidad. Una de esas figuras fue Carmen Amaya, que a sus diecisiete años gozaba ya de una notabilidad bien ganada en los escenarios patrios e incluso había debutado en varios locales parisinos de la mano de su tía Juana Amaya y compartiendo escenario con la gran Raquel Meller.

Carmen Amaya (El Adelanto, 8-7-1936).

Carmen Amaya (El Adelanto, 8-7-1936).

La sublevación militar de julio de 1936 la sorprendió durante una gira realizada en compañía de su padre, su hermano Paco y el Pelao, junto a un elenco de variedades encabezado por Luisita Esteso, que actuó en Burgos, Segovia, Salamanca, Oviedo, Gijón y Valladolid entre otras ciudades. Según Francisco Hidalgo (2010: 84), Carmen y los suyos quedaron atrapados en la capital pucelana, y consiguieron llegar a Lisboa gracias a la intervención de Gerardo Esteban, locutor de Radio Valladolid, que les proporcionó la documentación y el medio de transporte necesarios para cruzar la frontera.

Tras pasar unos meses en la capital portuguesa, actuando en locales como el Café Arcadia, Antonio Fernández Álvarez les ofreció un contrato para actuar en Buenos Aires, que fue firmado por José Amaya en nombre de su hija. En el documento se designaba a Fernández como su “representante exclusivo en toda América”, y se establecía que este “percibiría el 10% del valor de todos los contratos que firmara a nombre de su representada” (Crítica, 24-7-1937: 6).

Llegada a Buenos Aires y debut

Carmen y sus guitarristas embarcaron en el transatlántico Monte Pascoal, que, tras hacer escala en Brasil, arribó al puerto de Buenos Aires en la mañana del 12 de diciembre de 1936. Unas horas más tarde el diario Crítica se hacía eco de su llegada, sin escatimar en fabulaciones sobre el origen de la bailaora, y recogía sus primeras declaraciones en tierra argentina:

“Carmen Amaya es una gitana granadina auténtica. Tan gitana es, que para no desmentir su vida llena de polvorientos caminos distintos, no sabe leer ni escribir, ‘ni falta que me hace’. […].

Viene en compañía de su hermano, de su padre y de un tío suyo, todos gitanos como ella, todos de la Granada romántica, sentimental y llena de ensueño, que la acompañan en calidad de guitarristas y que la enloquecen con la música que se le cuela en el alma y que la hace bailar sola […].

– ‘Si yo no pudiera bailar mis bailes, por razón alguna de impedimento –nos dice con un aire casi agresivo, en donde sus dientes parecen morder– me enfermaría” (12-11-1936: 7).

El transatlántico Monte Pascoal.

El transatlántico Monte Pascoal.

Esa misma noche debutaron en el Teatro Maravillas de la capital porteña. Abrió el espectáculo la orquesta dirigida por el maestro José María Palomo. La cancionista Ascensión Pastor entonó la nostálgica canción Una copla. Los hermanos Marbel realizaron varias experiencias de telequinesia y transmisión del pensamiento. Después se sucedieron otros números, como el de la cancionista y bailarina Carmen España, y cerró el programa la gran estrella del elenco:

“… la reina gitana Carmen Amaya, en cuya tersa piel de aceituna se mellan los cuchillos de plata de los focos y en cuyo cuerpo cimbreante y rotundo, minúsculo reloj de arena, regado por una sangre que no descansa, el tiempo se hace música y sueño y lágrima y desesperación y embriagadora locura. Carmen Amaya es una artista cabal y su sola presencia en el escenario del Maravillas justifica el espectáculo como la rama se justifica en la flor” (Crítica, 13-12-1936: 13).

Se obró el milagro

A pesar de los rigores del verano austral, que empujaron a los veraneantes hacia las playas y vaciaron los teatros bonaerenses, desde la noche de su debut y durante varios meses ininterrumpidos, la compañía de arte gitano de Carmen Amaya, “con un espectáculo abigarrado e improvisado, sin coherencia y sin recursos”, obró el milagro de “colmar la sala del Maravillas noche a noche y convertirla en un templo”. La artífice de ese milagro no fue otra que la propia Carmen, “que tiene el genio de la danza metido en la sangre y que es toda ella un movimiento puro tallado en la más prodigiosa música” (Crítica, 20-12-1936: 13).

Carmen Amaya (Democracia, 30-6-1937).

Carmen Amaya (Democracia, 30-6-1937).

Distintas personalidades cayeron rendidas ante el hechizo de su arte. El doctor Zaragüeta la comparó con la gran Pastora Imperio, “centelleante y gozosa”, y el poeta González Carbahio la consideró incluso superior a ella. “Todo da la impresión de que se improvisa, de que la danza fuera creándose y recreándose a cada instante sobre el tinglado y sin embargo, qué seguridad […] traduce cada uno de sus movimientos”, declaró. El dramaturgo Eichelbaum consideró plenamente justificados los más de veinte minutos de ovación con que el público premió sus sensacionales bailes (ibidem).

Entrevistada por J. de E. en el diario Crítica

Convertida en el fenómeno teatral de la temporada, la joven bailaora despertó un gran interés entre la prensa, que la entrevistó en varias ocasiones. Un periodista del diario Crítica que firma como J. de E la visitó en su camerino del Maravillas al terminar la función y recogió unas interesantes declaraciones. La primera parte de la conversación versó sobre el modo en que la artista entendía la danza y su proceso creativo:

“– Nada es bueno si se repite dos veces. Con el baile, sucede lo que con las palabras: se le ocurren a una, y las dice. Dos bailes, no los bailo yo dos veces del mismo modo. Lo único que sé cuando salgo a la escena es cómo debo empezar y terminar, unas figuras y unos pasos: nada más. Lo del medio, lo que va entre empezar y terminar, eso se me ocurre a mí en el momento…

Presumíamos esta contestación y no nos sorprende. El baile de Carmen Amaya es siempre un caso de auténtica inspiración, de perpetua creación, de florecimiento apasionado y sorprendente. […]

Carmen Amaya en su camerino del Maravillas (Caras y Caretas, 2-1-1937).

Carmen Amaya en su camerino del Maravillas (Caras y Caretas, 2-1-1937).

– ¿En qué piensa usted cuando baila?…
– ¿Les interesa eso?… Pues se lo diré con toda franqueza: no pienso en nada. Si pensara en algo, no podría bailar. La voz de las guitarras le entra a una en las carnes, y entonces todo cambia y se llena una de presentimientos y se va quedando sola, sola, cada vez más sola… Ustedes habrán observado tal vez que siempre miro hacia los lados. Buenos, eso no es figurería. Es que necesito sentirme sola cuando bailo. Si de pronto viera una cara de la gente del público, tendría que detenerme y empezar de nuevo. A veces siento que me voy demasiado lejos, y necesito hacer un gesto, una gracia cualquiera, algo que rompa ese estado…” (J. de E., Crítica, 27-12-1936: 13).

Al hilo de estas palabras de Carmen, el periodista hizo hincapié en la profundidad de su baile, cuyo significado va mucho más allá de lo que se aprecia a simple vista:

“Quienes solo hayan visto en las danzas de Carmen Amaya su juego exterior, la magnífica sucesión de ritmos y actitudes no habrán captado más que uno de los aspectos de su arte admirable. Pero el más interesante, el más profundo e inquietante es ese proceso de creación interior que se trasluce en su poderosa máscara y esa aura de fatalidad que crea en torno de la figura danzante, la ininterrumpida sucesión de gestos y ademanes que a veces pierden su simple condición de figuras de arte para asumir la categoría de un poderoso conjuro, saturado de terribles esencias gitanas” (ibidem).

José y Paco Amaya, y el Chato de Valencia (Caras y Caretas, 2-1-1937).

José y Paco Amaya, y el Chato de Valencia (Caras y Caretas, 2-1-1937).

En la segunda parte de la charla, bastante más distendida, la bailaora confesó su amor por el campo y los animales, y evocó los buenos momentos vividos en España junto a su hermano cuando ambos iban de caza: “él era el que tiraba; porque a mí, los animales me dan mucha lástima y no los podría matar. Pero, como digo, él tiraba y yo… ¡no se rían ustedes!… yo hacía de perro […] Soy el mejor perro de caza de todo el mundo… ¿verdad, tú?…” (ibidem).

Entrevistada por Agustín Remón en Caras y Caretas

Unos días más tarde fue Agustín Remón, de la revista Caras y Caretas, quien acudió al Teatro Maravillas para conocer a la estrella del momento. Entró en la sala cuando sonaban los primeros compases del Fandanguillo de Almería, una pieza que ya había sido interpretada por las mayores figuras del género, pero su escepticismo inicial poco a poco se fue tornando en admiración, y así lo relató:

Carmen Amaya es una gitanilla minúscula, delgaducha, fea a la distancia. Viste un llamativo traje andaluz de chaquetilla, muy a propósito para el público de París, Berlín o Londres, que tanto aprecian la españolada. Es tan chiquita la ‘bailaora’, que parece una criatura embutida en las ropas de una persona mayor…

Primeros pasos del fandanguillo, solemnes, hieráticos. Como en todas las bailarinas, aunque, naturalmente, por razones de estatura, en Carmen Amaya tiene el comienzo de esta danza el cincuenta por ciento de su acostumbrada solemnidad…

[…] ¿Ha crecido de golpe esta muchacha?

Su cuerpo, que nos parecía desmayado en su pequeñez, vibra y se estira felino, pero no con la felinidad de un gato mimoso, sino de un tigre elástico. Sus brazos, como dos látigos, fustigan los movimientos de las piernas enérgicas, azuzan las ondulaciones, ya suaves, ya bruscas, de sus caderas adolescentes. Y en su rostro, como en el de una poseída, lucen con extraño resplandor la angustia furiosa o la risa demoníaca.

El desbordante auditorio, sugestionado, enardecido, rompe en una ovación. Al fondo de la platea, los porteros aplauden también. Yo transpiro, mitad por la pesada atmósfera, mitad de deslumbramiento emocional” (Agustín Remón, Caras y Caretas, 2-1-1937: 4).

Carmen Amaya diciendo la buena ventura a Agustín Remón (Caras y Caretas, 2-1-1937).

Carmen Amaya diciendo la buena ventura a Agustín Remón (Caras y Caretas, 2-1-1937).

Como principal mérito de Carmen, Remón destacó la originalidad de su baile gitano, que no se parecía al de ninguna otra. “Esta gitana, toda temperamento e inspiración, no se sujeta a las enseñanzas de escuela alguna. Baila como canta el pájaro, o, mejor, como la fiera ruge. Sus movimientos rozan con frecuencia la epilepsia. En sus actitudes hay una salvaje altivez; en sus gestos, provocadores, la férrea inocencia de un ser primitivo” (ibidem).

Una vez concluido el espectáculo, Remón compartió un rato de charla con Carmen y sus guitarristas. La joven manifestó su tristeza por la ausencia de su madre, de quien no habían tenido noticias desde que la dejaron en Madrid cinco meses atrás; confesó su miedo a cruzar el mar y recordó algunos detalles de la travesía:

“– ¡Si la ‘probe’ supiera que estamos en Güenos Aires, a veinte días de viaje! [– exclamó José Amaya].
– ¡Le daba un patatús! – sentencia la extraordinaria bailarina.
– ¿Y eso? – interrogamos sorprendidos.
– Por ‘la mar’ que hemos tenío que atravesar – explica el padre –. Ustés se reirán. Pero a los gitanos no nos gusta ver tanta agua, ¡ea!
– ¿Así que enemigos de lo líquido? – bromeamos.
– ‘Asigún’ qué líquido – tercia ‘El Pelao’. – Si se trata de manzanilla… ¡Pero agua, y ‘salá’!

Ríen los gitanos, y nosotros con ellos. Pedimos a la danzarina sus impresiones del viaje.

– Todo bien a bordo, menos las comidas – nos dice –. Eso que comen los alemanes, no es pa nosotros, acostumbraos a los gazpachos y los brijones. Y ‘aluego’, lo que pasa después de una semana de viaje: que ‘too’ tiene igual gusto, lo mismo el arroz con leche que la ‘sarchicha’” (ibidem).

Carmen Amaya bailando la zambra, junto a su padre y su hermano (Caras y Caretas, 2-1-1937).

Carmen Amaya bailando la zambra, junto a su padre y su hermano (Caras y Caretas, 2-1-1937).

Antes de concluir la interviú, Carmen pidió un favor al periodista:

“– ¿Quieren ustés poner una cosa en los papeles?
Le aseguramos que lo haremos con gusto. Nos dice:
– Pues que quede bien aclarao que yo sé leer y ‘escrebir’, porque un periodista, muy amable, pero muy fantasioso, ha dicho que no sabía.
– Sabe ‘too’ eso, y hasta el francés – asegura el padre –. Claro, que mi niña, bailando desde los 4 años, no ha tenío mucho estudio, y no se pasa la vida leyendo libros.
– ¿Y para qué los voy a leer? –pregunta Carmen –. ¿Es que voy a terminar en ‘datilógrafa’? Pero hay gitanos y gitanos. Y nosotros no somos de los que van con un burro, mercando canastos y durmiendo bajo los puentes. Nosotros, y no es porque estemos delante, somos gitanos artistas. Mi padre ya lo era.
– Es verdad – ratifica el hombre. Y a nosotros, a nuestro arte, y a Carmen sobre todo, que es como la bandera de nuestra familia, se debe que el género ‘cañí’ haya pasao en España, de los colmaos y restaurantes de juerga, a los teatros de categoría. Allí, y en todas partes, ‘triunfemos’ por nuestros cabales…” (ibidem).

Referencias:

Hidalgo Gómez, Francisco: Carmen Amaya. La biografía, Barcelona, Carena, 2010.


Custodia Romero, la Venus gitana del baile flamenco (VII)

En enero de 1932 emprende una nueva gira por España el bailarín afroamericano Harry Flemming, con una compañía integrada por dos orquestas -una argentina y otra de jazz- y un nutrido elenco de artistas de variedades internacionales, entre los que destaca la Venus de Bronce. Zaragoza, Barcelona y Burgos son algunas de las ciudades en las que actúan. En su crítica sobre el espectáculo, el periodista barcelonés Sebastià Gasch destaca la gran capacidad de transmisión de la artista jienense:

“… el arte de esta bailarina se dirige más al corazón que al cerebro, enardece más que apacigua. […] Montherlant añade que la Romero es una flor salvaje […]. Es verdad. Custodia Romero es más inspiración que cálculo. Y esto lo demuestra sobre todo con su zambra, palpitante de sexo y de bravata…” (Mirador, 21-1-1932) (1)

Cartel de Harry Flemming y su espectáculo de varietés.

Cartel de Harry Flemming y su espectáculo de varietés.

En esa época la bailaora concede una entrevista a Juan del Sarto, en la que revela algunos detalles de su vida diaria, como por ejemplo su presupuesto doméstico:

“-Como necesitar para vivir, necesita cada uno lo que hace el ánimo. En nosotras, las mujeres, depende de la cantidad de pájaros locos que tengamos en la cabeza. Yo, que creo tener muy pocos, me conformo con un presupuesto de 5.000 pesetas mensuales.
-¿Todo comprendido?
-Todo. Es decir, todo lo que necesitamos mi madre y yo y la servidumbre. En esa cifra incluyo también los gastos de vestidos de escenario y de calle no extraordinarios -algunas veces hay que hacer un exceso obligado en ropas y alhajas, por ejemplo cuando se presenta una en alguna Casa productora de películas de España o del extranjero-, los caprichos, las bagatelas de todo género, como la asistencia a los espectáculos, los perfumes, las flores, los bombones” (Blanco y Negro, 17-1-1932).

Custodia Romero en portada de la revista Crónica, 18-1-1931. BNE.

Custodia Romero en portada de la revista Crónica, 18-1-1931. BNE.

En el mes de febrero colabora en el festival de los periodistas cinematográficos que se celebra en el Cine Callao de Madrid y, “acompañada a la guitarra en sus bailes gitanos por el Niño Sabicas, obtuvo un gran éxito” (Heraldo de Madrid, 25-2-1932) (2). Debuta unas semanas más tarde en el Teatro de la Zarzuela, compartiendo cartel con Estrellita Castro. Entre los números que protagoniza, destaca una “grandiosa fiesta granadina del Sacromonte” (La Libertad, 20-3-1932). Después marcha a Sevilla para ofrecer, en el Kursaal Central y en el Coliseo España, las que serán sus últimas actuaciones antes de retirarse de los escenarios:

“En el apogeo de la belleza, la juventud y el arte, Custodia Romero abandona para siempre el tablado en que triunfó la pureza de su arte de gran bailaora. En el escenario del Coliseo España repiqueteó ayer, por última vez, el hechicero taconear de sus pies ágiles, y por última vez levantáronse, como bandera de gallardía, al ritmo de la danza castiza, sus hermosos brazos de gitana.
Repetidamente ovacionada, Custodia apreciaría en el estruendo de los aplausos, junto a la pública devoción por su arte, la emocionada cordialidad puesta por el público en el indeseado trance de tan prematura despedida” (ABC de Sevilla, 21-4-1932).

Según distintos medios, la bailaora se retira por mor de un compromiso matrimonial, sin que llegue a desvelarse la identidad del afortunado. El periodista Juan del Sarto se hace eco de un rumor que señala al compositor Jacinto Guerrero como su futuro marido más, una vez contrastada la información con los protagonistas, debe rectificar: “Custodia tiene su novio ‘formal’. El maestro Guerrero tiene su novia ‘de amor’. La cosa está bien clara. No pueden casarse, por lo tanto, Jacinto y Custodia” (Mundo Gráfico, 1-6-1932).

Custodia Romero y otros artistas en el Cine Callao de Madrid, ABC, 6-3-1932.

Custodia Romero y otros artistas en el Cine Callao de Madrid (ABC, 6-3-1932).

Durante más de dos años permanece apartada de la vida pública, sin que hayamos logrado averiguar si llega o no a contraer matrimonio. No obstante, de sus declaraciones a la prensa se desprende que, al menos, hay alguien que ocupa su corazón:

“-Mire, pienso pasar el nuevo año alejada del mundo y de sus pompas y vanidades.
En mi casita. Al amor de lo mío y de los míos. Añorando mis pasados esplendores escénicos, pero sin ocurrírseme, ni por un solo momento, reintegrarme a ellos.
¡Sólo el amor basta! Cuando se encuentra, como es tan rico e inapreciable tesoro, no hay que dejarlo perder, sino entregarse a él y a sus dulzuras por entero, en cuerpo y alma…” (Juan del Sarto, Sparta, 7-1-1933).

Su prototipo de hombre tiene la tez del color “de los maravillosos y sublimes Cristos sevillanos”. Es “rendido y galán” (Blanco y Negro, 2-4-1933), “bien educado”, con “finura”, “corrección” y “exquisitez de maneras” (Luz, 9-11-1933). A finales de 1933 aún existe buena armonía entre la pareja:

“-Todavía no he tenido el primer disgusto con mi novio. ¡Ni Dios quiera que lo tengamos nunca!
Porque el día que yo tenga el primer disgusto con mi novio será el primero… ¡y el último!” (Juan del Sarto, Blanco y Negro, 5-11-1933).

Custodia Romero (Nuevo Mundo,16-1-1928). BNE.

Custodia Romero (Nuevo Mundo,16-1-1928). BNE.

En septiembre de 1934 se anuncia su reaparición en el Teatro Liceo de Salamanca y en el Principal de Zamora, compartiendo cartel con el tenor Juan García y la vedete Anita Flores. El público charro le “tributó la acogida más entusiasta y cordial, como premio a su arte exquisito. Custodia Romero afirmó su personalidad, con sus bailes españolísimos y castizos y unas canciones, de pura solera andaluza, que levantaron ovaciones constantes” (El Adelanto, 21-9-1934). Durante su retiro voluntario “no ha perdido nada de su arte, al contrario, lo ha purificado, dando un tono a su actuación de serenidad artística muy deliciosa” (Ideal Agrario, 24-9-1934). En una nueva conversación con Juan del Sarto, desvela el motivo de su regreso:

“Me gustó tanto el teatro que, ya lo ha visto usted; después de alejada de él, temporalmente, a él he vuelto, como la mariposa a la luz…
Y es que no puede una sustraerse a la locura de los aplausos, una vez que, a la manera de un sutil veneno, se han infiltrado en el alma…” (Blanco y Negro, 8-7-1934).

En enero de 1935 realiza una nueva tournée con el bailarín Harry Flemming, que en esta ocasión presenta un amplio programa de variedades, en el que destacan la orquesta de jazz Los Vagabundos, la cantaora Anita Sevilla, la bailarina de color Elsie Bayron y el bailaor Antonio Triana. En el Cine Ideal de Madrid, Custodia Romero, “majestad en la figura, pulcritud en el ritmo, dominio y agilidad en los palillos, alegría sana en el semblante” (ABC, 24-1-1935), es muy aplaudida en sus bailes gitanos, con la guitarra de Víctor Rojas. El espectáculo también se presenta en ciudades como Córdoba, Sevilla, Jerez de la Frontera y Cádiz.

Custodia Romero en portada de La Unión Ilustrada, 3-5-1928. BNE.

Custodia Romero en portada de La Unión Ilustrada, 3-5-1928. BNE.

En el mes de marzo es contratada por Circuitos Carcellé para debutar en el Teatro Maravillas de Madrid, compartiendo protagonismo con una de las grandes estrellas de la época dorada de las variedades: Raquel Meller. Acompañada por Víctor Rojas a la sonanta, “la preciosa bailarina andaluza batió con la gracia, la finura y el arte en ella característicos un repertorio nuevo que hace destacar su estilo inconfundible y que es inimitable” (La Libertad, 9-3-1935). Después viajan a Vitoria, Zaragoza y Santander, entre otras ciudades.

Durante el mes de mayo la misma empresa la presenta en el Teatro Tívoli de Barcelona y en el Fontalba de Madrid, “con sus nuevas danzas gitanas a piano y guitarra” (ABC, 14-5-1935). En el programa destaca la actriz cómica Luisita Esteso, entre otras muchas atracciones. Ese mismo verano, en la Feria de Muestras de Santander, acompañada por la orquesta, actúa “a la incomparable altura de siempre, la que corresponde a la bailarina de solera, de gracejo y casticismo inigualable” (El Cantábrico, 26-7-1935).

Custodia Romero (Estampa, 12-2-1929). BNE.

Custodia Romero (Estampa, 12-2-1929). BNE.

En 1936 continúa con su gira por Madrid y provincias de la mano de Circuitos Carcellé, que presenta un “espectáculo internacional arrevistado” (La Voz de Asturias, 15-4-1936) en el que intervienen numerosos artistas. Tras el estallido de la Guerra Civil, actúa con frecuencia en festivales benéficos organizados por la C.N.T. en distintos teatros madrileños con el fin de recaudar fondos para los heridos, hospitales o guarderías infantiles, siempre en relación con la causa republicana. En esas funciones comparte cartel y escenario con grandes figuras del flamenco y las variedades, como Angelillo, Pastora Imperio, Conchita Piquer, la Argentinita, Pilar López, Carmen Flores, la Niña de la Puebla, Estrellita Castro, Ramón Montoya o Niño Sabicas.

El 12 de octubre la encontramos actuando en París, en un “festival de canto, música y danza por la ‘Fiesta de la Raza’” organizado en el Palais de la Mutualité. En el elenco, compuesto por artistas de diversa procedencia, destaca la presencia de Laura de Santelmo y Antonio Machín (L’Humanité, 10-10-1936).


Notas:
(1) La traducción de todos los textos extranjeros es mía.
(2) Según algunos medios, quien la acompaña a la sonanta es Luis Yance (La Libertad, 23-2-11932; ¡Tararí!, 25-2-1932).


Custodia Romero, la Venus gitana del baile flamenco (V)

Durante el año 1928, la Venus de Bronce sigue cosechando éxitos en los coliseos de Madrid y provincias, triunfos que comparte con algunas de las grandes figuras del género de variedades. En el Teatro Avenida de Madrid vuelve a coincidir con Pastora Imperio, Conchita Piquer, Pilar López y Carmen Flores.

Custodia Romero (La Unión Ilustrada, 22-10-1926). BNE.

Custodia Romero (La Unión Ilustrada, 22-10-1926). BNE.

Junto a esta última también se presenta en Zamora, donde “por la novedad y el artístico trabajo que actualmente presentan, […] brillan con resplandores propios” (Heraldo de Zamora, 30-6-1928). A su regreso a la capital se anuncia en el Teatro de la Latina, donde se reparte los aplausos con Luisita Esteso. Durante su actuación en esta sala se celebra en su honor una Fiesta de Sacromonte, en la que toman parte las cantaoras Carmen la Lavandera y la Niña de Linares, entre otros artistas (La Libertad, 11-7-1928).

A mediados de septiembre debuta en el Kursaal Central de Sevilla, que inaugura su temporada de otoño con un lleno “imponente” (El Noticiero Sevillano, 16-9-1928). La viajera francesa Jacqueline Bertillon (1) nos deja una interesante crónica de la actuación de Custodia, que interviene en último lugar, tras el cuadro flamenco y unas bailarinas francesas de cancán:

“Aparece por fin, esta Venus de Bronce, y es una salva, un trueno de aplausos por parte de los sevillanos, que son casi un millar. La Venus de bronce, Custodia Romero, es una joven muy hermosa de aspecto noble y puro. Su expresión casta contrasta con los bailes cada vez más voluptuosos y seductores que ejecuta ante nosotros. Nunca hemos visto nada parecido; y, como todos los asistentes, estamos locas de entusiasmo, ante tanta belleza. Baila ocho o diez alegrías, fandangos, tangos, etc., con ocho o diez trajes diferentes; las sevillanas, incluso nosotras, le pedimos que las repita. Es necesario que, rota por el cansancio y la emoción de estas danzas donde ha dado todo su ser -más que su ser, pues ha revelado a la mujer que aún no ha nacido-, venga a pedir misericordia. El público sólo acepta irse tranquilizado por la idea de que volverá a verla bailar mañana, pasado mañana y todos los días sucesivos…” (Peugeot-revue, febrero de 1929).

Custodia Romero (Nuevo Mundo, 22-7-1927). BNE.

Custodia Romero (Nuevo Mundo, 22-7-1927). BNE.

En el mes de octubre -y tal vez no sea casual- Custodia Romero llega a París para debutar en el music hall Empire, junto a un elenco de variedades internacionales. Asimismo, es contratada por Madame Bertillon para actuar en una velada íntima celebrada en su domicilio de la Avenue Marceau. Los asistentes quedan prendados del arte de la bailaora, que actúa acompañada por el guitarrista Carlos Montoya y el pianista Raúl Laynez:

“La maravillosa bailarina gitana de Sevilla, Custodia Romero, ejecutó diferentes bailes gitanos y andaluces que tuvieron un enorme éxito. En efecto, en París rara vez se ve bailar con un respeto tan puro de la tradición y del carácter español. No sólo la plástica y la técnica de la Srta. Custodia Romero son de un arte perfecto, sino que su expresión, a la vez tan orgullosa y cautivadora, extiende sobre todos sus bailes ese fuego y esa fiebre que se respiran en Sevilla. A los asistentes les ha gustado particularmente un baile con mantilla y vestido de volantes que, empezando con una deslumbrante canción española cantada por la Srta. Custodia Romero, terminó con un toque endiablado de castañuelas. Se le dio la ovación que ella merecía y que no es más que la confirmación por el público parisino del éxito que conquista cada día la Srta. Custodia Romero en Sevilla, donde es considerada como una de las mejores bailarinas de España” (Comoedia, 5-11-1928).

Custodia Romero (La Esfera, 8-1-1927), BVPH.

Custodia Romero (La Esfera, 8-1-1927), BVPH.

Nuevos contratos la retienen durante varios meses en París. En diciembre, acompañada por los mismos músicos, pone el broche de oro a una recepción ofrecida en el Lyceum-Club por la duquesa viuda d’Uzès:

“Para terminar, la espléndida gitana de Sevilla, Custodia Romero, acompañada por el guitarrista Montoya y la pianista Laynez, ejecutó tres bailes, cada uno más maravilloso que los otros. El último que bailó, vestida de gitana, con el pelo suelto, recordaba asombrosamente a la heroína de Pierre Louys en La Femme et le Pantin. Este espectáculo ha desencadenado el entusiasmo del público muy escogido que asistía a la fiesta» (Comoedia, 11-12-1928).

Unas semanas más tarde interviene en una velada celebrada en la Union Interalliée, junto a un nutrido elenco de artistas internacionales, entre los que destaca la joven bailarina Lolita Mas. Hasta la prensa española se hace eco de su triunfo:

“… apareció en el tablado la figura gitana de Custodia Romero. Primero en el fandanguillo El antequerano, de Esper y Morera; luego en Cueva gitana, del maestro Romero, mostró toda la gracia y toda la seducción de sus danzas sensuales […] obtuvo una entusiasta y prolongada ovación de este elegante público parisiense” (Monte-Cristo, Blanco y Negro, 13-1-1929).

Custodia Romero actuando en París (Blanco y Negro, 13-11-1929). Archivo ABC.

Custodia Romero actuando en París (Blanco y Negro, 13-11-1929). Archivo ABC.

En París celebra la Nochebuena junto a otras bailarinas españolas, como Carmen Montaño y Pilar Calvo, y recibe el nuevo año actuando en el local ‘Henry’, sito en la Place Gaillon (Le Gaulois, 21-12-1928). Ya de vuelta en Madrid, en el mes de febrero interviene en el beneficio que se ofrece en el Teatro Pavón a Pascual Guillén y Antonio Quintero, autores de la comedia “La copla andaluza”, con motivo de su centésima representación. Tras interpretar sus castizos bailes, recibe una “estrepitosa ovación” (El Liberal, 6-2-1929). También se la puede ver en otros coliseos, como el Maravillas o el Circo Price.

A finales de marzo “La copla andaluza” es llevada a escena en el Teatro Victoria de Barcelona por la compañía de Vicente Mauri (2), con Custodia Romero, Guerrita y Angelillo como estrellas principales. Durante dos semanas la “reina gitana de la danza” recibe “atronadores aplausos” (La Vanguardia, 9-4-1929) y el día de su despedida se celebra “un grandioso concierto, tomando parte La Trinitaria, El Americano, […] y los eminentes tocaores Niño de la Bulería, Juanito Dorado, Paco Aguilera y Miguel Borrull” (Hoja Oficial de la Provincia de Barcelona, 15-4-1929).

Una vez cumplido este compromiso, la Venus de Bronce sigue cosechando éxitos en Madrid y provincias (3), bien como fin de fiesta tras las proyecciones cinematográficas, bien junto a otros artistas de variedades internacionales. El 20 de mayo se la puede ver en una fiesta celebrada en el Círculo de Bellas Artes de la capital en honor de la Asociación pro Sociedad de Naciones. El programa consta de una primera parte lírica, a cargo del tenor Sr. Rojo y de la soprano Josefina Blanch, tras la cual Laura de Santelmo y Custodia Romero deleitan al respetable con sus bailes y canciones españolas con acompañamiento de guitarra (Heraldo de Madrid, 21-5-1929).

Custodia Romero y Laura de Santelmo en el Círculo de Bellas Artes (Nuevo Mundo, 31-5-1929). BNE.

Custodia Romero y Laura de Santelmo en el Círculo de Bellas Artes (Nuevo Mundo, 31-5-1929). BNE.

El 5 de julio presta su concurso en un festival organizado en el Retiro por la comisión del monumento al capitán D. Ramón Jordán de Urríes, caído en la guerra colonial en el Protectorado de Marruecos (Heraldo de Madrid, 5-7-1929). Una semana más tarde, en el mismo lugar, interviene con gran éxito en la verbena del Círculo de la Unión Mercantil e Industrial (Heraldo de Madrid, 17-7-1929). El hecho de ser requerida para tantos eventos da testimonio de su gran popularidad y también de su generosidad.

En esos días se llevan a cabo los preparativos para la celebración, también en los Jardines del Buen Retiro, de la verbena del Sindicato de Actores, destinada a recaudar fondos para “el socorro económico a la vejez de los compañeros jubilados” (La Nación, 19-7-1929). Como miembro de su Comité Femenino, la bailaora está implicada activamente en la causa y, junto a otras artistas, se persona en las redacciones de distintos periódicos para promocionar el evento, que tiene lugar el 27 de julio. En el programa figura un “cuadro de cante y baile flamenco” integrado por “Custodia Romero, Mariquita Linares, Dolores Ortega, Rita Ortega, Niña de Chiclana, Niño de la Flor y los afamados profesores de guitarra Manolo el de Badajoz y Pepe el de Badajoz” (Heraldo de Madrid, 24-7-1929).

En el mes de agosto también colabora desinteresadamente en una verbena a beneficio del Instituto Cervantes (Heraldo de Madrid, 13-8-1929) y obtiene “uno de sus más resonantes triunfos” en el Teatro Fuencarral. “Si sus números andaluces, mixtos de cuplé y baile, fueron celebrados, pues en ellos puso su arte inimitable, dándoles la gracia y el color de su tierra bendita, sus soberbias danzas gitanas acabaron de caldear el público chamberilero, que la hizo objeto de las más entusiastas ovaciones” (El Liberal, 16-8-1929).

Comité Femenino del Sindicato de Actores Custodia Romero aparece sentada. (Mundo Gráfico, 17-7-1929). BNE.

Comité Femenino del Sindicato de Actores Custodia Romero aparece sentada. (Mundo Gráfico, 17-7-1929). BNE.

Debuta unas semanas más tarde en el Teatro Vital Aza de Málaga, compartiendo cartel con el humorista Manolo Vico y con la cancionista Asunción Muñoz, y obtiene “un éxito rotundo sobre todo bailando por alegrías a la guitarra”. El público le aplaude “con verdadero entusiasmo” y el cronista celebra que se mantenga fiel a su estilo de siempre, “sin dejarse influenciar por el exotismo ambiente”. Como la gran Pastora, sigue cultivando “los bailes gitanos”, aunque los concibe y ejecuta de una manera diferente: “lo que en ‘La Reina Cañí’ es pasión y voluptuosidad, expresión del libre instinto, es en esta muchacha ritmo y cadencia” (Santy, La Unión Mercantil, 12-9-1929).


Notas:
(1) Mme. Bertillon realiza un viaje París-Gibraltar ida y vuelta a bordo de su Peugeot 5 cv, acompañada por su hermana. En su crónica, muestra su sorpresa ante la buena educación del público del Kursaal:
“Por la noche, vamos al café cantante. Estamos un poco impresionadas. Nos han hablado en París de estos lugares misteriosos y peligrosos: las mujeres, nos han dicho, no pueden ir solas bajo ningún concepto; si infringieran esta norma, se expondrían a los peores peligros. Por tanto, mi hermana y yo nos aventuramos con paso tímido en el Kursaal: una gran sala, con una galería, un escenario, y numerosas mesas rodeadas de sillas, en la zona donde se encontrarían las butacas de nuestros music-halls. Los tranquilos consumidores nos hacen sitio inmediatamente y nos tratan con la galantería más respetuosa. Un camarero acude presto. Pedimos una modesta gaseosa; nos cuesta una peseta. Por esta peseta disfrutamos de un espectáculo por el que habríamos pagado alegremente cien” (Peugeot-revue, febrero de 1929).
La traducción de todos los textos franceses es mía.
(2) En el Teatro Pavón de Madrid fue presentada por la compañía cómico-dramática de Fernando Porredón y tenía como estrellas principales a los cantaores Manuel Centeno y Jesús Perosanz. Ahora se presenta con un elenco renovado.
(3) En el Teatro de La Latina de Madrid, en el Cine Parisiana de Zaragoza, en el Salón Pradera de Valladolid, en el Teatro Liceo de Salamanca, en el Infanta Isabel de Madrid y en el Principal de Zamora, entre otros.