En abril de 1936 Anita Sevilla actuó en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, que ofrecía un amplio programa de variedades internacionales en el que destacaban figuras como Reyes Castizo ‘la Yankee’, Custodia Romero o Amalia de Isaura. El día diecisiete esta última ejerció como madrina en el acto de consagración como estrella de Anita, considerada la “‘emperaora’ del cante y baile andaluz” (1).

Anita Sevilla (dcha.), Lolita Astolfi (izq.) y otras personalidades en la celebración de las cien proyecciones de Morena clara (Cinegramas, 31-5-1936).
En el mes de mayo intervino en una fiesta organizada con motivo de las doscientas representaciones de la obra Dueña y señora, protagonizada por la actriz hispalense Carmen Díaz, que se venía ofreciendo en el Teatro Cómico. Acudió acompañada de su hermano y deleitó a los presentes bailando sevillanas con su paisana (2).
Unas semanas más tarde actuó en un homenaje ofrecido a los autores, director e intérpretes de Morena Clara en el Cine Rialto, con motivo de la centésima proyección del film. Tras el pase actuaron dos de las nuevas figuras de la productora C.I.F.E.S.A., la bailaora Lolita Astolfi y “la ‘estrella’ del arte flamenco Anita Sevilla”, que, “con ese aire gitano que la caracteriza, cantó con verdadero arte una inspirada canción seguida de un fandanguillo, destacando luego con una saeta a la Macarena que hizo levantar al público de los asientos”. Las acompañaron el guitarrista Vicente Gómez y una orquesta dirigida por Rafael Martínez (3).
Poco después se celebró, por el mismo motivo, una función especial en el Teatro Olimpia de Valencia. Tras la proyección de la película actuaron Carmen Amaya, “genial bailarina, con sus danzas gitanas, a la guitarra su padre y hermano, [Anita Sevilla] interpretando como ella solo sabe el cante flamenco y la primorosa saeta sevillana, y Miguel de Molina, estilista famoso del arte cañí. Todos recibieron el calor de unas ovaciones unánimes” (4). También en esos días, la cantaora sevillana intervino en una nueva función de homenaje a la actriz Carmen Díaz celebrada en el Teatro Cómico de Madrid, donde “esa maravilla de voz del pueblo […] disparó una saeta que al aludir a la Virgen gitana, la vimos como clavada en la carne morena de Carmen Díaz” (5).

Anita Sevilla, Celia Gámez y Carmen Díaz en el beneficio de esta última, celebrado en el Teatro Cómico (Martín Santos Yubero, Arch. Comunidad de Madrid).
Estrella de la gran pantalla
En abril de ese mismo año había comenzado el rodaje del film El genio alegre, producido por C.I.F.E.S.A y basado en la obra teatral homónima de los hermanos Álvarez Quintero. Bajo la dirección de Fernando Delgado y con Enrique Gärtner como operador de cámara, los papeles principales fueron interpretados por Rosita Díaz Gimeno, Antonio Vico, Concha Catalá, Alberto Romea, Fernando Fernández de Córdoba, Leocadia Alba, Lolita Astolfi y Anita Sevilla, que había firmado un ventajoso contrato para realizar tres películas más, La Marquesona, Mariquilla Terremoto y Los Chatos (6).
Tanto la prensa generalista como las revistas especializadas mostraron gran interés por esta nueva faceta de la “máxima figura actual del cante andaluz” (7), que desde los primeros ensayos se reveló como una estrella en potencia. Así lo relataron distintos medios:

Anita Sevilla y Fernández de Córdoba en una escena de El genio alegre (Films Selectos, 24-10-1936).
“El primer fandanguillo que Anita dejó escapar de su pecho, causó tal admiración y llenó de entusiasmo a todos, que Rosita Díaz con Fernando Delgado, a los pocos momentos de rodado y tomado este, lo escuchaban en la sala de proyecciones de los estudios C.E.A.
Junto a la protagonista y el director de la película está la nueva ‘estrella’ Anita Sevilla, que nerviosilla, inquieta y gozosa, en el silencio de la sala de pruebas y ante sus únicos acompañantes, dice:
− Qué ‘grasioso’ es esto de que la película sea ahora ‘pa’ nosotros solos antes que ‘pa naide’.
− Por algo la hemos hecho nosotros −le responden sus dos acompañantes.
La proyección ha comenzado y en el liezo (sic) de plata aparece Anita, cantando este fandanguillo:
Te quiero de una manera
que no he de ‘yorá’ por ti,
porque ‘yorando’ de vera
no ‘pueo’ mirarte ‘asín’;
con el llanto no te viera.
Al terminar este, Rosita Díaz y Fernando Delgado, dominados por el arte brujo y sugestivo de la ‘cantaora’, dejan escapar un ¡ole! al mismo tiempo que abrazan a Anita Sevilla. Pero esta, aunque contenta, dice no le acaba de llenar su primer ensayo. A Rosita Díaz tanto le ha satisfecho la prueba que no puede ocultar su alegría, que va contagiándola a todos los que están en el estudio, diciéndoles que los fandanguillos de la saladísima Anita subyugarán al público” (8).

Anita Sevilla y Erasmo Pascual en una escena de El genio alegre. Foto de Manuel Novoa (Filmoteca de Cataluña).
V. Gómez de Enterría, que acudió al set de rodaje para presenciar la filmación de su primera escena, nos ha dejado un interesante testimonio:
“Anita Sevilla […] se dispone a rodar la primera escena con Fernández de Córdoba. Y alguien ha preguntado a la nueva estrella:
− ¿Tiene usted miedo?
− ¡Osú!, más que si me dijeran que hay ‘hule’. En dos noche seguías no he podío pegá los ojo. […]
Fernando Delgado, el director de la película, ordena ‘silencio’; suena el ‘klazon’ de la cabina de sonido, y Gaertner busca con el ojo escudriñador de su cámara la belleza cálida de Anita, que dice a su galán:
− Pero está todavía por nasé la pesoniya que le quiera como yo. Cuando entra er queré por lo fino…
Y terminada la escena hay un rumor de aprobación y de júbilo. Anita Sevilla es un nuevo hallazgo para el cine español, pero a ella le ha producido cierta turbación su primera actuación frente a la cámara y al micrófono.
− Digo, que es mu difísil esto de tené que desirle a una persona que una la quiere mucho delante de tanta gente… Yo he puesto toa mi arma ar desirlo, pero toos ustés que estabais delante paresía que me tapaban la boca y me oprimían er corasón.
Cuando uno de los presentes intenta tranquilizarla y darle fuerzas, Anita, con el ánimo de quien está resuelto a triunfar en el cine como antes triunfara en el teatro, dice:
− Bueno, me acostumbraré a desí estas cosas de mentiriya que suenen a verdá.
Todos los asistentes la felicitan por su primera intervención. Fernando Delgado está satisfechísimo de la ‘estrella’, que constituye un auténtico hallazgo de gran porvenir para la pantalla española. […]

Anita Sevilla (Ahora, 30-6-1933).
… se puede consignar el hecho de que, pese a todos los ofrecimientos que ha tenido, no ha trabajado nunca en ‘cabarets’, lo que supone una intención de limpieza artística y moral que rara vez se da en el mundo de los artistas […].
Sus artistas preferidos son Clark Gable, Charles Laughton, Imperio Argentina, Antoñita Colomé, Antonio Vico, Charito Leonís, ‘la Romerito’, Raquel Rodrígo y, en general, todos los que ha visto trabajar en las producciones españolas. […]
Aseguran que su carácter, extremadamente bondadosa y de fina sensibilidad, solo ha tenido rasgos irascibles en sus discusiones con los empresarios con motivo de asuntos de contratación, y aun no muchos” (9).
Comienzo de una trágica odisea
Una vez concluido el rodaje en los estudios madrileños de la C.E.A., todo el equipo artístico y técnico de la película, compuesto por unas cuarenta personas, se trasladó a Córdoba para filmar las escenas de exteriores en una finca cercana a la capital. El rodaje comenzó el trece de julio y cinco días más tarde tuvo que ser suspendido debido a la sublevación militar que desembocó en la guerra civil.
Una vez finalizada la contienda, en el otoño de 1939 se terminaron las escenas que habían quedado pendientes, con la intervención de Carmen de Lucio, Erasmo Pascual y Charito Bueno en sustitución de Rosita Díaz, Edmundo Barbero y Anita Sevilla, que se encontraban en el exilio. Sus nombres no aparecieron en los títulos de crédito del film, que se estrenó a finales de ese año (10).

Rosita Díaz Gimeno (Ahora, 15-1-1937).
Aquel fatídico dieciocho de julio de 1936 se declaró el estado de guerra, se cortaron las comunicaciones y el equipo de rodaje de El genio alegre quedó atrapado en Córdoba, en el Gran Hotel Simón. A partir de ese momento, Anita Sevilla vivió una auténtica odisea, hasta conseguir salir de España y embarcar con rumbo a América. Sus hijos se encontraban en Valencia a cargo de su hermana Pastora. Se habían trasladado allí unos meses antes para estar cerca de ella mientras cumplía un prolongado compromiso profesional (11).
Según el testimonio del actor Edmundo Barbero, el 20 de julio Rosita Díaz Gimeno fue detenida acusada de espía, tras ser delatada por Fernando Fernández de Córdoba, fascista declarado. El motivo no fue otro que una llamada telefónica recibida de su novio, el hijo del diputado Juan Negrín. Unos días más tarde la pusieron en libertad.
También detuvieron a un hermano de Anita −probablemente, Paco− que la acompañaba en Córdoba, por el simple hecho de tener otro hermano “muy significado con los ‘rojos’”. Se trataba de José Pérez Gómez ‘el Nili’, banderillero de la cuadrilla de Belmonte, que ejercía en el Ayuntamiento de Madrid como Delegado de Abastos al servicio del pueblo, y estaba sacrificando reses de las ganaderías de toros de Toledo y Colmenar para dar de comer a la población. La intercesión de Anita ante el ex coronel Sáez de Buruaga y el torero Pepe el Algabeño, ambos alojados en el Hotel Regina, fue crucial para conseguir su liberación (12).

El actor Edmundo Barbero.
Siguiendo el relato de Barbero, “entre las dificultades de aprovisionamiento, el comer conservas, con el calor de Córdoba en los meses de julio y agosto, las aguas contaminadas y el número inmenso de fusilamientos y muertos al aire libre, se desarrolló una epidemia de tifus” que afectó a varias personas del equipo de rodaje −a la joven Vicentita Rojas incluso le costó la vida−, por lo que el director negoció con la representación de C.I.F.E.S.A. en Sevilla el traslado hacia esa ciudad, que se realizó en camiones militares (13).
Fueron alojados, bajo vigilancia, en el Hotel Majestic (hoy Colón). Durante su estancia allí volvieron a detener a Rosita Díaz Gimeno y sus compañeros, además de declarar a su favor, movieron todos los resortes posibles en busca de una recomendación para salvarla. Una de las personalidades con las que entablaron relación fue el capitán Manuel Díaz Criado, un “señorito andaluz, aristócrata, borracho, […] cruel y sádico” que había sido nombrado delegado militar gubernativo para Andalucía y Extremadura.
Fue él quien puso en libertad a Anita Sevilla, que también fue detenida acusada de espía y debido a su parentesco con el Nili. Según Barbero, “la llevaron al cuartel de la Falange. No estuvo incomunicada y permitieron que una compañera de ‘extras’ pasase acompañándole (sic) la noche de la detención. Ella se pasó la noche cantando y oía decir a sus guardianes:
− A una mujer tan guapa y con esa voz, no se le puede matar” (14).
…
Notas:
(1) Ahora, 17-4-1936, p. 43; ABC, 15-5-1936, s. p.
(2) La Libertad, 7-5-1936, p. 6.
(3) Ibidem, 28-5-1936, p. 8; Noticiario Cifesa, 17-6-1936, 4; Mundo Gráfico, 3-6-1936, pp. 32-33.
(4) Noticiario Cifesa, 17-6-1936, p. 10.
(5) Crónica, 28-6-1936, p. 7.
(6) López Mohiño, José Manuel, Toda la verdad sobre Anita Sevilla, Salamanca, Kadmos, 2002, p. 51.
(7) Crónica Meridional, 4-6-1936, p. 4.
(8) Diario de Almería, 29-7-1936, p. 3.
(9) V. Gómez de Enterría, Popular Film, 30-7-1936, p. 13.
(10) Sobre los avatares del rodaje de El genio alegre, cfr. Ríos Catalá, Juan Antonio, “El genio alegre: la sonrisa de la república”, en El tiempo de la desmesura. historias insólitas del cine y la guerra civil española. Barcelona: Barril y Barral; Alicante: Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Alicante, 2010, pp. 175-258.
https://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/132300/3/El-genio-alegre.pdf
(11) López Mohiño, op. cit., p. 45.
(12) Edmundo Barbero, Crítica, 11-1-1938, p. 7; Crítica, 12-1-1938, p. 9; Crítica, 15-1-1938, p. 6; Crítica, 20-1-1938, p. 9.
Barbero narró los hechos vividos desde el estallido de la guerra civil hasta que consiguió llegar a Burdeos, en los últimos días del año 1936, en una serie de artículos publicados en el diario Crítica de Buenos Aires durante el mes de enero de 1938 bajo el título “En el teatro de la tragedia española”.
(13) Edmundo Barbero, Crítica, 14-1-1938, p. 6; Crítica, 16-1-1938, p. 2.
(14) Edmundo Barbero, Crítica, 19-1-1938, p. 8; Crítica, 20-1-1938, p. 9.





























