Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Luisa ‘La Pompi’, una cantaora imprescindible (I)

(Artículo revisado en octubre de 2017, tras las III Jornadas de Estudio del Cante, celebradas en Jerez y dedicadas a la memoria de Luisa Ramos Antúnez, Luisa Requejo y María Valencia)

 

Luisa Ramos Antúnez, conocida artísticamente como “La Pompi”, vino al mundo en 1883 (1) en Jerez de la Frontera, en la calle Nueva del flamenquísimo barrio de Santiago. Tanto ella como su hermano Rafael, “el Niño Gloria”, y su hermana Manuela “la Sorda” poseían extraordinarias cualidades para el cante, lo cual les permitió salir de las gañanías jerezanas y ganarse la vida como profesionales del flamenco.

La Pompi junto a sus hermanos, La Sorda y el Niño Gloria

Luisa ‘La Pompi’ junto a sus hermanos, La Sorda y el Niño Gloria

Gracias a Javier Osuna y su magnífico blog Los fardos de Pericón, hemos tenido acceso a un interesante testimonio en primera persona de La Pompi, que al final de su vida concedió una entrevista al diario gaditano La Voz del Sur.

Primeros pasos como profesional del cante

Según su propio relato, Luisa Ramos se inició como profesional a los 18 años de edad -esto es, en los albores del siglo XX- en el café cantante ‘La Primera’ de Jerez y marchó después a la capital andaluza, para debutar en el café ‘La Bombilla’. En ambos locales coincidió con algunos de los artistas flamencos más destacados de su época:

“… empecé a cantar a los dieciocho. […] En Jerez; en mi tierra. Fue en “La Primera”, un café cantante que estaba frente a la Plaza. Allí actuaban Manuel Torres, el Niño Medina, Carmelita Borbolla, Mariquita la Roteña […] Luego a Sevilla. A “La Bombilla”. Con Chacón, Manuel Escacena, Pastora Pavón, La Niña de los Peines… Después a La Barqueta” (La Voz del Sur, 23-7-1950).

Café La Bombilla, de Sevilla (foto de Blas Vega)

Café La Bombilla, de Sevilla (foto de Blas Vega)

Durante los años 1913 y 1914, hay documentadas varias actuaciones de la ‘cantadora por lo jondo’ La Pompi en el café ‘La Primera’ de Jerez, acompañada a la guitarra por Javier Molina y compartiendo cartel con artistas como la bailaora Antonia la Coquinera:

“… Antoñita la Coquinera, popular y simpática bailadora, en unión de las cantadoras por ‘lo jondo’ La Pompi y Sebastianita, son aplaudidísimas a diario por los asiduos concurrentes a este Salón” (Eco Artístico, 5-10-1913).

“Son muy celebrados la cantadora de flamenco La Pompi y el inimitable guitarrista Javier Molina” (Eco Artístico, 5-2-1914).

En esa época, también se puede ver a Luisa en los teatros Principal y Eslava de su ciudad, cantando una saeta durante la representación de la obra Malvaloca, de los Hermanos Quintero. Ése es uno de los estilos que mejor domina la cantaora jerezana.

“La compañía Balmaña, que había terminado el abono abierto en el Teatro Principal, se trasladó anoche al de Eslava, donde se propone continuar la campaña artística que viene desarrollando en esta ciudad.

[…] La saeta final será cantada por la popular cantadora La Pompi” (El Guadalete, 21-3-1914).

La bailaora Antonia Gallardo Rueda, la Coquinera

La bailaora Antonia Gallardo Rueda, La Coquinera

Muy apreciada en Serva la Bari

En la década de los diez, Luisa Ramos también posee ya una fama considerable en Sevilla. Su cante es muy valorado por los buenos aficionados, que no sólo disfrutan de su arte en los teatros y cafés, sino que también cuentan con ella para sus fiestas y eventos privados.

Así, por ejemplo, en 1916, la jerezana y José Cepero amenizan con su cante la fiesta flamenca que se celebra en el domicilio trianero del torero Juan Belmonte con motivo del bautizo de su hermano pequeño. Les acompaña a la guitarra Baldomero Ojeda.

“… varias parejas de jóvenes bailaron las clásicas sevillanas, en tanto que las bandejas de cañas de olorosa manzanilla corría (sic) de mano en mano, iniciándose la juerga, que se prolongó hasta las últimas horas de la madrugada.

En la fiesta tomó parte un cuadro flamenco compuesto por el conocido cantaor Cepero, La Pompi y el tocador Baldomero” (El Noticiero Sevillano, 4-2-1916) (2).

Ideal Concert de Sevilla

El Ideal Concert de Sevilla

Desde 1919 y durante los primeros años 20, al menos de manera intermitente, Luisa Ramos Antúnez forma parte del elenco del Ideal Concert, sito en sevillana Calle Calatrava, en la zona de la Barqueta. Caracol el del Bulto, padre de Manolo Caracol, dirige el cuadro, integrado por una docena de artistas:

“… A más del cuadro flamenco formado por doce cañís de lo más flamenco que puede darse y acompañados a la guitarra por los profesores Baldomero Ojeda y Antonio Molina, toman parte los afamados cantadores ‘Caracol’ y ‘La Pompi’ y un cuadro coreográfico dirigido por el maestro Pericet, que gustó enormemente” (La Unión, 23-2-1919).

Unos meses más tarde se puede ver a La Pompi en la Venta de Villa Rosa, junto a la cantaora Rosalía -Rosalía de Triana, suponemos-; y en el Salón Variedades, de la Calle Amor de Dios, en un cuadro dirigido por el guitarrista Antonio Moreno. José Blas Vega, en su libro sobre los cafés cantantes de Sevilla (3), reproduce un cartel de este último local, en el que también figura, como artista destacada, la cantaora Lola la Macarena.

“El propietario de Villa Rosa, para corresponder al favor del público, presenta todas las noches un […] cuadro andaluz, en el que sobresalen las célebres cantadoras de flamenco La Pompi y Rosalía” (El Liberal de Sevilla, 13-7-1919).

Rafael Ortega y Laura Gómez (La Nación, 26-11-1929)

Rafael Ortega y Laura Gómez (La Nación, 26-11-1929)

En 1920, la cantaora jerezana se ve obligada a retirarse temporalmente de los escenarios a causa de una enfermedad. Sus compañeros del Ideal-Concert le dedican un festival benéfico al que también se suman otros artistas, como la pareja de baile formada por Laura Gómez y Rafael Ortega:

“En la noche del jueves último, y para beneficio de la popular cantadora de flamenco La Pompi, a quien una enfermedad obliga a retirarse temporalmente de la profesión, se verificó un espectáculo en el que además de las artistas que con éxito actúan allí a diario, tomaron parte los más conocidos artistas del género flamenco, en sus variedades de canto, baile y toque, que prestaron generosamente su concurso en obsequio a la beneficiada.

[…] El ‘clou’ de la fiesta lo constituyó el debut de Los Gómez-Ortega” (El Liberal de Sevilla, 24-1-1920).

Una restablecida de su dolencia, La Pompi regresa al local de la Barqueta. Caracol padre continúa al frente del cuadro, compuesto por los cantaores María la Moreno, José Cepero, Carlota y Rita Ortega; el tocaor Baldomero Ojeda; y los bailaores Antonio Ramírez y Eloísa Albéniz, entre otros artistas:

“Actúa un cuadro flamenco bajo la dirección de Manuel Ortega “Caracol” en el que figuran Rita y Rosario OrtegaLa Farrié”, Carlota Ortega, Manuela Moreno “La Piruli”, Emilia Juana Vargas y Antonia Ramírez; las cantadoras de flamenco La Pompi y La Moreno, y los tocadores de guitarra Baldomero Ojeda y Juan el de Alonso; […] y el cantador de flamenco José López Cepero” (Eco Artístico, 30-11-1921).

María "la Moreno"

María ‘La Moreno’

Gran saetera

En los años veinte, Luisa Ramos, -junto a sus hermanos Manuela y Rafael– es una de las artistas que cada Semana Santa se asoma a los balcones de Sevilla para lanzar al cielo sus saetas, que se encuentran entre las más cotizadas y no tienen nada que envidiar a las de La Niña de los Peines, Arturo y Tomás Pavón, Manuel Vallejo, Manuel Centeno o la Niña de la Alfalfa.

“… ¡Y llegó la Macarena! […]
En calle Sierpes había también pugilato de ‘saetas’. La Niña de los Peines, Arturo, el otro hermano, la Pompi, un enjambre de ‘cantaores’ que en estos días quedan sin glotis” (El Liberal de Sevilla, 26-3-1921).

“Profesionales de la ‘saeta’. Centeno, el célebre cantaor, no admite rival. […] Con él alternan Cepero, Vallejo, las Pompi, la Niña de las Saetas, la Goyita y otros elementos espontáneos” (La Voz, 29-3-1923).

En la entrevista que hemos mencionado, la artista jerezana también se refiere a su faceta como saetera en Sevilla y, posteriormente, en Jerez:

“- ¿Y saetas?
– También. En Sevilla he cantao mucho en La Campana.
– ¿Pagan bien eso?
1.500 pesetas por noche. Hay que cantarle a toas las cofradías que pasen, sean diez o doce. El año pasao canté aquí en El Lebrero y en la entrá de la Yedra. Y en esta calle, al Santo Entierro de recogida. El Marqués de Domecq, que estaba escuchando, dijo: – ‘Ésa, ésa es la que sabe cantar’. – Y es que yo vocalizo muy bien” (La Voz del Sur, 23-7-1950).

NOTAS:
(1) La documentación aportada por José Manuel Martín Barbadillo en las III Jornadas de Estudio del Cante confirma este dato.
(2) Todas las noticias extraídas de la prensa de Sevilla han sido localizadas por José Luis Ortiz Nuevo y están disponibles en el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco.
(3) José Blas Vega, Los cafés cantantes de Sevilla, Editorial Cinterco, 1987.


La Niña de la Alfalfa, reina de la saeta (I)

Una de las señas de identidad de la capital hispalense es su Semana Santa, una gran manifestación artística, religiosa y popular en que la oración se vuelve cante y vuela desde los balcones en forma de saeta.

Desde hace más de un siglo, al paso de las cofradías, los mejores artistas flamencos han lanzado sus plegarias al cielo de Serva la Bari ante una multitud enfervorecida. Voces como las de Pastora Pavón, Manuel Centeno, La Pompi o el Niño Gloria retumbaban cada primavera en la noche sevillana; aunque, si hay un nombre que huele a incienso, cera y azahar, ése es sin duda el de Rocío Vega Farfán, más conocida como La Niña de la Alfalfa.

Rocío Vega Farfán (Mundo Gráfico, 10-5-1916)

Rocío Vega (Mundo Gráfico, 10-5-1916)

Nacida en la localidad sevillana de Santiponce el 24 de marzo de 1894 (1), pronto se trasladó con su familia a vivir a la capital, donde sus padres regentaban un puesto de leche y queso. Pasó su infancia en la calle Boteros, junto a la Plaza de la Alfalfa, y desde pequeña heredó de su madre la afición por el cante.

Por una promesa

Debutó como saetera en la Semana Santa de 1916, como consecuencia de una promesa ofrecida a la Virgen del Refugio, de la Hermandad de San Bernardo. La propia Rocío lo cuenta en primera persona, en una entrevista concedida años más tarde al periodista C. Giovanni Canonico:

“Vivíamos pobres y la lucha por el pan se hacía horrible, y de este pensamiento y que el estómago estaba casi siempre vacío, una fuerte anemia se me acarreó a la cabeza, perdiendo en menos de veinte días la vista. Se acercaba la Semana Santa y tanto era el dolor que yo tenía por no verla, que le dije a mi madre: Mira, yo voy a cantarle a la Virgen, a ver si me devuelve la vista. Y cogida de la mano, mi madre me llevó donde estaba la Virgen y me puse a cantar:

‘Madre mía del Refugio
Tú has sido mi intercesora;
me has devuelto la salud
hermosísima Señora
que a mis ojos diste luz’” (Correo Extremeño, 23-12-1928).

La Virgen del Refugio a su paso por el puente de San Bernardo (ABC de Sevilla)

La Virgen del Refugio a su paso por el puente de San Bernardo (ABC de Sevilla)

La prensa de la época se hace eco de la sorpresa y el revuelo causados por la saeta de aquella muchacha, entonces desconocida:

“Al pasar la cofradía de San Bernardo por la Plaza de Mendizábal, una joven vecina del barrio llamada Rocío Vega cantó irreprochablemente desde uno de los balcones de la citada plaza varias saetas, que produjeron gran entusiasmo en el público que allí se aglomeró, el cual hizo que volvieran los ‘pasos’ dando frente a la citada joven” (El Correo de Andalucía, 21-4-1916) (2).

“Una explosión de entusiasmo salió del público que llenaba la plaza; los vítores, aplausos y requiebros a la genial cantadora se repetían sin cesar, y el ‘paso’, por imposición de la gente, se detuvo largo rato ante la casa de ‘la Niña de la Alfalfa’, consagrada en Sevilla desde entonces como una de las mejores intérpretes de la canción de tan difícil ejecución” (La Correspondencia de España, 25-6-1920).

Y se armó la apoteosis

Tanto gustaron las saetas de Rocío, que al día siguiente requirieron su presencia en el Círculo de Labradores para cantarle al Señor del Gran Poder. Según Angelita Yruela Rojas, “tendría que hacerlo, por estar prohibida la entrada al sexo femenino, desde el último balcón, y así lo hizo. ¡Qué lío, madre! La bulla de la gente por conocer a la diminuta cantaora fue tanta que hasta rompieron los cristales de los escaparates de las tiendas vecinas” (ABC de Sevilla, 22-7-1975). Así lo contó El Correo de Andalucía:

“Desde uno de los balcones del Círculo de Labradores e invitada por algunos distinguidos socios del mismo cantó la agraciada joven Rocío Vega, que tantos aplausos ha conquistado durante toda la Semana Santa, un sinnúmero de saetas de variadísimo estilo y buen gusto.

Constituyó la nota saliente de la noche el entusiasmo y admiración que produjo la potente y bien timbrada voz de la joven entre los millares de personas que allí se aglomeraron, obstruyendo el paso por calle Sierpes y vías afluentes.

Al paso de la Virgen de la O, las muestras de admiración subieron de tono, vitoreándose a la Virgen y aplaudiéndose con entusiasmo a Rocío Vega, que cantó dos saetas de forma verdaderamente prodigiosa” (22-4-1916).

Caseta del Círculo de Labradores en la Feria de Sevilla (principios del siglo XX)

Caseta del Círculo de Labradores en la Feria de Sevilla (principios del siglo XX)

Con la bendición de Sus Majestades

Había nacido una estrella. Tal fue la sensación causada por la joven Rocío -bautizada por el periodista Galerín como La Niña de la Alfalfa– que, sólo unos días más tarde de su sorprendente debut, fue elegida para ofrecer un recital de cante en la Caseta del Círculo de Labradores, con motivo de la visita de los Reyes de España a la Feria de Sevilla.

El cante de Rocío -por tangos, malagueñas, guajiras, peteneras, tientos…- cautivó especialmente a la Reina Victoria Eugenia, que no quiso perder la ocasión de oír sus ya famosas saetas.

“Con la suntuosidad y buen gusto que caracterizan a esta aristocrática sociedad, se verificó esta mañana en el amplio salón de dicha caseta un baile, en el que distinguidas y hermosas jóvenes, ataviadas a la andaluza, bailaron como sólo saben hacerlo las sevillanas, las clásicas seguidillas.

[…] En los intermedios, la joven Rocío Vega, acompañada a la guitarra por el artista Antonio Moreno, cantó malagueñas y tangos, cosechando abundantes aplausos.

También cantó con mucho gusto varias saetas, que le valieron nutridas ovaciones.

[…] A la hora indicada se dio por terminado el baile, marchando a la elegante morada de don Patricio Medina Garvey los artistas Antonio Moreno y Rocío Vega, para dar un concierto ante las numerosas amistades de aquél” (El Noticiero Sevillano, 1-5-1916).

“Pusieron un decorado más o menos bonito, y entre cortinas cantó Rocío, acompañada a la guitarra por Antonio Moreno, por guajiras, peteneras, tientos… Al oír su voz Doña Victoria Eugenia se interesó por ella y por sus saetas. Rocío le dijo que su saeta estaba inspirada en el pregón de la sentencia de Santiponce, y que por eso tenía ese sabor místico y reminiscencias de salmos religiosos. Quiso oír la soberana esa mezcla de carceleras, martinetes y salmos, y al escucharla quedó maravillada” (Angelita Yruela Rojas, ABC de Sevilla, 22-7-1975).

Los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia durante su visita a la Feria de Sevilla de 1916

Los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia durante su visita a la Feria de Sevilla de 1916

Sus inimitables saetas

Años más tarde, al desvelar el secreto de su éxito, Galerín se referirá precisamente a ese sabor añejo de sus saetas, aprendidas de su madre, que sólo ella sabe interpretar de esa manera:

Rocío Vega se dio a conocer cantando unas saetas al viejo estilo, sin gorgoritos, ni ayes, ni tercios por seguiriyas. Eran unas saetas que cantara su madre, hoy vieja y ciega, en sus mocedades. Por eso llamaron tanto la atención:

Dónde vas tú, Virgen Pura,
tan afligía y llorosa;
vas a darle sepultura
a la prenda más hermosa
que Dios tuvo en las alturas.

Saeta sencilla, sin ayes ni lamentos, sin esos ¡Ay, ay, ay, ayyyyyyy!… que duran más que el dolor mismo…

Rocío sabe cantar y canta las saetas de los profesionales; pero la antigua, la suya, no la canta más que Rocío” (El Liberal de Sevilla, 10-4-1935).

La siguiente aparición pública de La Niña de la Alfalfa tiene lugar unos días más tarde en la verbena de su barrio, en honor de la Virgen de la Salud. En ella también participan, entre otros artistas, la Banda Municipal de Música de Sevilla, dirigida por el maestro Font; el cuadro de baile de Ángel Pericet o la polifacética Luisa Roldán, La Oterito.

Si el primer día de festejos Rocío Vega se resistió a cantar, a pesar de la insistencia de sus admiradores, la segunda noche “se mostró […] más complaciente, y ofreció una pequeña audición de cante jondo, acompañándola muy bien el profesor de guitarra Manuel Rodríguez” (El Liberal de Sevilla, 13-5-1916). Finalmente, se arrancó por saetas, para el deleite de sus convecinos.

NOTAS:

(1) Así consta en su acta de nacimiento. Sus padres eran Manuel Vega Moreno, natural de Sevilla, y Rafaela Farfán Mendoza, de Santiponce, y se encontraban domiciliados en dicha localidad sevillana.

(2) Las referencias de la prensa sevillana de 1916 a 1936 han sido localizadas por José Luis Ortiz Nuevo y se encuentran disponibles en el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco.

 


Soledad la Mejorana, la reina del gesto y del palillo (II)

En mayo de 1923, Soledad la Mejorana inaugura la temporada de primavera en el Teatro Romea de Madrid, junto a las canzonetistas Celia Deza y Angelina Bretón, y la bailarina Elena Ruiz, entre otras artistas. Las gacetillas dedican palabras de elogio a la joven sevillana:

“Ayer, con un lleno rebosante, tuvo lugar en este elegante y aristocrático teatro la inauguración de la temporada […] programa sumamente atrayente, figurando en él números de extraordinario mérito, nuevos casi todos en Madrid, y que fueron acogidos con grandes muestras de aprobación.

Debutaron: Mejorana, bailarina andaluza, llena de gracia y estilo…” (La Correspondencia de España, 8-5-1923).

“… El programa lo forman ‘La Mejorana’, que ‘¡no hay más que hablar!’…” (La Risa, 20-5-1923).

“… Muy bien Mejorana” (Eco Artístico, 30-5-1923).

Soledad la Mejorana (Revista Popular, 1-7-1927)

Soledad la Mejorana (Revista Popular, 1-7-1927)

En el mes de diciembre, Soledad “baila con exquisito gusto” (La Voz, 14-12-1923) en el Salón Ramírez de Córdoba. Unos meses más tarde regresa a la ciudad de la Mezquita, después de haber derrochado arte y simpatía, junto a la cancionista Adela López, en el Salón Hesperia de la capital almeriense:

“… La grácil y bella bailarina Soledad la Mejorana, ganó el caluroso aplauso de la concurrencia que admiró las excelencias de su arte…

En fin una deliciosa noche, saturada de arte, de belleza y de gracia” (Diario de Almería, 9-5-1924).

Exitosa gira por tierras levantinas

En octubre de 1924, la bailaora vuelve a actuar en Sevilla, en el Salón Imperial, donde coincide nada menos que con La Niña de los Peines. Unas semanas más tarde, Soledad deslumbra al público de Lorca (Murcia) con su elegancia y su excelente dominio de las castañuelas:

“… [Teatro Guerra] Soledad ‘La Mejorana’, es una Excelentísima (con mayúsculas) bailarina, que hace honor al título de Reina del gesto y del palillo; su esbelta figura evoluciona con rítmico compás y arte, haciendo que las manos se junten con entusiasmo para aplaudirla y pedirla nuevos bailes, a lo que gustosa está pronta.

Todos los bailables fueron ejecutados con mucho estilo y gracia en el gesto. ¡Olé por ‘La Mejorana’!” (La Tarde de Lorca, 14-11-1924).

La Niña de los Peines

La Niña de los Peines

Soledad ‘La Mejorana’ es una bailarina elegante, finísima, rítmica en sus contorsiones que electrizan, que cautivan.

Es esta niña, una muñeca loca, que juega los palillos con una agilidad asombrosa y que consigue adueñarse del público, desde los primeros momentos que pisa la escena.

Manda con el gesto, como manda la gran Pastora Imperio, como una artistaza consumada; no hay en sus contorsiones, el movimiento que sonroja, que excita; es por el contrario la bailarina de goma que se encoje (sic), según la cadencia del baile que ejecuta, más que bailar, parece que va bordando el escenario con el taconeo afiligranado de su compás; es una gitana andaluza, que lleva en sus ojos el fuego de la tierra y en sus labios, la eterna sonrisa de la bondad y el cariño” (El Liberal de Murcia, 18-11-1924).

Durante los meses siguientes, la bailaora sevillana también actúa con éxito en otras ciudades de la zona, como Elche, Alicante, Orihuela, La Unión o Portman. En todas ellas coincide con la cantaora Carmen Ortiz y el ventrílocuo Castex. La prensa local siempre tiene palabras de elogio para ella:

‘La Mejorana’ es una bailarina clásica, de puro estilo, con bonita figura y mucha gracia y flexibilidad” (Cartagena Nueva, 22-12-1924).

‘La Mejorana’ es una muchachita ágil y cimbreña; una figurina gentil, que pone en tejido primoroso de sus danzas, el alma bulliciosa y cascabelera de Andalucía, ese alma sutil como las maravillosas visiones del campo sevillano, arrulladora como una sonatina de los magos surtidores de los cármenes granadinos.

Sus actuaciones han sido dos éxitos y un entusiasmo continuo en los ‘morenos’, que prodigaban sus palmas y olés” (El Liberal de Murcia, 7-2-1925).

Pastora Imperio (El Día, 10-1-1917)

Pastora Imperio (El Día, 10-1-1917)

Una artista imprescindible en las mejores fiestas

En 1925, Soledad la Mejorana ha dejado de ser una joven promesa del baile para convertirse en una bailaora consolidada. Prueba de ello es su presencia en dos fiestas de postín que se celebran en el mes de abril y que cuentan entre sus asistentes con varios miembros de la familia real española. Una tiene lugar en el Hotel Alfonso XIII de Sevilla y la otra, en la Casa de los Marqueses de Hoyos, de Jerez de la Frontera. En el cuadro artístico de la primera figuran algunos de los cantaores y bailaores flamencos más reputados del momento:

“En el Hotel Alfonso XIII se celebró anoche una fiesta de cante y baile andaluz…

Asistieron los infantes D. Carlos, doña Luisa y doña Isabel Alfonsa, las autoridades y numerosas damas de la buena sociedad…

Por el tablado dispuesto al efecto desfilaron los cantadores y bailadores más famosos, entre ellos, Luisa Requejo, la ‘Macarrona’, la ‘Mejorana’, el ‘Niño de Marchena’, Fernando el ‘Herrero’, el ‘Niño de Ricardo’ y otros. También actuaron algunos aficionados. Después hubo una zambra gitana” (La Voz, 16-4-1925).

“Anoche se celebró en casa de los Marqueses de Hoyos una fiesta, a la que asistieron los Reyes, los infantes, el presidente del Directorio y otras personalidades.

La artista andaluza La Mejorana ejecutó bailes y canciones regionales…” (La Región, 24-4-1925).

En diciembre de ese mismo año, Soledad vuelve a compartir cartel con Carmen Ortiz. En el Gran Teatro de Córdoba, la prima de la Imperio “ejecutó de manera realmente magistral diversos números de su ‘cañí’ arte, números que fueron justa y merecidamente aplaudidos” (La Voz, 31-12-1925).

“… La Mejorana, que parece empieza ahora su carrera artística por los escenarios, baila con gallardía y arte y tiene bellos desplantes que acreditan su progenie.

Su trabajo fue del agrado de la concurrencia que aplaudió mucho a la artista” (Diario de Córdoba, 31-12-1925).

Juana la Macarrona

Juana la Macarrona

La bailaora estrella de Sevilla

1927 es un año fundamental en la carrera de Soledad la Mejorana, pues supone su consagración definitiva en la escena madrileña. Como cada primavera, la prima de Pastora causa sensación en la Feria de Sevilla. En la Caseta del Ateneo, Soledad se codea con artistas del pincel como Bacarisas o Benedito, y se convierte en protagonista de todas las crónicas.

Hernández Cata, en un artículo sobre la evolución de la Feria sevillana, escribe lo siguiente:

“…. Sólo cuadros de profesionales y alguna pareja aislada aquí y allá rinden vivo homenaje a lo castizo. Ante esta maravillosa Mejorana de nombre fragante y pupilas de noche luminosa, que resucita aquel serpentino danzar a un tiempo voluptuoso y trágico que hace veinticinco años hiciera famosa a su tía Pastora Imperio, sólo los artistas hemos batido palmas entusiastas. Si algún niño elegante, de los de smoking inoportuno y coraza de goma en el pelo contra las ideas ajenas y la encefalitis letárgica, se asomó a verla, fue más por la belleza gitana de la mujer que por el arte de la bailarina…” (La Voz, 22-4-1927).

El cronista de ABC también le dedica algunas líneas:

“… Se trataba de la caseta de la Asociación de la Prensa sevillana. En ella vi bailar a una muchacha morena, de ojos vivos y relampagueantes, que es sobrina de la Pastora Imperio. La llaman ‘la Mejorana’, y, por el momento, con las castañuelas en alto, ella es la reina de toda la gitanería. Realmente es una artista maravillosa. Baila con airoso giro, y en su más mínimo movimiento encontrarían los escultores un plástico motivo” (ABC, 23-4-1927).

Por su belleza, su elegancia y sus extraordinarias dotes artísticas, Soledad es una de las bailaoras más solicitadas por la alta sociedad sevillana. En mayo de ese mismo año actúa junto a Antonio Chacón, Ramón Montoya y las Pompis en una fiesta organizada en el Palacio de las Dueñas por los Duques de Berwick y de Alba en honor de los Reyes de España y del príncipe heredero de la corona británica:

“… en un tablado Soledad la Mejorana, la famosa bailaora, sobrina y heredera universal de Pastora, ponía cátedra de salero, y don Antonio Chacón, el verdadero cantaor, verdadero arqueólogo que nos ha devuelto la caña y el polo y el martinete y los caracoles que yacían casi sepultados en el olvido de los aficionados, acompañados a la guitarra por Montoya y jaleados por las populares cantaoras las Pompis” (La Voz, 2-5-1927 – tomado de El Correo de Andalucía).


Isabelita Ruiz, la gran estrella jerezana del baile (III)

En otoño de 1920, Isabelita Ruiz vuelve a triunfar en Madrid, tanto en el teatro Romea como en el music hall del Hotel Palace. Cualidades no le faltan. A su su belleza, su gran calidad artística, su rico vestuario y su gusto en la elección del repertorio hay que unir otros factores: Isabel “es de las artistas que no imitan a nadie y saben siempre matizar su programa con variaciones que le sugiere su talento y que imprimen a su labor un sello peculiar que la hace conquistar cada vez más entusiastas partidarios y admiradores” (Eco Artístico, 30-10-1920).

Isabelita Ruiz (Agence Rol, 1921)

Isabelita Ruiz (Agence Rol, 1921)

A pesar de su juventud, la jerezana ya ha logrado hacerse un hueco entre las principales figuras del baile, y su arte incluso es comparado con el de los más grandes pintores, músicos y escritores del momento:

Isabelita Ruiz es hoy, porque el público lo quiere y su arte lo merece, la reina de todas las bailarinas. Cuantas veces la hemos contemplado trabajar, hemos traído a nuestra memoria la gracia gitana de Pastora Imperio; el arte y el sentimiento de la Bilbainita; la donosa picardía de la simpática Argentinita” (El Globo, 1-12-1920).

“¡Qué rica cosecha de maravillas podemos recoger en España de esos jardines cultivados a la francesa!

¿Habrá que indicar la poesía de Juan Ramón Jiménez, la pintura de Picasso, la música de Falla y Esplá? – Yo añadiría una bailarina (Isabelita Ruiz […]), porque al considerarla Strawinsky como ‘touchée d’internationalisme’ nos ha proporcionado una admirable fórmula-” (Índice, 1921).

La bailaora jerezana comienza el año 1921 en tierras andaluzas. Actúa en Sevilla, Córdoba y en su ciudad natal. En su repertorio destacan números como la danza ‘Mirando a España’, que “hace presentarse a Isabelita en toda su magnificencia de majestuosidad”, o ‘Un alto en la tribu’, “una danza gitana, plena de sentimiento y de ritmo, en la cual Isabelita se distingue mucho arrancando grandes aplausos” (La Voz, 19-1-1921).

Isabelita Ruiz (Comoedia, 13-9-1920)

Isabelita Ruiz (Comoedia, 13-9-1920)

Isabel es una artista completa, que domina a la perfección los bailes de las distintas regiones españolas, “en los cuales pone toda su alma” (Diario de Córdoba, 26-1-1921), así como un “variadísimo repertorio de baile flamenco” (La Voz, 29-1-1921).

Su confirmación artística

En febrero de 1921 tiene lugar otro hito importante en la vida artística e Isabelita Ruiz. Si bien es cierto que, a estas alturas de su meteórica carrera, la jerezana ocupa ya un lugar destacado entre las más grandes de su tiempo, se puede afirmar que en este momento, como los toreros, recibe oficialmente la alternativa como estrella de variedades, de manos de Antonia Mercé, La Argentina. Así lo relata la prensa:

“Un verdadero acontecimiento artístico fue la sección de gran gala celebrada ayer en el teatro Romea para consagrar como ‘estrella’ a la gentilísima bailarina sevillana Isabelita Ruiz, que ha recorrido triunfalmente los escenarios de los más afamados ‘music-halls’ de París.

Ante un público selectísimo, en el cual se veían muchas damas de la gran sociedad, salió a escena la Argentina, llevando a la nueva ‘estrella’ de la mano. La concurrencia saludó a las artistas con aplausos clamorosos, que se repitieron a terminar cada una de las admirables danzas de Isabelita Ruiz. Bailó luego la Argentina, con su arte inimitable” (El Imparcial, 17-2-1921).

“La eminente artista La Argentina consagró como estrella de ‘varietés’ a la gentil bailarina Isabelita Ruiz. El distinguido público que llenaba por completo la sala ovacionó merecida y clamorosamente a La Argentina y a Isabelita. Esta estrenó varios números de los más afamados maestros, y lujosísimas toaletas” (ABC, 19-2-1921).

Unas semanas más tarde, en el Madrid Cinema, Isabel comparte cartel con otra gran artista flamenca, la cantaora Pastora Pavón, La Niña de los Peines. Posteriormente, la jerezana emprende una nueva gira por provincias, con paradas en Málaga, Córdoba, Barcelona, San Sebastián, Santander y Gijón, entre otras ciudades. La prensa sigue dedicándole grandes elogios por su labor artística:

Isabelita Ruiz es una bailarina originalmente extraordinaria. Espiritualiza la danza y da al ritmo expresión y emoción. El público se siente atraído por la inteligente bailarina y la hace todas las noches objeto de calurosas muestras de simpatía” (El Noroeste, 23-8-1921).

Isabelita Ruiz (La Esfera, 12-5-1920)

Isabelita Ruiz. Foto: R. Sobol (La Esfera, 12-5-1920)

Nuevo triunfo en París

En septiembre de 1921 regresa al teatro Olympia de París “la bailarina más guapa de toda España” (Comoedia, 29-8-1921), y lo hace con “nuevos bailes sevillanos, madrileños y flamencos” (Comoedia, 7-9-1921), lujoso vestuario y ricas joyas. Desde el mismo momento de su presentación, la jerezana confirma la gran fama conquistada durante su anterior visita a la ciudad de la luz (1):

“Ayer […] el Olympia anunciaba la llegada de una guapa bailarina española, Isabelita Ruiz: pues bien, el público no ha sido decepcionado… Esta bailarina no sólo es guapa, sino que además es una artista muy notable: el Olympia nos había presentado el año pasado a Isabelita Ruiz, y entonces ya era exquisita, pero era sólo una promesa […] Hoy, Isabelita, a pesar de su extrema juventud, se nos ha presentado con todo el brillo de su maravilloso esplendor… Ha bailado con toda la gracia, todo el ardor y toda la pasión de las artistas de raza… ¡Ha sido un encantamiento, magia para los ojos! Esta bailarina tan mona, tan fina, tan espiritual, animaba sus bailes con una alegría tan natural, con un brío y un entusiasmo tales, que parecía que bailaba aún más por su propio placer que para nuestro goce…” (Comoedia, 2-9-1921).

Isabelita Ruiz se ha convertido en todo un fenómeno en el país galo. Es la artista de moda en París. Su “éxito alcanza proporciones triunfales, […] sus pintorescos bailes españoles […] atraen, en el Olympia, a todos los aficionados, a todos los artistas y a la elite de la sociedad parisina” (Comoedia, 9-9-1921). La prensa incluso se atreve a vaticinar que “Isabelita Ruiz, que aún no tiene veinte años, será ciertamente la bailarina más grande de este siglo, en el que sin embargo hemos tenido a la Pavlova, […] Isadora Duncan […] y Nijinski” (Comoedia, 25-9-1921).

Isabelita versus Raquel

De hecho, cada noche la jerezana se mide sobre las tablas del Olympia con su compatriota Raquel Meller, y ambas protagonizan lo que la prensa califica como “un duelo”… un duelo de arte del que Isabel no sale en absoluto mal parada:

Raquel Meller

Raquel Meller

Raquel Meller es quien empieza el combate: es decir, ella canta antes que Isabelita baile: Raquel es aclamada; sus fervientes admiradores jadean de emoción cuando canta El relicario o La virgen roja; estallan salvas de aplausos por todas partes cuando la ‘Duse de la canción’ termina su ‘turno de canto’. No la dejan salir de escena: tiene que regresar una vez más […]; entonces, Raquel, transfigurada, actúa, imita y baila esta farsa cómica: ¡Oh, Cipriano! […]

Después es el turno de Isabelita Ruiz: la guapa bailarina entra en escena; un murmullo de admiración sube de la sala, deslumbrada por esta aparición de juventud y belleza; Isabelita baila; baila como poseída; su cuerpo se retuerce, sus ojos se velan de voluptuosidad, sus dedos –castañuelas vivas-, restallan y dan ritmo a sus pasos; Isabelita Ruiz pone toda su alma en el baile; se siente que quiere elevarse al genio de Raquel y triunfar -ella, tan mona, tan frágil, tan niña- sobre su trágica y sublime compatriota… Y es un espectáculo que no carece de la nobleza de ver a la pequeña bailarina igualar, por momentos, a la trágica” (Comoedia, 27-9-1921).

Después de triunfar en París, Isabelita Ruiz es calurosamente recibida por el público de Bruselas y, ya a finales de año, se presenta en el Prince’s Theatre de Londres, donde obtiene “ruidosos triunfos con sus bailes nacionales, algunos de su creación” (La Época, 10-12-1921).

En enero de 1922, la española regresa al teatro Olympia de París, convertida en musa inspiradora de poetas y pintores:

Isabelita Ruiz inspira a los artistas.

No pasa un día en que la ilustre bailarina Isabelita Ruiz no reciba poemas de nuestros poetas más modernos o dibujos inspirados por su belleza, su gracia y su encanto” (Comoedia, 9-2-1922).

La prensa hace especial hincapié en el sentimiento y la pasión con que la guapa jerezana ejecuta sus danzas:

“Cada uno de los bailes de Isabelita Ruiz es una serie de cuadros, de actitudes, y sobre todo de pensamientos que ella expresa con fuerza o con ternura, con fervor o con inteligencia… ¡Ah, qué lejos estamos de la danza de ópera, donde sólo se practicaba el virtuosismo! ¡Quizás haya menos ciencia en los bailes de Isabelita, pero mucho más arte!” (Comoedia, 1-2-1922).


NOTA:
(1) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.


Carmen Díaz Molina, la elegancia del baile de Sevilla (y IV)

Triunfos en las Canarias

En junio de 1913, Carmen Díaz y Enrique Sánchez debutan en Las Palmas de Gran Canaria y varias semanas más tarde regresan a Tenerife, donde son recibidos con el mismo entusiasmo que en su primera visita. A decir de la prensa, la pareja “es lo mejor, si no lo único bueno, que por aquí hemos visto en el género de bailes” (Diario de Tenerife, 26-7-1913).

“Si de estos artistas pudiéramos decir que han mejorado su labor durante su ausencia, lo diríamos pero no cabe; el trabajo de esta pareja de baile siempre resulta nuevo y es que desde que aparecen en el proscenio el público reacciona y sigue con interés creciente las piruetas y pasos de los bailables, hasta que al terminar aplaude y aplaude como lo hacía anoche, sin cansarse y lamentando que no vuelva a alzarse el telón” (La Opinión, 22-7-1913).

Carmen Díaz y Enrique Sánchez (Eco artístico, 15-3-1917)

Carmen Díaz y Enrique Sánchez (Eco artístico, 15-3-1917)

Carmen y Enrique corresponden a esas atenciones y “se desviven por ahondar más el cariño que han encontrado en el público”, especialmente ella:

“guapa, hermosa, sugestiva, ligerita de sangre, de nervios sumamente sensibles, es tal el hechizo que causa, que con su sola presencia y la sonrisa con que siempre muestra el agrado que le causa el interés de sus espectadores, […] sale a ovación por número y jamás cansa” (Diario de Tenerife, 26-7-1913).

A su regreso a la península, la revista Eco artístico hace balance sobre la gira de Carmen Díaz y Enrique Sánchez por tierras canarias, que no ha podido ser más productiva. Han ofrecido un total de cuarenta funciones, con “subido sueldo”, al que hay que sumar las cantidades recaudadas en los beneficios celebrados antes de cada despedida, así como los regalos de sus admiradores, entre los que se cuentan “un reloj de oro con cadena del mismo metal, una bolsa de plata y un canario que ella adora”.

Este éxito económico sin duda obedece a la gran calidad artística de sus bailes, llenos de armonía, pureza y clasicismo; y, algunos de ellos, realmente singulares:

“Tienen dos números en cuya ejecución no ha habido aún quien pueda imitarlos: una danza húngara que realizan a compás de música y panderetas, a cuya terminación los públicos todos les brindan ovaciones emocionantes, y un pasodoble escrito para ellos expresamente, bailado también con panderetas, donde derrochan y dan a conocer maestría y talentos artísticos probatorios de su fama” (Eco artístico, 5-8-1913).

Nuevos éxitos en toda España

A partir de diciembre de 1913, el público barcelonés tiene la oportunidad de volver a disfrutar con los bailes genuinamente españoles de Carmen Díaz y Enrique Sánchez, que “son el ‘clou’ en eso de las castañuelas” (Eco artístico, 15-12-1913). (1)

Carmen Díaz Molina (Diario de Tenerife, 19-5-1913)

Carmen Díaz Molina (Diario de Tenerife, 19-5-1913)

Durante los meses siguientes puede verse a la pareja en ciudades como Badajoz o Sevilla. En mayo de 1915 regresan a Tenerife, donde son tan bien acogidos como la última vez:

“La reaparición de la notabilísima pareja coreográfica ‘Sánchez-Díaz’, hizo que anoche se llenase el local del Parque Recreativo […].

Los simpáticos artistas nos dieron a conocer algunos nuevos bailes, que han entrado a formar parte de su repertorio, así como otros, que, aunque ya conocidos, gustaron mucho.

Estos artistas, a la maestría con que ejecutan los diversos números que constituyen su vasto repertorio, unen lo bien que visten, lo sugestivo de la música y todas las condiciones que necesita un artista para triunfar. Ella sigue siendo la mujer hermosa de la vez anterior, y ambos, tan simpáticos y buenos coreógrafos.

El público les aplaudió frenéticamente al terminar cada número, obligándoles a interpretar otros varios” (El Progreso, 11-5-1915).

En enero de 1916, Carmen y Enrique comparten cartel con una de las grandes figuras del momento, su paisana Pastora Pavón, la Niña de los Peines. El escenario elegido es el Kursaal Central de Sevilla.

En esa época, la pareja Sánchez Díaz se prodiga bastante por la ciudad hispalense, entre otras localidades andaluzas, como Jerez de la Frontera o La Carlota (Córdoba), además de presentarse en el Casino des Restauradores de Lisboa.

Una artista consagrada

Cuando llevan ya una década presentándose juntos sobre los escenarios, Carmen y Enrique constituyen “una pareja de baile tan magistral, acabada, a la moderna, con un repertorio de tan distintos matices y una ejecución tan irreprochable, que con solo nombrarlos despertamos en el público el grato recuerdo de ovaciones otorgadas, de triunfos […] y de campañas en las que […] dejaron grabado con letras de oro en el umbral del templo de las varietés sus nombres atrayentes” (Eco artístico, 15-3-1917).

Carmen Díaz (Eco Artístico, 25-10-1917)

Carmen Díaz (Eco Artístico, 25-10-1917)

La crítica destaca su “sello personal”, su amplio repertorio de bailes magistralmente ejecutados, la “presentación de su trabajo”, “magnífica, suntuosa, de gusto sin límites”, así como su afán por aprender y renovarse constantemente.

Sin embargo, a pesar de los buenos resultados obtenidos, la pareja decide deshacer su unión y emprender nuevos caminos por separado. Así anuncia la prensa la noticia:

“Habiéndose disuelto la notable pareja de bailes Sánchez-Díaz, se presentará sola en lo sucesivo, con nuevo repertorio y vestuario, la hermosa y renombrada bailarina Carmen Díaz, que tantos triunfos ha logrado en su brillante carrera artística” (Eco artístico, 15-10-1917).

Aunque el anuncio tiene lugar en octubre de 1917, Carmen y Enrique aún continúan actuando juntos durante varios meses. Tras una nueva presentación en el teatro Romea de Madrid, se les puede ver sobre todo en el sur, en ciudades como Sevilla o Melilla.

Nueva etapa en solitario

En septiembre de 1918, encontramos ya a Carmen Díaz actuando en solitario, en el Salón Novedades de Málaga. La sevillana, que comparte cartel con las canzonetistas Emilia Navarro y Angustias la Gitana, entre otras artistas de variedades, “durante las diez noches de su actuación, ha gustado con delirio” (Eco artístico, 15-9-1918).

A finales de año, Carmen regresa a Madrid, donde actúa de manera simultánea en el Partenón y en el Gran Kursaal. En esta última sala, la sevillana vuelve a coincidir con una de las grandes maestras del baile flamenco, Juana La Macarrona:

“El espectáculo es culto y moral y en el elenco de artistas figuran números tan aplaudidos como Los Ramsan, excelentes acróbatas árabes; María Linares y Carmen Díaz, notables bailarinas; La Tempranica, famosa cancionista; Trío Gómez, titulados los reyes de la jota, y otros muchos de gran reputación, entre los cuales se cuenta un gran cuadro de canto y baile flamenco, del que forma parte el famoso tocador de guitarra, Luis Molina, el bailarín Faíco y la clásica y notable bailadora Juana La Macarrona” (El Liberal Arriacense, 21-12-1918).

Durante los dos años siguientes, Carmen desarrolla buena parte de su actividad artística en tierras andaluzas. Su nombre es habitual en la cartelera de distintos locales sevillanos, como el Kursaal Internacional, el Salón Imperial o el Moderno. De hecho, la artista sigue manteniendo su dirección permanente en el número 140 de la calle Feria. También tiene la oportunidad de disfrutar con su arte el público de ciudades como Cádiz, Córdoba, Jerez de la Frontera, La Línea (Cádiz) o incluso Bilbao.

Carmen Díaz (El Progreso, 27-5-1913)

Carmen Díaz (El Progreso, 27-5-1913)

En febrero de 1921, contratada por la agencia ‘Híspalis’, la bailaora sevillana marcha a París. La acompaña su otrora inseparable Enrique Sánchez, con quien tantos éxitos ha cosechado. El público galo también cae rendido a sus pies:

Palais des Beaux Arts.- Son muy aplaudidos en su campaña la notable canzonetista Matilde Márquez y los no menos celebrados bailarines Carmen Díaz y Enrique Sánchez, para los que hay siempre ovaciones estruendosas.

Completan el programa los excéntricos Les Socco-Dato, Lor-Darin y Les Bam Bam” (Eco Artístico, 15-3-1921).

A su regreso de tierras francesas, encontramos a Carmen Díaz, de nuevo en solitario, en la cartelera del teatro Colón de San Sebastián. Su número es sin duda el más llamativo del programa:

“Teatro Colón.- Destaca poderosamente su arte y maestría en el baile entre todos los números que constituyen el programa, Carmen Díaz, que interpreta primorosamente todo su extenso repertorio, siendo aclamada sin reservas. Carmen del Pino, Minetta, Alondra y Carmela España, son las artistas que con Carmen Díaz forman el programa” (Eco artístico, 15-5-1921).

Aquí perdemos prácticamente la pista de Carmen Díaz. Hallamos aún dos referencias más, una que la sitúa en el teatro Romea de Madrid, en diciembre de 1924, y otra que la ubica en el salón Royalty de Badajoz, de nuevo junto a Enrique Sánchez, en junio de 1926.

A pesar de no haber podido reconstruir aún en su totalidad la biografía vital y profesional de Carmen Díaz Molina, no hemos podido resistirnos a escribir y publicar siquiera esta primera parte, por entender que una artista de su nivel bien merece, al menos, este humilde reconocimiento.

NOTAS:
(1) En este contexto el clou puede traducirse como la atracción principal del espectáculo.