Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Concha la Carbonera… Y la gracia se hizo tango (y III)

Como ya hemos mencionado, era tal la personalidad y la fascinación ejercida por Concha la Carbonera sobre quienes tuvieron la suerte de admirarla en persona, que la impronta de su arte permanecía viva años después de su paso por cualquier escenario.

Concha la Carbonera

Concha la Carbonera

Así, en 1888 el periodista Federico Rahola aún recuerda con nitidez las peteneras cantadas por Concha años atrás en Barcelona, cuando el flamenco vivía un momento de gran esplendor en la Ciudad Condal:

“… En nuestros cafés cantantes figuraban las primeras cantaoras y los mejores guitarristas de España: Paco el Gandul entusiasmaba el público con sus primorosos rasgueos de guitarra; Concha la Carbonera deleitaba a todos cantando peteneras; la Cuenca enardecía las pupilas con sus voluptuosos movimientos en el baile y Juan Breva, por último, producía apasionados arranques en la multitud con sus jipíos melancólicos…” (La Vanguardia, 1-2-1888).

Concha en la ficción

Un año más tarde, el escritor Armando Palacio Valdés también nos ofrece una bella evocación del arte de Concha en su novela La hermana San Sulpicio. Tras una entretenida escena de juerga flamenca en la que intervienen unos señoritos y varias artistas, el autor se recrea en el baile y el cante de La Carbonera, a la que presenta ataviada con traje de percal, pañolón de Manila y flores en la cabeza:

“Primo comenzó a preludiar un tango. Todos se sentaron formando corro. La Carbonera, sentada también, olvidada del descalabro, inició allá en las profundidades de la garganta un canto que tenía mucho de salmodia:

Con sentimiento profundo
voy a nombrá
un torero que en er mundo
no tuvo rivaliá.
Por su arte y su bravura
era el rey de los torero,
por su elegante figura
se paesía ar Chiclanero.

La voz era ronca, aguardentosa, desagradable; el sonete, lúgubre.

De pronto se levanta, me arranca el sombrero de la cabeza sin mirarme, salta al medio del corro y se lo pone. Comienza una serie de movimientos con las caderas, con el pecho, los brazos, la garganta, con todo menos con los pies.

Concha la Carbonera (izq.) junto a otra artista (Foto de A. Esplugas, ANC)

Concha la Carbonera (izq.) -¿será ella?- junto a otra artista (Foto de A. Esplugas, ANC)

— ¡Olé la Carboneriya!—gritaron dos o tres.

La Serrana y Lola siguieron:

Para España su nombre es tan grato,
que er nombrarlo nos causa plaser;
como Antoñito Sánchez, er Tato,
denguno ha imitao el volapié.
¡Qué lástima de torero!
Será eterna su memoria.
¡Mardito sea asta aquer toro
que le ha quitao al arte su gloria!

Concha se había despojado del sombrero y hacía con él mil gestos y cariocas, ora poniéndoselo, ora quitándoselo. Luego que se hartó de mover su cuerpo flexible con ondulaciones de vara verde agitada por el viento, de echar los brazos atrás y adelante, levantarlos y bajarlos, se dejó deslizar sobre la arena con movimiento imperceptible de los pies. Anduvo así formando un círculo por delante de nosotros, rozando nuestras rodillas.

Al pasar cerca de mí, me puso el sombrero y dijo sordamente:

— Grasia, senificante.

Volvió de nuevo al centro del corro, y volvieron los movimientos a pie firme. Lola y la Serrana seguían cantando nuevas coplas, todas referentes a toreros más o menos difuntos. Los barbianes jaleaban a la bailaora, prodigándole mil epítetos extravagantes.

[…] Concha taconeaba fuertemente sobre el suelo, levantando polvo, restregando los muslos, las manos en las caderas, dejando inmóvil el torso. Su mirada se iba tornando de maliciosa en lúbrica. Una sonrisa vaga, delatando el cansancio y el vicio, se esparcía por sus facciones marchitas. El taconeo llegó a su período culminante, y de allí a debilitarse, hasta morir en suave, imperceptible agitación de los muslos. La bailaora, en términos técnicos, se quedaba dormía, con íntimo gozo de los espectadores, que la jaleaban vivamente. Parecía una estatua, la estatua de la impudicia.

La bailaora despierta, al fin, de su inmovilidad, con leve vaivén de las caderas, que se va acentuando, acentuando, hasta convertirse en desenfrenado movimiento de rotación, conservando, no obstante la fijeza en el resto del cuerpo. Este era el supremo toque de la voluptuosidad, al parecer, porque al llegar aquí los barbianes de la reunión quisieron volverse locos.

—¡Viva tu sangre, chiquilla!—exclamó el Naranjero—. ¡Vivan las mujeres castisas! Al estante nos vamos a beber una cañita, ¿verdá, prenda?… ¡Viva tu mare, que tengo para ti en er borsiyo un biyete de la lotería pasá!

La estatua sonrió, sin perder su inmovilidad ni suspender aquella impúdica rotación que a los otros tanto alegraba y a mí me causaba profunda repugnancia. Súbito hizo una pirueta, pateó el suelo tres o cuatro veces con furor, y vino a sentarse tranquilamente, entre los olés y los aplausos de la reunión…”

Evocación de una noche en El Burrero

Grabado que acompaña al artículo de Salvador Rueda en Blanco y Negro (7-2-1892)

Grabado que acompaña al artículo de Salvador Rueda en Blanco y Negro (7-2-1892)

En 1892, el periodista y poeta Salvador Rueda nos regala otra pincelada del arte de Concha, en un artículo que lleva por título “El Zapateado”, que nos traslada a una noche cualquiera en el Café del Burrero:

“… la nunca bien palmoteada bailadora de flamenco que se taconea y brinca en El Burrero de Sevilla, a la cual bailadora llaman Concha la Carbonera en la ciudad de la Torre del Oro.

Concha es por sí y ante sí doctora en coreografía popular; tiene como hasta diez y ocho años, que diz es cuando se abren las rosas en clase de mujer, y pone cumbre y punta a su persona con una viva primavera de cuanto Dios crió, sin contar con la mata de pelo que sirve de tierra a lo dicho, y que cuando la suelta, es una inundación de ondas la que hay en Sevilla.

Concha es, ni pizca más, ni pizca menos, lo que se llama una paloma… en punto a comérsela, pues sobre su talle, de los de rumbo y precio, donde lo cernido y lo menudamente andado suspenden hasta el delirio, va puesta a los cuatro vientos una cara de lo más característico en el género, con dos ojos que relampaguean homicidios, y una encendida boca sólo comparable así como a canuto de canela.

Sobre el sonoro tablado, donde personas de su misma laya tocan las palmas en su honor, Concha hace su salida de sorpresa, y se expone a cuantos ojos quieran mirarla, seguido a lo cual, tira a uno y otro hombro las puntas del mantón de Manila, da acto continuo a la primera de talón con la segunda de puntera, ondea como banderas los brazos, cierne la pulquérrima persona con temblequeos de cintas y de flecos, y queda en la plenitud y sacerdocio del baile.

Enrejadillos de notas y dales que le darás de uña, a prima y acompañantes, llevan toda la fatiga del asunto al mismo punto y centro, donde a al vez caen palmas, jipíos y dolores, y es el punto y hora en que la inspiración hace a Concha lanzar suspiros por lo bajo, y empieza ésta las manipulaciones y requilorios de muñeca, los trazos y contoneos de izquierda a derecha y viceversa, y toda la zambra, tremolina y circunstancias del zapateado, que ella arrastra, lleva, trae, mueve y zarandea con repicadillo de contrafuerte y golpes de puntera, endiosando el rostro y arrojando infundios y donaires de la persona, y esgrimiendo los ojos sobre la concurrencia como dos llameantes espadas.

Café El Burrero de Sevilla (Beauchy)

Café El Burrero de Sevilla (Beauchy)

… Y mientras truena este laberinto de exclamaciones, Concha va y viene cumpliendo todas las demandas, ya poniendo unas banderillas a los pliegues del aire, ya llevándose la mano a la mejilla para entonar el pregón del pescado; bien pisando, llena de melindres, la araña; ahora imitando al gallo en sus desplegamientos de alas; tan pronto diciendo que ‘lleva la roza, la mozqueta y las florez de tooos colorez’, y siempre intercalando al repertorio de habilidades, repiques primorosos, yendo serenamente hacia atrás, corriendo luego hacia adelante, haciendo desgoznes de caderas, y sosteniendo, siempre imperturbable sobre su peinado, un airoso chambergo pedido a un circunstante, que es como el noble y glorioso birrete del doctorado.

Las palmas aumentan; las voces se multiplican; los términos y dicharachos se cruzan como los cuchillos en una refriega; el zapateado es más vigoroso y rápido; el baile va a terminar.

Ya lo anuncia el tocador con la guitarra; ya llega; las manos se unen; las voces se juntan… ¡Ya!” (Salvador Rueda, Blanco y Negro, 7-2-1892).

¡Quién tuviera una máquina del tiempo para viajar, aunque fuese una noche, a ese tablao y dejarse embriagar por el duende de Concha la Carbonera!


Concha la Carbonera… Y la gracia se hizo tango (II)

Tras varios meses de triunfos en Valencia y Barcelona, en octubre de 1879 Concha Rodríguez debuta en el Teatro de la Bolsa de Madrid. Desde el mes de mayo actúa en dicho coliseo una compañía flamenca por la que van pasando algunos de los artistas más destacados del momento: los bailaores Trinidad Cuenca, Antonio el Pintor o Antonia la Roteña; los cantaores Juan Breva y la Loca Mateo; o los guitarrista Paco de Lucena y Manuel Ponce, por mencionar sólo a algunos.

“El cante flamenco, que en Madrid cuenta tantos entusiastas, se ha avecindado en el teatro de la Bolsa. Allí se presenta todas las noches, con acompañamiento de palmoteo, rasguear de guitarra, zapateado y ¡joles! Y es de ver cómo el público le recibe cariñoso. Los aplausos le han hecho atrevido, y ayer se presentó por la tarde ofreciendo un programa de soleás, peteneras, seguidillas jitanas (sic), malagueñas y polos, que ni en Triana. La intentona ha salido bien. Hubo mucha gente y muchos aplausos” (El Liberal, 9-10-1879).

Concha la Carbonera (Foto incluida por Blas Vega en su libro Los cafés cantantes de Sevilla)

Concha la Carbonera (Foto incluida por Blas Vega en su libro Los cafés cantantes de Sevilla)

La Carbonera es anunciada por primera vez el 11 de octubre, junto a dos de sus inseparables compañeras de los últimos meses, las bailaoras Isabel Santos e Isabel Delgado:

“Mañana sábado, 11 de Octubre, se verificará en el teatro de la Bolsa el segundo concierto flamenco, en que tomarán parte el conocido profesor de guitarra D. Carlos García y las aplaudidas artistas del género flamenco, Isabel Santos, Isabel Delgado y Concepción Rodríguez (la carbonera)” (La Discusión, 10-10-1879).

No obstante, estas tres bailaoras sólo permanecen un par de semanas en el Teatro de la Bolsa, de donde son despedidas por su actitud poco respetuosa, según anuncia La Época:

“Atendiendo a las quejas de algunos concurrentes al teatro de la Bolsa, la empresa del mismo ha rescindido la escritura con las artistas flamencas Isabel Santos, Concha Rodríguez (Carbonera) e Isabel Delgado, hallándose dispuesta la misma a no consentir que por ninguno de los artistas contratados se falte a los respetos debidos al público. Aplaudimos estos propósitos” (La Época, 26-10-1879).

Por tierras andaluzas

A partir de esa fecha, la hemeroteca digital no nos ofrece demasiadas pistas de Concha la Carbonera. Ello no significa que la artista se haya retirado de los escenarios. Más bien nos inclinamos a pensar que posiblemente se encontrara en Sevilla, pues, como se sabe, la prensa de esta ciudad aún no puede consultarse en línea.

De hecho, en junio de 1881 el Diario de Córdoba la sitúa en la ciudad califal, junto a un grupo de artistas procedentes del Salón Filarmónico de Sevilla:

“SALÓN FILARMÓNICO DE SEVILLA EN CÓRDOBA

Concierto de cante y baile flamenco en el local situado en la calle del Gran Capitán inmediato a la casa del señor Marqués de Gelo, en que tomarán parte las célebres y simpáticas jóvenes Antonia Pachecho (a) La Roteña, Concha Rodríguez (a) La Carbonera, Encarnación Agreda, Isabelita Santos y la niña de 5 años admiración de todo el mundo Salud Vargas. Los incomparables Manuel Romero, cantador por soleares, seguidillas, polos, cañas, malagueñas, peteneras y cantiñas, y Manuel González, fiel intérprete del baile flamenco” (Diario de Córdoba, 5-6-1881).

Concha la Carbonera junto a otras bailaoras en El Burrero de Sevilla (Beauchy)

Concha la Carbonera junto a otras artistas en El Burrero de Sevilla (Beauchy)

Un año más tarde volvemos a toparnos con el nombre de La Carbonera en negro sobre blanco en la revista Asta Regia, que hace referencia a una actuación de la artista en el Teatro Eguilaz de Jerez. Se trata de un artículo bastante irónico que, más que informar sobre el evento, pone en entredicho la categoría del flamenco como manifestación artística:

“Iba a hacer punto final; pero me he acordado de nuestro teatro de Eguilaz y no quiero cometer la imperdonable omisión de no hablar de él.

Siempre estoy oyendo que los teatros están cerrados; pero ahora no se quejarán Vds.

Verdad es que no han actuado en él compañías notables líricas o dramáticas; pero ha lucido sus portentosas habilidades una compañía lírico-coreográfica de… cante y baile flamenco.

Y vayan Vds. a decir a un flamenco de pur sang que el Marrurro, el Mezcle y la Carbonera no son artistas y artistas notabilísimos, y la contestación será una puñalaíta hasta la mano con que tratarán de convencerles.

Nada, lectores míos: ¡viva el cante flamenco, suprema expresión del arte!

¡Vivan los toros, síntesis de la civilización y humanitarios sentimientos!

¡¡¡Vivaaaaaaa!!!” (Asta Regia, 8-5-1882).

La estrella del Burrero

En verano de 1885, Concha forma parte del elenco de la sucursal veraniega del Café del Burrero de Sevilla, establecida por Manuel Ojeda junto al Puente de Triana. Así lo atestigua el cartel anunciador de la inauguración de dicha nevería, incluido por Manuel Bohórquez en su libro El cartel maldito (1).

En él también figuran, entre otros artistas, los bailaores Antonio el Pintor, Lamparilla, Juana Valencia y Juana Antúnez; los cantaores María la Serrana, Concha la Peñaranda, Juanaca, José León (La Escribana) y El Canario; y el guitarrista Antonio Pérez.

Trinidad la Cuenca (Foto de Emilio Beauchy)

Trinidad la Cuenca (Foto de Emilio Beauchy)

A esa época nos traslada Fernando el de Triana (2), que describe algunos de los números protagonizados por La Carbonera y su pareja artística en El Burrero, el cantaor José León, ‘La Escribana’. No se podía tener más arte ni más poca vergüenza. Tras leer el siguiente pasaje, no nos extraña tanto que el público del Teatro de la Bolsa se escandalizara con sus ocurrencias:

“En el cuadro artístico que actuaba en el famoso café del Burrero (sucursal), junto al puente de Triana, figuraban dos artistas que, aunque parecían hombre y mujer, se decían ‘comadre’.

Una era la extraordinaria y graciosísima bailaora Concha la Carbonera, y la otra o el otro, o lo que fuera (aunque yo me creo que de hombre no tenía más que la ropa), era conocido por la Escribana […].

Esta pareja de comadres, como ellas públicamente se decían, no pensaba más que en la chufla y en divertirse cuanto más, mejor, alegrándose con todo lo que fuera destruirse la naturaleza.

Pasaba el tiempo, y con motivo del fracasado movimiento revolucionario del 19 de septiembre de 1886, echaron a volar los poetas populares un sin fin de coplas de tango, y entre ellas, la que se aprendió de memoria la Carbonera y la cantaba al compás de un graciosísimo tango que ella misma se bailaba, en cuyo número era sencillamente inimitable, además de ponerle los pelos de punta al numeroso público que acudía diariamente a escuchar a Concha, porque a la letra le unía una música arrebatadora y sentimental. Este era el tango:

Al ver la pena que sufren,
ten compasión, Reina regente,
de esos infelices niños
por obedecer a sus jefes.
En los rincones de su morada
qué tristes están
muchos ancianos
que sólo tú puedes consolar.
Si hubieran muerto,
¡cuántas familias visten de luto!
De tu persona y tu buen corazón,
se espera el indulto.
Jesucristo perdonó
a los que le maltrataron:
perdónalos tú también
a los pobrecitos del regimiento de Garellano.

¡Cuánto dinero le dio esto al Burrero!

Juana Valencia, La Sordita (Foto de Antonio Esplugas, ANC)

Juana Valencia, La Sordita (Foto de Antonio Esplugas, ANC)

También se formó después una gran comparsa muy bien vestida de bandoleros, con las mismas artistas del cuadro flamenco, en cuyos pasillos cómicos se destacaban la Serrana, Fernanda Antúnez, su hermana Juana, la Carbonera, el maestro Pérez y la Escribana […].

… Cuando esto ocurría, ya se había instalado don Manuel Ojeda el Burrero, con el café de su nombre, a la calle de las Sierpes, núm. 11 […].

El escenario era tan amplio, que en más de una ocasión llegaron a lidiarse pequeños becerretes de casta, formándose la cuadrilla lidiadora con los mismos artistas […]. Después de la corrida, venía el gracioso diálogo entre las dos comadres: – ¿Cómo tiene usté tanto miedo, comadre? – decía la Carbonera. – ¿Miedo yo? Eso usté, que no gana bastante pa jabón. – ¡So esaboría! ¡Que estaba usté viendo que me iba a comé er toro y no fue ni pa meterle la capa pa lleváselo! – Eso es: yo le metía la capa ar toro y si er toro me metía a mí er cuerno, ¿usté me lo iba a quitá? ¡Ni en broma! Y menos con la jindama que usté tiene, que le sale por la punta del poco pelo que le queda. – Yo lo que sé, que hasta mala me estoy poniendo de los sustos que paso con er mardito toreo, porque yo quisiera ser como usté, que to lo toma a chufla, de to se ríe y de na le da miedo”.

En esa misma época, además de triunfar en el Burrero Sevillano, Cocha Rodríguez también deleita con su gracia y su desparpajo al público de otros lugares. Por ejemplo, en septiembre de 1885 se presenta junto a Paco el Sevillano en el Café El Universal de Vigo:

“Frente a la Iglesia se ha instalado un café, ‘El Universal’, donde ‘Paco el sevillano’, ‘La Carbonera’ y ‘El Poyo’ tocador de guitarra, hacen denoche (sic) las delicias de los aficionados al cante flamenco” (Gaceta de Galicia, 7-9-1885). (3)


NOTAS:
(1) Bohórquez, M., El cartel maldito. Vida y muerte del Canario de Álora, Sevilla, Pozo Nuevo, 2009.
(2) Rodríguez Gómez, Fernando (el de Triana), Arte y artistas flamencos, Madrid, Imprenta Helénica, 1935.
(3) Esta referencia también la aporta Alberto Rodríguez Peñafuerte en su blog Flamenco de papel.


Concha la Carbonera… Y la gracia se hizo tango (I)

Durante las últimas décadas del siglo XIX, los artistas flamencos más destacados del momento pasaron por los cafés cantantes sevillanos, convertidos en auténticos templos del arte jondo.

La famosa fotografía tomada por Emilio Beauchy en el Café del Burrero en torno a 1885 nos muestra un elenco cuajado de estrellas, en el que sobresale, en primer término -con mantón blanco-, una de las artistas más carismáticas de su tiempo, Concha la Carbonera.

Café El Burrero (Emilio Beauchy, hacia 1885)

Café El Burrero de Sevilla (Emilio Beauchy, hacia 1885)

A día de hoy aún no se conocen muchos datos biográficos de Concepción Rodríguez, que es como se llamaba esa enduendada bailaora y cantaora. Sin embargo, nadie pone en duda la gran fascinación que la artista -granadina recriada en Málaga, según Blas Vega (1)- ejerció sobre sus contemporáneos, y especialmente sobre algunos escritores, como Armando Palacio Valdés, que la incluyó como personaje en su novela La hermana San Sulpicio (1889).

Los diarios españoles son parcos en referencias a La Carbonera, lo cual, desgraciadamente, no nos sorprende, teniendo en cuenta el escaso interés que el arte flamenco despertaba entre nuestros periodistas en aquella época -a diferencia de lo que sucedía en otros países, como Francia-. Buena parte de las mismas ya han sido aportadas por compañeros como Alberto Rodríguez Peñafuerte, que se ocupa en varias ocasiones de Concha, en su espléndido blog Flamenco de papel.

Por tanto, más que ofrecer nuevos datos, trataremos de realizar una recopilación ordenada de los que se conocen hasta el momento, porque el personaje lo merece, y llamaremos la atención sobre dos fotografías, realizadas por Antonio Esplugas en el siglo XIX, y cuya protagonista guarda un parecido más que razonable con Concha la Carbonera.

En tierras valencianas

La primera mención a Concha Rodríguez nos la ofrece el diario El Comercio, que sitúa a la bailaora en el Café Europeo de Valencia, en la primavera de 1879, compartiendo cartel con dos artistas jerezanas, Dolores Ramírez, ‘La Coralito’, e Isabel Santos:

“Desde que ha vuelto a autorizarse el canto y baile flamenco en el café Europeo, su espacioso local se ve sumamente concurrido todas las noches, manteniéndose el mayor orden.

Los cantaores y bailaores son muy aplaudidos especialmente la sandunguera jerezana Coralito.

Parece que la empresa de este café, deseosa de corresponder al favor del público, ha contratado dos nuevas artistas, la cantaora Isabel Santos y la bailaora Conchiya la Carbonera” (El Comercio, 30-5-1879).

Concha la Carbonera (Foto de Antonio Esplugas, ANC)

Concha la Carbonera (Foto de Antonio Esplugas, ANC)

Es probable que Concha pasase parte del verano en tierras valencianas, pues la prensa deja constancia de sus actuaciones en las ferias de Valencia y Játiva. La de la capital comienza el 20 de julio y, entre sus atracciones, cuenta con un barracón en el que se ofrecen espectáculos flamencos. Tenemos noticia de la presencia de la bailaora en dicho local gracias a la carta remitida por un lector al diario El Globo, mientras que los noticieros locales no se hacen eco de ese hecho:

“Lo único que estuvo bien, aunque yo no tuve la honra de verlo, es el pabellón de conciertos flamencos. Creo que estaría literalmente lleno, porque la afición al género va desarrollándose cada día más en Valencia” (El Comercio, 22-7-1879).

“… Si a ustedes les encanta la melodía macarena, pásense a lo último de la feria, por aquel grande barracón donde la Coralito y la Carbonera y otras varias notabilidades en el ramo flamenco hacen las delicias de un auditorio casi siempre numeroso.

Me parten el alma, señores, esas melancólicas canturias de la poética Andalucía, esos melodiosos ritos desgarradores que evocan en el espíritu no sé qué dulcísimas ideas impregnadas de no sé qué sentimental pateticismo, que transportan el pensamiento a las historias y leyendas del Oriente y a las floridas vegas de Granada, que la hablan a uno al corazón, que le llenan a uno los ojos de agua…” (El Globo, 1-8-1879).

La feria de Játiva se celebra entre el 15 y el 17 de agosto. Durante esos días se establece en la Alameda una sucursal del Café Europeo de Valencia, que ofrece espectáculos de cante y baile flamenco. En ella destaca la polifacética Concha la Carbonera, que es presentada como cantaora y bailaora. Además de las ya mencionadas Isabel Santos y La Coralito, también figura en el elenco La Escribana, de quien más tarde nos hablará Fernando el de Triana. Llama la atención la insistencia de la gacetilla en el buen gusto y la moralidad del espectáculo:

“… se está levantando en la Alameda un magnífico pabellón destinado a café restaurant, que servirá el acreditado café Europeo de Valencia.

Las noches de feria actuará en este café una gran compañía de canto y baile flamenco, cuya lista de artistas copiamos a continuación:
Tocaor.- José Baldeolivas (Pucheta).
Cantaores.- Francisco Hidalgo (El Sevillano).- Juan patrón (El Guajiro).- N.N. (La Escribana).
Cantaora.- Concha Rodríguez (La Carbonera).
Bailaor.- Manuel González (Pamplina).
Bailaoras.- Dolores Ramírez (La Coralito).- Isabel Santos.- Concha Rodríguez.- Isabel Santos, hija.

Según indicaciones hechas al director de esta compañía flamenca, los artistas ejecutarán piezas escogidas, eligiendo cantares de buen gusto literario y de irreprochable moralidad, y bailando por todo lo fino, que es bailar por todo lo español, sin mezcla de géneros que no son regularmente del agrado de los públicos escogidos” (El Comercio, 14-8-1879).

Concha la Carbonera

Concha la Carbonera

En la Ciudad Condal

Unos días más tarde nos encontramos a esa misma compañía -o, al menos, a una parte de ella- en el Teatro del Buen Retiro de Barcelona, en la que se anuncia como una única representación: “Función en la que tomará parte por una sola vez la aplaudida compañía de canto y baile flamenco” (Diari Catalá, 2-9-1879).

Sin embargo, la troupe, encabezada por el cantaor Francisco Hidalgo, también conocido como Paco el Sevillano, permanece en cartel hasta finales de mes, lo cual nos hace intuir que fue muy bien acogida por el público catalán.

El programa incluye distintas obras teatrales, así como cante y baile flamenco por los mencionados artistas, entre los que destacan el bailaor Manuel Pamplina, y las bailaoras Isabel Santos, Isabel Delgado y Concha la Carbonera. Todos ellos son objeto de sendos beneficios.

El Diari Catalá se ocupa con frecuencia del espectáculo en sus gacetillas, si bien se recrea poco en los detalles. No obstante, Concha es una de las artistas más mencionadas. Se destaca especialmente su interpretación del tango, que es una de sus grandes especialidades, y también su faceta de cantaora:

“… la reputada compañía de cante y baile flamenco y el tan celebrado tango por la simpática Concha, ‘La Carbonera’” (Diari Catalá, 8-9-1879).

“… el tan celebrado cante y baile flamenco, y el aplaudido ‘Tango Americano’, por Concha (La Carbonera)” (Diari Catalá, 9-9-1879).

“… Gran compañía de cante y baile flamenco y primera representación del zapateado de Cádiz, por Manuel Pamplina y ‘Tango Americano’, por la simpática Concha (La Carbonera)” (Diari Catalá, 10-9-1879).

“… nuestros cantes y bailes por la aplaudida compañía flamenca. ‘Zapateado de Cádiz’ y el deseado ‘Tango Americano’ por la simpática Concha (La Carbonera)” (Diari Catalá, 11-9-1879).

“BUEN RETIRO.- Función para hoy a las ocho y media a beneficio de la simpática flamenca, Concha la Carbonera y dedicada a los espadas Chicorro, Paco de Oro y sus correspondientes cuadrillas.- Las comedias DESDE EL CIELO, AYER Y HOY, Baile español, y nuevos y variados cantos y bailes flamencos” (Diari Catalá, 18-9-1879).

“BUEN RETIRO.- Hoy sábado penúltima función de la temporada a beneficio del director de la compañía flamenca don Francisco Hidalgo […] y nuestros cantes flamencos por Concha la Carbonera, Isabel Santos y el beneficiado” (Diari Catalá, 27-9-1879).

La revista El Diluvio también hace referencia al espectáculo:

“Buen Retiro.- Compañía flamenca.- Penúltima función irremisiblemente a beneficio de don Francisco Hidalgo, director de la misma y dedicada a las sociedades Alhambra y Balduía.- A las 8 ½.- Las comedias Roncar dispierto. Viva don Canuto.- Baile gitano y nuevos Cantos flamencos por Concha la Carbonera, Isabel Santos y el beneficiado…” (El Diluvio, 27-9-1879).


NOTA:
(1) J. Blas Vega dedica a Concha la Carbonera varias páginas de su libro Los cafés cantantes de Sevilla (Madrid, Cinterco, 1987).