Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Juana la Macarrona en los escenarios europeos (II)

El mismo día de su debut en París, en el Gran Teatro de la Exposición, Juana Vargas deja tan impresionado al Shah de Persia, que su majestad no duda en hacerle proposiciones… pero la gitana no está dispuesta a perder su libertad:

“Parece que el Shah de Persia se ha entusiasmado tanto con la Macarrona, que le ha hecho ofrecer un compromiso ‘dorado’, pero la libre hija de Andalucía le ha respondido como en el Chalet:
Libertad querida,
¡el único bien de mi vida!…” (L’Intransigeant, 16-8-1889). (1)

Naser-al-Din-Shah-Qajar, el Shah de Persia

Naser-al-Din-Shah-Qajar, el Shah de Persia

No obstante, el soberano persa no es el único miembro de la realeza que cae rendido ante el exótico encanto de Juana Vargas y sus compañeras:

“Anteayer, S.A.R. el Duque de Braganza, acompañado de sus dos ayudas de campo, estaba ansioso por asistir a los bailes de las Gitanas, en el Gran Teatro de la Exposición.

El príncipe heredero aplaudió con fuerza a la Macarrona, la reina de las Gitanas, y a Soledad, que bailó en su honor el Vito Vito, un baile muy popular en Portugal; envió a las bohemias varios ramos de flores” (Le Figaro, 5-9-1889).

El ciclón jerezano

Si desde el estreno del espectáculo las bailaoras de Granada han conquistado al público parisino, la llegada de la jerezana provoca una auténtica revolución. “No se puede soñar nada tan simple, tan flexible, como esta joven, una mezcla de pantera y de serpiente” (L’Intransigeant, 21-8-1889). Su manera de bailar, sin ser tan distinta de la de sus compañeras, tiene algo que la hace única y que supera a las demás:

“La nueva bailaora gitana a la que el Gran Teatro de la Exposición ha hecho venir desde los alrededores de Granada es una artista del mayor talento y, sobre todo, de un talento particularmente original. […]

Tiene la misma forma de bailar que las otras, pero más dulce, más seductora, a veces diríamos que es una culebra que se relaja y salta; otras veces, la encantadora bailaora se calma hasta el punto que parece regresar a la tierra, y después vienen los saltos, flexiones inverosímiles del cuerpo, caras y movimientos de cabeza inesperados, nuevos y sorprendentes. Nos imaginamos de este modo a la antigua bacante” (Le Radical, 26-8-1889).

El gran éxito de la Macarrona, que “aumenta cada noche el número de sus adoradores” (L’Écho de Paris, 3-9-1889), supone un revulsivo para las otras gitanas de la troupe, que, tocadas en su amor propio, ahora se esfuerzan más si cabe por lograr el aplauso del público:

“Parece que la llegada de la Macarrona haya dado a las Gitanas de la Exposición una nueva furia. En efecto, estas mujeres casi salvajes de Andalucía ya eran sorprendentes por su gracia y agilidad naturales, pero ahora que se saben vigiladas por su ‘reina’, a pesar de su naturaleza independiente, sacan todo su orgullo para superarse” (L’Intransigeant, 21-8-1889).

Juana la Macarrona

La bailaora JuanaVargas, «La Macarrona»

Un gran repertorio flamenco

En poco más de un mes, la compañía ya ha ofrecido más de 180 representaciones y, lejos de aburrirse, lo más selecto de la sociedad parisina sigue acudiendo cada día al Gran Teatro de la Exposición a ver a las gitanas bailar por tangos, alegrías, fandangos, el vito e incluso alguna jota.

Los cronistas se ocupan profusamente del espectáculo e incluso analizan el ritmo y el compás de los distintos cantes y bailes, lo cual nos da una idea del gran interés que despierta este tipo de arte entre el público francés: (2)

“… La mayor parte del tiempo el sonido de las guitarras está cubierto por el ruido de los otros instrumentos rítmicos; ¿saben cuáles son esos instrumentos? Las manos, simplemente, las palmas que, ejecutadas a compás por todo el personal, constituyen en realidad la auténtica música de baile española. No hablo de las castañuelas, que son tocadas hábilmente por las mismas bailarinas, ejecutando en cierto modo variaciones rítmicas sobre el movimiento isócrono de las guitarras y de las palmas. Por momentos, un canto extraño y poco medido viene a posarse sobre este ritmo fundamental, sin contrariarlo: a veces es una sola voz, que parte del fondo del escenario; otras veces se le responde a coro, al unísono; otras, son las mismas bailarinas las que cantan: he visto, por ejemplo, un tango, bailado con mucha animación por un hombre y una mujer, en el que los bailarines paraban a veces su baile para cantar un cuplé, lo que daba lugar a una especie de diálogo bailado. Por lo demás, he creído observar que, salvo ciertos casos particulares, estos cantos eran introducidos de una manera totalmente arbitraria, al azar, siguiendo la inspiración del momento, pues el elemento rítmico era suficiente para acompañar al baile.

Vista aérea de la Exposición de París de 1889 (Foto de Alphonse Liébert)Vista aérea de la Exposición de París de 1889 (Foto de Alphonse Liébert)

Vista aérea de la Exposición de París de 1889 (Foto de Alphonse Liébert)

Hemos podido ver bailar así los bailes populares más característicos del sur de España: el fandango, un baile de conjunto, cuyo ritmo en tres tiempos es bien conocido; el tango, un baile muy vivo, en dos tiempos, con las palmas al dos por cuatro (cuatro corcheas por tiempo, acentuando sobre todo la primera y la tercera) mientras que las guitarras tocan al seis por ocho; el vito, de medida breve en tres tiempos; la jota, cuyo ritmo en tres tiempos, más o menos en movimiento de vals, nos es familiar. Con sus saltos trenzados y sus efectos de castañuelas, este baile (siempre es cantado) se parece más a nuestros ballets que las restantes danzas de las gitanas; hay otros, por el contrario, en los que las bailarinas se menean ejecutando contorsiones realmente extraordinarias. Es el caso del tango, que no es la danza del vientre: al contrario. También hay otro, cuyo nombre no conozco, y que quizás sea más bien un juego que un auténtico baile: la alegría, ejecutada normalmente por una pareja, y durante la cual los bailarines desocupados, no contentos con rasguear sus guitarras y tocar las palmas, interpelan a los que bailan, estimulándolos con sonoros gritos: durante este tiempo, aquéllos ejecutan con extrema rapidez las figuras más extrañas y desordenadas. Entre las gitanas hay especialmente una morenita, de piel negra, delgada y muy despierta, la estrella de la compañía (tiene por nombre la Macarrona), que se distingue de una manera muy especial. Todo esto quizás no sea muy distinguido, pero está lleno de animación y de vida” (Le Ménestrel, 1-9-1889).

Una bailaora de otro planeta

En el mes de septiembre se anuncia una nueva incorporación en la compañía. Desde Granada llega “La Bayoneta”, famosa por su “tango, durante el cual baila, canta y hace malabares con flores” (Le Figaro, 7-9-1889). El resto de componentes de la troupe también tienen su momento de gloria en los periódicos franceses. Los nombres de Soledad, Pepa, Matilde, Viva, Mercedes Cruz, Antonia Pérez, Pichiri, Concepción, Vicente o Dolores suenan de vez en cuando en las crónicas del espectáculo.

Juana la Macarrona

Juana la Macarrona

No obstante, el mayor protagonismo sigue correspondiendo, con diferencia, a Juana Vargas. La Macarrona, con su físico exótico, su extraordinaria fuerza y su baile racial, casi salvaje, llama poderosamente la atención:

“Sin embargo, la Macarrona es el mismo diablo.
¿Bonita? Se guardaría bien de serlo. Ella no podría, si fuera bonita, tener estas rudezas, estas brutales turbulencias en las que se retuerce, se disloca y se rompe. Le hacía falta ese rostro osado, varonil, y esos ojos sin ternura, como un relámpago duro, y esa piel del color de una cáscara de naranja, con mucho maquillaje en los pómulos. La nariz se arquea, violenta, irritada: parece buscar pelea en los labios que la provocan; y una gran cantidad de cabello la peina como una peluca de crines rizadas que se hubiera puesto de través. Pero, a la derecha y a la izquierda de la escena, dos pancartas muestran este nombre: Macarrona, y, mientras suenan las guitarras, ella se lanza. ¡Entonces sucede algo extraordinario! Si estuviese hecho de cien hilos de acero sacudidos por una descarga eléctrica, ese cuerpo no vibraría más, no tendría más sobresaltos imprevistos. ¿Es de carne en realidad? Sí, pero de una carne, quizás, en la que el salitre se combina con el polvo de carbón tomado bajo una caldera del infierno. Ella no baila, no, ella se precipita, regresa con furia como una bala que se ha encontrado con una pared, lanza la cabeza sobre su espalda, se golpea el pecho, retuerce la cintura hasta la imposibilidad de un círculo, retuerce los costados, retuerce las piernas, hace con sus brazos un collar alrededor de su cuello y un cinturón sobre sus riñones, se dobla hacia atrás, se dobla hacia delante, toca con su cabeza las tablas, se derrumba, y por la distensión de ponerse en cuclillas, se vuelve a lanzar más alocadamente, cae sólo para rebotar, apenas roza el escenario, como si se quemara en unas brasas, y el chasquido de sus dedos secos -porque ella rechaza las castañuelas-, es quizás el ruido de mosquete de un hogar invisible que chispea. ¡Ella no se demora a la gracia! ¡No tiene tiempo para encantar! Y cuando para por fin -pues no pueden más- el chasqueo de las manos de las otras gitanas, cuando las voces exasperantes dejan de gritar: ‘¡Olé! ¡Olé! ¡Macarrona!’, ella, que ni siquiera está asfixiada, sin que el pecho le palpite, encogiéndose de hombros con un aire de desdén, recoge las flores que le tiran, o se come los chocolates de una bombonera, o, con el cigarrillo en los labios, responde con una bocanada de humo a los bravos de la sala” (L’Écho de Paris, 2-10-1889).


NOTAS:
(1) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.
(2) Esto contrasta con la escasa atención que la prensa española de la época dedica tanto al flamenco como a sus intérpretes.


Juana la Macarrona en los escenarios europeos (I)

Hace ya casi tres años dedicamos un par de entradas a recordar a una de nuestras bailaoras más universales, Juana Vargas de la Hera, “La Macarrona”. Tras nuevas investigaciones, abordamos ahora con más detalle su aventura europea.

La bailaora Juana la Macarrona

La bailaora Juana la Macarrona

París, 1889: Las Gitanas de la Exposición

En 1889 tiene lugar en la ciudad del Sena una nueva Exposición Universal, en la que la cultura española está ampliamente representada por algunas de sus manifestaciones más características. Durante los seis meses que dura el evento, en la capital francesa se celebran corridas de toros en tres cosos construidos expresamente para la ocasión, y se ofrecen espectáculos flamencos en distintas salas de la ciudad, como el teatro del Vaudeville, el Cirque d’Hiver, el music hall de las Montagnes Russes o el Gran Teatro de la Exposición.

En este último debutan en el mes de julio “Las Gitanas”, una compañía procedente de Granada (1) y compuesta, en un principio, por diecisiete miembros, “diez mujeres, cinco hombres y dos niños” (Le Figaro, 12-7-1889) (2). Al frente está el capitán, apodado “El Chivo”, al que acompañan sus tres hijas, Matilde, Soledad y Viva. En el elenco también figuran, entre otros artistas, Juana, Dolores, Pepa y “Pichiri”.

Cuando se presentan por primera vez, sorprenden por el colorido de su vestuario y por su forma de bailar, que difiere bastante del concepto de danza española a la que el público francés está acostumbrado. Así lo manifiesta el cronista de Le Figaro, tras asistir a una velada improvisada que la compañía ofrece a los redactores del periódico:

Las Gitanas nos vienen de Granada con sus trajes abigarrados: falda de algodón roja y negra, mantón amarillo, ésa es la indumentaria de las mujeres.

Para los hombres: pantalón ajustado, chaqueta negra y chaleco muy descubierto sobre la camisa blanca; una corbata de color rojo vivo y el sombrero bajo de fieltro, de ala ancha.

Sus bailes son mucho más acentuados que los bailes españoles que estamos acostumbrados a ver; se acompañan de castañuelas, panderetas, guitarras y mandolinas, con cuyo ruido se mezclan a veces la voces estridentes de las mujeres, y sus fandangos, soleares y malagueñas son muy curiosas y totalmente nuevas para los parisinos” (Le Figaro, 12-7-1889).

Cartel de "Las Gitanas de Granada" en el Gran Teatro de la Exposición (París, 1889)

Cartel de «Las Gitanas de Granada» en el Gran Teatro de la Exposición (París, 1889)

De hecho, el principal atractivo de este espectáculo radica precisamente en su autenticidad, si bien, a nuestro entender, ésta se exagera un poco con el fin de apelar a ese gusto del público francés por el colorido local español; a esa imagen romántica y bohemia de Andalucía, que permanece viva en los relatos de viajeros como Charles Davillier.

Véase si no la descripción que nos ofrece Le Petit Journal sobre el modo en que los gitanos han sido supuestamente domesticados y transportados a la civilización:

“Coger una compañía de bohemios -es decir, una compañía casi salvaje– en la sierra donde tiene su morada habitual, transportarla al corazón de París, vestirla con trajes adecuados y, por último, modelarla según los usos y costumbres de los países civilizados, y hacer todo esto en ocho días, ciertamente no era poca tarea” (Le Petit Journal, 15-7-1889)

La compañía de Las Gitanas debuta en el Gran Teatro de la Exposición el 13 de julio, sobre un escenario que reproduce fielmente una cueva granadina. El repertorio se compone de tangos, soleares y fandangos, entre otros bailes, que son interpretados de una manera muy natural, sin una coreografía propiamente dicha. El público demuestra su satisfacción lanzando flores y otros objetos a la escena:

“Los bailes de las Gitanas de Granada y de su capitán no proceden en absoluto […] de la coreografía tal y como la comprendemos. Es un baile sui generis, a la vez brutal y simpático, a veces desordenado y a veces lleno de ciencia, que seduce y encanta por su originalidad misma… y sus audacias” (Le Petit Journal, 15-7-1889).

“Los guitarristas un poco apagados -sus instrumentos son ahogados por los gritos roncos y las palmas de las gitanas- queman, mientras rasguean sus cuerdas, cigarrillos sin parar.

Entonces comienza el tango, bailado por Juana, de voz ronca y cuerpo de culebra; después la soleá, por Pichiri y Dolores.

Esta última, encantadora; en cuanto a Pichiri, es muy sorprendente en sus contorsiones tomadas de lo que constituye el éxito de las almées.

Hay que mencionar al capitán de la compañía, de una extraordinaria elegancia, músculos de acero, y que poetiza realmente ciertos efectos, de los que Pepa, la cómica de la compañía, quizás abusa demasiado. […]

La primera parte se termina con un fandango bailado por el Chivo, Soledad, Matilde y Viva.

Al final de cada uno de los bailes, caen flores sobre el escenario, y también naranjas, mezcladas con cigarrillos.

Los números se suceden sin interrupción, sin entreacto. Las gitanas se refrescan de vez en cuando, y acompañan con los pies y con las manos los pasos y los contoneos de sus compañeros” (Le Gaulois, 14-7-1889).

Pepa y Pichiri bailando el tango (Portada de Le Monde Illustré, 31-8-1889)

Pepa y Pichiri bailando el tango (Portada de Le Monde Illustré, 31-8-1889)

Las Gitanas españolas despiertan una gran curiosidad, no sólo desde el punto de vista artístico. Incluso hay algún periodista que se cuela entre bambalinas y desvela ciertos detalles que rompen, en cierto modo, ese halo de exotismo que las envuelve, como la existencia de un asno de carne y hueso dentro del teatro o el menú que ellas mismas se preparan a diario:

“En una esquina sombría está el establo, donde un asno, un auténtico asno de Andalucía, alza sus largas orejas con el ruido de las castañuelas y de los ‘¡olé!’ tradicionales; más lejos está instalado el refectorio; sobre una larga mesa se alinean los platos de tierra común y las jarras llenas de agua. Las gitanas no beben vino con la comida y preparan ellas mismas su menú: he visto allí -y olido- un plato de un perfume inolvidable, un auténtico plato de bohemia: huevos batidos con arroz, todo mezclado con abundantes porciones de tomate, cebolla y ajo… añádanle una copiosa dosis de aguardiente, cuando pueden procurárselo, o un frasco de vino corriente de Oropesa, y se harán una idea del menú básico de estas bailarinas exóticas” (Le Monde Illustré, 31-8-1889).

La Reina de las Gitanas

El éxito de la compañía es tal, que se ofrecen cinco representaciones al día e incluso se baraja la posibilidad de añadir una nueva función. A principios de agosto se anuncia la incorporación en el elenco de Juana la Macarrona, que, a sus diecinueve años, goza ya de una fama considerable tanto en Sevilla como en Madrid. La prensa del país galo, en esa línea de romanticismo a la que hemos aludido, la presenta como la reina de las gitanas de Granada:

La reina de las Gitanas

Granada está en la desolación; los ecos de la Alhambra resuenan con los lamentos de los nobles hidalgos que lloran la partida de la Macarrona.

La señora Macarrona, la reina de las Gitanas, celosa del éxito que obtienen sus hermanas y súbditas en el Gran Teatro de la Exposición, deja España y está en camino para París” (La Lanterne, 5-8-1889).

Juana la Macarrona

Juana la Macarrona

La Macarrona debuta en el Gran Teatro de la Exposición junto al resto de la compañía el 6 de agosto, y cuenta con un espectador de excepción, Naser al-Dij Shah Qajar, el Shah de Persia, que manifiesta públicamente su admiración hacia la bailaora:

“En el momento en que el Shah entró ayer en el Gran Teatro de la Exposición, la Macarrona estaba en el escenario. Su majestad se divirtió mucho con los sorprendentes movimientos de la célebre gitana y quiso lanzarle él mismo flores y naranjas” (Le Figaro, 7-8-1889).

“Desde su llegada a París, no hay día que no se le hable de las gitanas y antes de ayer se había llevado su curiosidad al paroxismo, al anunciarle el debut en el gran teatro de la reina de las gitanas, la famosa Macarrona. El Shah, que es experto en almées, fue absolutamente seducido por el extraño baile de la Macarrona, a quien hizo dirigir sus más amables cumplidos. ‘Decid a esa serpiente, dijo a su gran visir, que la más brillante de mis almées palidece al lado de esta estrella’” (Le Gaulois, 7-8-1889).

“Es inútil decir que el Shah aplaudió calurosamente a la Macarrona, esa ‘graciosa serpiente capaz, dijo, de hacerle olvidar a todas las almées de Teherán’” (Gil Blas, 8-8-1889).


NOTAS:
(1) Según la prensa francesa, estas gitanas y gitanos vienen de Granada. No obstante, ponemos en duda ese dato, ya que más adelante, cuando se habla de la llegada de La Macarrona, también se la da por granadina, lo cual nos hace pensar que tal vez se trate de una simple estrategia publicitaria.
(2) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.


Isabelita Ruiz, la gran estrella jerezana del baile (I)

Jerez de la Frontera es tierra de buenos vinos y también de excelentes artistas. Allí han visto la luz grandes bailaoras, como Juana la Macarrona y su hermana María; Magdalena Seda, La Malena; Juana y Fernanda Antúnez; Juana La Sordita o Rosa Durán; y cantaoras como María Valencia, La Serrana; Luisa Requejo; Isabelita de Jerez; o La Paquera.

Isabelita Ruiz (La Revue Limousine, 26-11-1915)

Isabelita Ruiz (La Revue Limousine, 26-11-1915)

Muchas de esas artistas saborearon las mieles del éxito fuera de su ciudad natal y llevaron el nombre de Jerez por los mejores escenarios. Algunas incluso alcanzaron gran fama a nivel internacional, como es el caso de la universal Lola Flores, o de la bailarina y bailaora a la que hoy recordamos, Isabelita Ruiz, toda una estrella del espectáculo a quien el tiempo no ha hecho demasiada justicia.

Sus orígenes familiares

Isabel Ruiz viene al mundo en 1902, en el número 12 de la jerezana Plaza Alfonso XII (hoy, Plaza del Arenal) (1). Su afición por el baile le viene de familia. No en vano es nieta de Isabel Santos, otra célebre bailaora jerezana, que en el último tercio del siglo XIX compartió escenario con algunos de los mejores artistas flamencos de su tiempo (2), y que dedicó los últimos años de su vida a impartir clases de baile en su academia de la madrileña calle de la Aduana (3).

Sin embargo, a pesar de los antecedentes familiares, se puede afirmar que Isabelita es prácticamente autodidacta, según se desprende de la entrevista concedida años más tarde al periodista José Montero Alonso, que escribe lo siguiente sobre ella:

Isabelita es un caso tipo de este instinto del arte. Nadie guía sus pasos y sus movimientos en la danza. No tiene maestras, no va a academias de baile flamenco. Sólo una abuela suya -que fue bailaora- enseña algo a la pequeña. Y la pequeña va mostrando lo que en ella hay de gran artista. Sus años escasos revelan ya una personalidad, un modo propio de ver y sentir el baile. Todo en él es finura y elegancia: lejos los retorcimientos y las violencias que antes parecían necesarios al arte flamenco” (Mundo Gráfico, 14-12-1927).

Isabelita Ruiz (Eco Artístico, 5-8-1919)

Isabelita Ruiz (Eco Artístico, 5-8-1919)

Por tanto, no es extraño que tanto Isabel como su hermana María iniciaran su carrera artística a una edad bastante temprana. En torno a 1910 ambas se encuentran en Madrid, donde reciben las enseñanzas de su abuela, y se anuncian como “Las Jerezanitas, preciosa pareja de niñas cupletistas-bailarinas” (Eco artístico, 5-6-1911), con dirección permanente en el número 38 de la calle Mesonero Romanos (4).

Primeros éxitos de ‘Las Jerezanitas’

En otoño de 1910, Isabelita y María Ruiz se presentan en distintas salas madrileñas de variedades, como el Royal Kursaal, donde coinciden con las hermanas Borrull. Posteriormente inician una gira por el norte de España, que las lleva a ciudades como Santander, Valladolid, Vigo o Pontevedra. En todas ellas “gustan más cada día las renombradas cupletistas y bailarinas conocidas por Las Jerezanitas” (Eco artístico, 25-10-1910). La “encantadora pareja de bailes” (Eco artístico, 5-12-1910), por su gracia y elegancia, cosecha “grandes ovaciones” (Eco artístico, 15-11-1910).

En los primeros meses de 1911 fallece la maestra Isabel Santos. No obstante, a pesar de su corta edad, sus nietas gozan ya de una cierta fama en distintos escenarios madrileños, como el Salón Luminoso, Lo Rat Penat e incluso el teatro Romea, la mismísima “catedral de las variedades”:

Salón Luminoso. […] La sin rival pareja de niñas duetistas Las Jerezanitas fue objeto de una ruidosa ovación, justo premio a lo meritísimo de su trabajo” (Eco artístico, 15-2-1911).

Romea.- Las Jerezanitas es una pareja de niños que anoche hizo su primera presentación en este teatro.

Los niños ejecutaron varios bailes con gran perfección.

Muchos fueron los aplausos que cosecharon” (La Correspondencia de España, 27-2-1911).

Romea.- El debut de las lindas artistas Las Jerezanitas ha sido otro éxito de este afortunado teatro” (La Correspondencia de España, 28-2-1911).

“Salón Luminoso. […] Las Jerezanitas, cupletistas y bailarinas, que son dos monumentos de gracia, picardía y arte. El respetable dio señaladas muestras de su entusiasmo, […] volviéndose loco con esos lindos retoños llamados Jerezanitas” (Eco artístico, 5-4-1911).

Isabelita Ruiz (Eco Artístico, 5-8-1919)

Isabelita Ruiz (Eco Artístico, 5-8-1919)

Tras algunas actuaciones en Madrid y otras ciudades cercanas, Las Jerezanitas se presentan en Portugal, en escenarios como el Casino Setubalense, y en el mes de agosto ponen rumbo a tierras americanas.

‘Las Jerezanitas’ triunfan en Brasil

Su primera gira brasileña comienza en la localidad de Belem, en el estado de Pará. Allí se anuncian en septiembre de 1911, en el Teatro de la Paz, “las traviesas e interesantes niñas Las Jerezanitas, verdaderas incentivadoras de la risa” (Estado do Pará, 9-9-1911) (5).

Una vez cumplido ese compromiso, con gran éxito, Isabel y María Ruiz son contratadas por la empresa del Moulin Rouge para actuar en distintas ciudades. Las hermanas permanecen en Belem hasta finales de año, y en diciembre se presenta en el Teatro Cinema-Helvética de Pernambuco “la excelente pareja de baile y canto español LAS JEREZANITAS, sin rivales en los boleros” (Jornal de Recife, 25-12-1911).

En esa sala comparten cartel y aplausos con The Selects, entre otros artistas. María e Isabel destacan por sus “graciosos bailes de Farrucas, Garrotines, Boleros, Malagueñas y otras cosas más de la tierra de la gracia, España” (Pequeno Jornal, 3-1-1912). Las jovencísimas artistas no tardan en conquistar al público y a la prensa, que se refiere a ellas en estos términos:

LAS JEREZANITAS
Dos graciosas niñas hacen, actualmente, las delicias de la platea del teatro-cine ‘Helvética’, que son Las Jerezanitas, agradable número de baile y cante español.

Tuvimos ocasión de apreciar anoche a estas interesantes pequeñas, artistas en formación, y que, a pesar de su poca edad, vienen ya precedidas de fama por la fidelidad de sus trabajos como cupletistas y bailarinas.

En los bailes regionales de la […] patria del Cid, son excelentes.

Hemos visto a otros artistas de este género, pero no nos satificieron como las alegres Jerezanitas, en los célebres bailes de Jota aragonesa, tango andaluz o Seguidillas sevillanas, en los cuales, como dicen los españoles, derraman ‘la gracia, la sal y el salero de Andalucía’.

El difícil baile punteado, ‘solo inglés‘, es ejecutado por una de las pequeñas que no tiene ni quince años, con mucha perfección.

Su voz agrada por la perfección y limpieza, aunque sea una voz de niña” (Pequeno Jornal, 9-1-1912).

Isabelita Ruiz (Muchas Gracias, 30-7-1919)

Isabelita Ruiz (Muchas Gracias, 30-7-1919)

Hasta la prensa española se hace eco de los éxitos de Las Jerezanitas en Brasil. La revista Eco artístico publica la siguiente reseña:

PERNAMBUCO (Brasil).
Teatro Cinema-Helvético.- En este coliseo han sido recibidas con entusiasmo Las Jerezanitas, que ya en Pará fueron las predilectas del público del Moulin Rouge.

Su gracia al cantar y su arte y desenvoltura al bailar, sobre todo en el baile inglés, es la característica de Las Jerezanitas, artistas de gran fama y que llevan por doquier la garantía de su nombre a Empresas y público” (25-1-1912).

En marzo de 1912, Isabelita y María Ruiz se despiden del público del Teatro Cinema-Helvética de Pernambuco, que obsequia con un “gran festival artístico” a las “queridas y predilectas artistas Las Jerezanitas, las niñas precoces en farrucas, garrotín, boleros y jotas aragonesas” (Pequeno Jornal, 19-3-1912)

Durante la primavera y el verano de 1912, las hermanas Ruiz siguen cosechando éxitos en tierras cariocas. El teatro Palace, de Río de Janeiro; el Polytheama y el Circo Spinelli, de Sao Paulo, son algunos de los escenarios en los que se puede admirar el arte de las dos pequeñas. A finales de año, Las Jerezanitas marchan a Buenos Aires, donde continúan con su gira triunfal.

En verano de 1914 encontramos a Isabelita Ruiz de nuevo en España, concretamente en Ceuta, con el nombre artístico de “Estrella Jerezana”. La “simpática canzonetista y bailarina en miniatura […] cosecha muchos aplausos y […] ha sido varias veces prorrogada” (Eco artístico, 15-7-1914). Su hermana María permanece en Brasil, donde contrae matrimonio y emprende una brillante carrera como actriz (6).


NOTAS:
(1) Datos aportados por José Luis Jiménez en la web “Gente y Habitantes de Jerez de la Frontera”.
(2) Por citar sólo algunos ejemplos, en 1879, Isabel Santos actúa en Valencia y Madrid junto a Concha la Carbonera. En 1881 vuelve a coincidir con la bailaora granadina, y con Antonia la Roteña, en el Salón Filarmónico de Sevilla. En 1897, comparte escenario en Madrid con Juana y María Vargas, Las Macarronas; Antonia y Josefa Gallardo, Las Coquineras, Antonio Chacón y Merced la Serneta, entre otros artistas.
(3) La genial Pastora Imperio confiesa a El Caballero Audaz que cuando era niña tomó sus primeras lecciones de baile, a escondidas de su madre, en la academia de Isabel Santos, que se encontraba en el mismo edificio donde vivían los Rojas Monje (en Lo que sé por mí, Mundo Latino, 1922).
(4) Unos meses más tarde, la dirección que aparece en el anuncio es la siguiente: Travesía del Horno de la Mata, 7 y 9, 2º dcha.
(5) La traducción de todos los textos extranjeros es nuestra.
(6) Según afirma la propia Isabelita Ruiz, en una entrevista concedida a la revista Mundo Gráfico: “Estuvimos después en América, en el Brasil. Mi hermana se casó allí, y allí se quedó. Yo volví a España y continué trabajando” (14-12-1927).


Carmen Díaz Molina, la elegancia del baile de Sevilla (y IV)

Triunfos en las Canarias

En junio de 1913, Carmen Díaz y Enrique Sánchez debutan en Las Palmas de Gran Canaria y varias semanas más tarde regresan a Tenerife, donde son recibidos con el mismo entusiasmo que en su primera visita. A decir de la prensa, la pareja “es lo mejor, si no lo único bueno, que por aquí hemos visto en el género de bailes” (Diario de Tenerife, 26-7-1913).

“Si de estos artistas pudiéramos decir que han mejorado su labor durante su ausencia, lo diríamos pero no cabe; el trabajo de esta pareja de baile siempre resulta nuevo y es que desde que aparecen en el proscenio el público reacciona y sigue con interés creciente las piruetas y pasos de los bailables, hasta que al terminar aplaude y aplaude como lo hacía anoche, sin cansarse y lamentando que no vuelva a alzarse el telón” (La Opinión, 22-7-1913).

Carmen Díaz y Enrique Sánchez (Eco artístico, 15-3-1917)

Carmen Díaz y Enrique Sánchez (Eco artístico, 15-3-1917)

Carmen y Enrique corresponden a esas atenciones y “se desviven por ahondar más el cariño que han encontrado en el público”, especialmente ella:

“guapa, hermosa, sugestiva, ligerita de sangre, de nervios sumamente sensibles, es tal el hechizo que causa, que con su sola presencia y la sonrisa con que siempre muestra el agrado que le causa el interés de sus espectadores, […] sale a ovación por número y jamás cansa” (Diario de Tenerife, 26-7-1913).

A su regreso a la península, la revista Eco artístico hace balance sobre la gira de Carmen Díaz y Enrique Sánchez por tierras canarias, que no ha podido ser más productiva. Han ofrecido un total de cuarenta funciones, con “subido sueldo”, al que hay que sumar las cantidades recaudadas en los beneficios celebrados antes de cada despedida, así como los regalos de sus admiradores, entre los que se cuentan “un reloj de oro con cadena del mismo metal, una bolsa de plata y un canario que ella adora”.

Este éxito económico sin duda obedece a la gran calidad artística de sus bailes, llenos de armonía, pureza y clasicismo; y, algunos de ellos, realmente singulares:

“Tienen dos números en cuya ejecución no ha habido aún quien pueda imitarlos: una danza húngara que realizan a compás de música y panderetas, a cuya terminación los públicos todos les brindan ovaciones emocionantes, y un pasodoble escrito para ellos expresamente, bailado también con panderetas, donde derrochan y dan a conocer maestría y talentos artísticos probatorios de su fama” (Eco artístico, 5-8-1913).

Nuevos éxitos en toda España

A partir de diciembre de 1913, el público barcelonés tiene la oportunidad de volver a disfrutar con los bailes genuinamente españoles de Carmen Díaz y Enrique Sánchez, que “son el ‘clou’ en eso de las castañuelas” (Eco artístico, 15-12-1913). (1)

Carmen Díaz Molina (Diario de Tenerife, 19-5-1913)

Carmen Díaz Molina (Diario de Tenerife, 19-5-1913)

Durante los meses siguientes puede verse a la pareja en ciudades como Badajoz o Sevilla. En mayo de 1915 regresan a Tenerife, donde son tan bien acogidos como la última vez:

“La reaparición de la notabilísima pareja coreográfica ‘Sánchez-Díaz’, hizo que anoche se llenase el local del Parque Recreativo […].

Los simpáticos artistas nos dieron a conocer algunos nuevos bailes, que han entrado a formar parte de su repertorio, así como otros, que, aunque ya conocidos, gustaron mucho.

Estos artistas, a la maestría con que ejecutan los diversos números que constituyen su vasto repertorio, unen lo bien que visten, lo sugestivo de la música y todas las condiciones que necesita un artista para triunfar. Ella sigue siendo la mujer hermosa de la vez anterior, y ambos, tan simpáticos y buenos coreógrafos.

El público les aplaudió frenéticamente al terminar cada número, obligándoles a interpretar otros varios” (El Progreso, 11-5-1915).

En enero de 1916, Carmen y Enrique comparten cartel con una de las grandes figuras del momento, su paisana Pastora Pavón, la Niña de los Peines. El escenario elegido es el Kursaal Central de Sevilla.

En esa época, la pareja Sánchez Díaz se prodiga bastante por la ciudad hispalense, entre otras localidades andaluzas, como Jerez de la Frontera o La Carlota (Córdoba), además de presentarse en el Casino des Restauradores de Lisboa.

Una artista consagrada

Cuando llevan ya una década presentándose juntos sobre los escenarios, Carmen y Enrique constituyen “una pareja de baile tan magistral, acabada, a la moderna, con un repertorio de tan distintos matices y una ejecución tan irreprochable, que con solo nombrarlos despertamos en el público el grato recuerdo de ovaciones otorgadas, de triunfos […] y de campañas en las que […] dejaron grabado con letras de oro en el umbral del templo de las varietés sus nombres atrayentes” (Eco artístico, 15-3-1917).

Carmen Díaz (Eco Artístico, 25-10-1917)

Carmen Díaz (Eco Artístico, 25-10-1917)

La crítica destaca su “sello personal”, su amplio repertorio de bailes magistralmente ejecutados, la “presentación de su trabajo”, “magnífica, suntuosa, de gusto sin límites”, así como su afán por aprender y renovarse constantemente.

Sin embargo, a pesar de los buenos resultados obtenidos, la pareja decide deshacer su unión y emprender nuevos caminos por separado. Así anuncia la prensa la noticia:

“Habiéndose disuelto la notable pareja de bailes Sánchez-Díaz, se presentará sola en lo sucesivo, con nuevo repertorio y vestuario, la hermosa y renombrada bailarina Carmen Díaz, que tantos triunfos ha logrado en su brillante carrera artística” (Eco artístico, 15-10-1917).

Aunque el anuncio tiene lugar en octubre de 1917, Carmen y Enrique aún continúan actuando juntos durante varios meses. Tras una nueva presentación en el teatro Romea de Madrid, se les puede ver sobre todo en el sur, en ciudades como Sevilla o Melilla.

Nueva etapa en solitario

En septiembre de 1918, encontramos ya a Carmen Díaz actuando en solitario, en el Salón Novedades de Málaga. La sevillana, que comparte cartel con las canzonetistas Emilia Navarro y Angustias la Gitana, entre otras artistas de variedades, “durante las diez noches de su actuación, ha gustado con delirio” (Eco artístico, 15-9-1918).

A finales de año, Carmen regresa a Madrid, donde actúa de manera simultánea en el Partenón y en el Gran Kursaal. En esta última sala, la sevillana vuelve a coincidir con una de las grandes maestras del baile flamenco, Juana La Macarrona:

“El espectáculo es culto y moral y en el elenco de artistas figuran números tan aplaudidos como Los Ramsan, excelentes acróbatas árabes; María Linares y Carmen Díaz, notables bailarinas; La Tempranica, famosa cancionista; Trío Gómez, titulados los reyes de la jota, y otros muchos de gran reputación, entre los cuales se cuenta un gran cuadro de canto y baile flamenco, del que forma parte el famoso tocador de guitarra, Luis Molina, el bailarín Faíco y la clásica y notable bailadora Juana La Macarrona” (El Liberal Arriacense, 21-12-1918).

Durante los dos años siguientes, Carmen desarrolla buena parte de su actividad artística en tierras andaluzas. Su nombre es habitual en la cartelera de distintos locales sevillanos, como el Kursaal Internacional, el Salón Imperial o el Moderno. De hecho, la artista sigue manteniendo su dirección permanente en el número 140 de la calle Feria. También tiene la oportunidad de disfrutar con su arte el público de ciudades como Cádiz, Córdoba, Jerez de la Frontera, La Línea (Cádiz) o incluso Bilbao.

Carmen Díaz (El Progreso, 27-5-1913)

Carmen Díaz (El Progreso, 27-5-1913)

En febrero de 1921, contratada por la agencia ‘Híspalis’, la bailaora sevillana marcha a París. La acompaña su otrora inseparable Enrique Sánchez, con quien tantos éxitos ha cosechado. El público galo también cae rendido a sus pies:

Palais des Beaux Arts.- Son muy aplaudidos en su campaña la notable canzonetista Matilde Márquez y los no menos celebrados bailarines Carmen Díaz y Enrique Sánchez, para los que hay siempre ovaciones estruendosas.

Completan el programa los excéntricos Les Socco-Dato, Lor-Darin y Les Bam Bam” (Eco Artístico, 15-3-1921).

A su regreso de tierras francesas, encontramos a Carmen Díaz, de nuevo en solitario, en la cartelera del teatro Colón de San Sebastián. Su número es sin duda el más llamativo del programa:

“Teatro Colón.- Destaca poderosamente su arte y maestría en el baile entre todos los números que constituyen el programa, Carmen Díaz, que interpreta primorosamente todo su extenso repertorio, siendo aclamada sin reservas. Carmen del Pino, Minetta, Alondra y Carmela España, son las artistas que con Carmen Díaz forman el programa” (Eco artístico, 15-5-1921).

Aquí perdemos prácticamente la pista de Carmen Díaz. Hallamos aún dos referencias más, una que la sitúa en el teatro Romea de Madrid, en diciembre de 1924, y otra que la ubica en el salón Royalty de Badajoz, de nuevo junto a Enrique Sánchez, en junio de 1926.

A pesar de no haber podido reconstruir aún en su totalidad la biografía vital y profesional de Carmen Díaz Molina, no hemos podido resistirnos a escribir y publicar siquiera esta primera parte, por entender que una artista de su nivel bien merece, al menos, este humilde reconocimiento.

NOTAS:
(1) En este contexto el clou puede traducirse como la atracción principal del espectáculo.


Carmen Díaz Molina, la elegancia del baile de Sevilla (III)

En primavera de 1909, tras varios meses de contrato al otro lado del charco, Carmen Díaz regresa a España junto a su inseparable Enrique Sánchez. Lo hacen a bordo del vapor ‘Manuel Calvo’, que parte de La Habana, hace escala en Nueva York y llega al puerto de Cádiz el día 19 de mayo.

Carmen Díaz y Enrique Sánchez (Comedias y comediantes, 1-11-1911)

Carmen Díaz y Enrique Sánchez (Comedias y comediantes, 1-11-1911)

Ya en nuestro país, el dúo retoma su agitada vida artística, y sus giras a lo largo y ancho de la península. En diciembre de ese mismo año, en el Salón Pathé de Oporto, obtiene un “éxito colosal y sin precedentes […] la notable pareja de bailes españoles Carmen Díaz y Enrique Sánchez” (Eco Artístico, 15-12-1909). En enero de 1910, triunfan en la sala ‘El Cosmopolita’, de Álava:

“Ayer debutó en este cinematógrafo la pareja de baile, Carmen Díaz y Enrique Sánchez, obteniendo un señaladísimo triunfo.

La pareja de baile se presentó vistiendo lujosos trajes, y su trabajo, de agilidad sorprendente, fue aplaudidísimo.

En la última sección el lleno fue formidable” (Heraldo Alavés, 18-1-1910).

La mejor pareja de bailes españoles

Unas semanas más tarde, tras varios meses de ausencia, los bailaores sevillanos regresan a la escena madrileña, concretamente al Petit Palais, donde son muy bien acogidos:

Carmen Díaz y Enrique Sánchez, a quienes sin duda alguna podemos calificar como la mejor pareja de bailes españoles, actúan también en este Salón. Inútil es decir que el público los ovaciona a diario y hace repetir sus bailes infinidad de veces” (Eco artístico, 15-2-1910).

Poco después se anuncian en Barcelona, tanto en el teatro Sala Imperio como en el Poliorama. La publicidad los define como “la pareja de baile español mejor del mundo […]. Lujo asiático, gran riqueza. Agilidad extraordinaria” (La Vanguardia, 17-2-1910).

De vuelta a la Villa y Corte, en el mes de mayo debuta en el teatro de La Latina “la celebrada pareja de baile Sánchez-Díaz, obteniendo, como premio a su maestría y habilidad, muchísimos aplausos” (La Correspondencia, 1-6-1910). Completan el programa las cupletistas Pilar Cohen, Candelaria Medina y La Solsona, y el entremés Entre tres fuegos. Un reparto similar se presenta poco después en el teatro Olimpia de Barcelona.

Carmen Díaz y Enrique Sánchez (Eco Artístico, 5-5-1913)

Carmen Díaz y Enrique Sánchez (Eco Artístico, 5-5-1913)

En febrero de 1911 volvemos a encontrar a Carmen Díaz, junto a Enrique Sánchez, de gira por el norte de España. La “elegante y excelente pareja” (Eco Artístico, 5-2-1911) triunfa en Bilbao, donde ha de prorrogar su contrato. En Burgos descubrimos una nueva faceta artística de la bailaora sevillana, que “canta con mucho sentimiento” (La Voz de Castilla, 19-2-1922).

Unas semanas más tarde, Carmen y Enrique viajan a Sevilla, y en locales como el Salón Imperial o el teatro San Fernando demuestran que sí son profetas en su tierra:

Teatro San Fernando.- Con éxito asombroso viene actuando la simpática pareja de baile español Carmen Díaz y Enrique Sánchez, siendo motivo todas las noches de continuas y delirantes ovaciones” (Eco Artístico, 5-4-1911).

Tras conquistar al público de Zaragoza, los Sánchez-Díaz regresan a la Villa y Corte, donde pasan parte del verano, actuando en el Trianón-Palace, en el teatro Novedades y en el Romea. A estas alturas de su carrera, su fama y su calidad artística están fuera de toda duda, a juzgar por los elogios que les dedica la revista Eco Artístico:

Arte castizo que sublima la coreografía, presentación fastuosa que deleita, simpatías que atraen: trinidad de perfecciones encarnadas en la pareja Sánchez-Díaz y con las que cautivaron a los públicos miles y miles de noches, tributándoles aplausos desbordantes de entusiasmo. Tres meses consecutivos de actuaciones en el Teatro de Novedades, de esta corte, dicen bien claramente cuánto valen estos simpáticos artistas. Con el agasajo del aplauso del público caminan siempre, disputándoselos las empresas, pero sin que esta predilección sirva para envanecerles, elevando sus pretensiones, tacto que acrecienta sus méritos haciéndose asequibles en todas partes. Sus largas campañas en América, donde volverán en breve, pregonan el excepcional arte de la pareja Sánchez-Díaz en los que se conjuntan las más salientes perfecciones: maestría, lujo, variedad y elegancia, sobrados elementos para brillar y vencer” (5-6-1911).

La bailaora Juana la Macarrona

La bailaora Juana la Macarrona

Carmen y Enrique, en los mejores carteles

A finales de junio, Carmen Díaz y Enrique Sánchez participan en el beneficio celebrado en el teatro Romea en honor de Juana la Macarrona. La homenajeada se despide del público madrileño bailando por alegrías en el cuadro español ‘Una fiesta en Sevilla’, en el que también figura el guitarrista Ramón Montoya.

Unos días más tarde, la pareja se presenta con gran éxito en el Salón Imperial de Melilla:

Carmen y Enrique, constituyen la mejor y más clásica [pareja] de bailes españoles. No es de extrañar que así sea, pues ambos, salidos hace años de la escuela Sevillana, al unirse entonces supieron compendiar al arte coreográfico andaluz, el típico de nuestras distintas regiones, presentándolo con la más absoluta precisión.

A la deslumbradora presentación de la pareja, se une la hermosura y gentileza de la Srta. Díaz, su gracia picaresca, hija de las brisas del Guadalquivir y sus relevantes dotes, tanto de mujer hermosa, como de artista.

El nombre de Sánchez-Díaz es tan popular, que los empresarios de varietés se disputan la notable pareja.

El público melillense les aplaude y ovaciona todas las noches, por su mérito y su arte” (El Telegrama del Rif, 12-7-1911).

En el mes de septiembre, Carmen Díaz y Enrique Sánchez regresan al madrileño teatro Romea, que estrena su temporada de variedades con un brillante cartel en el que destacan artistas como La Antequerana o Ramón Montoya.

Josefa Moreno, La Antequerana (Eco Artístico, 25-5-1914)

Josefa Moreno, La Antequerana (Eco Artístico, 25-5-1914)

Después emprenden una nueva gira por el norte, con paradas en ciudades como Valladolid, León y Oviedo. En algunas de ellas vuelven a coincidir con Amalia Molina. La pareja destaca por su repertorio variado y en constante renovación. No hay teatro ni público que se les resista:

“Vedlos incansables en sus panaderos, sevillanas, tango, farruca, etc., etc.

Sus piernas parecen desprenderse del cuerpo, y bailan siempre sin descanso, con rapidez vertiginosa, mientras sus rostros se contraen con la mueca de la risa.

Y el público, que no se sacia nunca y que en su delirio por los buenos artistas se asemeja algo a los espectadores de las célebres luchas en la antigua Roma, aplauden frenéticamente sin pensar que el artista se rinde.

Carmen Díaz y Enrique Sánchez son conocidos de todos los públicos, y su fama es grande como excelentes bailarines. […]

En su repertorio de lo más extenso, figuran los bailes antiguos y modernos de más resonancia, y aunque maestros hace años, la pareja Sánchez-Díaz no dejará de estudiar para que su trabajo sea siempre nuevo, habiendo estrenado recientemente una danza húngara, en la que la pareja Sánchez-Díaz une una vez más su arte y gallardía” (Eco Artístico, 27-12-1911).

En 1912, Carmen y Enrique siguen cosechando triunfos por los pueblos y ciudades españolas, especialmente en las del sur. En Granada la pareja destaca por su “repertorio variado, extensísimo, arte y agilidad increíbles y presentación lujosísima” (Eco artístico, 5-3-1912). “Hay en sus bailes elegancia, distinción, algo que sólo vive con el arte” (Eco Artístico, 25-2-1912).

Dora la Cordobesita (Eco Artístico, 15-9-1917)

Dora la Cordobesita (Eco Artístico, 15-9-1917)

En San Fernando (Cádiz) coinciden con una jovencísima Dora la Cordobesita, y llama la atención la moralidad de su valioso repertorio. De nuevo en el Romea de Madrid, comparten cartel con Pepita Sevilla, y en Bilbao ven “cómo en su obsequio se levanta la cortina innumerables veces” (Eco Artístico, 15-6-1912). No en vano, “ambos son maestros en el arte de Terpsícore y con una habilidad y ligereza extraordinarias ejecutan toda clase de bailes sin fatigarse, sin que jamás un pie les haga traición y marque compases que no existen” (Eco Artístico, 5-10-1912).

La conquista de las islas Canarias

Gibraltar, Orense, Jaén y, de nuevo, Granada, son algunas de las ciudades en las que actúan Carmen y Enrique antes de poner rumbo a las islas Canarias para realizar una gira de varias semanas. El día de su debut en el Parque Recreativo de Santa Cruz de Tenerife, el dúo sevillano causa una impresión inmejorable:

“Confesamos que nos sorprendió anoche la presentación de la pareja coreográfica Sánchez-Díaz, que ha hecho su debut en el Recreativo.

Son dos bailarines de ‘primera fuerza’, que ejecutan todos los números con una seguridad y una maestría raras veces común, y se presentan elegante y lujosamente ataviados.

Ella […] es, además, una espléndida mujer altamente simpática. Se trata, pues, de un número de varietés como hace tiempo no habíamos tenido ocasión de aplaudir. Muy enhorabuena” (El Progreso, 20-5-1913).

Carmen Díaz y Enrique Sánchez (La Opinión, 28-5-1913)

Carmen Díaz y Enrique Sánchez (La Opinión, 28-5-1913)

En los días siguientes, Carmen y Enrique siguen haciendo las delicias del público, que les aplaude con entusiasmo y les hace repetir muchos de sus números. Además de su maestría, la prensa destaca especialmente la elegancia y finura de sus bailes:

Carmen Díaz une a su belleza incomparable una linda gracia natural que la hace más adorable.

Enrique Sánchez es su digna pareja.

Mozo de firme varonil arrogancia, que es todo un maestro en coreografía.

Las danzas de los Sánchez-Díaz son algo que se sale de lo vulgar, un fino arte de graciosa elegancia, un derroche de gracia y gallardía. Sus movimientos son seguros, finísimos, con aquella difícil seguridad que da la completa posesión de una cosa.

Sus garrotines no son de esos consabidos bailes de ademanes tabernarios que hemos visto mil veces; con su arte inimitable hacen de ellos los Sánchez-Díaz algo que se puede bailar sin escándalo lo mismo en el tablado de la escena que en una soirée aristocrática.

En los bailes regionales son igualmente unos colosos.

La danza gallega que nos hicieron anoche es todo un primor” (La Opinión, 26-5-1913).