Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Dora la Cordobesita, la sultana del garbo (III)

En 1920, a sus diecinueve años de edad y con casi una década de carrera artística a sus espaldas, Dora se había convertido en una “estrella de las de primera magnitud” (1). Su esperado regreso a Jerez de la Frontera coincidió con la publicación de un librito firmado por el poeta local Diego López Rico, que plasmó su admiración hacia la Cordobesita en un ramillete de elogiosas quintillas (2). 

Durante su actuación en el teatro Eslava, a fin de satisfacer al público que tanto la había mimado el año anterior, fue renovando cada día su repertorio y presentó un sinfín de números, como Cordoba bella y Nativa de Faraón, de Vicente Quirós; Lo que dicen los ojos, ¡Vaya usted con dios!, De Madrid a New York, Pa perder la cabeza y Arantreuse Catoni, de Font de Anta; Su merced y La promesa, de Rafael Adán; Guasa viva, Se acercan pa na y La Cencerro, de Orejón; Gitana greñúa, de Cándido Larruga; Maldita sea la…, de Barta, o Cármenes granaínos, de Blasco-Ricarte (3).

Portada de Dora, la Cordobesita, por López Rico.

Portada de Dora, la Cordobesita, por López Rico.

En ese coliseo volvió a compartir cartel con el maestro de la guitarra Javier Molina y la noche de su beneficio, una vez más, “el lleno fue formidable, estupendo […]. Fue memorable todo; […] por la excelsa cantidad de arte vertido, peculiarísimo él y tan gracioso como la menuda mujercita que lo mostrara” (4).

Tal era la fama de Dora, que en esa época ya se publicitaba en Córdoba un vino amontillado fino que llevaba su nombre (5) y la prensa la designaba con apelativos tan sonoros como “la emperatriz de las gitanas” (6). Tras una nueva y exitosa tournée por las capitales del norte, en el mes de noviembre regresó a otro de sus salones fetiche, el Imperial de Sevilla, donde una “enorme concurrencia […] hizo cola en la taquilla […] para llenar en seguida la sala de espectáculos” (7) y la prensa le dedicó los mayores elogios:

“Y olé ya y bendita sea la mare que la llevó a la Academia y el maestro que le enseñó er catón metódico.

Tiene usté dos pies que son dos besos y dos ojos que son dos bombines negros… y una cara que se pone en un marco y ríase usté de la Gioconda y de toa su familia.

Pa mí es que su pare fue escurtó y su mamá de carne de membrillo.

Bendito sea ese pelo más negro que un luto y esos dientes chiquitos que no puen comé más que pan rayao.

Niña a usté la bautizaron con agua de Colonia.

Y olé ahí, tiene usté una risa que es er sonío de un duro.

Haga usté er favó de abrí los ojos que no traigo paraguas. Y olé, como que tiene usté unas pestañas que son los toldos del Corpus” (8).

Dora la Cordobesita (La Tribuna, 5-3-1921).

Dora la Cordobesita (La Tribuna, 5-3-1921).

Visitó después en gira triunfal las ciudades de Cádiz, Granada y Córdoba junto al maestro Javier Molina, que la acompañó a la sonanta en sus “creaciones de bailes gitanos”, en las que “hizo gala de […] extraordinarias facultades artísticas” (9).

En febrero de 1921, junto al mismo tocaor, regresó a la capital de España para debutar en el Madrid Cinema y rubricar un “triunfo exquisito” que supuso su “confirmación definitiva”. La “maga del baile netamente español […] canta, baila, recita y cautiva” hasta el punto de ser considerada por la crítica la legítima sucesora de la más grande:

“El triunfo de la celebrada artista andaluza […] es de una gran oportunidad ahora que la que ocupaba el trono del género flamenco ha visto llegar los tristes días de la decadencia y se dispone a abandonar la vida artística.

La única que por su belleza, su gracia y su arte podría aspirar al puesto de honor en las variedades españolas, es Dora la Cordobesita” (10). 

Dora la Cordobesita en su género es la única, y llamada a ocupar el puesto de Pastora Imperio, el día que esta se retire, pues parecen hermanas en el garbo y en la gracia” (11).

Tras su consagración en la meca del arte, la “emperatriz de las gitanas” regresó a su tierra cordobesa para participar en una función celebrada en el Gran Teatro a beneficio del Colegio de Huérfanos del Cuerpo de Correos, en la que interpretó números como La saeta, La bandolera brava y Los fandanguillos, con “arte inconfundible, suyo y único” (12).

Dora la Cordobesita (El Cine, 12-3-1921).

Dora la Cordobesita (El Cine, 12-3-1921).

El Sábado de Gloria debutó en el salón Imperial de Sevilla, que a partir de entonces se convirtió en parada obligada cada primavera. Estrenó los cuplés Entrando por Puerta Tierra y Querer cañí, de Valverde y Font; y Entra por Uvas, de Valverde-Mariño y Font; y triunfó una vez más por su autenticidad en la interpretación de los tipos gitanos:

Dora la Cordobesita, tiene un estilo propio, absolutamente original […]. 

La Cordobesita, hace los gitanos tal como son, sin más defectos colorinescos que los que son indispensables […]; pero en el tipo, aparece perfectamente conservado el espíritu, con su belleza rara y fuerte y con su gracia arbitraria” (13).

En mayo se presentó en el teatro Vital Aza de Málaga, donde “cantó un lindo cuplé a la muerte de Joselito, que se escuchó con gusto”, y deleitó al público cultivando el “arte flamenco sin amaneramientos, […] dignificándolo”, escoltada por la sabia guitarra del maestro Molina (14).

Tras una nueva escala en el Madrid Cinema, emprendió una gira veraniega por la cornisa cantábrica, con paradas en La Coruña, Santiago de Compostela, Santander, San Sebastián, Oviedo, Vigo y Gijón, entre otros lugares, en los que siguió cosechando triunfos y elogios: “posee una voz grata, juguetona, de serpenteantes fermatas y cadencias lastimeras; una figura grácil, que en el ritmo de encaje de una danza española, se cimbrea, mostrando una euritmia impecable y un rostro de belleza soberana”. El suyo es un “arte exquisito, sin movimientos lúbricos, ni lascivos cimbreos” (15).

“El arte de esta gentil y garbosa andaluza es tan personal y tan típico, que no se parece al de ninguna otra […]. Su figura llena de gracia, la expresión de su cara y de sus ojos […]; la línea escultural de su cuerpo, y la alegría de sus canciones y estilo impecable de sus danzas, hacen de ella una artista originalísima, atrayente y sugestiva.

Bailando es una verdadera evocación del alma gitana, refinada por su gran sentido del arte y su gusto exquisito” (16).

Dora la Cordobesita (La Tribuna, 26-5-1921).

Dora la Cordobesita (La Tribuna, 26-5-1921).

En septiembre volvió a anunciarse en Madrid, en el teatro Maravillas, como “estrella máxima del programa”, y conquistó al respetable con canciones como Querer gitano o Córdoba la bella, ambas compuestas por Manuel Font, aunque lo más apreciado fueron sus bailes, puesto que Dora “tiene un sentido del ritmo que para sí lo quisiera el maestro Badía. como bailarina es un monumento. […] Pero sobre todas las cosas, es una mujer llena de luz y color” (17).

De hecho, su número más emblemático probablemente fuese el Fandanguillo de Almería, una danza con música compuesta por Gaspar Vivas. En su nueva temporada en el salón Imperial de Sevilla, en el otoño de 1921, además de bailarlo, lo cantó; y, en su función de beneficio, ofreció una interpretación muy especial junto a su compañero de cartel: “Dora y Ramper han bailado, por insinuación de la Cordobesita, el celebérrimo fandanguillo de Almería. Ella hizo primores, y el ingenioso artista la imitó de modo que alborozó al público” (18).

Allí actuó durante tres semanas, con lleno hasta la bandera y triunfo absoluto, hasta el punto de que fue comparada con una de las mayores glorias que ha dado Sevilla:

“Contadas son las artistas que cultivan con éxito el difícil género de la flamenquería estilizada, artística. […]

… actualmente el público solo recuerda con fruición, llena los teatros donde trabajan y se emociona con el arte que desparraman únicamente dos flores de nuestra tierra: Amalia Molina y Dora la Cordobesita.

Aquélla; […] Es la consagración, lo definitivo; es una reliquia.

Dora es lo joven, la pujanza, la gran artista que vale y que en corto espacio de tiempo ha arrollado cuantos obstáculos se han opuesto a su loca carrera hacia el triunfo, llegando a él por el camino de los privilegiados.

[…] Yo creo que esta singularísima andaluza y portentosa artista es el tronco, la base de una nueva estirpe de Faraones” (19).

Dora la Cordobesita (Mundo Gráfico, 2-3-1921).

Dora la Cordobesita (Mundo Gráfico, 2-3-1921).

Una vez culminada su brillante temporada, Rogelio Pérez, empresario del Imperial, la agasajó con un almuerzo en la venta Pilín, que fue amenizado por el cantaor el Colorao y el tocaor Niño de Salvador (20).

Tras un mes de descanso en Villa Dolores, su retiro de la sierra cordobesa, Dora pasó las fiestas navideñas actuando en el teatro Eslava de Jerez de la Frontera y, durante el invierno de 1922, trabajó en lugares como Cádiz, Sanlúcar de Barrameda, San Fernando y Granada, con el éxito de siempre, pues “‘hay gracia’ por ‘arrobas’, simpatía, arte hasta dejarlo de sobra, presentación y demás cualidades para triunfar” (21). “Bailando nos recuerda a Pastora Imperio, y con los palillos habrá pocas que la igualen” (22). Entre las novedades de su repertorio cabe mencionar el cuplé de sabor gitano ¡Pa rato tiene!, de Monteagudo y López del Toro; y las canciones andaluzas La cruz de mayo y Triniá la Petenera, ambas con música de Manuel Font de Anta (23).

A finales de marzo regresó al teatro Maravillas de Madrid, encumbrada por la crítica como “uno de los cuatro ‘ases’ de la baraja […] de artistas de la alegría”, junto con Adela Lulú, Pastora Imperio y Carmen Flores, ya que con ellas “podría formarse, entronizándolas, un templo y en su frontis escribir ‘¡Viva el buen humor!’ ‘¡Abajo las penas!’ ‘¡Ole lo gracioso!’ y ‘¡Vaya salero!’” (24) El debut de “la perla de Córdoba” (25) no hizo sino confirmar las grandes expectativas generadas:  

“Es imposible que el alma andaluza tenga intérprete más ideal. Sus ojos llamean en las canciones emotivas y pasionales; los brazos —divinos brazos, que parecen robados a la Venus de Arlés—, con el ritmo de sus movimientos, trenzan al compás con los diminutos pies los caprichos bailables gitanos, con perfección admirable, y la voz cálida y fácil dice y entona con el más puro estilo. Y todo esto es la artista triunfante” (26).

Notas:

(1) Eco Artístico, 30-6-1920, p. 10.

(2) Bajo el título Dora, La Cordobesita, fue publicado en 1920 por la imprenta El Día, de Jerez de la Frontera.

(3) El Guadalete, 30-6-1920, p. 3; 1-7-1920, p. 3; 2-7-1920, p. 3; 3-7-1920, p. 3.

(4) El Guadalete, 10-7-1920, p. 3.

(5) Diario de Córdoba, 22-7-1920, p. 1.

(6) La Libertad, 17-8-1920, p. 2.

(7) C., El Liberal, edición de Sevilla, 16-11-1920, p. 13.

(8) La Unión, 16-11-1920. Archivo ON.

(9) La Voz, 29-1-1921, p. 3; La Voz, 30-1-1921, p. 2.

(10) Diario de Córdoba, 13-3-1921, p. 2.

(11) J. Mariño, El Cine, 12-3-1921, p. 4. Entre los números con los que deleitó al público del Madrid Cinema cabe destacar el cuplé con saeta ¡Vaya usted con Dios!, de Font y Valverde; No hay tu tía, de Alcaide de Zafra y Font; Nativa de Faraón, de Quirós; el cuplé La bandolera brava, de Mariño y Font; y sus sugestivos bailes a la guitarra (Idem).

(12) El Defensor de Córdoba, 5-3-1921, p. 2; La Voz, 16-3-1921, p. 3.

(13) El Noticiero Sevillano, 29-3-1921, p. 3.

(14) La Unión Mercantil, 7-5-1921, p. 3; 4-5-1921, p. 1.

(15) P. C., El Compostelano, 21-7-1921, p. 3.

(16) El Cantábrico, 11-8-1921, p. 2.

(17) La Hora, 9-10-1921, p. 17.

(18) Sánchez Perdiguero, El Liberal, edición de Sevilla, 30-10-1921. Archivo ON.

(19) Rabbí, La Unión, 16-10-1921. Archivo ON.

(20) Sánchez Perdiguero, El Liberal, edición de Sevilla, 5-11-1921. Archivo ON.

(21) Bambalina, El Defensor de Granada, 11-3-1922, p. 3.

(22) La Publicidad, 14-3-1922, p. 2.

(22) La Voz, 1-2-1922, p. 3.

(24) ABC, 29-3-1922, p. 25.

(25) ABC, 11-4-1922, p. 21.

(26) ABC, 31-3-1922, p. 23.


Dora la Cordobesita, la sultana del garbo (II)

Tras el fallecimiento de su madre, Dora la Cordobesita en seguida retomó su actividad artística, si bien guardó unos meses de luto antes de volver a actuar en Córdoba. Durante el verano de 1917 realizó una gira por el norte de España y en el mes de septiembre irrumpió en la escena barcelonesa como la estrella que ya era. El crítico José Manzanares Nausa firma la crónica de su debut en el salón Doré:

Dora la Cordobesita (Eco Artístico, 25-12-1915, p. 26).

Dora la Cordobesita (Eco Artístico, 25-12-1915, p. 26).

“La orquesta ataca; hay un pequeño preludio; córrese la cortina, y nos encontramos ante un bonito decorado, propiedad de la artista Carmen Flores, y al mismo tiempo sale a escena la joven debutante. 

Hace su reaparición con un bonito paseo, que canta y baila, en el que nos hace la presentación de su persona; el público la aplaude.

Dorita va en cada número cambiando el fondo del decorado, y a una vista de Sevilla la reemplaza con una de Córdoba, y esta con otra de Granada. El público sigue aplaudiendo a la artista inmensa, y con sus aplausos la obliga a repetir números y más números; en todos ellos hay un desbordamiento de gracia, que al público satisface; Dora la Cordobesita es una artista que baila estupendamente; en las contorsiones de sus bailes gitanos nos recuerda a la célebre Macarrona y a Pastora Imperio; el público sigue aplaudiendo a esta chiquilla graciosa y pinturera […]. Después de infinidad de repeticiones, Dorita hace ‘Los tres ases del toreo’, y el público se entusiasma” (1).

Dora la Cordobesita (Eco Artístico, 15-9-1917, p. 16).

Dora la Cordobesita (Eco Artístico, 15-9-1917, p. 16).

Esa noche la Cordobesita alcanzó “uno de los mayores triunfos que se han conocido”, hasta el punto de que la empresa la hizo firmar una prórroga y dos nuevos contratos, para el mismo salón y para el Monte Carlo. Poco después también quiso ficharla Eldorado, por la nada desdeñable cifra de 150 pesetas diarias, mas ella permaneció fiel al Doré (2). A sus dieciséis años de edad, su nombre ya se cotizaba “a muy alto precio […]; de ahí que no esté sin trabajar nada más que los días de viajes. Como los fenómenos taurinos, Dorita va del teatro al tren y del tren al teatro” (3). 

Durante su estancia en la Ciudad Condal, visitó los estudios de grabación de la casa Odeón para impresionar una veintena de cuplés y canciones; y, tras cosechar un nuevo éxito en el salón Monte Carlo, donde fue ovacionada tras cantar unas granaínas con mucho gusto y sentimiento (4), en el mes de octubre retomó su gira por el norte, con paradas en ciudades como Bilbao (5), Pamplona, Vigo, Santander y La Coruña. En todas ellas triunfó, “por su distinción, su arte inimitable, la propiedad con que presenta su escogido repertorio y su lujoso vestuario, apropiadísimo para los tipos que encarna”. En su especialidad, “el arte genuinamente andaluz, […] contadas artistas podrán igualarla, pues superarla parece imposible” (6).

Dora la Cordobesita (Eco Artístico, 15-9-1917, p. 16).

Dora la Cordobesita (Eco Artístico, 15-9-1917, p. 16).

En enero de 1918 regresó a Barcelona para cumplir los compromisos contraídos con los salones Monte Carlo y Doré, y confirmar la excelente fama cosechada unos meses antes: “Después de Carmen Flores y de Adela Lulú, Dora la Cordobesita ha sido la figura del cuplé que ha tenido […] un éxito más justificado. […] Canta canciones andaluzas con gran perfección […] y toca las castañuelas de una manera exquisita” (7). Llevaba nuevo vestuario, confeccionado por el modisto Valero, y repertorio renovado con la introducción de números como el cuplé La gitana cautiva, firmado por el maestro Ricardo Lorente (8).

Tras una larga temporada de éxitos, en el mes de abril Dora disfrutó de unas semanas de descanso en Villa Dolores, un cortijo situado en la serranía cordobesa, donde le gustaba retirarse para estar en contacto con la naturaleza, cuidando de sus flores y sus gallinas, además de dedicar “algunos ratos a dar vueltas a su lujoso vestuario para que la polilla no lo destroce”. 

Durante su estancia en el campo, recibió la visita de un redactor del Diario de Córdoba (9), a quien realizó interesantes declaraciones: Expresó su admiración por el trabajo de sus compañeras predilectas, “como cancionistas […] Raquel Meller, Pastora Imperio y Blanquita Suárez y como bailarina Antonia la Argentina”; y confesó haber “recibido ventajosas proposiciones para actuar en América, no aceptándolas por temor a los submarinos” (10).

Dora la Cordobesita en Villa Dolores (Eco Artístico, 15-4-1918, p. 116).

Dora la Cordobesita en Villa Dolores (Eco Artístico, 15-4-1918, p. 116).

A mediados del mes de mayo emprendió una nueva tournée por las capitales del norte. Se presentó en los casinos de San Sebastián y Santander, lugares de veraneo de la gente bien, “con sus típicas gitanerías y sus timitos andaluces tan gentilmente interpretados” (11); y fue muy bien recibida por el público, que “la obligó a cantar y bailar, –porque esta enciclopedia femenina canta, baila y torea– una porción de números, además del programa reglamentario” (12).

Visitó después ciudades como Valladolid, Burgos, Oviedo y, de nuevo, Barcelona; pasó un mes en tierras andaluzas y en octubre debutó con enorme éxito en el teatro Apolo de Valencia. El crítico del diario El Pueblo le auguró un brillante futuro como Terpsícore jonda:

Dora será bien pronto la primera ‘bailaora’ de ‘tablao’ que taconee los escenarios españoles.

Canta con gracia y estilo ese difícil y anárquico arte flamenco […].

Y bailará mejor que todas. Porque creemos que lo difícil del baile es mover bien los brazos y el torso. El taconeo es técnica, y eso se aprende. Los brazos y el torso los manda el espíritu y Dora lo tiene castizo como ninguna.

Es personal. Su arte lento tiene una insuperable cadencia oriental.

Toca los palillos como una maestra” (13).

Dora la Cordobesita en una estampa muy gitana (Andalucía, 27-4-1918, p. 13).

Dora la Cordobesita en una estampa muy gitana (Andalucía, 27-4-1918, p. 13).

Durante los meses siguientes continuó su recorrido triunfal por toda la geografía española. En febrero de 1919, en el Circo de Price, conquistó al público y a la crítica de Madrid con números como La gitana greñúa, de Cándido Larruga, Los colores nacionales, del maestro Font o una Danza española de Enrique Granados; y reapareció en el Gran Teatro de Córdoba tras más de un año de ausencia debido al luto por su madre (14).

En el umbral de sus dieciocho primaveras, Dora era considerada “una estrella de primera magnitud”, por su “gran dominio de la escena, […] su arte, su simpatía y su gracia inimitable”; una “artista de cuerpo entero que se impone y triunfa porque vale” (15). Uno de los éxitos más sonados de ese año lo conquistó en el teatro Eslava de Jerez de la Frontera, donde, al verla aparecer, el redactor de El Guadalete creyó tener ante sus ojos un cuadro de Julio Romero de Torres (16). 

Además de su deslumbrante estampa, llevaba un “decorado muy bonito y apropiado a cada número”, “vestuario lujoso y de gran novedad”, un repertorio creado por autores de prestigio –Font, Larruga, Albéniz, Granados…–, “y ante todo y sobre todo una cantidad enorme de arte […] naturalísimo, innato”, al que ella imprime un “sello especial” (17). Llamaron particularmente la atención números como Por peteneras, Gitana greñúa, Los ases del toreo, o una nueva composición de los Álvarez Quintero con música de Font titulada ¡Que pasa la bandera! (18).

Dora la Cordobesita en portada de La Unión Ilustrada (6-6-1918).

Dora la Cordobesita en portada de La Unión Ilustrada (6-6-1918).

Mas cuando realmente “volvió loco al público” fue en el género flamenco, “en lo suyo”, como unas danzas “con etiqueta del Albaicín” que interpretó acompañada a la sonanta por el maestro Javier Molina; o la Farruca torera, “bailada con un estilo de esos que no se aprenden, flamenco verdad” (19). 

Unos meses más tarde, el periodista Antonio Rodríguez de León escribió en la revista Andalucía de Córdoba una semblanza de Dora, en la que mostraba su sorpresa ante la rápida evolución experimentada por aquella niña, hasta convertirse en una figura que aunaba lo mejor de las mejores:

Dora, para bien de las ‘varietés’ y del público, surge ahora triunfante, aunando en su arte –como en una fusión ideal– el supremo arte de Amalia y de Pastora, y viene, con méritos indiscutibles, a empuñar en uno solo los dos cetros que tan lucidamente ostentan las dos sevillanísimas sevillanas.

Dorita posee la arrogancia, el empaque castizo, la firmeza de expresión bailando de la Imperio, y cantando, la gracia natural, espontánea, comunicativa, de Amalia. Posee además […] una intuición artística admirable, y así, en la complejidad de tipos que encarna, sabe darnos una sensación tal de verismo […]

Y siempre es una y es distinta” (20).

Dora la Cordobesita (Andalucía, 19-11-1919, p. 4).

Dora la Cordobesita (Andalucía, 19-11-1919, p. 4).

En esa época siguió enriqueciendo su repertorio con números como Nativa de Faraón, Contrabandista cordobesa, Gitana embustera o ¡Venga zambra!, que el público aplaudía sin cesar. En enero de 1920, el día de su beneficio en el Gran Teatro de Córdoba, para corresponder al entusiasmo del público que abarrotaba la sala, se vio “obligada a interpretar ocho o diez canciones en cada sección, ejecutando además algunos bailes” (21). Poco después, en el teatro Mora de Huelva, mostró “un perfectísimo dominio de la escena […]. Cantó muchos números con gran genialidad y delicada voz […]. Pero donde obtuvo más ruidoso éxito, fue en los números que bailó con la maestría y estilo de una verdadera estrella del arte” (22).

Unas semanas más tarde reapareció en el salón Imperial de Sevilla, que volvió a rendirse a sus pies. En su función de beneficio cantó “con sentimiento, con gracia, como las ‘grandes’”, mas “donde ‘echó el resto’” fue interpretando unos números de baile flamenco con acompañamiento de guitarra: “Bailó como lo que es: una maestra, porque Dorita, […] cuando alza los brazos para bordar un tango o una farruca, se crece, se transforma y es algo grande que maravilla y que seduce” (23).

Dora la Cordobesita en portada del diario La Mañana (25-11-1919).

Dora la Cordobesita en portada del diario La Mañana (25-11-1919).

Indiscutiblemente, ese era su sello. Dora brillaba con luz propia en el género andaluz, flamenco y gitano, que la hizo triunfar incluso en los escenarios a priori menos favorables, como el teatro Eldorado de Barcelona, en un momento en que cobró fuerza el cuplé catalán y hasta alguna artista foránea se adaptó a esa moda. De hecho, el anuncio del debut de la Cordobesita generó gran extrañeza entre los comentaristas: “¿Qué descabellada idea habrá tenido la Empresa de traer en estas circunstancias a una artista que cultive el género castizo y gitano?” Mas, de nuevo, triunfó “el arte que todo lo puede; el arte, que no se adquiere ni se compra; el arte, que, como inspiración suprema, solo favorece a los elegidos”, y Dora, “la artista genial por su gracia, por su arte, por su belleza, espléndida presentación escénica y simpatía insuperable, se [vio] diariamente aclamada” por el público catalán (24).

Notas:

(1) José Manzanares Nausa, Eco Artístico, 15-9-1917, p. 16. Para representar el número Los tres ases del toreo, Dora recibió clases del novillero cordobés Camará, lo que demuestra su afán por alcanzar la excelencia en su arte (José Manzanares Nausa, Eco Artístico, 15-10-1917, p. 3).

(2) José Manzanares Nausa, Eco Artístico, 15-10-1917, p. 3.

(3) José Manzanares Nausa, Eco Artístico, 15-9-1917, p. 16.

(4) Eco Artístico, 5-10-1917, p. 11.

(5) En el teatro Gayarre compartió cartel con Raquel Meller, a quien hizo pasar “algunas amarguras: esa Dora es mucha artista” (Eco Artístico, 5-11-1917, p. 19).

(6) El Ideal Gallego, 28-11-1917, p. 2.

(7) Bilitis, La Veu de Catalunya, 3-2-1919, p. 3. La traducción es mía.

(8) Eco Artístico, 5-2-1918, p. 16; El Faro, 10-1-1918, p. 3.

(9) V., Diario de Córdoba, 22-4-1918, p. 1.

(10) No hay que olvidar que el mundo estaba sumido en la Gran Guerra y entre sus víctimas se contaba el compositor español Enrique Granados, fallecido en 1916 cuando regresaba desde los Estados Unidos con destino a Inglaterra, al ser bombardeado el barco en el que viajaba por un submarino alemán.

(11) El Cantábrico, 22-5-1918, p. 2.

(12) El Cantábrico, 19- 5-1918, p. 2.

“Hoy, Dora posee un repertorio exclusivo bastante extenso y en él han colaborado los notables compositores señores Font, Gallot, Larruga, Montesinos, Navarro Tadeo y nuestro paisano Aurelio Pérez Cantero y las letras de sus canciones son originales de los señores Montesinos, Cavestany, Susillo, Arocena, Fernández Caireles y nuestro paisano Antonio Escamilla Rodríguez, del que posee un buen repertorio de canciones, teniendo predilección por la titulada ‘Bronca gitana’” (V., Diario de Córdoba, 22-4-1918, p. 1).

(13) El Pueblo, 12-10-1918, p. 1.

(14) Eco Artístico, 25-2-1919, p. 12.

(15) El Reformista, 5-5-1919, p. 3; Vida Manchega, 20-5-1919, p. 9.

(16) El Guadalete, 2-7-1919, p. 1.

(17) El Guadalete, 3-7-1919, p. 1; El Guadalete, 4-7-1919, p. 3.

(18) Este número, que había sido estrenado en Cádiz, fue presentado con decorado ad hoc, y con la participación de bandas de cornetas y trompetas (El Guadalete, 7-10-1919, p. 3).

(19) El Guadalete, 8-7-1919, p. 1; El Guadalete, 12-7-1919, p. 1; El Guadalete, 13-7-1919, p. 3.

Tan a gusto se sentía en la tierra del vino y el caballo, que “engañó a su padre dejando los equipajes sin facturar para obligarle más fácilmente a volver a Jerez”, y mandó a la prensa el siguiente telefonema: “Comunique mi público sostuve altercado con papá consiguiendo volver teatro Eslava sacáronme contra mi voluntad”… Una muestra más del carácter de Dora (El Guadalete, 17-7-1919, p. 3). 

Unos meses más tarde, tras deleitar al público gaditano con su sal y su donaire, dijo estas palabras al corresponsal de El Guadalete: “no se me cae de la memoria aquel púbico que en Eslava me trató tan cariñosamente, […] estoy deseando ir por allí, […] cuando vaya por allí me quedo para siempre” (R. B. V., El Guadalete, 16-11-1919, p. 1).

(20) A. Rodríguez de León, Andalucía, 19-11-1919, p. 4.

(21) La Voz, 4-1-1920, p. 2.

(22) Diario de Huelva, 6-1-1920, p. 3.

(23) Pandolfo, La Unión, 19-2-1920. Archivo ON.

(24) La Correspondencia de España, 4-5-1920, p. 12.


Custodia Romero, la Venus gitana del baile flamenco (VI)

La fidelidad de la Venus de Bronce al estilo más genuinamente andaluz permanece inquebrantable, a pesar de su colaboración con artistas radicalmente diferentes, como es el caso de la gran estrella internacional Joséphine Baker (1), con quien realiza una gira por España en el año 1930. El bailarín excéntrico Moritz, la cancionista Conchita de Leonardo, los payasos Pompoff y Thedy, los bailarines acrobáticos Lina Jack et Farbell y la orquesta Manhattan Players completan el elenco de la compañía.

Joséphine Baker, la Venus de Ébano

Joséphine Baker, la Venus de Ébano

Durante tres meses actúan en ciudades como Barcelona, Huesca, Zaragoza, Madrid, Sevilla, Oviedo, Santander, Córdoba, Granada y Burgos, en todas ellas cosechan éxitos sonados. A pesar de la fascinación que despierta la exótica estrella de importación, que se anuncia como la “Venus de Ébano”, no consigue eclipsar a la bayadera gitana, que “conoce todos los secretos de los fandanguillos, boleros y aires de tronío. […] No hay sino ver el empaque con que mueve los brazos y la actitud hierática de su figura. Es de las pocas estrellas ‘de verdad’ que aún nos quedan” (La Voz de Asturias, 29-3-1930).

En el Gran Teatro de Córdoba “cantó y bailó como sólo ella sabe hacerlo y se nos mostró la gran artista de siempre”. Incluso tuvo que “bisar varios números ante la insistencia de los aplausos que se le tributaron” (Diario de Córdoba, 24-4-1930). A decir del cronista de El Defensor de Granada (26-4-1930), que firma como Bambalina, aunque es notable el mérito de la vedette (2), poco tiene que envidiarle nuestra bailaora:

Josefina Baker triunfó completamente. Sus maravillosas danzas, prodigio de exotismo; su ritmo y colorido sorprendente […]; subyuga y encanta lo mismo en sus genuinas danzas que en sus canciones inglesas.
Mas iguales triunfos y las más calurosas y fervientes ovaciones las obtuvo también en estricta justicia la gentilísima Custodia Romero, maga de la belleza y castiza, reina insuperable de la danza. La vive a maravilla por sí sola; es figura primordialísima del cartel más exigente.
Confieso […] que no he visto a ninguna estrella del baile vivir y expresar tan a la perfección una emotiva danza […] como lo hace Custodia Romero, esa maga de la expresión y del canto…”

Carteles de Custodia Romero y Joséphine Baker en el Cine Principal de Barcelona. Foto de Gabriel Casas i Galobardes. ANC.

Carteles de Custodia Romero y Joséphine Baker en el Cine Principal de Barcelona. Foto de Gabriel Casas i Galobardes. ANC.

A finales de junio, ya desvinculada de la Venus de Ébano, “la nunca bien ponderada bailaora gitana, […] que es el alma de los zapateados y fandanguillos” (Heraldo de Zamora, 28-6-1930), conquista al público zamorano con “una preciosa farruca que se aplaudió calurosamente”. La acompaña a la guitarra el Señor Rossi (Ibídem, 30-6-1930). Durante los meses de verano participa en varios eventos celebrados en Madrid: en el beneficio del actor José Berangui y la Fiesta del Montepío de Actores, ambos en los Jardines del Retiro; y en la verbena de la Casa Central de Andalucía, que tiene lugar en el Hipódromo de la Castellana.

En septiembre se presenta en Melilla y durante la temporada de otoño se la puede ver de nuevo en la capital. Obtiene un “inmenso suceso” en el Teatro de la Latina (La Voz, 13-10-1930), ameniza con sus danzas andaluzas una fiesta celebrada en casa del escritor Agustín de Figueroa y, acompañada a la sonanta por Pepe de Badajoz, presta su concurso en un nuevo Festival del Montepío de Actores celebrado en el Teatro Español. Después es contratada por el empresario Carcellé para actuar en el Teatro Fuencarral junto a una compañía de variedades. Sus “elegantes ‘toilettes’” y su magistral interpretación de “un buen número de canciones y bailes” (La Correspondencia Militar, 3-12-1930) merecen “ovaciones cerradas” (La Voz, 2-12-1930).

Custodia Romero (Asbury Park Press, 20-4-1927).

Custodia Romero (Asbury Park Press, 20-4-1927).

Despide el año actuando en Toledo, Valladolid y en el Cabaret Lido de Madrid, donde es muy aplaudida su interpretación del pasodoble “Canta, guitarra” (Heraldo de Madrid, 25-12-1930), y en enero marcha a tierras andaluzas para actuar en varias ciudades compartiendo cartel con el humorista e imitador de estrellas Castex. Su debut en Jerez de la Frontera es un gran éxito de crítica y público:

“No exagerábamos al conceptuar en nuestro número anterior a la gentil Custodia Romero, como la aristócrata del baile flamenco, como la más feliz intérprete de plásticas y evocadoras danzas.
[…] desde su presentación en el tablado se adueñó del respetable por su arte exquisito como bailarina, por su belleza morena, por el garbo y gentileza de sus cuerpo.
Los números que ejecutó fueron modelos de ejecución, cuidando siempre de la erutmia (sic) de líneas, del ritmo de compases.
De ahí que su labor fuera tan del agrado del público” (El Guadalete, 27-1-1931).

Sus actuaciones en Sevilla, Málaga, San Fernando y El Puerto de Santa María también se cuentan por triunfos. Tras una breve presentación en el Teatro Eslava de Madrid, en abril regresa al sur para intervenir en el primero de los festivales de música y baile que se ofrecen en el Gran Teatro Falla durante la “Semana de Cádiz”, organizada por el Patronato Nacional de Turismo. El programa de la función es el siguiente:

“Sonatina, de Halffter.
La romería de los cornudos, de Pittaluga.
Danzas gitanas de Turina (estreno).
Selección del Amor Brujo, de Falla (Introducción, Danza del Miedo y Danza del Fuego).
Versiones de concierto, por la Orquesta Bética de Sevilla, dirigida por Ernesto Halffter, con danzas por Custodia Romero y el Cuadro flamenco de Manuel Real (Realito). Decorado de Burmann.
Bailes de estilo clásico andaluz por el Cuadro flamenco de Realito.
Fin de Fiesta, por Custodia Romero” (La Información, 31-3-1931) (3).

Custodia Romero (Mediterráneo, 12-5-1928).

Custodia Romero (Mediterráneo, 12-5-1928).

Con “una interpretación de calidad superior a la que es corriente en el género de variedades”, la Venus de Bronce obtiene un éxitorotundo” (ABC, 16-4-1931):

“… Con religioso silencio se escuchó esta primera parte, culminando la emoción y el interés en el Amor Brujo […], en el que intervino de manera admirable Custodia Romero. Tres veces se repitió este admirable número que se aplaudió ruidosa y fervorosamente la música y la labor de la artista gitana y del maestro Halffter.
La segunda parte fue ocupada en su totalidad por ‘La Venus de Bronce‘, que como mujer es raramente hermosa y como artista una verdadera maravilla. Fue aplaudidísima” (El Noticiero Gaditano, 9-4-1931).

Su contrato con el Patronato de Turismo también contempla la intervención en una fiesta flamenca organizada en una bodega jerezana en honor de unos turistas extranjeros que finalmente no se presentan. El cuadro está formado por varios artistas de la ciudad, como Pantoja, Juanito Jambre o Luisa Requejo, que “obsequió a la escogida clientela con unas ‘soleares’”.

Custodia Romero, ‘La Venus de bronce’, apareció en último lugar y se ofreció a la concurrencia en su ‘propia salsa’.
No fue anoche la artista exquisita que marca los compases de la orquesta con singular precisión. Fue otra. La gitana de cuerpo entero, que a los acordes de la guitarra de Javier [Molina] […] se cimbrea y contorsiona con precisión matemática, con gracia insuperable de mujer escogida para representar el clasicismo andaluz en su quintaesencia.
Y Custodia entre flamencos sobresalía como reina y señora de aquel cuadro que parecía alocado al jalearla…” (El Guadalete, 10-4-1931).

Custodia Romero en la Verbena del Montepío de Actores de 1930 (Estampa, 22-7-1930). BNE.

Custodia Romero en la Verbena del Montepío de Actores de 1930 (Estampa, 22-7-1930). BNE.

Durante la temporada de primavera-verano su presencia vuelve a ser habitual en diferentes eventos, en su mayoría benéficos, que se celebran en Madrid, como una nueva edición del festival del Montepío de Actores (4), la verbena del Círculo de Bellas Artes, o una fiesta de cante y baile flamenco que tiene lugar en la Plaza de la Armería, con la participación de Manuel Vallejo, José Cepero, Manolo de Badajoz o Pastora Imperio, entre otras figuras (La Libertad, 12-6-1931).

También es contratada para amenizar una velada íntima en honor de los toreros mexicanos Pepe Ortiz y Luis Freg, en la que, con la sonanta de José Revuelta, “la maravillosa belleza morena de Custodia Romero palpitó en una farruca y unas bulerías” (Heraldo de Madrid, 20-6-1931). Asimismo, montada a caballo, es la encargada de pedir la llave de los toriles en un festival taurino organizado en el coso de Madrid a beneficio de las hijas del banderillero Sotito, recientemente fallecido (El Imparcial, 15-7-1931).

En el mes de octubre comparte escenario con Antonio Triana, el Pena hijo y Pepe de Badajoz, entre otros artistas, en el Teatro Fuencarral de Madrid, y vuelve a conquistar al público del Kursaal de Sevilla “interpretando como ninguna el baile español, el baile gitano”. Allí estrena “varios números, entre ellos ‘Manolo Reyes’, donde Custodia logra superarse. Mientras viva la artista gitana, el arte no se ha ido” (El Noticiero Sevillano, 15-10-1931).

Poco después llega a las pantallas Isabel de Solís, reina de Granada, un filme de José Buchs hablado y cantado, que tiene como protagonistas a Custodia Romero y Ricardo Galache. Cuando se presenta en el Palacio de la Prensa de Madrid, la bailaora interpreta en la sala algunas de las danzas que aparecen en la película (Ahora, 19-11-1931).

“… Custodia Romero ha demostrado ser una actriz de gran temperamento dramático. Pero su verdadera creación, la que la ha elevado a la categoría de estrella, haciendo que, incluso, varias productoras extranjeras se fijen en ella para ofrecerla (sic) ventajosos contratos, ha sido su última película titulada ‘Isabel de Solís, reina de Granada’” (El Diluvio, 25-2-1936).

Custodia Romero a caballo (Estampa, 16-9-1930). BNE.

Custodia Romero a caballo (Estampa, 16-9-1930). BNE.


Notas:
(1) Bailarina, cantante, actriz y vedette de origen estadounidense afincada en París desde 1925. Sedujo al público europeo con sus exóticos y sensuales bailes, y su exiguo vestuario, compuesto por una falda de plátanos.
(2) También hay quien no comparte ese entusiasmo que muchos sienten por la Baker:
“… cuando el público paladeaba aún el arte bello, serio y dramático de Custodia Romero, irrumpía en la escena Josefina Baker feamente desnuda, con un cinturón de plátanos -no precisamente el de la castidad- que zangoloteaban sobre el vientre enjuto y las flácidas caderas al compás de alaridos de saxofones y rayos de tambor […]
La fama de Josefina Baker es hechura del frívolo snobismo de París; ha cundido por el haz del globo, porque ya se sabe lo que vale el espaldarazo de la ciudad magnífica, siempre ávida de novedades, la ciudad que harta de su ‘champagne’ suele catar como bueno cualquier ‘wiskey’ de contrabando, hecho con alcohol de madera” (Enrique Uhthoff, Diario de la Marina, 11-5-1930).
Guillem Díaz Plaja contrapone el arte de Custodia y Joséphine, en quienes ve, respectivamente, civilización versus primitivismo:
“Recuerdo haber visto bailar una vez, juntas en un mismo programa, a la bailarina española Custodia Romero, llamada la Venus de bronce, y la bailarina internacional Josefina Baker, denominada la Venus de ébano. Muy morenas las dos, finamente esbeltas, una profunda diferencia las separaba. El ritmo. La ancianidad del ritmo. El ritmo de los bailes de Custodia Romero es un ritmo ritual y antiguo, complicado y solemne; expresión de cien emociones sucesivas. Atormentado, morboso, solemne, difícil, trascendente. En lugar del ritmo de Josefina, alocado, superficial, ruidoso, palesador de una simple alegría fisiológica. Josefina es el Primitivismo; Custodia, la Civilización. […]
El ritmo de los bailes de Custodia Romero es un ritmo de éxtasis vital. De vida y de sueños. La arritmia de Josefina Baker es mecánica. De esfuerzo muscular. De trabajo…” (Mirador, 17-3-1932).
(3) También intervienen en la gala la soprano de cámara Ángeles Otein y el pianista José Cubiles.
(4) En el mes de mayo se celebra en el Teatro Romea el Festival del Montepío de Actores y en agosto, en los Jardines del Retiro, tiene lugar la verbena anual, que en esta ocasión es denominada “Fiesta de la Manzanilla”.


Custodia Romero, la Venus gitana del baile flamenco (II)

Desde que fijara su residencia en Sevilla, en 1921, Custodia Romero desarrolla su actividad artística fundamentalmente en Andalucía. En noviembre de ese año se la puede ver en el Gran Teatro de Córdoba, que ofrece un programa de cine y varietés, y en los primeros meses de 1922 se anuncia en el Teatro Eslava de Jerez y en la Venta de Eritaña de Sevilla.

Custodia Romero (Mundo Gráfico, 25-6-1924). BNE

Custodia Romero (Mundo Gráfico, 25-6-1924). BNE

En primavera regresa a la ciudad califal, para actuar en el Salón Ramírez, y allí cosecha un “éxito resonante” con sus bailes gitanos, a los que imprime “un bello y especial estilo” (La Voz, 7-4-1922). Tanto es así, que la empresa le amplía el contrato y el crítico del diario La Voz, que firma como Amanto, cree ver en ella una reencarnación de la enorme Pastora Imperio:

“… y anoche vimos a Pastora en el Salón Ramírez, vimos a Pastora en la figura de Custodia Romero.
Es Custodia Romero artista de corazón y de sentimiento; pone en los números que interpreta el raudal emotivo de esa alma andaluza que se asoma a unos ojos con luces de sugestión y simpatía… Y baila como cumpliendo un rito en ofrenda al dios de un arte de amor y de pasiones.
Baila Custodia y enardece y apasiona; incita al amor y al dolor, como aquella Pastora que lo mismo nos hacía llorar que reír con sus canciones y sus bailes inimitables» (La Voz, 8-4-1922).

Un mes más tarde, durante su actuación en el Teatro de Variedades de Almería junto a la troupe Los Luxenti, la jienense vuelve a recibir grandes elogios: “Custodia Romero es una de las bailarinas más interesantes que hemos visto. Un arte muy sugestivo y muy personal en una belleza muy española, muy castizamente andaluza. El público la ovacionó grandemente y la obligó a repetir sus danzas” (Diario de Almería, 13-5-1922).

Custodia Romero (La Semana Gráfica, 29-7-1922). BNE.

Custodia Romero (La Semana Gráfica, 29-7-1922). BNE.

Ese verano, su imagen sale en portada de la revista sevillana La Semana Gráfica (29-7-1922) y su nombre se anuncia en los carteles del Teatro Alfonso XIII de Melilla. Durante los últimos meses del año, Custodia regresa en varias ocasiones al Salón Ramírez de Córdoba, donde aún resuenan sus recientes triunfos. En septiembre la artista, que “sabe dar al baile todo el prestigio y la agilidad de su maestría” (La Voz, 19-9-1922), muestra también sus buenas dotes vocales en el número “’Tranvías sevillanos‘, en el cual realiza el baile acompañándose con unas canciones” (La Voz, 4-10-1922).

Tras presentarse en el Salón Imperial (1) y en el Teatro Cervantes de Sevilla, y participar en un festival a beneficio de la Hermandad de la Soledad, la bailaora despide el año en la ciudad de la Mezquita, donde despierta auténtica devoción y “al público del Salón Ramírez […] no le falta ya cuando sale ella más que arrodillarse” (La Voz, 2-1-1923). Allí recibe cada noche “un cataclismo de olés y palmas” (ibídem) y la crítica vuelve a compararla con la gran Pastora.

“La ‘cañí’ bailadora Custodia Romero sigue llenando ella sola el cartel y la sala de este salón.
Custodia es de las que ‘entran pocas’ en temporada, y de lo poco puro que en su género pisa las tablas.
Anoche hizo una ‘España clásica‘ y una ‘Farruca torera‘, ‘pa chillarle’; y cantó ‘Alfarera cartujana‘, que era una gloria de ‘sandunguera gracia’.
Custodia Romero llegará al absoluto dominio de la canción, porque tiene talento, […] pero no le haría falta más que bailar, como ya baila, para ser la primera, y más y mejor…» (La Voz, 28-12-1922).

Representación de "El Niño de Oro" (ABC, 26-10-1922). Archivo ABC.

Representación de «El Niño de Oro» en el Teatro de la Comedia de Madrid (ABC, 26-10-1922). Archivo ABC.

En mayo de 1923, la artista linarense debuta en el Teatro de la Comedia de Madrid, donde lleva meses representándose con gran éxito la comedia “El Niño de Oro”, de José María Granada. Acompañada a la guitarra por Ramón Montoya, la bailaora interviene en la zambra incluida en el segundo acto. El empresario de este coliseo, Tirso Escudero, la bautiza con el nombre artístico que la acompañará durante el resto de su carrera (2):

Custodia Romero, conocida en su tierra de Sevilla por la ‘Venus de Bronce’, es verdaderamente una escultura venusta, animada por el fuego artístico de las danzas gitanas.
Cañí de pura cepa, joven y bonita, se mueve y gira sin perder un momento […] el ritmo, la línea y la gracia que ennoblecen e idealizan la sensibilidad característica de estos bailes.
Custodia Romero es una ‘bailaora’ fina y sugestiva, a la que el público habitual de la Comedia, selecto y exigente, celebra y aplaude todas las noches” (El Imparcial, 9-5-1923).

Una vez concluida su actuación en “El Niño de Oro”, Custodia sigue cosechando éxitos en el Teatro Maravillas de Madrid, junto a un elenco de lujo, en el que destaca la cupletista Raquel Meller, otra de las grandes estrellas del género de varietés. Durante los meses de verano, la artista emprende “una magnífica ‘tournée’ por provincias, obteniendo grandes éxitos, especialmente con ‘La farruca gitana’, del maestro Boronat y Montoya” (La Correspondencia de España, 6-7-1923).

En el mes de agosto, la Venus de Bronce debuta en el Teatro Antonio Vico de Jerez, que ofrece un programa de cine y varietés. Desde el primer momento, Custodia se revela como “una bailarina de personalidad propia” (El Guadalete, 8-8-1923), a quien el público no se cansa de aplaudir. Llama especialmente la atención su interpretación del Fandanguillo de Almería.

Ramón Montoya

Ramón Montoya

Durante los once días que la bailaora permanece en cartel, van pasando por la Alameda de Fortún de Torres artistas como la cancionista Aurora Morilla, el cantaor Niño de Medina acompañado a la guitarra por Javier Molina, o el bailaor Antonio Ramírez, que ejecuta algunos números a dúo con la Venus de Bronce, “bailarina con honores de eminencia” (El Guadalete, 18-8-1923):

“Bailó primero solo, acompañado a la guitarra por el notabilísimo Javier y luego con Custodia Romero, esa chiquilla que, si como bailarina ‘bien’ es una notabilidad estupenda, en el arte de Faraón no puede ser más colosal. El éxito más franco premió la labor de esta notable pareja, a la que el público hizo repetir varios números más de arte cañí…» (El Guadalete, 14-8-1923).

La zambra gitana protagonizada por ambos, con la guitarra de Javier Molina, hace colgar el cartel de ‘No hay billetes’, ya que “difícilmente se podrá reunir en Jerez nuevamente un cuadro de artistas tan completo” (El Guadalete, 16-8-1923).

Durante el otoño de 1923, la Venus de Bronce vuelve a reencontrarse con sus admiradores cordobeses en el Salón Ramírez, donde recibe clamorosas ovaciones, sobre todo en su famoso fandanguillo. También se deja ver en la Isla de San Fernando y Sanlúcar de Barrameda; y, a su regreso a Sevilla, cautiva con su baile a Joaquín Romero Murube, que le dedica una entrega de sus “Prosarios”:

“A Custodia Romero.- Custodia. Por tu nombre sagrado y por tu danza maga, ese prosario de hoy que quisiera tener el ritmo de tus brazos, cuando los eleva el aire, como para aprehender la gracia de nuestro sol” (El Liberal de Sevilla, 18-12-1923).

Custodia Romero en el Fandanguillo de Almería (El Noticiero Sevillano, 7-11-1924). Archivo de JLON.

Custodia Romero en el Fandanguillo de Almería (El Noticiero Sevillano, 7-11-1924). Archivo de JLON.

La bailaora recibe el nuevo año en Madrid, actuando en el Teatro Maravillas junto a un nutrido elenco de variedades. En los primeros meses de 1924 también es requerida en el Teatro de la Comedia y en ciudades como Guadalajara o Albacete, y se convierte en la imagen publicitaria de productos cosméticos, como los polvos de arroz ‘Freya’ (ABC, 10-2-1924).

Asimismo, la artista se presenta en el Teatro Eldorado de Barcelona, junto a las cupletistas La Goya, Cándida Suárez y Consuelo Hidalgo, ninguna de las cuales está dispuesta a salir antes que la “étoile Custodia Romero, preciosa morucha gitana que bailando es una sabrosa mixtura de Pastora y Argentina. ¡Vaya estilo! […] porque como delante de la Custodia no van más que pendones…” (Muchas Gracias, 8-3-1924).

En marzo de 1924, la compañía de Gregorio Martínez Sierra lleva a escena en el Teatro Eslava de Madrid la comedia “Castigo de Dios”, de Muñoz Seca y Pérez Fernández. El papel protagonista corre a cargo de la gran Catalina Bárcena. También figuran en el reparto Custodia Romero y María Esparza, que, además de hacer sus pinitos como actrices, triunfan con sus “bailes gitanos, garbosos y ágiles, castizos y nerviosos, limpia y artísticamente ejecutados” (Heraldo de Madrid, 12-3-1924), con el acompañamiento de guitarra del maestro Ángel Barrios.

La obra permanece más de cien noches en cartel. Para celebrar los éxitos de Custodia, en el mes de abril se ofrece en su honor un banquete íntimo en el restaurante Los Gabrieles, al que asisten empresarios, músicos y autores.

“El homenaje se convirtió de sobremesa en típica fiesta andaluza, con el concurso de afamados cantadores y guitarristas; y la agasajada, para testimoniar su agradecimiento, correspondió a sus admiradores obsequiándoles con lo más castizo de su repertorio, de tan inconfundible sabor plástico” (El Imparcial, 6-4-1924).


NOTAS:
(1) En el Salón Imperial de Sevilla, Custodia comparte cartel con la bailarina Anita Delgado (El Noticiero Sevillano, 10-11-1922).
(2) “Cuando Custodia Romero debutó en el teatro de la Comedia de Madrid, en abril de 1923, Tirso Escudero, admirado ante el prodigio de su carne, digna de la edad heroica, la llamó con un nombre que luego había de ser el oriflama de su arte: La Venus de Bronce” (Agustín Iniesta, El Liberal de Murcia, 19-12-1925).


Peñita de Andalucía, la niña prodigio del cante jerezano (II)

En julio de 1921, Peñita de Andalucía y Pepe Crévola se unen a la Troupe Sibaritas, compuesta por cinco artistas de variedades, y juntos emprenden una nueva tournée por distintas localidades andaluzas y extremeñas, que les lleva después a Gibraltar y Marruecos. La jerezana, que es una de las atracciones del elenco, sigue recogiendo ovaciones a granel.

Isabelita Ruiz (La Esfera, 15-1-1927)

Isabelita Ruiz (La Esfera, 15-1-1927)

Unos meses más tarde, Lolita Peña debuta en la capital de España, en un beneficio ofrecido a su paisana Isabelita Ruiz en el Teatro Romea. Al día siguiente se la puede ver en el coliseo de La Latina, junto a un nutrido elenco de variedades:

“[…] En obsequio a la beneficiada tomaron parte en la función de honor de Isabelita la cancionista de aires andaluces Peñita de Andalucía acompañada a la guitarra por Pepe Crévola; el profesor Javier Molina interpretó en la guitarra, con su peculiar maestría, dos de los bailes de Isabelita Ruiz. Todos fueron aplaudidos” (La Acción, 29-4-1922).

La gira continúa por distintas ciudades del norte y el este de la Península, como Calahorra, Zaragoza, Cartagena, Elche, Alcoy, Castellón o Tortosa, entre otras:

En el mes de mayo debuta en Teatro Bretón de Logroño la Troupe Sibaritas, en la que destacan “[…] la ‘cantaora’ ‘Peñita de Andalucía’, que hace gala de buen estilo en el cante flamenco, y Pepe Crévola, el tañedor de guitarra” (La Rioja, 21-5-1922).

A finales de diciembre “son muy celebrados en el Alcázar Español, de Barcelona, la cantante de aires regionales Peñita de Andalucía y el concertista de guitarra Pepe Crévola” (Eco Artístico, 30-12-1922).

Saetas en el Norte

Durante la primavera de 1923, la joven cantaora actúa en varias localidades de la cornisa cantábrica, en las que causa sensación con sus saetas. Así anuncia su debut la prensa coruñesa:

“Una gran artista

Mañana, lunes, debut en el elegante Salón París, punto de reunión de las personas amantes del arte, de la única que sabe sentir y cantar los aires regionales, dándoles una interpretación tan real que hace que nos sintamos transportados a las regiones a que corresponden sus cantos. Es ella la bella y simpática artista ‘Peñita de Andalucía’.

El obispo de Santander solicitó y obtuvo de esta original artista que cantase en la procesión de Semana Santa las sentimentales ‘saetas sevillanas’, habiendo cumplido este encargo, según prensa de Santander que tenemos a la vista, de una manera magistral.

Peñita de Andalucía (El Correo Extremeño, 15-11-1929)

Peñita de Andalucía (El Correo Extremeño, 15-11-1929)

Si unimos a esto que en la mayoría de sus cantos es acompañada por el eminente tocador de guitarra Pepe Crévola, que también sabe sentir y hace vibrar aquel instrumento en sus manos, formando un conjunto armonioso entre la hermosa voz de la cantante y las notas que Crévola hace decir a la guitarra, como si ésta fuera de carne con madera de ‘cantaora’ y como este número no es común en los espectáculos varietés, auguramos un gran éxito a los artistas y a la empresa del Salón París” (El Orzán, 20-4-1924).

Ídolo en tierras extremeñas

Desde sus inicios en el mundo artístico, Extremadura ha sido una de las regiones más visitadas por Lolita Peña. En septiembre de 1924, la jerezana regresa a Mérida, una ciudad donde se la quiere y se la admira, y vuelve a llevarse de calle al público del Salón Cinema Moderno:

“[…] A continuación la simpática Peñita de Andalucía, queridísima de este público, que no se cansa de admirarla, luce sus encantos de mujer y sus habladoras castañuelas despiertan un murmullo de entusiasmo y la ovación es clamorosa; un nuevo número y continúa la alegría en el salón por esta repajolera gracia que la Peñita pone en todas sus canciones y que la han popularizado en todas partes.

Acompañada de su notable profesor el buen amigo Pepe Crévola y excelente guitarrista, luce su potente y bien timbrada voz y las soleares, saetas, tarantas, fandanguillos y todo lo conocido en aires regionales, más algunos modificados y perfeccionados por el aplaudido Pepe Crévola, autor de mucha parte de su programa, hacen que la Peñita sea la artista predilecta.

Su trabajo es tan ajustado, perfecto y variado, que no cansa nunca.

En Mérida es la octava vez que el público la recibe con agrado y el ama de los aplausos; aquí a nadie se aplaude tanto como a Peñita” (Correo de la Mañana, 7-9-1923).

Anuncio de Peñita de Andalucía en el Salón Mateo de Jerez

Anuncio de Peñita de Andalucía

En enero de 1925 Lolita vuelve a subirse a las tablas del Teatro López de Ayala de Badajoz, para interpretar “canciones a orquesta y a guitarra, acompañada por el notable concertista Crévola” (Correo de la Mañana, 23-1-1925). El público no escatima en aplausos y la artista se ve obligada a realizar varios bises.

Tras actuar en Lisboa durante “veinte noches consecutivas con general aplauso” (Correo de la Mañana, 11-4-1925), en el mes de mayo Peñita se presenta en el Salón de Invierno de la capital pacense. Allí estrena una nueva creación de Rui-Díaz, titulada ‘Entre dos fiestas’: un “magnífico cuplé en el que se pinta la Semana Santa en Sevilla, […] por medio de la ‘saeta’, en magnífico contraste con su feria de abril, […] por medio de unas típicas sevillanas” (Correo de la Mañana, 10-5-1925).

Unos meses más tarde, la prensa sitúa a Peñita de Andalucía, una vez más, en Mérida, aunque en esta ocasión no se encuentra trabajando, sino disfrutando de unos días de descanso en casa de su compadre Juan (Correo de la Mañana, 23-10-1925).

Nuevos éxitos, junto a Palanco y las Violetas

En la primavera de 1926, la cantaora jerezana triunfa durante varias semanas en la sala Ba-Ta-Clan de Valencia, acompañada por su fiel guitarrista. Allí le perdemos la pista, hasta que dos años más tarde la prensa vuelve a situarla en su tierra de adopción, Extremadura, junto a la compañía de variedades “Filigranas Andaluzas”, en la que también figuran el ilusionista Palanco y las hermanas Violetas, cantantes y bailarinas.

Teatro Lopez de Ayala, Badajoz

Teatro Lopez de Ayala, Badajoz

Durante los meses siguientes, esta agrupación desarrolla una intensa actividad por los pueblos y ciudades de la zona. En el elenco destaca especialmente Lolita Peña, con sus cantos regionales, sus cuplés y su cante flamenco; y, muy especialmente, sus fandanguillos, que son uno de los estilos más en boga del momento:

“[Granja de Torrehermosa] … Peñita de Andalucía, es la personificación del arte más depurado que ha desfilado en el género de varietés por este coliseo. Y lo mismo en sus cantos regionales que en lo flamenco, que en todo, la Peñita triunfa y brilla y resplandece, por sus propios méritos […]. Peñita de Andalucía es la artista digna, la artista que puede presumir de serlo, porque crea el arte y siente el arte como pocas” (Correo Extremeño, 24-5-1928).

“[Fregenal de la Sierra] … Hace lo que quiere de su voz y derrocha gracia y alegría, desde que se presenta en escena. Domina perfectamente el cante flamenco, y dentro de éste los fandanguillos” (Correo Extremeño, 12-7-1928).

“[Burguillos del Cerro] … Esta saladísima artista es la distinción en escena, y no se cansa el público de oírla cantar los famosos fandanguillos de Marchena y ‘Viva el puente de Genil’, de Vallejo.

Éxito triunfal, verdaderamente indescriptible, en todo su repertorio” (El Correo Extremeño, 8-8-1928).

Una garganta prodigiosa

Las extraordinarias facultades de Lolita le permiten interpretar con maestría la jota asturiana y brillar en estilos flamencos como la media granaína:

“[Villanueva de la Serena] … Peñita de Andalucía es una excelente artista de la canción y de los aires regionales; canta unas jotas asturianas legítimas, a pleno pulmón y con toda la dulce modulación que aquéllas exigen, y en la música andaluza o la fina ‘canzonetta’ sobresale con destacada personalidad por su arte exquisito y por las grandes facultades que le asisten. Reaparece al final de las funciones cantando flamenco, con acompañamiento de guitarra por Pepe Crévola” (El Correo Extremeño, 12-5-1929).

“[Guareña] … nos hizo aplaudirla (sic) con frenesí, y el apoteosis fue cuando cantó, acompañada de guitarra por Pepe Crévola, ‘la media granaína’ y fandanguillos de distintos estilos, que causaron delirio” (El Correo Extremeño, 12-5-1929).

Teatro Lopez de Ayala, Badajoz

Patio de butacas del Teatro Lopez de Ayala, Badajoz

“[Guareña] … El último número a cargo de Peñita, acompañada del famoso guitarrista Pepe Crévola, resultó tan de puro estilo flamenco y gustó tanto, que hubo de repetirse varias veces” (El Correo Extremeño, 15-6-1929).

Tal es el éxito de la jerezana allá por donde va, que el cronista se pregunta por qué no aspira a escenarios de mayor rango:

Peñita […] arrancó prolongados aplausos al final de cada cuplé, pues con su gracia y salero, unido a su armoniosa y bien timbrada voz (lástima no vendieran este canario, cuántos compradores había de tener en este pueblo), se hace querer del público, que la escucha con admiración y silencio. ¿Cuál es la causa de que esta genial artista no sea presentada en capitales de provincia, e incluso en la villa y corte para de seguro triunfar como su arte merece?” (El Correo Extremeño, 28-8-1928).