Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Encarnación Hurtado, la Malagueñita, bailaora universal* (I)

En la segunda mitad del siglo XIX artistas como Pepita de Oliva o Trinidad Huertas ‘la Cuenca’ brillaron con luz propia en el ámbito de la danza española y flamenca, y prestigiaron el nombre de su tierra malagueña en los escenarios de Europa y América. En los albores del siglo XX recogió el testigo de aquellas grandes figuras Encarnación Hurtado, que, bajo el nombre de la Malagueñita, cosechó abundantes laureles en los salones de variedades españoles y desarrolló una brillante carrera internacional. Este artículo reconstruye su trayectoria a partir de las noticias localizadas en la prensa histórica, prestando especial atención al contexto artístico de la época.

Encarnacion Hurtado La Malagueñita_Archivo Esplugas

Encarnacion Hurtado La Malagueñita. Colección Antonio Esplugas, Arxiu Nacional de Catalunya.

1.- Sus comienzos: Del café cantante al género de variedades. Creación de la farruca y el garrotín

Se conocen escasos datos biográficos sobre Encarnación Hurtado, que, según su propio testimonio, nació en Málaga e inició su andadura profesional en el mundo del baile a los diez años de edad (1), probablemente, en los cafés cantantes de su ciudad.

El tránsito del siglo XIX al XX coincidió con la decadencia de aquellos locales, motivada por la mala reputación que se les asociaba, y con la emergencia del género de variedades, recién importado desde Francia, que en el primer lustro de la nueva centuria vio surgir numerosos salones especializados, tanto en Madrid como en el resto de capitales españolas. Desde el principio el flamenco ocupó un lugar destacado en esos teatros, que ofrecieron nuevas opciones de desarrollo profesional a sus artistas, y especialmente a las mujeres, dado que se trataba de espectáculos dirigidos a un público eminentemente masculino.

Debido a la confluencia de intérpretes de muy diversas especialidades y procedencia geográfica, los salones de variedades constituyeron un excelente caldo de cultivo para la innovación y la fusión de géneros. En lo que respecta al baile flamenco, entre otras novedades, se impusieron estilos como la farruca y el garrotín, de los que la Malagueñita se anunciaba como creadora, si bien distintas fuentes atribuyen su autoría a Faíco.

Francisco Mendoza Ríos, Faíco. Colección Antonio Esplugas, Arxiu Nacional de Catalunya.

Francisco Mendoza Ríos, Faíco. Colección Antonio Esplugas, Arxiu Nacional de Catalunya.

En su Tratado de bailes, de 1912, afirma José Otero que ambos estilos los ejecutó por primera vez en España el bailaor trianero y sitúa su génesis en el Café de la Marina de Madrid. «Faíco bailaba bastante bien los tangos y por alegrías o juguetillos, que es lo mismo, y lo que hizo fue amoldar los movimientos de los bailes flamencos a distinta música» (2) con la ayuda del guitarrista Ramón Montoya.

A decir del maestro, el garrotín tenía un claro precedente en un antiguo baile de los gitanos de Málaga, Granada y Valencia, que tal vez sirviese de inspiración a su paisano para crear el nuevo estilo; y, según Pepe el de la Matrona (3), en el caso de la farruca, el baile surgió a partir del estudio del cante homónimo, que, recién estrenado el siglo XX, se puso muy de moda.

José Blas Vega (4) sitúa la colaboración entre Montoya y Faíco entre 1905 y 1906, época en que el sevillano llegó a la Villa y Corte acompañado de su primo Mojigongo. Según el testimonio de Otero, «resultó tan ruidoso el éxito que tuvieron el Garrotín, la Farruca y sus tangos, que al poco tiempo lo contrataron para el Edén Concert de Barcelona. […] Después ocurrió que en Barcelona hicieron esos bailes más furor que en Madrid, y no había bailarina o coupletista que no los solicitara» (5).

Una de las pioneras en la ejecución de esas danzas fue Encarnación Hurtado, a quien distintos testimonios sitúan en la Ciudad Condal en los primeros años del siglo XX compartiendo escenario con Faíco en el Café de la Giralda, sito en la Calle del Alba. Ambos formaban parte del cuadro flamenco del local, junto con Paca Romero ‘la Morita’ y Enrique de Lara.

Paca Romero, la Morita. Colección Antonio Esplugas, Axiu Nacional de Catalunya.

Paca Romero, la Morita. Colección Antonio Esplugas, Axiu Nacional de Catalunya.

«En aquel café que estaba dedicado al arte clásico, se bailaba con bata y […] daba gusto ver a la hoy señorita Encarnación, y entonces Encarna, bailar acompañada por […] Lara, los bailes más castizos de toda Andalucía». La mayor parte del público «lo formaban los gitanos de Sans y la Cruz Cubierta que se habían dividido en dos bandos, el de la Encarna y el de la Curra; Lara y Faíco eran generalmente admirados» (6).

Según otra fuente, daba gusto ver a «Faíco bailando la farruca, a la Mora trenzando seguidillas, a la Encarna bailar tientos» (7). Por tanto, es plausible pensar que tal vez en ese café, inspirándose en las danzas de Faíco, pudo crear la Malagueñita las versiones femeninas de la farruca y el garrotín, que se convirtieron en su seña de identidad y le abrieron las puertas de los salones de variedades de España y el extranjero. De hecho, del Café «de la Giralda pasó a la Gran Peña, donde dejó la bata para vestirse de torero» (8), y también en ese sentido fue pionera y creó tendencia entre las artistas de varietés.

Los testimonios más antiguos que ofrece la prensa sobre ella datan de 1906 y la sitúan en Madrid actuando en locales como el teatro de Novedades, el de la Zarzuela, el Kursaal Central o el salón Concert Actualidades, y compartiendo cartel con las primeras figuras del género de variedades, como las cupletistas Fornarina o Chelito, y las bailaoras Pastora Imperio y Antonia Mercé ‘la Argentina’.

Enrique de Lara.

Enrique de Lara.

La Malagueñita se anunciaba como «bailadora gitana de tientos y tarantas», y «creadora de los bailes gitanos La farruca y El garrotín»; y también se distinguía por su dominio de las danzas orientales (9). La crítica destacaba su buen hacer y su sensibilidad artística:

«Es la artista graciosa y esbelta, que ha sabido sorprender los secretos mágicos de la danza andaluza con toda su riqueza de cadencias y ritmos voluptuosos que la caracterizan.

En ninguno de sus movimientos hay asomos de obscenidad ni de mal gusto. Por el contrario, respira su meritísima labor en todos momentos un arte y una delicadeza, que hacen de la simpática bailadora la típica cultivadora del clásico baile gitano» (10).

Asimismo, durante la primavera de 1906 viajó a Lisboa para trabajar en el teatro de Doña Amelia junto a una compañía de zarzuela cómica española en cuyo cuerpo de baile también figuraban la Tarifeña, la Trianita y las hermanas Esmeraldas; y en el mes de octubre debutó en el teatro Circo Barcelonés de la Ciudad Condal (11). En 1907 se anunció en el Kursaal madrileño, en el teatro de Verano de Alicante y en el salón Novedades de Valencia (12). La prensa alicantina elogió su flexibilidad y sus «graciosas genialidades» (13).

Encarnacion Hurtado, la Malagueñita. Colección Antonio Esplugas, Arxiu Nacional de Catalunya.

Encarnación Hurtado, la Malagueñita. Colección Antonio Esplugas, Arxiu Nacional de Catalunya.

2.- Primera gira americana

En el otoño de 1907 Encarnación Hurtado emprendió una tournée por América que se prolongó durante tres años y le reportó grandes triunfos en varios países. Tras una etapa inicial transcurrida en Buenos Aires (14), en los primeros días del año 1908 recaló en La Habana y debutó en el teatro Payret, que ofrecía tres tandas de proyecciones cinematográficas culminadas con números de varietés.

Su llegada causó gran expectación, ya que se trataba de una «bailarina de gran cartel […] considerada al igual que la Imperio» (15), y Encarnación no defraudó. Se presentó vestida con un ceñido traje de hombre que realzaba su elegante figura y en seguida se captó el favor del público:

«Porque la Malagueñita es una bailarina fina, buena, en la que no hay contorsiones exageradas, sensuales, en la que nada despierta una idea depravada […]. Y triunfó por su elegancia, por su cara, por su gracia, y sobre todo, por su baile» (16).

De hecho, se convirtió en la artista «más atrayente, valiosa y aplaudida» de las variedades de Payret (17). Tras un mes y medio de triunfos en ese coliseo, actuó durante varias semanas en la sala Rosas y en junio debutó en el teatro Albisu. Por su elegancia, buen gusto y sentido del compás, la prensa habanera la colmó de elogios, algunos de ellos sumamente poéticos: «Es chiquitina, menudita, pero esbelta como un junco, ligera como una cervatilla y graciosa como la sonrisa de un niño», y «hace esculturas al minuto con su propia carne». Bailando el tango, Encarnación «no se deja echar la zancadilla por nadie»; no en vano se ganó el título de «reina de Albisu» (18).

Encarnación Hurtado, la Malagueñita. Arte y Letras, 20-9-1908.

Encarnación Hurtado, la Malagueñita. Arte y Letras, 20-9-1908.

Notas:

(*) Artículo publicado en el monográfico Arte flamenco en la provincia de Málaga, de la revista Jábega, nº 114.

(1) LIDDELL, Scott, «La Malagueñita», en Cosmopolitan. Julio de 1912, pp. 269-270. Dado que, a partir de 1906, el nombre de Encarnación Hurtado aparece con cierta regularidad en la cartelera madrileña, es lógico pensar que debió de nacer entre las últimas dos décadas del siglo XIX.

(2) OTERO ARANDA, José, Tratado de bailes. Sevilla, 1912. Asociación Manuel Pareja-Obregón: Madrid, 1987, p. 221.

(3) ORTIZ NUEVO, José Luis, Pepe el de la Matrona. Recuerdos de un cantaor sevillano. Demófilo: Madrid, 1975, p. 217.

(4) BLAS VEGA, José, Los cafés cantantes de Madrid (1846-1936). Guillermo Blázquez: Madrid, 2006, p. 259.

(5) OTERO ARANDA, José, op. cit., p. 221.

(6) ARTURO, «De la vida alegre», en Papitu. Barcelona, 29 de noviembre de 1911, p. 876. La traducción es mía.

(7) JANICO, «Elogi d’una ballarina y teoría sobre la progressiva decadencia de varies coses belles, interessants y pintoresques», en Papitu. Barcelona, 4 de agosto de 1909, p. 582. Traducción mía.

(8) ARTURO, op. cit., p. 221.

(9) Heraldo de Madrid, «Novedades». Madrid, 1 de enero de 1906, p. 7; GIL BLAS, «Zarzuela. La nueva temporada», en La Correspondencia de España. Madrid, 30 de marzo de 1906, p. 3; Heraldo de Madrid, «Salón Concert Actualidades». Madrid, 29 de junio de 1906, p. 4; La Correspondencia de España, «Novedades». Madrid, 26 de febrero de 1906, p. 3.

(10) Heraldo de Madrid, «Salón Concert Actualidades». Madrid, 15 de julio de 1906, p. 3.

(11) Heraldo de Madrid, «A Lisboa». Madrid, 13 de abril de 1906, p. 3; La Vanguardia, «Teatro Circo Barcelonés». Barcelona, 12 de octubre de 1906, p. 9.

(12) La Época, «Diversiones públicas». Madrid, 1 de abril de 1907, p. 3; La Correspondencia de Alicante, «Teatro Verano». Alicante, 20 de mayo de 1907, p. 3. El Pueblo, «Espectáculos». Valencia, 27 de junio de 1907, p. 2.

(13) El Graduador, «Teatro de Verano». Alicante, 5 de junio de 1907, p. 2.

(14) El Diario de la Marina de La Habana la anuncia como «triunfadora en los teatros de Madrid, Barcelona, París, Lisboa, Buenos Aires, etc.» (Diario de la Marina, «Payret». La Habana, 2 de enero de 1908, p. 6). No obstante, dada la escasez de prensa histórica argentina disponible en línea, ha sido imposible encontrar referencias que permitan documentar esa primera etapa de su gira transoceánica.

(15) Diario de la Marina, ibidem.

(16) Diario de la Marina, «Por los teatros». La Habana, 7 de enero de 1908, p. 12.

(17) El Arte del Teatro, s. t. La Habana, 12 de enero de 1908, s. p.; referencia localizada por José Luis Ortiz Nuevo y citada en NAVARRO, José Luis, «La Malagueñita en La Habana», en El Eco de la Memoria, 2010.
(18) Diario de la Marina, «Albisu». La Habana, 9 de junio de 1908, ed. tarde, p. 6; El Mundo, s. t. La Habana, 9 de junio de 1908, s. p., en NAVARRO, José Luis, op. cit.; El Mundo, s. t. La Habana, 10 de junio de 1908, s. p., en NAVARRO, José Luis, op. cit.; Diario de la Marina, «En los teatros». La Habana, 15 de junio de 1908, p. 6.


Sarita Heredia, tocaora gitana y artista universal (II)

En la primera mitad de los años cincuenta Sarita Heredia pasó una larga temporada en España, donde tuvo ocasión de compartir escena y vivencias con algunos de los artistas flamencos de mayor renombre, además de vivir y trabajar en una cueva del Sacromonte granadino. En la ya mencionada entrevista con Nilo Margoni, ofreció un interesante testimonio sobre esa etapa de su vida:

Sarita Heredia (Jaleo, mayo 1981).

Sarita Heredia (Jaleo, mayo 1981).

Nilo: ¿En qué condiciones trabajabas en España?
Sarita: En España trabajé como solista con artistas muy diferentes. […] Nos contrataban como grupo, pero después cada uno de nosotros hacía sus cosas.

Nilo: ¿Tienes algún artista favorito con el que hayas tenido el privilegio de trabajar?
Sarita: Bien, hay muchos. Pero los que me vienen ahora mismo a la mente son Faíco, Porrinas, el Gallina, Pastora Imperio, la Niña de los Peines, Vicente Escudero, Carmen Sevilla y el Chaqueta. Lo fascinante para mí fue que mi padre me habló de la mayoría de estos artistas cuando yo era niña, ¡y luego trabajar con la misma gente de la que mi padre hablaba tan bien fue fabuloso!

Nilo: ¿Podrías contar alguna experiencia que hayas tenido con esos artistas mientras vivías en España?
Sarita: […] había un club privado en Madrid llamado ‘La Concha’. Estaba situado en una especie de sótano. Todos los gitanos iban allí después de actuar. Bien, una noche entró el famoso cantaor Farina. […] cantó una siguiriya. Después de terminar, me vio y dijo: ‘Toque, Sara, toque tarantas’. En esa época, yo era muy conocida por mis tarantas. Los gitanos me llamaban ‘La Niña de las Tarantas’. Bien, lo recuerdo como una película. El lugar estaba abarrotado. Había gente de pie en las escaleras. Justo cuando iba a empezar, el famoso cantaor Porrinas entró y gritó: ‘Callarse, Sara va a tocar’. Me inspiré mucho. Cuando terminé, el local se volvió loco. Fue muy increíble para mí.

Sarita Heredia (The Thunderbird, 25-10-1983).

Sarita Heredia (The Thunderbird, 25-10-1983).

Nilo: ¿Conociste a Vicente Escudero?
Sarita: Oh, sí. Me adora. Lo conozco desde que tenía cuatro años. Era amigo íntimo de mi marido. Cuando trabajábamos en Barcelona, lo veíamos todos los días. Salíamos juntos por la noche y hablábamos de todos los artistas famosos, a veces hasta las seis de la mañana. Además, sucedió algo realmente increíble. Cuando yo era una niña pequeña, mi padre me habló sobre una artista muy famosa llamada Pastora Imperio que tenía ojos verdes y era muy guapa. […] Cuando estaba en España, me la encontré y quería que fuese de gira con ella.

Nilo: ¿Y qué me dices de Estampío?
Sarita: Estampío era un hombre extraordinario. Siempre me defendía. Quería que me quedase en España. Creía que yo tenía un talento muy especial” (15).

De Estampío aprendió Sarita el famoso Zapateado de las campanas, que grabó en su disco Flamenco Fire!, de 1959. Tanto el bailaor jerezano como el guitarrista Andrés Segovia le expresaron gran admiración:

“En España, realmente no tuve ningún problema. Los gitanos me aceptaron sin prejuicios. Estaban muy orgullosos de mí, siendo gitana. Una vez tras mi actuación en Villa Rosa en Madrid, ¡Estampío se puso de pie y anunció que yo tocaba más gitano que ningún hombre o mujer de esta época! Una vez toqué toda la noche para Andrés Segovia. Estaba boquiabierto. Después dijo que hacía mucho tiempo que no escuchaba algo tan auténtico y tan gitano” (16).

Familia Heredia (Archivo René Heredia).

Familia Heredia (Archivo René Heredia).

La prensa española permite documentar algunas de las actuaciones de Sarita en España. En el mes de junio de 1953 se anunció junto a su marido en el jardín-restaurante Antón de Madrid, situado frente a la estación del Norte. Además de la “notable pareja de baile español Sara y Caro”, formaban parte del programa la bailarina Isa Mar, los telépatas Kary Mayer y Mery Dugan, los acróbatas cómicos alemanes Jets-Will, orquesta Titán y Pepe Mir, las vocalistas Elena Guerra y Rosa Mora, y el cantor Laure Vera (17).

En agosto del mismo año trabajaron durante una semana en la Sala de Fiestas de Burgos, compartiendo cartel con la vocalista Ofelia de Fez, las bailarinas Encarnita Llaguno, Amparito Bauset y Mari Flor ‘La Bodori’ con su guitarrista Paco Moreno, la animadora Angelines Velázquez, la tonadillera Leito Soler y la orquesta Rex. Sarita ejecutó números de baile formando pareja con Caro y deleitó a la concurrencia con su toque en solitario (18).

En diciembre de 1954 pasó dos semanas en la sala de fiestas Conga de Madrid, junto a un elenco compuesto por atracciones como Ivonne Crisol, Rosalía Merino, Mari Tere Sepúlveda, las orquestas Ávalos y Vázquez de Andrés (19). Unos meses más tarde regresó a los Estados Unidos y se incorporó al grupo Familia Heredia, compuesto por su hermano René, alias ‘el Niño’, y sus hermanas Carmen, Zoraida y Fátima.

Familia Heredia (Archivo René Heredia).

Familia Heredia (Archivo René Heredia).

Durante el mes de septiembre de 1955 trabajaron en el distrito La Jolla, de la ciudad de San Diego (California) (20), y en diciembre se anunciaron en el Auditorium de Long Beach (California), en un programa presentado por el empresario de Hollywood Ray Bowman. La publicidad del espectáculo usaba como reclamo el origen granadino de los artistas y hacía hincapié en la figura de “Sarita Heredia, primera guitarrista-bailaora”, que “ha vuelto a unirse a la familia recientemente y llega directa desde España, donde ha actuado […] como bailaora y guitarra solista con artistas españoles tan famosos internacionalmente como Lola Flores, ‘El Pili’, y Rafael ‘El Gallina’” (21).

A sus dieciséis años, René era anunciado como un “virtuoso de la guitarra flamenca”; la pequeña Carmen, de solo doce, como “una bailaora en ciernes”; y Fátima y Zoraida, como “bailaoras y coreógrafas gitanas” que, junto con Sarita, destacaban por su “complejo juego de pies, palmas y chasquidos de dedos como los que solo realizan las bailaoras gitanas de España”. Completaba el plantel el concertista de piano israelí Ami Aloni.

El siete de abril de 1956 Sarita Heredia, “la sensación del flamenco de España”, participó en el IX Festival Internacional de Danzas Folclóricas, celebrado en el Philharmonic Auditorium de Los Ángeles, donde coincidió con figuras como Archie Savage y su Ballet Jazz o Price Onaga & Princess Muana (bailes Watussi de África) (22).

El once de mayo de ese mismo año la Familia Heredia se presentó en el Wilshire Ebell Auditorium de Los Ángeles. En el grupo también figuraba, como guitarrista, Enrique Heredia y el toque de piano corría a cargo de Julen Musafia, que interpretó piezas de Albéniz, Turina y Granados, además de los tres preludios de Gershwin y el Danzón cubano de Copland.

Sarita Heredia y sus hermanas (Archivo René Heredia).

Sarita Heredia y sus hermanas (Archivo René Heredia).

La crítica calificó el espectáculo de temperamental y pleno de emoción, y elogió el buen hacer de los artistas, especialmente de Sarita:

“… hubo ocasión de admirar la destreza digital de René ‘El Niño’ y Enrique, guitarristas, y de Sarita, que actuó como solista.

Pero por muy admirable que sea la habilidad de Sarita con la guitarra, no es nada comparada con su forma de bailar. Es una bola de fuego en acción, con un temperamento volcánico y un aspecto que recuerda al de la actriz italiana Ana Magnani.

Cuando toma la batuta saltan chispas, al igual que las rosas ornamentales de su pelo y cualquier otra cosa que no se haya sujetado con seguridad, incluido el peinado. […]

Publicidad del espectáculo Fiesta Flamenca, de la Familia Heredia (Santa Barbara News Press, 17-6-1956.

Publicidad del espectáculo Fiesta Flamenca, de la Familia Heredia (Santa Barbara News Press, 17-6-1956.

Sus compañeras, Fátima, Zoraida y Carmen, son bailoras consumadas en un grado menos espectacular, pero se defienden muy bien en todas las suertes que acompañan al baile español, como castañuelas, chasquido de dedos y zapateado. […]

El vestuario fue siempre colorido y agradable, y el numeroso público se mostró agradecido y entusiasta en cada minuto del espectáculo” (23).

Sarita, que ha sido aclamada por el gran Segovia como la mejor guitarrista femenina, pone sentimiento en todo lo que hace. Su guitarra tiene un ritmo rotundo y su baile tiene destellos de fuego. Zoraida tiene un juego de pies soberbio. Y los demás lo hacen muy bien. Julien Musafi acompaña bien al piano.

Todos se apoyan bastante en el ademán gestual y en algunos momentos se desestabilizan un poco, pero tienen un gran sentimiento. Sus chasquidos de dedos, su trabajo con las castañuelas y sus palmas son insuperables” (24).

Notas:

(15) Margoni, Nilo (mayo de 1981), “Sarita Heredia”, en Jaleo, newsletter of the Flamenco Association of San Diego, vol. IV, nº 9. La traducción de todos los textos extranjeros es mía.

(16) Ibidem.

(17) Hoja Oficial del Lunes, 1-6-1953.

(18) Diario de Burgos, 16-8-1953.

(19) ABC, 4-12-1954.

(20) La Jolla Light and La Jolla Journal, 22-9-1955.

(21) Long Beach Press Telegram, 27-11-1955.

(22) California Eagle, 29-3-1956.

(23) The Los Angeles Times, 12-5-1956.

(24) Wylie Williams, Citizen News, 12-5-1956.


Su majestad, Pastora Imperio (VII): Primer viaje a Argentina

Una vez concluida su temporada en el San Martín de Buenos Aires, el 5 de noviembre de 1915 Pastora Imperio debutó en el Teatro Solís de Montevideo junto a buena parte del elenco con el que había trabajado en la capital argentina: la compañía de comedias de Miguel Ligero, Les Chimenti y Los Perezoff’s. Ante una sala abarrotada, interpretó algunos de sus números más conocidos, como el pasacalle Viva Madrid, el garrotín El alcázar, las canciones La Chamberilera y El dale dale, la Danza gitana y el Garrotín grotesco con acompañamiento de guitarra (1). La estupefacción inicial del auditorio al escucharla cantar se trocó en entusiasmo cuando abordó su faceta de danzarina:

“Al principio […] se insinuó un gesto de sorpresa en la sala. La Imperio, tonadillera, no respondía a la fama que, como tal, goza en toda España. La voz es escasa y desigual, el estilo incoloro y la expresión rara, de mujer que, más que canta, dice. Pero surgió la ‘bailaora’ de cuerpo esbelto, de movimientos cálidos, de actitudes extraordinarias y en el público se notó el asombro y convirtiose en placer, y el placer en admiración. Triunfó de inmediato la Imperio, y a una impresión de la sala entusiasmada, sucedió otra, y luego otra, más intensa, más nutrida, más espontánea” (2).

Pastora Imperio, vista por Columba (La Nota, 11-9-1915).

Pastora Imperio, vista por Columba (La Nota, Buenos Aires, 11-9-1915).

Sin embargo, esa euforia pronto se vino abajo y el público le “hizo el vacío”, decepcionado por una artista que no ofrecía “nada nuevo ni extraordinario” (3). Frustrada por su fracaso, en un acto de “conciencia artística maravilloso” y previa indemnización a la empresa Rey Lozada, la Imperio decidió rescindir su contrato y emprender una nueva aventura por cuenta propia (4). Se constituyó en empresaria y formó una troupe integrada por su hermano Víctor Rojas –como guitarrista y director artístico–, la pareja Faíco-Morita, y una compañía de comedias y zarzuelas encabezada por Elías Herrero y José Pérez Soriano.

La prensa bonaerense se hizo eco de todo tipo de rumores, no siempre bien intencionados. Se ensañó especialmente con ella el diario Crítica, que la rebautizó como doña Pastora República de Andorras, por considerar que “su Imperio había sido derrocado, quedando reducido a una ‘república’ de menor cuantía, una república de Andorra, lo más insignificante en esta clase de estados” (5). También publicó comentarios despectivos referidos a su hermano “Virto” y a su “tribu”.

Ajena al revuelo mediático, el 17 de noviembre la Imperio debutó en Rosario, en un Teatro Olimpodesbordante de público”. A decir de la crítica, lo mejor fue la danza gitana, que interpretó con su excepcional temperamento, y en la que “reveló […] la tradición de su arte y llegó al alma del espectador. […] fue un himno de pasiones violentas, porque hasta sus silencios despedían fuerza y comunicaban tragedia” (6).

Pastora Imperio en Chile, junto al periodista Muño Gustioz y un amigo (La Unión Ilustrada, 2-3-1916).

Pastora Imperio en Chile, junto al periodista Muño Gustioz y un amigo (La Unión Ilustrada, 2-3-1916).

Aunque estaba prevista su despedida para el día veintidós, “dado el gran éxito obtenido por la notable bailarina y tonadillera”, su estancia se prolongó dos días más y en su última función dio a conocer el primer cuadro de El amor brujo, que mereció “entusiastas aplausos” (7). Después viajó a Córdoba (8) y en el mes de diciembre llegó a Chile, donde recibió el nuevo año y actuó, entre otros lugares, en el Teatro Victoria de la capital (9).

De regreso a Argentina, a finales de enero de 1916 emprendió un nuevo periplo que la llevó a ciudades como San Juan o Río IV, para debutar el diez de febrero en el Teatro de la Ópera de Rosario ante una “numerosa y selecta concurrencia”. Triunfó durante cuatro noches, interpretando sus bailes “con esa magia admirable que encanta y seduce al público” (10). A continuación actuó en el Teatro Olimpo de La Plata y en el Odeón de Mar del Plata (11), para regresar después a Santiago de Chile y presentarse en el Teatro de la Comedia. Allí la entrevistó Muño Gustioz, quien sacó la conclusión de que no se sentía del todo bien en aquel país:

“… deduzco de (sic) que no está a gusto en esta ciudad […]: ‘no es que esté completamente a disgusto, soy una enamorada de conocer el mundo y esta era una de las pocas partes que me quedaba que ver, lo que así es que no rima con mi carácter, esa frialdad que he notado en el público y en la prensa, por lo que no debe extrañarle que recuerde con ansias mi Sevilla’” (12).

Pastora Imperio, en portada de la revista Mundo Argentino (19-4-1916).

Pastora Imperio, en portada de la revista Mundo Argentino (19-4-1916).

En el mes de marzo regresó a Buenos Aires y el día dieciséis debutó en el Teatro Coliseo junto a Víctor Rojas y la compañía de zarzuelas de Elías Herrero, con un programa compuesto por la opereta de Moyrón y Luna Los cadetes de la reina, la revista de Perrín y Palacios La tierra del sol, y los bailes de Pastora acompañada a la guitarra por su hermano (13). Faíco y la Morita, a pesar de estar anunciados, no se presentaron. La crítica consideró que el espectáculo no estaba a la altura de una sala de tal categoría y “el público se abstuvo de concurrir” (14), por lo que el dos de abril se puso fin a una temporada “desastrosa” (15) y no exenta de problemas, como el escándalo protagonizado por María Benítez en el vestíbulo del teatro:

“– La consorte de uno de la compañía, ¿sabe?… ese compositor de guitarras y hermano legítimo de doña Pastora Imperio, Rojas y República de Andorras detuvo al salir del teatro a una aplaudida tonadillera que aquí es la que ha puesto al mingo y corta el bacalao.
– ¡Oiga osté!… Con que es osté la que va a mandar silbar a Pastora cuando baile.
– No sea usté pelma salga de ahí!
– Que le vaya sacar los…
Y la gitana pretendió sacar de la liga una navaja para agredir a la festejada tonadillera.
Ni hubo caso se lo impidió el tío del coro, pero la señora de la agresión no estaba satisfecha y se fue sobre su adversaria rompiéndole las pieles” (16).

Lejos de arredrarse por el fracaso del Coliseo, el tres de abril la troupe se presentó en el Teatro San Martín, donde fue mucho mejor recibida. Allí actuó durante casi un mes y ofreció más de un centenar de representaciones, en las que Pastora, además de ejecutar sus habituales danzas, bailó el tango argentino formando pareja con su hermano Víctor, llevó a escena la Zambra gitana e intervino en distintas zarzuelas: en Alma de Dios, de Serrano y Arniches-García Álvarez, bailó la farruca y en Enseñanza libre, de Gerónimo Giménez y Perrín-Palacios, interpretó el papel de Pura y el Tango del Morrongo (17).

Pastora Imperio.

Pastora Imperio.

En ese tiempo su empresario, Carlos Vasini, realizó un viaje a Río de Janeiro en busca de teatros donde presentarla, mas sus gestiones resultaron infructuosas (18), por lo que finalmente la artista decidió poner fin a su gira. El treinta de abril se despidió del público del San Martín y dos días más tarde embarcó en el Infanta Isabel de Borbón con destino a España. Como único equipaje llevaba una maleta de mano y dos baúles pequeños. Además de su madre, su hermano y su cuñada, la acompañaban un loro y un perro lanudo que había comprado el día anterior (19).

De vuelta a España

El 18 de mayo la Imperio arribó al puerto de Cádiz. Según algunas crónicas, afirmaba haber tenido “un éxito enorme en la Argentina y Chile, cosechando muchos triunfos y considerables recaudaciones” (20). Unos días más tarde viajó a Madrid, donde se la pudo ver entre el público del Teatro Real en una representación de los Ballets Rusos (21) y en una fiesta ofrecida en el palacio de la infanta Isabel de Borbón a la que asistió buena parte de la familia real.

Acompañada por el sexteto del maestro Yust interpretó la tonadilla Tirana de Cándido Larruga, el garrotín El Alcázar, el pasodoble ¡Viva Madrid! y la canción madrileña Chulapa soy. Con la guitarra de Víctor Rojas bailó alegrías, el Garrotín grotesco y la Danza gitana; y, acompañada al piano por el maestro Falla, ejecutó la Danza del fin del día de El amor brujo, que constituyó el mayor éxito de la velada (22).

En el mes de julio Pastora se reencontró con el público español, que la esperaba con los brazos abiertos. Pasó el verano entre el Teatro Eslava de Valencia, el Teatro de Verano de Alicante y el Novedades de Barcelona, y en todos ellos cosechó grandes éxitos con un repertorio que incluía algunos estrenos y una selección de sus números más conocidos, como Soy castañera, El dale dale o la Danza gitana (23). Entre las novedades cabe señalar el pasodoble Pastora ha vuelto –inspirado en su reciente gira americana–, las canciones Claveles Sevillanos y La marquesa y el chispero –que “interpretó colosalmente, ataviada con hermoso traje de maja” – o el tango argentino, que bailó con su hermano Víctor (24).

Pastora Imperio (Fray Mocho, 3-9-1915).

Pastora Imperio (Fray Mocho, 3-9-1915).

Aunque hubo quien le recomendó cultivar exclusivamente su faceta coreográfica, porque “es la primera bailadora española; pero una cupletera vulgar” (25), la crítica destacó de manera unánime el incontestable triunfo de Pastora, cuyo “brillo es tan intenso que no hay astro que lo eclipse” (26). Resplandeció de manera especial en su Danza gitana, en la que hizo serpentear su cuerpo escultural “envuelto en un ropaje verde y oro bellísimo” (27). “Su actitud, su gesto, aquellas inverosímiles contorsiones de una belleza prodigiosa, aquel portento de estética, de plasticidad y de gracia, hacen de la gentil gitanaza una artista excepcional” (28).

Joaquín Pena la definió como una figura “sui géneris” y ensalzó sus cualidades distintivas: personalidad, temperamento, arte innato, fuerza expresiva, y trabajo siempre serio y distinguido. Entre sus “pocas tachas” señaló su escasa voz, que compensaba con mucha alma, y dedicó grandes alabanzas a su danza, que “se hace admirar como una cosa académica, casi […] clásica”. A este respecto, se permitió darle un consejo:

“… que no prescinda del pequeño tablado sobre la escena en el que danzaba otras veces; el vacío que se forma entre esa tabla y las del escenario es una magnífica caja armónica que produce el mejor efecto musical al permitirnos percibir los más leves detalles del delicioso ritmo producido por su taconeo, arte en que es maestra insuperable, y que se aviene a maravilla con el dulce tañido de la guitarra” (29).

La noche de su beneficio en el Novedades de Barcelona la Imperio volvió a innovar, al encarnar el papel de Susana en el sainete lírico en prosa La verbena de la Paloma, de Ricardo de la Vega y Tomás Bretón, que fue llevado a escena por la compañía del Teatro Tívoli (30). Y “Pastora no defraudó […]. Puso en su cometido toda su pasión, todo su dominio de la escena, todo su arte y voluntad” (31).

Caricatura de Pastora Imperio (La Esquella de la Torratxa, 18-8-1916).

Caricatura de Pastora Imperio (La Esquella de la Torratxa, 18-8-1916).

No obstante, a decir de Joaquín Pena, “no debiera perder el tiempo” en ese tipo de números que están “al alcance de cualquier tiple de zarzuela”, cuando posee “un arte arte propio y exclusivo en el que triunfa como reina absoluta y en el que nadie ha de poder igualarla”. En ello esa noche “se superó a sí misma”, pues también ofreció “toda la flor y nata de su repertorio de cantos y danzas […] acertadamente escogidos y combinados. […] Me encanta y me seduce esa perfección del arte típico, personal e inmutable de Pastora Imperio” (32).

Notas:

(1) El Siglo, 6-11-1915.

(2) Crítica, 8-11-1915.

(3) Crítica, 11-11-1915.

(4) El Siglo, 11-11-1915. Según esa misma fuente, la penalización por incumplimiento de contrato ascendía a unos cuatro mil pesos oro. Sin embargo, también hubo quien afirmó que no se trataba de una penalización, sino de la “devolución de un préstamo particular que se le hizo, para que aprovechase la oportunidad de comprar como pichincha unos brillantes que le habían ofrecido”; y quien valoraba esa deuda en catorce mil francos (Crítica, 15-10-1915).

(5) Crítica, 13-11-1915.

(6) La Reacción, 18-11-1915. Aunque, según la prensa rosarina, Pastora conquistó “noche a noche grandes triunfos” (ibidem, 20-11-1915), a decir del diario Crítica (19-11-1915) de Buenos Aires, el público se sintió defraudado porque esperaba disfrutar más de su faceta de bailaora y menos de la de cupletista.

(7) La Reacción, 24-11-1915.

(8) La Reacción, 25-11-1915.

(9) Crítica, 2-2-1916. Según declaró la artista a su regreso a España, también estuvo en Valparaíso y Viña del Mar (Entrevista de Emilio G. de Bustillo, El Noticiero Sevillano, 14-8-1916).

(10) Crítica, 29-1-1916; La Reacción, 11-2-1916.

(11) Crítica, 17-2-1916; 24-2-1916.

(12) La Unión Ilustrada, 2-3-1916.

(13) Crítica, 16-3-1916.

(14) Crítica, 17-3-1916.

(15) Crítica, 1-4-1916.

(16) Crítica, 29-3-1916.

(17) Crítica, 11-4-1916; 17-4-1916; 19-4-1916.

(18) Crítica, 28-4-1916.

(19) Crítica, 2-5-1916.

(20) La Correspondencia de España, 19-5-1916.

(21) La Correspondencia de España, 1-6-1916.

(22) La Época, 14-6-1916.

(23) Las Provincias, 21-7-1916; Diario de Alicante, 3-8-1916.

(24) Diario de Valencia, 8-7-1916; La Correspondencia de Valencia, 20-7-1916.

(25) El Pueblo, 12-7-1916. También en esa línea, Mario Aguilar se preguntaba: “Señor, Señor, ¿por qué anhelar la fama de una cupletista, llevando desde los pies a los hombros toda la gloria del baile español?” (El Imparcial, 18-8-1916).

(26) El Pueblo, 28-7-1916.

(27) Diario de Alicante, 3-8-1916.

(28) El Liberal, Murcia, 4-8-1916.

(29) Joaquín Pena, La Publicidad, 10-8-1916.

(30) La Veu de Catalunya, 19-8-1916.

(31) El Diluvio, 23-8-1916.

(32) Joaquín Pena, La Publicidad, 23-8-1916.


Su majestad, Pastora Imperio (VI): primer viaje a Argentina

Desde su estreno, El amor brujo solo permaneció veinticinco días en la cartelera del Teatro Lara de Madrid. En esas semanas siguió cosechando alabanzas y críticas, algunas realmente duras, como la del diario El Noroeste, que dedicó estas palabras a su protagonista: “Pastora Imperio no es más que una bailarina; […] trata de invadir terrenos que le están absolutamente vedados. […] Canta como un sereno, […] Cantando, está mal, pero actuando […] está matadora” (1). En el polo opuesto, el periódico La Rioja ensalzó la labor de quien era considerada la número uno en el arte de Terpsícore:

“La Imperio ha crecido, se ha elevado […] Y hay muchos, muchísimos que la ven veinte, veinte y cinco y treinta veces y no se cansan. […]

… La Imperio no es una coupletista. Dice mejor que todas y es mu de su tierra; pero lo personalísimo suyo es el baile. En esto se ha quedado sola. […]

Todos los artistas del buril y de la paleta van a verla para estudiar la línea y el movimiento, como si se tratase de la obra más perfecta de Phidias. […]

He averiguado dónde están los brazos de la Venus de Milo. Son los de la Pastora” (2).

Pastora Imperio, Gregorio Martínez Sierra y Manuel de Falla en el banquete celebrado en Parisiana para celebrar el éxito de El amor brujo (ABC, 2-5-1915).

Pastora Imperio, Gregorio Martínez Sierra y Manuel de Falla en el banquete celebrado en Parisiana para celebrar el éxito de El amor brujo (ABC, 2-5-1915).

A pesar de todo, el 1 de mayo se organizó en Parisiana un almuerzo íntimo para celebrar el éxito de la obra y el día 7 la artista protagonizó en Lara su función de beneficio, en la que recibió numerosas muestras de cariño del público (3). Tras un breve periodo de descanso debido a una indisposición, el 16 de mayo debutó en el Teatro Eslava de la ciudad del Turia, alternando con la Goyita, y el 19 representó por primera vez El amor brujo ante el público valenciano.

Si los cuplés y las danzas de su repertorio habitual, así como los decorados y los trajes con los que los presentó, tuvieron una excelente acogida, no puede decirse lo mismo de la obra de Falla, que fue recibida “con marcadas muestras de desagrado, tanto que hasta diez minutos después de terminada la representación duró la protesta, y aun en la calle continuaban los comentarios de censura” (4).

Una parte de la crítica coincidió en señalar la decepción del auditorio, que, acostumbrado al tipo de números que solían exhibirse en los salones de variedades, no esperaba un espectáculo tan fino y delicado, sino bastante más grosero y chabacano (5):

“Anoche se hallaba esta obra completamente fuera de ambiente.

La masa del público creyó que iba a ver las vulgares escenas de varietés; la mentalidad espectadora no tenía flexibilidad para acomodarse a aquel espectáculo nuevo, vistoso y de una aspiración de arte muy depurada […]

De aquí la sorpresa, la desorientación, la incomprensión, general […]

Luego había la música […] no estaba hecha tampoco para los oídos que sólo buscan el sonsonete del tango vulgar y de la fácil copla de café-concert. […]

Y la obra de ayer […] es… el diamante en el patio de la granja” (6).

Pastora Imperio (Anales Mundanos, Montevideo, 1915).

Pastora Imperio (Anales Mundanos, Montevideo, 1915).

Tras un breve número de representaciones, Pastora se despidió de Valencia a principios de junio, para debutar poco después en el Teatro Imperio de Barcelona compartiendo protagonismo con otra gran figura de la danza, su paisana Tórtola Valencia. El amor brujo, que siguió cosechando críticas no demasiado favorables, solo se llevó a escena durante seis días, aunque su protagonista siguió conquistando al público con su repertorio habitual hasta mediados de julio. Dos años más tarde confesaría a Margarita Nelken, en relación con el apropósito de Falla, que “era demasiado exquisito para gustar a todos los paladares; por eso no sigo por ese camino” (7).

Nueva gira por Latinoamérica

Desde finales de 1914 la prensa argentina se hizo eco de varios intentos frustrados de contratación por parte de distintos empresarios, mas fue justo antes del estreno de El amor brujo cuando la Imperio se decidió a firmar con Rey y Lozada para actuar durante tres meses en el Teatro San Martín de Buenos Aires, por “la friolera de diez y ocho mil duros, viajes pagados en primera clase y el 50 por 100 de la función de beneficio” (8).

Una vez terminadas sus actuaciones en Barcelona, Pastora, su hermano y su cuñada, María Benítez Silva, emprendieron el viaje a bordo del transatlántico Infanta Isabel de Borbón, y en Cádiz se les unió su madre, Rosario la Mejorana. También les acompañaron los dos pajaritos de la artista, un canario y un cardenal (9). Durante la travesía, un redactor del diario Crónica Meridional conversó brevemente con ella y describió el atuendo que llevaba, muy apropiado para la ocasión: “medias blancas con zapatitos igualmente blancos. Su traje a grandes listas azules muy oscuras y blancas, grandes y pronunciadas, al través y de mil formas encontradas […]. Lleva en la cabeza una gasa azul muy oscura” (10).

Pastora Imperio con su madre, Rosario la Mejorana (Fray Mocho, Buenos Aires, 3-9-1915).

Pastora Imperio con su madre, Rosario la Mejorana (Fray Mocho, Buenos Aires, 3-9-1915).

El debut se produjo el día 31 de agosto, con un programa compuesto por obras cómicas, a cargo de la compañía de Miguel Ligero, y números de variedades interpretados por el dúo de maquietistas Los Chimenti, la troupe Los Perezoff’s –pantomimas, malabarismo, gimnasia…– y Pastora como atracción principal, con el acompañamiento de guitarra de Víctor Rojas.

En su primera presentación, la Imperio ofreció ocho números, entre danzas y cuplés. Entró en escena entonando el pasacalle Viva Madrid, de Martí y Huete; bailó el garrotín, “seguidillas, boleros, tangos…” (11), y la noche se saldó con un triunfo absoluto, especialmente en su faceta coreográfica. Las críticas ensalzaron su maestría, su arte instintivo pero cuajado de armonía estética; la gracia “andaluza de sus andares y de sus gestos, su dominio del mantón”, e incluso los decorados, que representaban un jardín colonial con “un zarzo y una parra y sobre ella un balcón” (12).

El diario Critica destacó como la nota “inolvidable” de su actuación el baile gitano, ejercido por la artista como un “oficio sagrado”:

Pastora, entregada al ritmo de la guitarra, se transfigura en una intérprete atormentada de la danza. Es toda pasión, ardiendo en su propia hoguera, cuyas llamas fulgen de sus ojos ardientes […]. A la par […] los brazos, escultóricos, […] son una exaltación de la belleza humana. Alzados como una súplica, extendidos, como en un deseo, tendiendo sobre la cabeza una corona blanca, rematada en las rosas de las manos, cuyos dedos, los pétalos, parecen rendir a los pies el homenaje de su lluvia perfumada; […] Y cuando la danzadera, después de prosternarse, levanta su busto y ya de pie acomete en un frenético remate de sus exaltaciones la culminación del baile, es como una pesadilla voluptuosa que se ha transformado en alegre y cascabelera felicidad” (13).

Pastora Imperio y Josefina Chimenti (Crítica, 31-8-1915).

Pastora Imperio y Josefina Chimenti (Crítica, 31-8-1915).

El 21 de septiembre, en una función extraordinaria celebrada en el Teatro de la Comedia, estrenó la canción La clavelera, escrita para ella por Manuel F. Palomero con música del maestro Terés (14); y el 27 presentó por primera vez en el San Martín El amor brujo, para lo cual fue necesario duplicar la orquesta del coliseo (15). A pesar del desconcierto inicial del público, “pues no cabía suponer en un teatro donde se cultiva amablemente la ‘varieté’ un estreno musical de [tal] importancia”, la crítica alabó la calidad de la inspirada partitura de Falla y los decorados de Néstor, así como el buen hacer de la protagonista, que “se entregó a sus sensaciones con una vehemencia sugestiva y dio a las danzas un colorido armónico, lleno de pasión” (16).

El éxito de sus presentaciones incrementó sin duda la fama que ya precedía a la Imperio antes de su llegada a Buenos Aires, y a ello también debió de contribuir el concurso de caricaturas de la artista convocado por el diario Crítica y dirigido a los caricaturistas de toda la prensa porteña. Se presentaron un total de cincuenta y seis obras, que fueron expuestas durante el mes de octubre en el hall del Teatro San Martín. Los premios, dotados con 1000, 300 y 100 francos, correspondieron respectivamente a Juan Alonso, J. Málaga Grenet y Ramón Columba (17).

Pastora Imperio, La Chimenti, Paquita Escribano, La Morita y Faíco, en la escena final de 'Zambra gitana' (Mundo Argentino, 3-11-1915. Cortesía de Alberto Rodríguez Peñafuerte).

Pastora Imperio, La Chimenti, Paquita Escribano, La Morita y Faíco, en la escena final de ‘Zambra gitana’ (Mundo Argentino, 3-11-1915. Cortesía de Alberto Rodríguez Peñafuerte).

Durante el mes de octubre fueron incorporándose al programa nuevas atracciones, como la bailarina belga Feline Verbist, la tonadillera Paquita Escribano, la bailarina La Maravilla o la pareja de baile compuesta por Faíco y Olga la Morita (18. El día 26 Pastora estrenó el apropósito o gitanería en un acto Zambra gitana, en el que contó con la participación de varios miembros de la compañía de comedias y del resto de figuras de varietés que actuaban en el teatro (19). A pesar de que fue definida como un “un batiburrillo de gitanerías musicales enlazadas con un dialoguito bastante pobre”, la obra cosechó un gran éxito y sus intérpretes, aplausos frenéticos, especialmente su protagonista y la pareja Faíco-Morita:

“Una caravana de gitanos hace alto en una tasca del camino… Allí se encuentran con la inevitable pareja de ‘touristas’ ingleses y comienza el desarrollo de la ‘Zambra’, sevillanas, zapateados, garrotines, ‘cante jondo’ […].

Faíco y la Morita, fueron los héroes de la velada. El soberano aplaudió a rabiar la zambra que los dos se bailaron y hubieron de repetirla hasta el cansancio.

No tanto éxito tuvo la Pastora con Faíco en eso, queremos suponer, improvisación del momento. Sin embargo, encontró su desquite en el ‘garrotín grotesco’ una de sus mejores creaciones en la que el público siempre le aplaude entusiasmado.

La Chimenti bailó unas sevillanas con la Imperio, número que repitieron tres veces, lo que prueba la bondad de su factura y de las medias de seda que lucía la primera, caracterizando una ‘pobre gitanilla’… ¡Cosas de las mujeres del teatro!… […]

Paquita Escribano cantó, con más buena voluntad que éxito, unas ‘andaluzadas‘, obligada a ello por las exigencias de la escena… Nos resultó algo ‘ersótica’ como decía anoche la Pastora.

[…] Victorio Imperio aportó con sus ‘rasgueos’ algo más que un granito de arena: una mole de granitos” (20).

Faíco y Olga la Morita. Fondo Antonio Esplugas. Arxiu Nacional de Catalunya.

Faíco y Olga la Morita. Fondo Antonio Esplugas. Arxiu Nacional de Catalunya.

El 29 de octubre, con el teatro hasta la bandera, la “emperadora del baile gitano” celebró su función de beneficio, en la que, además de representar la Zambra gitana, interpretó las canciones regionales Mi majo y La rapaziña, y bailó sus creaciones Panadera y La entente. “Hubo aplausos a granel, algunos ¡olé con olé! ¡viva tu mare!, regalos en gran cantidad, flores, muchas flores, y mil muestras más de admiración y cariño” (21). El 3 de noviembre, ya consagrada por el público bonaerense, se despidió del Teatro San Martín (22).

Durante esa primera estancia en la capital argentina, en una entrevista concedida a la revista La Nota, aunque en un principio se mostraba reacia a hablar sobre su vida privada, finalmente terminó expresando sus sentimientos más íntimos:

“‘Si ya sé lo que quiere usted; el fondo de mi espíritu, que le hable de aquí!’ Y con ambas manos se indicaba el corazón […]. –‘Sí ya lo advertí desde el principio; pero esto nadie debe saberlo, es mi pasado, mi pena, mi dolor, yo he corrido un velo sobre eso. Todo ha concluido, lo doy por muerto, es una vida que ya no es mía. […] ahora vivo para mi arte y para el presente […] ¡Ah! Lo que es bailar, si pasara un día sin bailar, me moriría. Pero si ya no me acuerdo de ese amor, cállese usted. No quiero recordarlo ni que nadie me lo recuerde. ¡Lo que ha ocurrido no tiene remedio ya!’” (23).

Asimismo, confesó que ya no bailaba para el público, sino para sí misma; y que, incluso en los bailes más alegres, nunca lograba sentir la alegría:

Odia el ‘Garrotín grotesco’, que electriza al público. En su zapateo suele haber el furor de la angustia, y por eso el entusiasta ¡ay garrotín! brota de su garganta como un gemido desgarrado. Prefiere las danzas que baila con el escenario y el teatro en la penumbra y con una música triste. Porque esto aduerme su alma y desahoga su pena sombría” (ibidem).

Caricatura ganadora del concurso, por Juan Alonso (Mundo Gráfico, 14-10-1916).

Caricatura ganadora del concurso, por Juan Alonso (Mundo Gráfico, 14-10-1916).

Notas:

(1) El Noroeste, 27-4-1915.

(2) La Rioja, 11-5-1915.

(3) La Correspondencia de España, 2-5-1915; 8-5-1915.

(4) Diario de Valencia, 20-5-1915.

(5) La Correspondencia de Valencia, 20-5-1915.

(6) Las Provincias, 20-5-1915.

(7) Margarita Nelken, “Una conversación con Pastora Imperio”, El Día, 26-5-1917.

(8) La Mañana, 14-4-1915. La contratación se realizó por medio del señor Paesa, agente de la artista en Madrid.

(9) PBT, 4-9-1915.

(10) R., Crónica Meridional, 10-8-1915.

(11) Crítica, 1-9-1915.

(12) Crónica del diario La Razón, reproducida en La Publicidad, 25-9-1915.

(13) Crítica, 2-9-1915.

(14) Crítica, 21-9-1915. Se trataba de una matinée de despedida y a beneficio del actor Manuel F. Palomero, en la que también actuaron Los Chimenti y Los Perezoff’s, y Rosario Pacheco cantó saetas, malagueñas y tango flamenco acompañada a la sonanta por Víctor Rojas.

(15) Crítica, 23-9-1915.

(16) Crítica, 28-9-1915.

(17) Crítica, 8-10-1915; 14-10-1915.

(18) La Verbist actuó entre el 12 y el 18 de octubre, ambos inclusive; y la Escribano debutó el día 20 (Crítica, 12-10-1915; 19-10-1915; 21-10-1915; 25-10-1915).

(19) Crítica, 26-10-1915. Pastora ya había llevado a escena su zambra gitana en el Teatro Romea de Madrid en marzo de 1914 (El Heraldo Militar, 18-3-1914).

(20) Crítica, 27-10-1915.

(21) Crítica, 27-10-1915; 30-10-1915.

(22) Crítica, 4-11-1915.

(23) C. A. L., La Nota, 16-10-1915.


Gabrielita la del Garrotín, reina de los bailes de chufla (V)

Una vez concluida la breve temporada parisina, el 30 de mayo los Ballets Rusos debutaron en el Princes Theatre de Londres, donde permanecieron un mes y medio. Cuadro Flamenco fue muy bien acogido tanto por el público como por la prensa, que destacó la novedad del montaje, así como su gran autenticidad:

… es un tipo de baile totalmente diferente del que estamos acostumbrados. Por un lado, los pies apenas se levantan del suelo y es el cuerpo que se balancea el que hace la mayor parte del trabajo. […]

La troupe que ahora se presenta en el Princes Theatre tiene el aspecto de una humilde compañía de bailarines ambulantes. Actúan sobre una pequeña plataforma elevada colocada en el centro del escenario, sobre la que se sientan en semicírculo, dejando sólo un breve espacio en el centro para la danza. Sus trajes, aunque diseñados por Picasso, son de tipo campesino, y ellos mismos son, en apariencia, de esta clase. No tienen nada de elegantes ni de chic. […]

Pero su baile es muy notable, aunque sus puntos más complejos sin duda pasaron desapercibidos para los no iniciados (The Westminster Gazette, 1921: 6).

'Cuadro Flamenco', con Antonia La Minerita en el centro, detrás de los bailaores (The Graphic, 11-6-1921)

‘Cuadro Flamenco’, de los Ballets Rusos. Gabrielita aparece sentada, la tercera por la derecha (The Graphic, 11-6-1921)

Gustó mucho la espontaneidad de los artistas, que incluso provocaba una agradable sensación de voyeurismo; y también la aparente improvisación, la sorpresa, que incrementaba el goce de los espectadores:

Por la escasa atención que parecen prestar al público, mientras están sentados afinando y rasgueando sus guitarras, alisando sus faldas o intercambiando bromas de un lado a otro, podrían estar encerrados en las cuatro paredes de la habitación de una posada rural. Y así, antes de que ocurra nada, se obtiene el novedoso entusiasmo de parecer espiar a través de una ventana una escena real de la vida folclórica de hace setenta años […].

A lo largo de toda la representación, un elemento agudo de la emoción es precisamente esa incertidumbre […]. ¿Qué bailarín, hombre o mujer, saltará o se deslizará repentinamente desde su silla para ser atrapado en el palpitar y los aplausos? ¿Qué nueva emoción o sensación nos espera en cada pausa de la música? ¿Será la deliciosa insolencia de la ‘Alegría’ de Estampío, o la estimulante locura de la ‘Jota Aragonesa’ de La López y El Moreno, o la diversión del ‘Garrotín Cómico’, en el que La Gabrielita del Garrotín parece burlarse hábilmente de los groseros movimientos campesinos; o será la impresión más bien macabra del ‘Garrotín Grotesco’, cuya figura central […] es el Mate ‘el sin pies’, un trabajador maravilloso sobre sus ágiles muñones? En todas estas danzas, el fuerte sabor de la vida popular, la energía bárbara y el ingenuo despliegue de la pasión, tienden a arrastrar al espectador y a cegarle los dolores y la exactitud de la técnica (Hale, 1921: 84).

Representación de 'Cuadro Flamenco' (The Illustrated London News, 11-6-1921)

Representación de ‘Cuadro Flamenco’ (The Illustrated London News, 11-6-1921)

Como ya había sucedido en París, Gabriela Clavijo resultó ser uno de los grandes atractivos del espectáculo, honor que compartió con Baltasar Mate, si bien en el caso de este último la admiración se mezcló con el desagrado. Las crónicas resaltaron el “alivio humorístico” que suponía el “Garrotín Cómico, que la desaliñada y arcaica La Gabrielita del Garrotín convierte en un placentero viaje de diversión” (Rogers, 1921: 9).

… rara vez se ha visto tanta comicidad en el baile como en el Garrotín Cómico de La Gabrielita del Garrotín. […] El baile grotesco en el que aparece un hombre deformado es una cosa extraordinaria, decididamente inteligente, pero no del todo agradable de ver (The Era, 1921: 11).

De hecho, hubo quien no comprendió el arte bufoesperpéntico de los citados bailaores y, tras la primera función, el Cuadro Flamenco a punto estuvo de caerse del cartel. El embajador español, Merry del Val, escribió una carta a Diaghilev “en la que le pedía que suprimiera todo el número, ya que estos dos artistas ponían en ridículo a España” (Buckle, 1984: 383). Sin embargo, pudo más la opinión del rey Alfonso XIII, que se encontraba entre el público y quedó tan impresionado por el espectáculo, que invitó a María de Albaicín a actuar en una recepción en la embajada española, acompañada por los guitarristas del cuadro.

Intensa actividad como bailaora en distintas compañías de ópera flamenca

Una vez concluida su aventura Europea, durante los años veinte la prensa sitúa a Gabrielita fundamentalmente en Madrid. De hecho, si Blas Vega, a través de Ramón Montoya, nos hablaba de su paso por el Café de la Encomienda en torno a 1919, el mismo autor hace referencia a un artículo de Antonio de Hoyos y Vinent, que en 1925 la ubicaba en ese mismo lugar:

Un local no muy grande, un tabladillo al fondo, con los muros tapizados de percal rojo, espejos en que pregónase, escritos con tiza la gloria de los artistas, y… pare usted de contar. En el tabladillo, el cuadro: la Gabriela y la Perlita, Emilia y Román, el Mochuelo y el Estampío, y alguna vez la Cotufera y el Gato (Hoyos y Vinent, 1925: 29).

La bailaora Juana la Macarrona

Juana la Macarrona

En esa época, la Niña del Garrotín seguía actuando en cafés cantantes y salones de variedades y, en la segunda mitad de la década, también recorrió buena parte de la geografía española enrolada en distintas compañías de ópera flamenca. En enero de 1922 volvió a compartir escenario con algunos de los protagonistas del espectáculo Cuadro Flamenco, y también con otras figuras a las que Diaghilev había intentado contratar, aunque sin éxito, como Juana la Macarrona o la cantaora y cancionista Emilia Vez. El día 11 debutó en el cabaret Ideal Rosales, que a las once de la noche ofrecía un programa de variedades y a la una, un sensacional cuadro flamenco:

Bravos y aplausos comenzaron al hacer el primer número la gran bailarina Rubia de Jerez y no terminaron hasta que el telón anunció que se había terminado el espectáculo. En el cuadro flamenco figuran artistas tan renombradas como la Antequerana, Emilia Vez, la saladísima Gabrielita, Rubia de Jerez y la reina de las reinas del baile flamenco, la formidable Juana la Macarrona, que obtuvo un éxito indiscutible y formidable en su baile ‘por alegrías’.

Del sexo feo, Faíco, el Mochuelo, el graciosísimo Estampío, el gran tocador de guitarra Joaquín Rodríguez y el ‘as’ de los tocadores, Ramón Montoya (ABC, 1922: 22).

Unas semanas más tarde, y de nuevo durante el otoño, Gabriela Clavijo se anunció en el Kursaal de la Magdalena formando parte de un cuadro flamenco que ponía el broche de oro a un extenso programa de variedades. En el mes de enero, completaban el elenco jondo el guitarrista Manuel Martell, la cantaora Josefa Moreno ‘la Antequerana’ y el “colosal artista sin pies Mate, bailarín cómico” (El Liberal, 1922: 3). Entre septiembre y noviembre pasaron por dicho salón Baltasar Mate, el cantaor Niño de los Lobitos, el guitarrista Jorge ‘el Pestaña’ y, “entre otras grandes bailarinas, la célebre y acreditada Gabrielita” (La Libertad, 1922: 7).

Josefa la Antequerana (Eco Artístico, 5-10-1914)

Josefa la Antequerana (Eco Artístico, 5-10-1914)

Buena muestra de la popularidad de que gozaba la artista nos la da su participación en distintos eventos, como la cabalgata del carnaval de 1922, a su paso por la Castellana:

Llega la primera carroza.― Se titula ‘Madrid―Sevilla’. Es un camión-automóvil. En lo alto una gran pandereta. A los lados vistas de Sevilla. Mantones de Manila, sombreros anchos y mujeres ‘bailaoras’, ‘bailaores’, ‘cantaoras’ y ‘cantaores’. […].

Delante de las tribunas del Jurado y Prensa hay un poco de juerga, cante y baile, ¡Viva el buen humor, y que se conserve otros tantos años con las mismas facultades ‘La niña del garrotín’…! (La Acción, 1922: 5).

Posteriormente intervino en la pantomima bufa “La Feria de Sevilla”, que se representó en el Circo Americano con un reparto cuajado de artistas de primer nivel, entre los que cabe mencionar a los cantaores Carmen la Lavandera, Niña de Linares y Bernardo el de los Lobitos, y los bailaores hermanas Domínguez, La Madrileñita, Emilia Puchi y Luciano Rodríguez ―nombre de pila de Antonio el Viruta―. El toque de guitarra corría a cargo de Manuel Martell y Marcelo Molina (La correspondencia de España, 1923: 5).

Asimismo, formó parte de una zambra gitana organizada con motivo de la Verbena de la Paloma, en el distrito de La Latina. Bajo la dirección del guitarrista Carlos Montoya, el elenco estaba formado por los cantaores El Canario y El Mochuelo, los bailaores Alfonsina, Gabrielita, La Madrileña, las hermanas Cortés, Juan José González y Agustín Tejero, y Martín Ríos como segundo tocador (El Sol, 1924: 4).

En esa época también colaboró en una velada celebrada en el Salón Olimpia a beneficio de la bailaora Antonia la Coquinera, en la que prestaron su concurso otras figuras del género, de la categoría de Rita Ortega, Ramón Montoya, Estampío, Fosforito, Manuel Vallejo, el Mochuelo, el Cojo de Málaga o la hermana de la homenajeada, Josefa la Coquinera (Cristo Ruiz, 2011).

Antonia la Coquinera en su época de esplendor

Antonia la Coquinera en su época de esplendor.

Como relataba Ramón Montoya a Blas Vega (2006: 309-310), incluso la aristocracia se rindió ante la gracia y el arte de la Clavijo, que en mayo de 1926 actuó junto al guitarrista, la bailaora Alfonsina y los cantaores Pavón y Niño de Granada en una fiesta ofrecida por el marqués de Castañar en el Hotel Ritz (La Época, 1926: 2).

Referencias:

* La traducción de todos los textos extranjeros es mía.

ABC (1922, 12 de enero). “Los ‘ases’ del arte flamenco”, p. 22.

Blas Vega, José y Ríos Ruiz, Manuel (1988). Diccionario Enciclopédico Ilustrado del Flamenco, vols. I y II. Madrid: Cinterco.

Buckle, Richard (1984). Diaghilev. Nueva York: Atheneum.

Cristo Ruiz, Antonio (2011). “Antonia Gallardo Rueda. La Coquinera”. Gente del Puerto.

Hale, Philip (1921, 1 de junio). “Andalusian Danses”. London Times. Recopilado en Hale (1921). Dramatic and musical criticisms, p. 84.

Hoyos y Vinent, Antonio (1925, 27 de febrero). “Cómo la ‘Caracola’ triunfa en París”. Nuevo Mundo, p. 28-29.

El Liberal (1922, 26 de enero). “Espectáculos para hoy. Kursaal de la Magdalena”, p. 3.

El Sol (1924, 22 de agosto). “La verbena de la Paloma”, p. 4.

La Acción (1922, 27 de febrero). “El ocaso del carnaval”, p. 5.

La Correspondencia de España (1923, 28 de junio). “Gacetillas teatrales”, p. 5.

La Libertad (1922, 10 de noviembre). “Kursaal de la Magdalena”, p. 7.

La Época (1926, 5 de mayo). “Una fiesta en el Ritz”, p. 2.

Rogers, Bernard (1921, 23 de julio). “Spain comes to London Town with ‘Cuadro Flamenco’”. Musical America, p. 9.

The Era (1921, 8 de junio). “Spanish Dancers”, p. 11.

The Westminster Gazette (1921, 31 de mayo). “Spanish Dancers: Novel turn in Russian Ballet’s Programme”, p. 6.