Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Anita Sevilla, una brillante carrera truncada por la guerra y la muerte prematura (IV)

En el otoño de 1936, durante el tiempo que pasó atrapada en el Hotel Majestic de su ciudad natal, bajo vigilancia, y en un clima de represión y terror, Anita Sevilla se vio obligada a actuar en distintos festivales organizados por las autoridades fascistas, como el celebrado en el Teatro San Fernando en homenaje a los defensores del Alcázar de Toledo. En él ofreció un número junto al bailaor Rafael Ortega, con el acompañamiento musical de Manuel García Matos. Según el testimonio de Edmundo Barbero, que se convirtió en su representante, la función tuvo “un lleno completo (¡quién se negaba!), con asistencia de las autoridades, cónsules de los países fascistas y una representación de los defensores del alcázar” (1).

Anita Sevilla (Mundo Gráfico, 29-4-1936).

Anita Sevilla (Mundo Gráfico, 29-4-1936).

El trece de octubre, con motivo de la visita del Gran Visir el Majzen y una representación de moros notables del Protectorado Español en Marruecos, se celebró una gran fiesta de arte andaluz en el Alcázar de Sevilla.

“Se adornaron los salones, se iluminaron jardines y fuentes. En el salón de embajadores se armó un tablado y se colocaron sillones y divanes para que presenciaran la fiesta el gran visir, Queipo y otras autoridades y personalidades. En el patio de las doncellas se improvisó un escenario para que actuara el cuadro flamenco de la academia de ‘Realito’, espectáculo que habían de presenciar los invitados de menos categoría. […].
En el salón de embajadores la fiesta consistía en un concierto por la Orquesta Bética de Cámara y el número que componían Anita Sevilla y Rafael Ortega” (2).

También actuaron el cantaor Manuel Vallejo acompañado a la guitarra por Antonio Moreno y al baile por Juana la Macarrona; una zambra gitana; y el Niño de Mairena con la sonanta de José Gutiérrez (3). Tras el festival, en “una habitación contigua al salón de embajadores, donde había muchas bandejas de emparedados y de pastelillos y muchas cajas de vino de González Byass y del marqués de Zelada”, Díaz Criado ofreció una fiesta privada en honor de Anita Sevilla (4).

Accediendo a este tipo de peticiones y agasajos, “con unos sustos de muerte y con una habilidad de maestra para defenderse de aquel ser repugnante” (5), Anita consiguió que Díaz Criado le facilitase cuatro pasaportes para viajar a Lisboa, donde vivía su hermana María, en busca de trabajo. Los salvoconductos eran para ella, su hermano −el que la acompañaba desde su estancia en Córdoba, probablemente Paco−, Edmundo Barbero y el maestro Manuel García Matos.

Anita Sevilla (ABC, 15-5-1936. Archivo ON).

Anita Sevilla (ABC, 15-5-1936. Archivo ON).

Todos fueron saliendo de Sevilla salvo Anita, que aún tenía la esperanza de poder hacer algo por su hermano ‘el Nili’ (6). Sin embargo, la destitución de Díaz Criado debido a sus muchos excesos la puso en grave peligro y debió aguzar el ingenio para huir a tiempo.

Según el relato de López Mohiño, al Hotel Majestic llegaron unas monjas para atender a los jefes militares. Anita les sustrajo unos somníferos y se los echó en el café. Cuando se quedaron dormidas, junto con otras personas, se disfrazaron con sus hábitos y se dirigieron a la estación. Allí recogió su equipaje, que permanecía guardado desde su llegada de Córdoba, y tomaron el primer tren con destino a Portugal (7).

A decir de Edmundo Barbero, cuando Anita llegó a Lisboa, “venía huyendo, aterrada, porque habían destituido a Díaz Criado. Y ya estaba citada por la policía el día de su salida, en el hotel, para ser detenida en calidad de rehenes” (8). Sus hijos seguían en Valencia, en zona republicana, a cargo de su hermana Pastora. Se instaló en casa de su hermana María y empezó a buscar trabajo, aunque “este era tan escaso y de tan poco rendimiento, que al fin, optamos por no hacer ninguna otra gestión” (9).

Anita Sevilla con Rosita Díaz Gimeno (Radiolandia, 11-9-1937).

Anita Sevilla con Rosita Díaz Gimeno (Radiolandia, 11-9-1937).

Además de García Matos, en Lisboa también se encontraba Carmen Amaya junto a su pequeña troupe. En sus memorias el músico trianero expone los motivos que les hicieron decidirse a salir al exilio:

“… conocimos a D. José María Gil Robles, que estaba también refugiado en Lisboa. Charlando con él sobre la Guerra Civil, nos dijo que si las potencias extranjeras se echaban encima, la Guerra de España podría durar no meses, sino años. […] Esto, unido al ofrecimiento que nos hizo el Embajador de la Argentina para contratarnos a Carmen Amaya, Anita Sevilla y a mí para una tournée por la Argentina fue lo que nos decidió a abandonar Lisboa y embarcarnos” (10)

Rumbo al Nuevo Mundo

A finales de noviembre Carmen y los suyos tomaron el transatlántico Monte Pascoal con destino a Buenos Aires y unas semanas más tarde, Anita y Manuel subieron al Monte Rosa, que tardó quince días en atravesar el Atlántico y recaló en la capital argentina el veinte de enero de 1937.

Según el testimonio de García Matos, durante la travesía, a modo de entretenimiento, ofrecieron varios espectáculos con los números que él mismo iba componiendo a fin de proporcionar un nuevo repertorio a Anita Sevilla, que no había podido llevarse ningún material musical. La Placita de Doña Elvira, La mora gitana, Vete con los tuyos, La flor del romero y Las coplas de Paquiro fueron algunas de las canciones que creó en esos días (11).

Anita Sevilla a bordo del Monte Rosa (López Mohiño).

Anita Sevilla a bordo del barco Monte Rosa (López Mohiño).

Anita Sevilla, “considerada como una de las más felices intérpretes del cancionero andaluz, especializándose en la canción gitana estilizada”, debutó el 22 de enero en el Teatro Maravillas de Buenos Aires, acompañada por el profesor García Matos (12). Ambos se integraron en la compañía de Carmen Amaya, que llevaba ya varias semanas triunfando en ese coliseo. En ella figuraban, además de la titular, los guitarristas José Amaya, Paco Amaya y el Pelao, las bailarinas hermanas Vera, la cancionista Ascensión Pastor, los mentalistas hermanos Marbel, las gitanas del Albaicín Pepita, Trini y Teresa Jiménez, y un coro de segundas tiples. Más tarde se les unieron los Chavalillos Sevillanos.

La debutante fue calurosamente recibida por un público entregado. “Cantó con un brío y simpatía singulares ‘Mi taranta’. […] ‘Jerrero der Sacromonte’, ‘Flor del romero’ y una ‘Saeta’”, y la crítica se rindió ante ella:

Anita Sevilla es más que una cancionista bien dotada. Es una expresión, simpatiquísima y garbosa, de la gitanería. Se luce especialmente en lo que ella canta, en ese llanto largamente gemido que se apoya en una vocal y la prolonga y en el sollozo que entrecorta una palabra para darle nuevas modulaciones a cada sílaba. Anita Sevilla pone en ese ‘cante jondo’ el dolor oriental que parece reflejar […] pero, además, le infunde una sensualidad, acentuada por los movimientos con que el cuerpo parece ayudar la emisión del sonido y acentuada también por la expresión de los ojos y la ancha sonrisa […].

Al terminar el espectáculo, la concurrencia, de pie, aplaudió largamente a las principales figuras del conjunto. Carmen Amaya, Anita Sevilla y las hermanas Jiménez arrojaron flores al público y este las devolvió al caer el telón en un homenaje lleno de simpatía” (13).

Anita Sevilla le canta a Carmen Amaya (Crítica, 24-1-1937).

Anita Sevilla le canta a Carmen Amaya en el Teatro Maravillas de Buenos Aires (Crítica, 24-1-1937).

No obstante, a pesar del triunfo obtenido, se pudo notar que la sevillana no se encontraba en plenas facultades vocales. Poco después le sobrevino una afonía que la obligó a guardar cama durante varios días por prescripción médica y unos meses más tarde tuvo que pasar por el quirófano para someterse a una operación de garganta (14). Con independencia de estos contratiempos, Anita siguió cosechando aplausos y buenas críticas, con números como Arenal de Sevilla, Vete con los suyos o Placita de Doña Elvira.

Anita Sevilla […] se hace notar con mérito propio como una de las más brillantes atracciones del programa. Dice sus canciones con acentos de tan personal estilo que, ante ella, se tiene la sensación exacta de las posibilidades del folklore gitano, refinado por una rigurosa disciplina artística que lo hace más bello al estilizarlo. […] Sus interpretaciones […] tienen auténtico valor de fina calidad artística en los poderosos recursos de Anita Sevilla, […] que ha acertado a estilizar, sin que pierda nada de su valor autóctono, el dramático desgarro del cancionero gitano” (15).

A finales de junio se despidió del Teatro Maravillas como “una de las figuras que obtuvieron más éxito en la temporada” (16) y a principios de agosto, también acompañada por García Matos, debutó en Radio El Mundo (L R 1) de Buenos Aires con un contrato en exclusiva. Allí coincidió con un viejo conocido, el compositor cubano Ernesto Lecuona, y con el actor mexicano Tito Guizar, entre otras figuras. Durante dos meses, con su arte “genuinamentecañí’”, puso “una nota exótica e interesante” en la programación de la emisora (17).

Anita Sevilla ante el micrófono de Radio El Mundo (Radiolandia, 14-8-1937).

Anita Sevilla ante el micrófono de Radio El Mundo (Radiolandia, 14-8-1937).

En esa época concedió una entrevista al semanario Radiolandia, en la que expresó su tristeza por encontrarse lejos de los suyos, si bien declaró sentirse muy a gusto en Argentina, y compartió algunos de sus proyectos inmediatos:

“Lo ha cantado [una saeta] con los ojos cerrados, recordando sin querer a su tierra sevillana. […] El color, la luz, el sol de Sevilla ocultados tras la tragedia que viven sus hijos. Anita Sevilla, artista por sobre todas las cosas, […] debe encontrar un alivio a su tragedia íntima en cada una de sus canciones.
− Es que, ¿sabe?, tengo familiares en Sevilla y los tengo en Valencia. De algunos de ellos, los más, carezco de noticias desde que comenzó la guerra […]
− Por suerte, entre ustedes se siente una como en su propia casa. Me animé a cruzar el mar, terror de los gitanos, por asomarme a esta tierra de maravillas y de leyendas. Canté y ustedes me dieron el espaldarazo definitivo. Volví a mí misma después del desconcierto brutal que había dejado atrás. Cuando estalló la rebelión estaba filmando en Córdoba con Rosita Díaz Gimeno. Debimos abandonarlo todo y salir de España. […] Y en Buenos Aires he logrado, cantando, tantas y tan hondas satisfacciones, que esto ya me parece una prolongación de España […].
− Por ahora estamos encantados en Buenos Aires y trabajando con mucha suerte. Primero en el Maravillas, con todo éxito y actualmente en Radio El Mundo, donde los oyentes me hacen llegar en toda forma su adhesión. Tengo firmado también contrato con Lucantis Films, de esta, para hacer dos películas. Después iré a Norteamérica. Veremos cómo me va por allá […].
− Mientras pueda −continúa−, he de seguir cantando. […] Pero no ‘cante jondo’, absolutamente andaluz, sino estas estilizaciones que con García Matos venimos cultivando. Como lo hizo Falla −salvada la enorme distancia, por supuesto−, pero con el mismo afán de que se difunda lo nuestro…” (18).

Anita Sevilla (Crítica, 17-1-1937).

Anita Sevilla (Crítica, 17-1-1937).

Notas:

(1) Edmundo Barbero, Crítica, 23-1-1938, p. 2.
Barbero narró los hechos vividos desde el estallido de la guerra civil hasta que consiguió llegar a Burdeos, en los últimos días del año 1936, en una serie de artículos publicados en el diario Crítica de Buenos Aires durante el mes de enero de 1938 bajo el título “En el teatro de la tragedia española”.

(2) Edmundo Barbero, Crítica, 24-1-1938, p. 6.

(3) Así reza en el anuncio del espectáculo, reproducido en López Mohiño, José Manuel, Toda la verdad sobre Anita Sevilla, Salamanca, Kadmos, 2002, p. 58.

(4) Edmundo Barbero, Crítica, 24-1-1938, p. 6.

(5) Ibidem, 25-1-1938, p. 14.

(6) Idem.

(7) López Mohiño, op. cit., p. 63.

(8) Edmundo Barbero, Crítica, 28-1-1938, p. 2.

(9) Ibidem, 29-1-1938, p. 7.

(10) García Matos, Manuel, Mi vida, mi obra y mis recuerdos, Servicio Municipal de Publicaciones de Alcalá de Guadaíra, 1985, pp. 77-78.

(11) Ibidem, p. 79.

(12) Crítica, 22-1-1937, p. 9.

(13) Crítica, 23-1-1937, p. 8.

(14) Crítica, 26-1-1937, p. 10; Crítica, 20-4-1937, p. 13.

(15) Crítica, 9-4-1937, p. 15.

(16) Crítica, 26-6-1937, p. 15.

(17) Radiolandia, 14-8-1937, pp. 9 y 19.

(18) Radiolandia, 11-9-1937, pp. 54-55.

(19) Ibidem.


Doña Pilar López… o simplemente Pilar (V)

Durante los meses de julio y agosto de 1931, la compañía de comedias de Eulogio Velasco actuó durante una larga temporada en el Teatro Circo de Zaragoza y visitó por unos días el Teatro Olympia de Huesca. Las obras que llevaron a escena son las ya mencionadas Cock-tail de amor, Flores de lujo y Las bellezas del mundo.

En todas ellas mostró Pilar López sus dotes de “bailarina de alta calidad […], lo mismo en su danza criolla, que en el baile español” (La Voz de Aragón, 13-8-1931). Entre sus números más destacados también cabe mencionar el “Tango rivalidad, magistralmente bailado por la Caballé, Pilar y Sacha [Goudine]” en Cock-tail de amor (La Voz de Aragón, 30-7-1931).

Las chicas de la Compañía Velasco preparándose para salir a escena (Crónica, 4-10-1931).

Las chicas de la Compañía Velasco preparándose para salir a escena (Crónica, 4-10-1931).

Durante su estancia en tierras aragonesas, concedió una entrevista que Pablo Cistué de Castro tituló “Pilar, bailarina española”, por ser ésa su gran especialidad:

“[bailarina española] lo es eminentemente, por la traza y el garbo de su cuerpo, por la mirada gitana de sus ojos garzos, por el repertorio de sus bailes y por la ejecución de los mismos.

Mirada de fuego, de ensoñación y picardía, brazos que se trenzan y retuercen como serpientes, brusca transición de escorzos, sobre las inamovibles caderas de ánfora, y pies diminutos que expresan en síntesis estilista toda la melodía del baile. Ésta es Pilar.

También se manifiesta su españolismo neto en su charla rápida e imaginativa y en la constante inquietud y nerviosismo de sus ademanes” (La Voz de Aragón, 2-8-1931).

En sus respuestas, ella reconoció su predilección por los bailes de la tierra, manifestó sentirse a gusto en su nueva faceta de vedette de revista, e incluso realizó alguna confesión de tipo más personal:

“-¿Le gusta la danza clásica y el ballet?
-Sí; pero yo no cultivo sino el baile español, o lo que es lo mismo, el baile de todas las regiones de España.
-¿Figuró siempre en cuadros de varietés?
-Siempre, hasta que en diciembre del año último ingresé en la Compañía de Velasco.
-¿Está usted contenta del cambio de género?
-Sí; porque si bien se mira, el cambio para mí es muy relativo, ya que no he tenido que violentar mi trabajo. Casi todo lo que hago en la revista son bailes apropiados a mi temperamento y a mi educación artística, y hasta en una de aquéllas se ha intercalado un baile mío, de los que antes hacía. Por otra parte, me parece que trabajo menos, lo hago más fácilmente y con menos miedo.

Pilar López (La Tierra, 7-1-1933).

Pilar López (La Tierra, 7-1-1933).

[…]
-Y usted, ¿no está enamorada?
-No. He tenido mis pequeños flirts, pero nada más. No me fío de los hombres. ¡Oye una tantas cosas a las compañeras! Empezaré a enamorarme así que decreten el divorcio.
-Eso se llama prevenir” (Pablo Cistué de Castro, La Voz de Aragón, 2-8-1931).

Nuevo rumbo: regreso a las varietés

A pesar de mostrarse satisfecha con su nueva faceta de vedette de revista, al final del verano Pilar López se desvinculó de la Compañía Velasco y en octubre de 1931 emprendió una gira junto a la bailarina Antoñita Torres, con paradas en Albacete, Murcia, Alicante y Cartagena. Hay quienes alabaron esta decisión, pues “con su arte tiene bastante y […] con su buen gusto” (El Luchador, 20-10-1931).

No en vano se trataba de una artista enormemente versátil, que “con igual facilidad canta unas guajiras que baila un fandanguillo” (Diario de Alicante, 22-10-1931), y “entusiasma a los hombres sin escandalizar a las mujeres” (Cartagena Nueva, 24-10-1931). En los distintos teatros que visitó, “cantó irreprochablemente, matizándolos con su espiritualidad artística, escogidos números regionales y modernos” (Levante Agrario, 20-10-1931), e interpretó bailes a la guitarra acompañada por maestros como el albaceteño Rafael del Valle.

Antoñita Torres (Nuevo Mundo, 8-3-1929).

Antoñita Torres (Nuevo Mundo, 8-3-1929).

Pilar López recibió el año 1932 actuando en el Kursaal Internacional de Sevilla, que ofrecía un amplio programa de flamenco y variedades. Llamaron especialmente la atención, por su novedad, varios números de su repertorio:

“La bellísima artista […] ha introducido una innovación admirable que gusta grandemente a los aficionados a las varietés.
El danzón cubanoManís‘, de la revista cinematográfica ‘Cinópolis’; la ‘Marcha de los Granaderos‘, de ‘El Desfile del Amor’ y el ‘one step‘ de ‘Su noche de bodas’, fueron, entre otros, los números que entusiasmaron al numeroso público que llenaba por completo […] la elegante sala del Kursaal. La reaparición de Pilar en Sevilla puede considerarse como uno de sus mayores éxitos en su vida artística” (El Noticiero Sevillano, 30-12-1931).

Un redactor de El Noticiero Sevillano, que firmaba como Cha-Lao, le dedicó un extenso artículo, en el que ensalzaba todas las características que hacían del suyo un arte perfecto, aunque carente de emoción o jondura:

«El público que frecuenta las salas de baile de Sevilla aplaude estas noches con entusiasmo desmedido a la artista Pilar. ¿Es Pilar una gran artista? […].

Pilar reúne […] todos los elementos físicos para ser una gran bailarina, una formidable bailarina. Porque, además de la gracia física del cuerpo, domina la agilidad de los pies, de la cintura y de los brazos. Y en esto radica precisamente la catástrofe de esta maravillosa mujer: en que tiene todo lo preciso para su arte. Y nada más.

Pilar López

Pilar López

Una danzarina debe conocer mejor que ningún otro mortal la densidad del misterio. Ellas son las interpretadoras de los valores supremos del alma: Odio, muerte, gracia, amor. […] No esperemos esto en Pilar: ella es lo que se ve allí, en el plano de visión, sin honduras ni interrogaciones. Una perfección de línea, una gentil mujer llena de deseo de bailar, pero sin lograr asir la onda sutilísima de la emoción. Las únicas danzas de Pilar que están cerca de la realidad anímica del baile, son las rumbas, porque, claro, son los temas de un alma más simple y elemental. La rumba sólo es el sentido, el deseo de la carne.

A pesar de estas apreciaciones, nosotros aplaudimos siempre a Pilar. Ella está llena de los más encendidos deseos artísticos: observa con cuidado la buena fuente de Antonia Mercé; viste sus bailes con una finura y primor desacostumbrados; y hasta nos sorprende a veces con momentos -la copla de los cuatro muleros– de un rango artístico insuperable. […]
Pero sin misterio, sin hondura” (Cha-Lao, El Noticiero Sevillano, 12-1-1932).

El 20 de enero Pilar López actuó en el Teatro Metropolitano de Madrid, en la fiesta de proclamación de Miss España, compartiendo cartel con la bailaora Lolita Astolfi, el barítono Marcos Redondo y el payaso Ramper; y en el mes de marzo retomó su gira con Antoñita Torres, con quien se presentó en ciudades como Zamora, Lugo o Salamanca. Las dos artistas cosecharon grandes éxitos, tanto en sus actuaciones individuales como en “un número de conjunto muy moderno y bien presentado” (Heraldo de Zamora, 23-3-1932).

Pilar López (El Eco de Valdepeñas, 22-10-1928).

Pilar López (El Eco de Valdepeñas, 22-10-1928).

Asimismo, Pilar, en sus nuevas “creaciones de agradabilísima modernidad”, dio “exquisitas muestras de un amplio temperamento artístico. Destaquemos entre la lista de ‘couplets’ ‘Mosaico cubano‘ y ‘Los cuatro muleros‘, […] que valió […] el aplauso cerrado de la concurrencia” (ibidem).

Con Lecuona y su orquesta cubana

Durante el verano de 1932, se presentó junto al bailarín excéntrico Tito en ciudades como Oviedo, Santander o Castro Urdiales; y en otoño comenzó una nueva etapa artística junto al pianista y compositor cubano Ernesto Lecuona, autor de canciones tan conocidas como ‘Siboney’ o ‘El manisero’.

Después de triunfar durante varios meses en el Teatro Paramount de Los Ángeles y en el Teatro Encanto de La Habana, Lecuona llegó a España en el mes de octubre acompañado por una orquesta de once músicos (1), además de las cantantes Maruja González y Carmen Burguete, el tenor Miguel de Grandy, los bailarines Cristina Pereda, Grecia Dorado y Armando Mario (La Libertad, 12-10-1932).

La agrupación debutó en el Teatro Fígaro de Madrid, donde ofreció un programa compuesto por números tradicionales cubanos y composiciones inspiradas en el folclore de la isla. En el mes de noviembre, con la incorporación de Pilar López, emprendieron una gira por el norte de España, con paradas en Zaragoza, San Sebastián, Burgos, Palencia, Barcelona, Huesca y Soria.

La Orquesta Lecuona a su llegada a Madrid (Heraldo de Madrid, 24-10-1932).

La Orquesta Lecuona a su llegada a Madrid (Heraldo de Madrid, 24-10-1932).

En todos esos lugares mereció grandes elogios el trabajo de la orquesta, que “interpreta con una instrumentación tan acertada, como original, guajiras, danzones y rumbas” (El Diario Palentino, 17-11-1932). Entre todos los componentes del elenco, llamó especialmente la atención “la gran bailarina Pilar, que personifica el ritmo” (El Diluvio, 30-11-1932); “se le aplaudieron mucho todas sus intervenciones que son de corte bien distinto y sin embargo, hechas con un dominio grande” (La Tierra, 8-1-1932).

Esa diferencia de estilo no fue óbice para que los números conjuntos resultaran altamente atractivos:

“Las canciones son dulces, las danzas están bien cuidadas encontrando la música felices intérpretes como Lecuona y Orefiche que lo mismo manejan el saxofón, el violín o el jazz, que el piano, en donde hacen celebradas filigranas interpretando a compositores españoles de primera fila, mientras la canzonetista española ‘Pilar‘ hace sonar sus castañuelas profanando quizá algunos trozos musicales pero mostrando a cada momento sus buenas facultades para la canción y la danza” (Diario de Burgos, 16-11-1932).

La prensa destacó las “excelentes cualidades coreográficas” de la artista, que “a todas las danzas españolas les da un estilo personal, y a las canciones la gracia de un arte sutil y españolísimo. En todas ellas fue muy ovacionada, así como los profesores que la acompañaban en dos pianos” (La Voz de Aragón, 5-11-1932). La noche de su despedida de Zaragoza, se ofreció como novedad “el número de los nardos de ‘Las leandras‘, cantado y bailado superiormente por Pilar” (La Voz de Aragón, 8-11-1932).


NOTA:
(1) La orquesta estaba “integrada por los profesores Agustín y Gerardo Bruguera, Guillermo Henández, Enrique López Rivero, Tomás Ríos, Antonio Vázquez, Joaquín del Río, Eduardo Barrenechea, Jorge Domínguez, Armando Orefiche y Daniel González” (La Voz de Aragón, 5-11-1932).
Fue en esa época cuando Pilar López conoció a Tomás Ríos, que más tarde se convirtió en su marido.