Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Anita Sevilla, una brillante carrera truncada por la guerra y la muerte prematura (y VI)

En abril de 1941 se anunció la contratación de Anita Sevilla para realizar una serie de actuaciones en radios y teatros de la zona sur de los Estados Unidos (1). No obstante, las primeras referencias que nos ofrece la prensa norteamericana la sitúan, en los meses de junio y julio, en el club Bowery de Detroit, formando pareja con el bailaor Antonio de Córdoba, discípulo de Antonio Triana. En la publicidad aparecen como “famosas estrellas argentinas de la danza” (2).

Anita Sevilla en el parque de atracciones de Jefferson Beach (The Detroit Free Press, 2-7-1941).

Anita Sevilla en el parque de atracciones de Jefferson Beach (The Detroit Free Press, 2-7-1941).

Durante su estancia allí, el día doce de julio intervinieron en un espectáculo de variedades que se ofreció a los soldados de la base militar de Fort Custer, bajo el título The Palm Beach Show. Completaban el cartel Don Pablo y sus Californianos, los artistas acrobáticos Morris y Morris, la cantante Margie Wall, la bailarina de claqué Kay Windsor, y un coro de cantantes y bailarinas (3).

Poco después viajaron a Nueva York y debutaron en El Chico, considerado el club nocturno más antiguo y la “número uno de las auténticas salas españolas” de la ciudad. Se anunciaron como “pareja de cante y baile flamenco” y compartieron cartel con la bailarina hispana Teresita Osta, las cantantes mexicanas Hermanas Padilla, y don Alberto y su orquesta, entre otros artistas (4).

Unas semanas más tarde Anita pasó a Le Ruban Bleu −un “elegante cabaret” que ofrecía un “espectáculo educado, de salón, sin pista de baile”−, donde interpretó sus canciones flamencas acompañada a la guitarra por Jerónimo Villarino. Completaban el programa la acróbata Carrie Finnell, el cantante Richard Dyer-Bennet, el grupo vocal The Sophisticords, y los pianistas Stuart Ross y Herman Chittison (5). Asimismo, en esa época intervino en varias ocasiones en el programa de variedades radiofónicas Hemisphere Revue, amenizado por la orquesta de Ben Grauer y Paul Laval (6).

Anita Sevilla y Antonio de Córdoba (The Detroit Free Press, 10-7-1941).

Anita Sevilla y Antonio de Córdoba (The Detroit Free Press, 10-7-1941).

Poco después volvió a unirse a la compañía de Antonio Triana, que el doce de noviembre presentó en el Museum of Modern Art de Nueva York un programa de música y baile español. El coreógrafo sevillano ejecutó varios solos de danza y, formando pareja con Lola Montes, interpretó aires andaluces, asturianos y aragoneses. “Esta música, flamenco y música moderna derivada del mismo Falla, Infante, Granados y Albéniz, fue cantada por Anita Sevilla y tocada por el guitarrista Jerónimo Villarino”. El número estrella fue la puesta en escena de Boda gitana, de García Lorca, con la intervención de la pequeña Luisa Triana (7).

El veintiuno de diciembre tanto Anita como Antonio Triana y el resto de la compañía colaboraron en la denominada Fiesta de la Victoria, organizada por la Comisión de la Unidad Antifascista de España en la Cosmopolitan Opera House, a beneficio de la asistencia médica a la Unión Soviética y de la ayuda a los refugiados republicanos españoles. Numerosos artistas, tanto hispanos como rusos y estadounidenses, tomaron parte en el evento (8).

A fin de contribuir a la misma causa, la víspera de Año Nuevo, el dramaturgo y productor Edward Chodorov celebró una fiesta en su finca campestre de Sun Spring Valley Road, en Ossining. Además de la actuación de los actores y actrices de la obra Brooklyn U.S.A. y de Patricia Pearson, estrella de la comedia musical Junior Miss, “hubo cante y baile flamenco a cargo de la famosa artista española Anita Sevilla” (9).

Anita Sevilla (López Mohiño).

Anita Sevilla (López Mohiño).

También en Nueva York, en los primeros meses del año 1942 actuó en el Teatro Hispano y el catorce de abril intervino en una Fiesta de la Amistad ofrecida por la Federación de Clubes de Música en el Great Northern Hotel con motivo del Día Panamericano. En esa ocasión formó pareja de baile con José Greco y, entre otras muchas figuras, en el programa destacaba la presencia de Encarnación López, la Argentinita (10).

El diecinueve de julio participó en una nueva Fiesta de la Victoria celebrada en Dexter Park, con el patrocinio del Comité Conjunto Antifascista para los Refugiados, a fin de “conmemorar el sexto aniversario de la heroica lucha contra el fascismo librada por la España republicana” (11).

En octubre se anunció en el cabaret La Conga, de nuevo junto a José Greco, y de allí pasó al Havana-Madrid, considerado el “night club latino más antiguo de la zona de Broadway”, que ofrecía un programa compuesto por artistas como el cantante cubano Miguelito Valdés, el tenor Terri La Franconi, el Trío Mixteco o la orquesta de Froilán Maya. Anita Sevilla formaba pareja de baile con José Fernández, e interpretaban varios números acompañados a la guitarra por Jerónimo Villarino. A decir de la crítica, estaban “bien en las labores de taconeo, siendo la chica un tipo especialmente vivo” (12).

Anita Sevilla (New York P. M. Daily, 8-12-1941).

Anita Sevilla (New York P. M. Daily, 8-12-1941).

Un triste e inesperado final

Una noche del mes de noviembre, cuando se preparaba para salir a escena en el Havana-Madrid, Anita sufrió un agudo ataque de apendicitis que le impidió actuar. Fue trasladada a una clínica y operada de urgencia, mas no consiguió sobrevivir. Según López Mohiño, llevaba ya algún tiempo padeciendo dolores de estómago y su médico de confianza, el doctor Cantala, le había recomendado someterse a una intervención quirúrgica, mas aquel fatídico día no pudo atenderla por encontrarse fuera de la ciudad (13).

En ese momento se encontraba con ella su sobrina Julita, que solía acompañarla en sus actuaciones y se ocupaba de su vestuario. Su hermano Paco viajó desde México para hacerse cargo de todos los trámites y cumplir la última voluntad de Anita, que pidió ser embalsamada y descansar para siempre en el país que tan bien la había acogido. Debido a la situación de los Estados Unidos, que se hallaban inmersos en la Segunda Guerra Mundial, el traslado tardó cuarenta y siete días en realizarse. El veintinueve de diciembre de 1942 sus restos fueron sepultados en el Panteón Civil del Cementerio de los Dolores de Ciudad de México (14).

El prematuro e inesperado fallecimiento de Anita Sevilla, con solo treinta y cuatro años de edad, causó gran conmoción entre sus amigos y compañeros, que el día doce de diciembre organizaron una función en el Palm Garden de Nueva York a beneficio de sus hijos. Encabezó el acto don Joaquín Abellán, presidente de las Sociedades Españolas e Hispanoamericanas, y prestaron su colaboración figuras como Xavier Cugat, Rosario y Antonio, Antonio Triana y su hija Luisa, con los maestros García Matos y Escarpentier al piano (15).

Anita Sevilla (Popular Film, 30-7-1936).

Anita Sevilla (Popular Film, 30-7-1936).

Asimismo, la prensa mexicana le dedicó emotivos artículos, como el que firmó su amigo, el periodista y crítico de arte Juan Miró, que aún recordaba con nitidez su primer encuentro con la artista:

“Una varita de mimbre en la mano. Un clavel de sangre entre los labios sonrientes. Un sombrero cordobés sobre los negros cabellos. El escenario solo, entero para ella. Así la conocí la noche que se presentó por primera vez, en un intermedio de variedad durante una función cinematográfica. Una inmediata corriente de simpatía amistosa […] se estableció aquella noche entre Anita Sevilla y el público mexicano” (16).

Miró, que fue uno de sus más fieles seguidores en el país azteca, destacó de Anita su mexicanismo:

“… sintió siempre que aquí, en México, encontraba réplicas cabales de su Sevilla tan querida. Una vez, trepados en la azotea de la casa en que vivía −por Balderas−, me confiaba: ‘¿Sabe usté? Si er señó me quisiera jacé felíz, me pondría un puente grande, grande, para ir de aquí a Sevilla y de Sevilla a aquí toitos los día. Porque no sabría viví sin México ya quo (sic) lo conosí’” (17).

Anita Sevilla (López Mohiño).

Anita Sevilla (López Mohiño).

También evocó uno de sus grandes triunfos en los escenarios, el estreno de La muerte de Sánchez Mejías, creación de García Matos, cuya relación con Anita iba más allá de lo meramente profesional:

“Cantó por todas partes, siempre dirigida por el compositor Manolo García Matos. Una noche […] Anita se presentó enlutada. Estrenaba la composición de Manolo ‘La muerte de Sánchez Mejías’. Cuando empezó a cantar, toda la jacaranda que su presencia provocaba siempre, cesó como de milagro. Un recogimiento religioso corrió por todo el teatro, y ella, clavados los enormes ojos en la semi-obscuridad de la sala, recitó el romance como una oración, haciendo sentir a los espectadores la opresión de la muerte por la que Sevilla se había postrado de hinojos ‘con el fleco de la pena por mantilla’. La ovación fue grandiosa, Anita estaba feliz, y envuelta en la hora del triunfo, no tenía ojos sino para el compañero, el autor, prendido en los temblores de su cantaora. Para ella, el triunfo era de Manolo. Para Manolo, el triunfo de Anita lo era todo.

Hoy deben estar también doblando con emoción las campanas de la Giralda. La afición mexicana también se ha puesto de mantilla el fleco de la pena. García Matos no ha de encontrar ni siquiera el consuelo de poner en música lo que siente” (18).

Anita Sevilla y Manuel García Matos (López Mohiño).

Anita Sevilla y Manuel García Matos (López Mohiño).

Aunque ni López Mohiño ni el propio García Matos (19) se pronunciaron sobre ese particular, distintos testimonios localizados en la prensa americana dan por sentado que el músico y la cantaora mantenían una relación sentimental. Así, Pepe Elizondo se refería al “‘cuadrito andaluz’ que ha formado el ‘bailaor’ [Antonio Triana] con sus parientes el pianista Matos y Anita Sevilla” (20); y el diario La Opinión mencionaba al “maestro y compositor andaluz García Matos −esposo de la notable cataora (sic) Anita Sevilla” (21). Asimismo, según el propio Miró, en el desarrollo de la faceta bailaora de Anita, durante su estancia en los Estados Unidos, tuvo mucho que ver su relación profesional y familiar con Antonio Triana:

“… fue en los Estados Unidos donde más ganó, posiblemente. Aquí le conocíamos unos pasitos graciosos con que iniciaba ‘El Parque de María Luisa’, o con los que remataba aquellos inolvidables ‘Piconeros’ pero se nos había presentado precisamente como bailadora de flamenco. Su parentesco político y su gran amistad fraternal con Antonio Triana la transformó en bailarina, y los norteamericanos pudieron aplaudir lo que para nosotros fue un secreto. El baile le dio dinero, más que el cante” (22).

Sirva la serie de artículos que aquí culmina para recuperar la memoria y rendir homenaje a la inconmensurable Anita Sevilla, que se marchó demasiado pronto y cuando aún tenía mucho que ofrecer.

Anita Sevilla (Democracia, 9-9-1938).

Anita Sevilla (Democracia, 9-9-1938).

Notas:

(1) La Opinión, 1-4-1941, p. 4.

(2) Detroit Evening Times, 30-6-1941, p.13; 9-7-1941, p. 20. La traducción de todos los textos extranjeros es mía.

(3) The Battle Creek Enquirer and News, 11-7-1941, p. 14.

(4) Variety, 23-7-1941, p. 54; New York Post, 7-8-1941, p. 10.

(5) Variety, 24-9-1941, p. 47.

(6) Freedonia New York Censor, 28-10-1941, p. 2.

(7) M. M., Daily Worker, 15-11-1941, p. 7; The New York Times, 13-11-1941, p. 34.

(8) Daily Worker, 10-12-1941, p. 7.

(9) Ibidem, 30-12-1941, p. 7.
(10) El Curioso Pertinaz, Cine-Mundial, marzo de 1642, p. 135; Musical America, 25-4-1942, p. 42.

(11) Daily Worker, 10-7-1942, p. 7.

(12) The New York Sun, 24-10-1942, p. 5; Kahn, Variety, 14-10-1942, p. 46.

(13) Distintos medios periodísticos señalaron a un violento ataque de apendicitis como la causa del fallecimiento, que dataron entre el día 12 y el 13 de noviembre, mientras que López Mohiño habla de dolores de estómago y sitúa el óbito el día once.
Cfr. López Mohiño, José Manuel, Toda la verdad sobre Anita Sevilla, Salamanca, Kadmos, 2002, p. 87.

(14) Ibidem, pp. 87 y 96.

(15) Ibidem, p. 94.

(16) Juan Miró, en Revista de Revistas, 29-11-1942, p. 11; reproducido en López Mohiño, op. cit., pp. 91-92.

(17) Idem.

(18) Idem.

(19) García Matos, Manuel, Mi vida, mi obra y mis recuerdos, Servicio Municipal de Publicaciones de Alcalá de Guadaíra, 1985.

(20) Pepe Elizondo, Cine-Mundial, diciembre de 1940, pp. 584-585.

(21) La Opinión, 18-6-1939, p. 6. Hablar de matrimonio legal puede resultar excesivo, ya que tanto Anita como Manuel estaban casados en España, con Benito Durán Guerra y Ana Calvo Aragón respectivamente.

(22) Juan Miró, op. cit.


Concha la Carbonera… Y la gracia se hizo tango (II)

Tras varios meses de triunfos en Valencia y Barcelona, en octubre de 1879 Concha Rodríguez debuta en el Teatro de la Bolsa de Madrid. Desde el mes de mayo actúa en dicho coliseo una compañía flamenca por la que van pasando algunos de los artistas más destacados del momento: los bailaores Trinidad Cuenca, Antonio el Pintor o Antonia la Roteña; los cantaores Juan Breva y la Loca Mateo; o los guitarrista Paco de Lucena y Manuel Ponce, por mencionar sólo a algunos.

“El cante flamenco, que en Madrid cuenta tantos entusiastas, se ha avecindado en el teatro de la Bolsa. Allí se presenta todas las noches, con acompañamiento de palmoteo, rasguear de guitarra, zapateado y ¡joles! Y es de ver cómo el público le recibe cariñoso. Los aplausos le han hecho atrevido, y ayer se presentó por la tarde ofreciendo un programa de soleás, peteneras, seguidillas jitanas (sic), malagueñas y polos, que ni en Triana. La intentona ha salido bien. Hubo mucha gente y muchos aplausos” (El Liberal, 9-10-1879).

Concha la Carbonera (Foto incluida por Blas Vega en su libro Los cafés cantantes de Sevilla)

Concha la Carbonera (Foto incluida por Blas Vega en su libro Los cafés cantantes de Sevilla)

La Carbonera es anunciada por primera vez el 11 de octubre, junto a dos de sus inseparables compañeras de los últimos meses, las bailaoras Isabel Santos e Isabel Delgado:

“Mañana sábado, 11 de Octubre, se verificará en el teatro de la Bolsa el segundo concierto flamenco, en que tomarán parte el conocido profesor de guitarra D. Carlos García y las aplaudidas artistas del género flamenco, Isabel Santos, Isabel Delgado y Concepción Rodríguez (la carbonera)” (La Discusión, 10-10-1879).

No obstante, estas tres bailaoras sólo permanecen un par de semanas en el Teatro de la Bolsa, de donde son despedidas por su actitud poco respetuosa, según anuncia La Época:

“Atendiendo a las quejas de algunos concurrentes al teatro de la Bolsa, la empresa del mismo ha rescindido la escritura con las artistas flamencas Isabel Santos, Concha Rodríguez (Carbonera) e Isabel Delgado, hallándose dispuesta la misma a no consentir que por ninguno de los artistas contratados se falte a los respetos debidos al público. Aplaudimos estos propósitos” (La Época, 26-10-1879).

Por tierras andaluzas

A partir de esa fecha, la hemeroteca digital no nos ofrece demasiadas pistas de Concha la Carbonera. Ello no significa que la artista se haya retirado de los escenarios. Más bien nos inclinamos a pensar que posiblemente se encontrara en Sevilla, pues, como se sabe, la prensa de esta ciudad aún no puede consultarse en línea.

De hecho, en junio de 1881 el Diario de Córdoba la sitúa en la ciudad califal, junto a un grupo de artistas procedentes del Salón Filarmónico de Sevilla:

“SALÓN FILARMÓNICO DE SEVILLA EN CÓRDOBA

Concierto de cante y baile flamenco en el local situado en la calle del Gran Capitán inmediato a la casa del señor Marqués de Gelo, en que tomarán parte las célebres y simpáticas jóvenes Antonia Pachecho (a) La Roteña, Concha Rodríguez (a) La Carbonera, Encarnación Agreda, Isabelita Santos y la niña de 5 años admiración de todo el mundo Salud Vargas. Los incomparables Manuel Romero, cantador por soleares, seguidillas, polos, cañas, malagueñas, peteneras y cantiñas, y Manuel González, fiel intérprete del baile flamenco” (Diario de Córdoba, 5-6-1881).

Concha la Carbonera junto a otras bailaoras en El Burrero de Sevilla (Beauchy)

Concha la Carbonera junto a otras artistas en El Burrero de Sevilla (Beauchy)

Un año más tarde volvemos a toparnos con el nombre de La Carbonera en negro sobre blanco en la revista Asta Regia, que hace referencia a una actuación de la artista en el Teatro Eguilaz de Jerez. Se trata de un artículo bastante irónico que, más que informar sobre el evento, pone en entredicho la categoría del flamenco como manifestación artística:

“Iba a hacer punto final; pero me he acordado de nuestro teatro de Eguilaz y no quiero cometer la imperdonable omisión de no hablar de él.

Siempre estoy oyendo que los teatros están cerrados; pero ahora no se quejarán Vds.

Verdad es que no han actuado en él compañías notables líricas o dramáticas; pero ha lucido sus portentosas habilidades una compañía lírico-coreográfica de… cante y baile flamenco.

Y vayan Vds. a decir a un flamenco de pur sang que el Marrurro, el Mezcle y la Carbonera no son artistas y artistas notabilísimos, y la contestación será una puñalaíta hasta la mano con que tratarán de convencerles.

Nada, lectores míos: ¡viva el cante flamenco, suprema expresión del arte!

¡Vivan los toros, síntesis de la civilización y humanitarios sentimientos!

¡¡¡Vivaaaaaaa!!!” (Asta Regia, 8-5-1882).

La estrella del Burrero

En verano de 1885, Concha forma parte del elenco de la sucursal veraniega del Café del Burrero de Sevilla, establecida por Manuel Ojeda junto al Puente de Triana. Así lo atestigua el cartel anunciador de la inauguración de dicha nevería, incluido por Manuel Bohórquez en su libro El cartel maldito (1).

En él también figuran, entre otros artistas, los bailaores Antonio el Pintor, Lamparilla, Juana Valencia y Juana Antúnez; los cantaores María la Serrana, Concha la Peñaranda, Juanaca, José León (La Escribana) y El Canario; y el guitarrista Antonio Pérez.

Trinidad la Cuenca (Foto de Emilio Beauchy)

Trinidad la Cuenca (Foto de Emilio Beauchy)

A esa época nos traslada Fernando el de Triana (2), que describe algunos de los números protagonizados por La Carbonera y su pareja artística en El Burrero, el cantaor José León, ‘La Escribana’. No se podía tener más arte ni más poca vergüenza. Tras leer el siguiente pasaje, no nos extraña tanto que el público del Teatro de la Bolsa se escandalizara con sus ocurrencias:

“En el cuadro artístico que actuaba en el famoso café del Burrero (sucursal), junto al puente de Triana, figuraban dos artistas que, aunque parecían hombre y mujer, se decían ‘comadre’.

Una era la extraordinaria y graciosísima bailaora Concha la Carbonera, y la otra o el otro, o lo que fuera (aunque yo me creo que de hombre no tenía más que la ropa), era conocido por la Escribana […].

Esta pareja de comadres, como ellas públicamente se decían, no pensaba más que en la chufla y en divertirse cuanto más, mejor, alegrándose con todo lo que fuera destruirse la naturaleza.

Pasaba el tiempo, y con motivo del fracasado movimiento revolucionario del 19 de septiembre de 1886, echaron a volar los poetas populares un sin fin de coplas de tango, y entre ellas, la que se aprendió de memoria la Carbonera y la cantaba al compás de un graciosísimo tango que ella misma se bailaba, en cuyo número era sencillamente inimitable, además de ponerle los pelos de punta al numeroso público que acudía diariamente a escuchar a Concha, porque a la letra le unía una música arrebatadora y sentimental. Este era el tango:

Al ver la pena que sufren,
ten compasión, Reina regente,
de esos infelices niños
por obedecer a sus jefes.
En los rincones de su morada
qué tristes están
muchos ancianos
que sólo tú puedes consolar.
Si hubieran muerto,
¡cuántas familias visten de luto!
De tu persona y tu buen corazón,
se espera el indulto.
Jesucristo perdonó
a los que le maltrataron:
perdónalos tú también
a los pobrecitos del regimiento de Garellano.

¡Cuánto dinero le dio esto al Burrero!

Juana Valencia, La Sordita (Foto de Antonio Esplugas, ANC)

Juana Valencia, La Sordita (Foto de Antonio Esplugas, ANC)

También se formó después una gran comparsa muy bien vestida de bandoleros, con las mismas artistas del cuadro flamenco, en cuyos pasillos cómicos se destacaban la Serrana, Fernanda Antúnez, su hermana Juana, la Carbonera, el maestro Pérez y la Escribana […].

… Cuando esto ocurría, ya se había instalado don Manuel Ojeda el Burrero, con el café de su nombre, a la calle de las Sierpes, núm. 11 […].

El escenario era tan amplio, que en más de una ocasión llegaron a lidiarse pequeños becerretes de casta, formándose la cuadrilla lidiadora con los mismos artistas […]. Después de la corrida, venía el gracioso diálogo entre las dos comadres: – ¿Cómo tiene usté tanto miedo, comadre? – decía la Carbonera. – ¿Miedo yo? Eso usté, que no gana bastante pa jabón. – ¡So esaboría! ¡Que estaba usté viendo que me iba a comé er toro y no fue ni pa meterle la capa pa lleváselo! – Eso es: yo le metía la capa ar toro y si er toro me metía a mí er cuerno, ¿usté me lo iba a quitá? ¡Ni en broma! Y menos con la jindama que usté tiene, que le sale por la punta del poco pelo que le queda. – Yo lo que sé, que hasta mala me estoy poniendo de los sustos que paso con er mardito toreo, porque yo quisiera ser como usté, que to lo toma a chufla, de to se ríe y de na le da miedo”.

En esa misma época, además de triunfar en el Burrero Sevillano, Cocha Rodríguez también deleita con su gracia y su desparpajo al público de otros lugares. Por ejemplo, en septiembre de 1885 se presenta junto a Paco el Sevillano en el Café El Universal de Vigo:

“Frente a la Iglesia se ha instalado un café, ‘El Universal’, donde ‘Paco el sevillano’, ‘La Carbonera’ y ‘El Poyo’ tocador de guitarra, hacen denoche (sic) las delicias de los aficionados al cante flamenco” (Gaceta de Galicia, 7-9-1885). (3)


NOTAS:
(1) Bohórquez, M., El cartel maldito. Vida y muerte del Canario de Álora, Sevilla, Pozo Nuevo, 2009.
(2) Rodríguez Gómez, Fernando (el de Triana), Arte y artistas flamencos, Madrid, Imprenta Helénica, 1935.
(3) Esta referencia también la aporta Alberto Rodríguez Peñafuerte en su blog Flamenco de papel.