Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Isabel Cubas, la embajadora de los bailes andaluces (III)

Tras dar la bienvenida al año 1862 en Filadelfia, Isabel Cubas continúa con su gira por Norteamérica, acompañada por su nuevo agente, Mr. Aliston Brown. El día de Reyes, la española debuta con gran éxito de crítica y público en el Front Street Theatre de Baltimore:

“¡Inmenso furor! ¡Un teatro abarrotado! ¡Un público brillante!
Juventud, gallardía y belleza. Subida en masa, con gritos ensordecedores y aplausos. Bienvenida a Baltimore. La mayor discípula viva de Terpsícore. La joven y fascinante bailarina, la Señorita, la HERMOSA CUBAS” (The Baltimore Sun, 7-1-1862).

Isabel Cubas (Foto de Charles D. Fredricks)

Isabel Cubas (Foto de Charles D. Fredricks)

Isabel interviene en distintos números coreográficos españoles, como Aragonesa y gallegos‘, ‘La Madrileña‘ o ‘El ole‘, e incluso en el ballet francés ‘La Folie‘. La acompañan su pareja habitual, Juan Ximénez, y el cuerpo de ballet.

Durante su breve estancia en Baltimore, la española causa auténtica sensación, dentro y fuera del teatro. Así, un día, al salir de misa, “era tan grande el deseo de verla que la calle de enfrente del templo quedó completamente bloqueada por los ciudadanos, hasta el punto que la policía tuvo que intervenir” (Evening Star, 16-1-1861).

Washington se rinde a sus pies

Tras dos semanas de reposo por culpa de una impertinente cojera, a finales de enero Isabel Cubas se presenta en Washington, donde se la espera con impaciencia. El debut es un tanto accidentado, debido un malentendido con la orquesta y a un escenario excesivamente resbaloso, lo cual no es óbice para que la española se muestre en todo su esplendor:

“La hermosa Cubas

Anoche fuimos al teatro a ver a esta bailarina española de la que tanto se habla. El teatro estaba lleno a rebosar, y cientos de personas tuvieron que volverse, por no poder conseguir ni un sitio desde el que se viera el escenario. La gente guapa y moderna de la ciudad acudió en masa, y una gran proporción de la parte baja del teatro estaba ocupada por señoras.

Tras la comedia, la señora corrió al escenario y fue recibida con la más salvaje emoción, pues todo el mundo se quedó impactado por su gran belleza. Debemos admitir francamente que el primer baile fue aparentemente un fracaso, y decidimos marcharnos, pero cuando lo estábamos haciendo, nos informaron de que todo había salido mal a causa de un malentendido. Dado que la música era nueva para la orquesta y la señora hablaba muy poco inglés, a los músicos les resultó muy difícil entender cómo quería ella que se tocara.

No obstante, el principal fallo se debió a que el escenario no había sido untado con resina para evitar que ella resbalara, como se hace habitualmente, ya que su baile es de un abandono tan salvaje que, a menos que se arregle de ese modo, el suelo se vuelve tan deslizante que ella no puede mantenerse de pie, y ésta fue la dificultad de anoche. Nos convencieron de que nos quedáramos a ver el último baile, y sin duda podemos afirmar que nos quedamos electrizados. Nunca habíamos visto una elegancia y un baile así -fue realmente grande, y mereció la pena la espera-” (The National Republican, 28-1-1862).

Vista de Washington en 1862 (Foto de George N. Barnard, Library of Congress)

Vista de Washington en 1862 (Foto de George N. Barnard, Library of Congress)

Durante su estancia en Washington, la Cubas obsequia al público con ‘La flor de Sevilla’, ‘La Gitanilla y el Curro’, ‘La Madrileña’, ‘El Polo de Cádiz’, ‘El Ole’ y un gran baile húngaro, entre otros números, secundada por el Señor Ximénez y un cuerpo de ballet.

Nuevos éxitos en la Gran Manzana

Una vez finalizado ese compromiso, la española regresa a Nueva York. Durante las cuatro semanas que permanece en el Winter Garden, Isabel va renovando su repertorio con la inclusión de nuevos bailes nacionales, como ‘La Jota Aragonesa’ o ‘La Gallegada’, además de otras danzas húngaras y francesas. El público siente auténtica fascinación:

“… la joya de la noche fue la hermosa Isabel Cubas, la bailarina española. […] cuando Terpsícore es representada por una persona tan encantadora como Isabel Cubas, las otras musas tienen que dejarle paso. El público está extasiado en sus asientos, viendo sus movimientos, que se caracterizan por todo el vigor y la voluptuosidad de la escuela española. […] Además, su forma es un modelo para un artista, y cuando coquetamente saca el pie y el tobillo, a la manera de las bailarinas españolas, su mirada es tan endiablada y a la vez tan alegre, que más de un corazón […] debe latir de entusiasmo y admiración. Fue hábilmente acompañada en su baile de anoche por Don Juan Ximénez, con quien pareció coquetear y flirtear de una manera muy agradable” (The New York Herald, 11-2-1862).

En marzo de 1862, la Cubas se presenta en la Academy of Music de Broadway, que ofrece un programa de ópera italiana y ballet. Además de interpretar sus ya conocidos bailes -‘La Gitanela y el Curro’, ‘La Madrileña’, ‘El Ole’, ‘La Jota Aragonesa’, ‘La Gallegada’…-, la española se atreve con ritmos de otras latitudes, como la Mazurka y la Tarantella, e incluso con un número cómico, ‘Des Galesca de España’. Sus danzas, tan originales y tan diferentes de las de la escuela italiana, son muy bien recibidas:

“… salieron la Señorita Cubas y el Señor Ximénez, que fueron muy bien recibidos. ‘La Gitanilla y el Curro’ exhibe de la manera más característica las peculiaridades del estilo español de baile. Sus movimientos están marcados por la voluptuosidad y la presteza, más que por la exquisita gracia y acabado que pertenecen a la escuela italiana. No reconocemos nada de Taglioni y Cerito en las abruptas y sorprendentes evoluciones desplegadas en ella, pero captamos algo igual de original y, a su manera, casi igual de agradable. El público pidió la repetición y la Señorita recibió numerosos tributos de su satisfacción en forma de ramos de flores. […] La mazurka, interpretada por la Señorita Cubas y el Señor Ximénez […] fue bailada de un modo muy seductor” (The New York Herald, 20-3-1862).

Academy of Music, Nueva York (Grabado de Frank Leslie, 1871)

Academy of Music, Nueva York (Grabado de Frank Leslie, 1871)

Asimismo, durante su estancia en la Academy of Music, la Cubas desarrolla una nueva faceta artística, la de cantante lírica. En la ópera Masaniello, La muda de Portici, Isabel interpreta el papel protagonista, y se revela como una gran actriz: “El éxito de esta renombrada bailarina en el papel de Fenella fue tan completo y categórico, que ya ha sido calificado como su mejor creación en América” (The Brooklyn Daily Eagle, 24-3-1862).

Tras su larga estancia en Nueva York, Isabel llega a Pittsburgh con sus bailes, entre los que destacan algunas nuevas incorporaciones, como el número ‘La Folie’ o la danza húngara ‘Bokaro Cardas’. La artista vuelve a triunfar, pues, según la prensa, “sólo uno de los apasionados bailes españoles de la Cubas compensará el precio de la entrada” (Pittsburgh Daily Post, 25-4-1862).

Reina en Nueva York

En junio de 1862, la española regresa a la Gran Manzana y, durante varios meses, alterna sus actuaciones entre las distintas salas de Nixon y otros teatros de la ciudad, como el Laura Keene’s o el Niblo’s Garden. Isabel continúa interpretando su repertorio habitual de bailes españoles y, además, se estrena como coreógrafa.

La temporada de verano del Nixon’s Palace of Music se inaugura el día 6, con la incorporación de la soprano italiana Carlota Patti, como directora de la ópera, y de Isabel Cubas, al frente de un ballet formado por bailarines de distintas nacionalidades:

“Inicio de temporada: 9 de junio. Director musical: Mr. Thomas Baker
Se ofrecerá ópera, ballet y pantomima, para lo cual se ha contratado a los mejores artistas
La ópera la dirigirá Miss Carlota Patti y el ballet lo dirigirá la Srta. Isabel Cubas” (New York Daily Tribune, 9-6-1862)

“… Magnífica actuación de ballet por Srta. Isabel Cubas, Mlle. Caroline Theleur, Mlle. Helene, Sr. Ximénez, Herr Weithoff, y un extraordinario cuerpo de bailarines franceses, españoles e italianos” (New York Daily Tribune, 18-6-1862).

Isabel Cubas en The French Spy (Foto de W. L. Germon, 1863)

Isabel Cubas en The French Spy (Foto de W. L. Germon, 1863)

En el mes de julio, empieza a anunciarse en Nixon’s Cremorne Gardens un “ballet, dirigido por la hermosa y brillante Isabel Cubas, […] el más elegante que que se ha ofrecido nunca en Nueva York” (The Era, 6-7-1862).

En septiembre de 1862, en el mismo local, la polifacética artista debuta como actriz dramática de pantomima, en obras como The French Spy o The Wizard Skiff. En cada una de ellas, la Cubas interpreta a varios personajes diferentes y ejecuta distintos bailes. En la primera, incluso participa en un combate de sables. La crítica, una vez más, destaca las sobresalientes cualidades de la española:

“En Nixon’s Garden, la extraordinariamente dotada señora española Isabel Cubas recibió anoche un beneficio. Se representó ‘The French Spy’, obra en la que interpretó el papel de la heroína muda de un modo indescriptible. […] Su pantomima en el primer acto fue deliciosa” (New-York Daily Tribune, 7-10-1862).


NOTA:
(1) La traducción de todos los textos extranjeros es mía.