Durante el pasado mes de marzo, la Peña Flamenca Torres Macarena de Sevilla dedicó a Inés Bacán su Semana de las Mujeres. En ella protagonizó dos noches inolvidables: además de ofrecer un magnífico recital de cante, tuvo a bien compartir con nosotros un rato de charla al hilo de varios fragmentos audiovisuales extraídos de diversas fuentes, principalmente del documental Inés, hermana mía (Carole Fierz, 1995).

Inés Bacán con Antonio Moya en la Peña Flamenca Torres Macarena el 7 de marzo de 2026.
Fue un rato realmente delicioso, lleno de momentos emotivos, en el que Inés nos regaló un valioso testimonio del que ya publicamos la primera parte. Así continuó la conversación…
P: Acabamos de ver un pequeño corte del documental, en el que Concha Vargas y tu prima Fernanda Peña hablan sobre ti.
R: Sí, eran todas primas nuestras. Concha Vargas era prima nuestra también. A Concha la quería mucho mi Pedro.
P: Es muy curioso este fragmento, porque tú estás sentada en medio de las dos…
R: Y yo diciendo, a ver cuándo se van a callar…
P: Ellas están hablando de ti como si no estuvieras delante, y tú ahí en medio…
R: Sí… poca vergüenza. [Risas]
P: Ellas comentan esas dificultades que hemos mencionado, todo el trabajo que tenías que hacer en tu casa…
R: Claro, que yo tenía mucho trabajo para salir… Yo me acuerdo de que cuando presenté el primer disco con ellos, con Pedro… Fue en Madrid, en Casa Patas… No veas todo lo que yo tuve que revolver aquel día para ir, para coger el tren para Madrid: dejar a mis niños, a mi madre… “Inés, ¿adónde vas?” “No, mamá…” No corría nada yo… Pero, bueno, aquí estamos.
P: Y también dicen ellas que cuando tú te sientas realmente más cantora es cuando vas a sacar lo que llevas dentro. ¿Qué pasaba, que no confiabas todavía mucho en ti misma?
R: Bueno, yo sí confiaba en mí, porque yo pensaba: “Si a mi hermano le gusto, con lo que entiende mi hermano, es que canto bien”. [Risas] Esto es lo primero que me venía a la cabeza. Pero yo nunca me he dado importancia… He sido una persona humilde, está feo que lo diga, pero es así. Nunca me he dado importancia y mi hermano Pedro decía que eso no puede ser… Él se reía con eso, y a él le daba coraje, pero, bueno…
P: ¿Qué te decía para animarte, para hacerte sacar todo eso que llevabas dentro?
R: Pues, que si tú no te lo crees… Una vez llamó a Miguel Acal y estuvo con nosotros. “Hombre, dile algo a mi hermana”. Yo no lo sé, pero me lo imagino. Y Miguel, diciéndome cosas: “Si tú no te lo crees, Inés, no se lo va a creer nadie”. Porque yo no sé qué, porque yo no sé cuánto… Y yo, «Míralos, que no se callan, no me dejan tranquila». [Risas] Eso viene con el tiempo, el tiempo te hace sacar la seguridad, eso es el oficio. Esto es un oficio. Es como cuando, por ejemplo, un niño zapatero empieza, pues no tiene seguridad ¿Hasta cuándo? Cuando pasan años. Pues yo igual, aprendí la zapatería. [Risas]
P: Eso es así, la práctica hace maestros.
R: Yo lo tenía dentro, pero… [Risas] Pedro se reía. Él decía: “Inés es una cachonda”. [Risas] Dice un día: “Es que tú no sabes el potencial que tú tienes”. Digo: “¿Por qué? ¿Vamos a ir a la guerra?” [Risas] “Mírala, que es una cachonda”, decía. “La gente no sabe lo cachonda que tú eres”. Y de verdad, lo que más me gusta del mundo es reírme. Mira que me gusta cantar, pues más me gusta reírme.
P: Tú con él tenías una conexión muy especial, ¿verdad?
P: Sí. Nos mirábamos… Muchas veces hacía así porque le daba coraje que supiera yo lo que él pensaba. [Risas] Pero de verdad que lo sabía.
P: Vamos a ver un último fragmento del documental. Ahí comenta tu hermano, y comentas tú también con él, que hay personas de tu entorno que no llegaron a comprender ni a aceptar ese cambio que habías dado en tu vida.
R: Pero es por eso, porque yo nunca canté, ni siquiera en las fiestas, y entonces, de pronto salir cantando, pues claro, a ellos les cogió eso de improviso, a mi gente, a mi familia. Además, que todos eran artistas… “Bueno, ¿este qué se cree, que la hermana va a ser ahora…?” Me callo, mejor. [Risas]

Inés Bacán con Antonio Moya en la Peña Flamenca Torres Macarena el 7 de marzo de 2026.
P: Entonces, no tuviste mucho apoyo, ¿no?, quitando a tu hermano.
R: No, de mi familia, no. Ninguno.
P: Pues menos mal que, a pesar de todo, seguiste, porque eres muy rebelde, ¿no?, como dices también en la película.
R: Yo seguí por él, la verdad.
P: Bueno, no recordemos más tristezas, vamos a hablar de cosas bonitas. Estuviste unos años recorriendo distintos países con ese grupo, el Clan de los Pinini, en el que ibais muchos artistas que erais familia, que teníais una relación muy estrecha…
R: Sí, claro, venía Concha Vargas, venía Carmen Ledesma, venía Pepa de Benito, Dieguito el de la Margara venía muchas veces con nosotros, Vicente Sordera también venía. Vicente, no, Enrique… Y lo pasábamos muy bien, nos reíamos mucho…
P: ¿Y la idea cuál era, llevar como una fiesta vuestra, de vuestra familia, a un escenario?
R: Mi hermano quería llevar lo que era nuestra intimidad en la casa, plasmarla en el escenario. Y lo consiguió. Él lo consiguió, sí.
P: ¿Y eso cómo era recibido por el público? Sobre todo en Francia, tuvisteis mucho éxito, ¿no?
P: Mucho, pues a la gente le encantaba. Se acababan las entradas. Muchas veces la gente decía, los que estaban en la taquilla: “No hay entradas” “¿Ni para la escalera?” Decían para la escalera, sentarse en la escalera.
P: ¿Y te has sentido más reconocida allí que aquí, por ejemplo?
R: En Francia, sí, en París.
P: ¿Por qué crees que es eso, que allí te entendían mejor?
R: Bueno, porque allí no me conocían, como digo yo, íntimamente, no me conocía nadie, entonces la gente creía que yo había cantado toda la vida. Y es verdad que mi cante a ellos les gustaba mucho. Pero es que Francia está muy preparada para todo. En Francia los niños en los colegios dan piano, tienen los oídos muy afinados. Esta era la causa de que ellos nos entendieran tan bien a nosotros, por la afinación que tenían desde chicos.
P: Y la mente muy abierta también, quizá…
R: Y la mente muy abierta. [Risas]
P: Entonces allí te encontrabas súper a gusto, ¿no?
R: Uy, sí. Si hubiera tenido allí a mis hijos, yo nunca me quería venir de allí.
P: ¿Te hubieses quedado allí en vez de estar en Lebrija?
R: Bueno, sin mi hermano y eso, claro, no. Pero con mi hermano y mis hijos… Pero era difícil.
P: En un momento determinado del documental tú también dices una frase que me parece muy profunda: que el cante es una conversación contigo misma que la gente no entiende o puede que sí, pero que es donde tú puedes decir lo que realmente piensas.
R: Sí. Y es verdad. El cante, por lo menos yo, lo entiendo así. Yo hablo conmigo misma cantando. Que la gente entiende o no entiende, como ha pasado muchas veces. Yo me acuerdo de una vez que fuimos a una peña en Huelva, yo iba con Antonio [Moya]. Bueno, me acuerdo que me tomé, sin darme cuenta, dos pastillas de Lexatín y me puse a gustito. [Risas] Y decía Antonio: “Sigue, hija, Inés, que estás cantando muy bien”. Y la gente sin echarme cuenta… [Risas] Y Antonio: “Déjalo, aunque no nos echen cuenta, tú sigue cantando”. Y Antonio llorando. [Risas] Yo con Antonio Moya me he reído mucho también, la verdad es que sí, porque tenían… Es que era una cosa muy extraña, que él y mi hermano tuvieran tanta similitud. Yo no veía a mi hermano reírse nada más que con Antonio Vargas, el marido de Pepa de Benito, y con Antonio Moya.

Inés Bacán con Antonio Moya, y familiares y amigos, en la Peña Flamenca Torres Macarena el 7 de marzo de 2026.
P: También nos has contado antes que el cante para ti ha sido como un salvavidas en muchos momentos, que es lo que te hace mantenerte viva.
R: Sí, ahora mismo lo es. Y ahora tengo la pierna mala…
P: Pero tienes bien la garganta, que es lo importante, ¿no?
R: Bueno, vale. [Risas]
P: ¿Dónde te gusta más, dónde te sientes más a gusto cantando, en una reunión de amigos, en un teatro, en una peña…?
R: Yo en un teatro. Es que ahí es donde yo canté mis primeras veces y donde yo me formé cantando fue en los teatros. Los teatros me encantan para cantar, porque tú no ves a nadie, cierras los ojos y se te presenta solo. [Risas] Ya está.
P: Se te quita un poco la vergüenza, ¿no?
R: No, ya a mí no me da vergüenza cantar.
P: También tuviste una etapa, ya cuando se fue tu hermano, estuviste un tiempo con Israel Galván, recorriendo muchos países.
R: Sí, estuve con él mucho.
P: ¿Y cómo cómo era eso de trabajar con él? Porque tenéis un concepto del flamenco muy diferente, ¿no? Él es muy de vanguardia y tú estás muy apegada a la pureza, digamos.
R: No, porque él, a lo mejor, verás tú… Era un escenario muy grande. Yo me ponía aquí en lo último, que yo me tomaba el Lexatín y yo decía, verás, cualquier día lo que me va pasar. Me voy a quedar dormida. [Risas] Él salía por este lado, el Bobote en este lado en una en una mesa sentado, y yo así. Mira, dice la gente que no baila… ¡Pues no baila bien! Salió Israel bailando de verdad… y canté yo por soleá. Y cuando salimos, dice Israel: “¡Cómo has cantado por soleá, Inés!” Digo: “Pues tú no sabes cómo tu has bailado. Tú me has puesto a gusto a mí”. [Risas] Y yo le cantaba a él por siguiriyas, él bailaba en lo alto de la mesa, y bailaba entonces como Antonio el bailarín. Bailaba muy bien, muy bien. Lo que pasa que él después era muy sano, porque si la gente se reía de él, no le importaba. Era un niño muy bueno. Y yo me ponía delante del camerino, e Israel, tututú… “¡Te vas a partir un un tobillo! Tú, sigue” [Risas] “Inés, ¿me quieres dejar ya?” [Risas] Y se lo partió. [Risas]
P: ¿Se lo vaticinaste, no?
P: Sí, pero él se reía. ¿Y cuando me perdía en el escenario? “Chiquilla, la tata, ¿dónde estás?” Yo qué sé, digo: “Yo me he perdido, ¿eh?” “Los niños, los niños de las luces”. [Risas] Y se reía. Y a lo mejor yo me había metido en una cosa con muchas cortinas redondas y no sabía salir. [Risas] “Ay, tata, ¿por dónde vas?” Al final, era bueno, pero muy travieso. [Risas] Hacían cada cosa…
P: ¿Te gastaba bromas?
R: No, no, a mí no, ellos. Hubo una vez en un pueblo que había muchos elefantes, yo no sé por qué había tantos elefantes. [Risas] Pero elefantes, como estatuas. Entonces, mi hermano Juan se fue con ellos y yo digo: “¿Qué está pasando con el elefante? Qué raro, que no se cae”. Es que se montó en lo alto, los dos se montaron en lo alto de los elefantes esos y se cayeron… al hospital. [Risas] Eran malísimos los dos, ¿eh? Malísimos, malísimos. Yo decía: “Esta gente cualquier día se busca un disgusto”.
P: Para no cansarte más, me gustaría hacerte una última pregunta: después de tantos años de carrera, porque, aunque empezaste tarde, son ya muchos años, ¿cuál crees que ha sido tu aportación al flamenco?
R: La naturalidad. Porque el flamenco es naturalidad, no son voces. El flamenco es una cosa natural que sale del alma, ¿no? ¿Y del alma qué sale? Las cosas naturales. Lo que tú sientes.
P: Ahí está la transmisión, ¿no?
R: Ahí está.








