Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Dora la Cordobesita, la sultana del garbo (I)

En la historia del flamenco existen casos notables de artistas precoces, que iniciaron sus carreras profesionales a una edad muy temprana, normalmente impelidas por una mezcla de vocación y necesidad, que llevó a niñas como Pastora Pavón o Carmen Amaya a convertirse en sostenedoras de una extensa familia. También con muy pocos años, Encarnación López, la Argentinita, inició su peregrinar por los teatros de variedades de toda España, convertida en una seria competidora de las grandes figuras del género.

Dora la Cordobesita en portada de la revista Diana, 22-1-1911.

Dora la Cordobesita en portada de la revista Diana, 22-1-1911.

Apenas un lustro después, y con un perfil similar al de Encarna, irrumpió en la escena española Dora la Cordobesita, otra joven promesa que no tardó en convertirse en una brillante realidad. No obstante, tal vez por su temprana retirada de los escenarios, cuando se encontraba en la cumbre de su fama, su nombre no luce hoy con el brillo que merecería en los anales de la danza y la canción española. Sirva esta serie de artículos para reivindicar a quien sin duda es una de las mayores figuras que ha dado la tierra cordobesa.

Dolores Castro Ruiz nació el 25 de mayo de 1901 en el número cinco de la calle Valderrama, en pleno casco histórico de la capital (1). Sus padres nunca llegaron a casarse, por lo que se crio con su madre y su abuela materna. Desde muy pequeña sintió la llamada del arte. Según su propio testimonio, debutó en el cine Ramírez de su ciudad a los diez años de edad, con una madrina de excepción:

“Yo iba casi diariamente al cine, para ver actuar a Pastora Imperio, y en mi casa imitaba algunos números de los que ella hacía. Me los vio hacer, le gustó, y me propuso sacarme ella misma a escena.

[…] Yo me puse a cantar el número, procurando imitarla, y Pastora se retiró del escenario a la mitad, a ver si yo me azoraba al quedarme sola […]. Con lo chica que yo era, y sin haber pisado un escenario en mi vida, seguí tan campante, y la gente me aplaudió” (2).

Dora la Cordobesita, en portada de la Revista Teatral, 30-10-1912.

Dora la Cordobesita, en portada de la Revista Teatral, 30-10-1912.

Ese fue el primero de los incontables triunfos que Dora cosechó a lo largo de su deslumbrante carrera, que está profusamente documentada en la prensa de la época. La referencia más antigua data de finales de abril de 1911, cuando aún no había cumplido los diez años de edad (3), y la sitúa en el teatro Circo de Córdoba, actuando en los intermedios de las obras llevadas a escena por la compañía cómica del actor Juan Pantaleón (4). Solo unos meses más tarde, la “pequeña cupletista” ya aparecía en portada de la revista gaditana Diana, que se hacía eco de sus exitosas actuaciones en Gibraltar y Zafra. Al decir de un diario de esta localidad, “‘Dorita’ es de las que convencen y le pronostican un brillante porvenir’” (5).

Su carrera arrancó con brío y no tardó en ser requerida en las principales capitales andaluzas –Cádiz, Granada, Málaga, Sevilla, Almería– así como en otras muchas localidades de nuestra geografía regional, desde Ayamonte hasta Linares. En 1914 realizó sus primeras giras por Extremadura y Levante; en 1915 viajó a las islas Canarias y Portugal; y en 1916 cruzó la frontera de Despeñaperros. Su gran versatilidad le permitió cultivar de forma excelente tanto el baile como el cuplé, y así lo certificó la crítica desde sus primeras actuaciones: “Dora la Cordobesita, artista monísima y que canta y baila que es un primor” (6).

Su primer repertorio estaba integrado por imitaciones de las estrellas del género de varietés y de grandes figuras del toreo, que ejecutaba con gracia, desparpajo y maestría: “Su trabajo de imitaciones, de difícil ejecución y expuesto a un fracaso al menor descuido, lo domina perfectamente” (7). Merece la pena destacar su interpretación de las canciones Tápame, de la Goya, y La pena, pena, de Pastora Imperio; o el pregón El pescaero, de Amalia Molina; así como el cuplé Los tres ases, inspirado en las figuras de Joselito, Belmonte y Rafael el Gallo.

Dora la Cordobesita. CDMAE.

Dora la Cordobesita. CDMAE.

Incluso se atrevía a ofrecer unas pinceladas de cante flamenco, no sin manifestar el gran respeto que le merecía el género: “-Respetable público –dijo– esta noche por ser mi beneficio y para complacer a ustedes, voy a cantar flamenco, como excepción. Soy casi una niña, y no tengo la pretensión de que ustedes me comparen con ‘la niña de los peines’. Ruego, pues, indulgencia” (8).

Esas palabras las pronunció Dora en junio de 1912 en el salón Novedades de Málaga, donde actuó durante cuarenta días consecutivos con enorme éxito. Poco después ya había quien consideraba que “puede compararse con las mejores de su género” (9), tal vez porque poseía un arte innato “que muchas de las ‘mayores’ aún no supieron o no quisieron dominar. Ella canta, baila y acciona con igual desenvoltura que si maestros de declamación y músicos famosos se hubieran esmerado en educarla; y nada más lejos de eso, Dora […] nació artista” (10).

Su progresión fue meteórica y en ello seguramente tuvo mucho que ver el contar con el respaldo de una figura como la de Antonio Cabrera, empresario teatral afincado en Córdoba que, no solo ejerció como su representante artístico (11), sino que encarnó para Dora lo más parecido a la figura de un padre. Él la acompañó en todos sus viajes y veló por el buen desarrollo de su carrera, que desde el principio se caracterizó por la búsqueda de la excelencia y la profesionalidad. Así, siguiendo el ejemplo de su admirada Amalia Molina, concedió gran importancia a la presentación escénica, y dotó a cada número del vestuario más apropiado, sin escatimar en gastos (12).

Dora la Cordobesita. CDMAE.

Dora la Cordobesita. CDMAE.

Con solo once años de edad, empezaba a ser considerada una “consumada maestra” (13), que triunfaba por “el arte, la graciosa desenvoltura, el estudio acabado de los bailes, la voz de irresistible simpatía […], una artista única en su género, que vela […] por el prestigio de lo andaluz, sin trampa de flamenquismo ni cartón de pandereta” (14). Las empresas se la rifaban y el estatus económico alcanzado incluso le permitía disfrutar de periodos de descanso vacacional (15).

Además de todos los méritos señalados, la crítica coincidía en destacar la gran personalidad de la Cordobesita, que, para seguir creciendo artísticamente, debía dar un paso más. En 1914, durante su gira por Extremadura, Pedro Fernández Santos se permitió hacerle la siguiente recomendación:

“… es indiscutible que ‘Dorita’ es una de las artistas de varietés, de más extenso repertorio, porque todos los géneros le son asimilables, y todos los dominan […]; ¿no es racional que yo le aconseje que procure hacerse uno suyo propio, con absoluta exclusión de todo aquello que pueda traer comparaciones con la gran Molina, con ‘Lulú’, ‘Argentinita’, ni la Imperio? […]

‘Dorita’ tiene voz y recursos suficientes para responder a todas las exigencias del pentagrama; ¿a qué, pues, imitar lo que a veces es malo?” (16).

No cabe duda de que estas palabras no cayeron en saco roto, ya que, sin dejar de lado sus “inimitables” imitaciones, en los años siguientes Dora fue incorporando en sus actuaciones –muchas veces, en exclusivacanciones y cuplés firmados por compositores como Manuel Font de Anta, Cándido Larruga o Vicente Quirós, con textos de Manuel Susillo, Salvador Valverde o Eduardo Montesinos, entre otros; así como danzas con música de Enrique Granados, Isaac Albéniz o Gaspar Vivas.

Dora la Cordobesita. CDMAE.

Dora la Cordobesita. CDMAE.

En mayo de 1916, con quince años recién cumplidos, alcanzó uno de los hitos a los que toda artista aspira, debutar en la Villa y Corte, y no en cualquier escenario, sino en la catedral de las variedades, el teatro Romea. Allí escuchó durante dos semanas “aplausos tan merecidos como ruidosos. […] venía precedida de gran fama, y […] la ha consolidado poderosamente, quedando consagrada como canzonetista y bailarina de gracia, arte, flexibilidad y dotes excepcionales” (17). Tanto fue así, que la empresa la hizo firmar un contrato para la siguiente temporada (18).

Tras su exitosa presentación en el Kursaal de Melilla, donde ofreció treinta y dos representaciones y estrenó el cuplé Aires de Córdoba (19), en el otoño de 1916 regresó a su ciudad para actuar en el teatro Circo, no ya como “la niña que empieza, sino [como] la gran estrella que triunfa. El decorado es estupendo y variadísimo, pintado por los mejores escenógrafos; el vestuario, riquísimo, y, sobre todo, […] arte fino y puro, sin adulteraciones, arte exquisito, maestría insuperable” (20).

El público llenó la sala cada noche y la colmó de ovaciones, hasta el punto de que se vio obligada a interpretar entre doce y catorce números por sección (21). Unas semanas más tarde debutó en el que pronto se convertiría en uno de sus escenarios más frecuentados, el salón Imperial de Sevilla, donde gustaron “especialmente unas bulerías que bailó con mucha gracia gitana” (22).

Anuncio de Dora la Cordobesita (Eco Artístico, 25-6-1914).

Anuncio de Dora la Cordobesita (Eco Artístico, 25-6-1914).

A sus quince años de edad, al decir del escritor Enrique Honrubia, contaba con potencial suficiente para llegar a superar a su gran maestra y referente:

“Distínguese Dora la Cordobesita en el género cañí, sin mixtificaciones, y en sus dos aspectos, canto y baile, y con tal verismo y originalidad, que su trabajo no encuentra similar con quien compararlo […].

… con un vestuario lujoso y apropiado y un decorado de primoroso valimiento, en el que figuran vistas y paisajes de ciudades andaluzas.

Por todo este conjunto, en fin tengo el convencimiento de que Dora la Cordobesita llegará a ser en breve otra Pastora Imperio, con la ventaja para Dora de que en ella la cantante no queda por debajo de la bailarina” (23).

En abril de 1917 regresó al teatro Romea de Madrid mas, a pesar del éxito obtenido la noche de su debut, decidió rescindir su contrato con Antonio Alesanco por los motivos que explicó en una carta enviada a la prensa, en la que dio buena muestra de su carácter:

“Yo venía actuando […] con gran satisfacción en el antedicho teatro […] pero la noche del 28, al negarme en la sección de las once a corresponder con la interpretación de otros números a los favores del público, adquirí el convencimiento, muy penoso, de que el empresario […] regatea o escatima el éxito a las artistas que no son a la vez mujeres dóciles a sus halagos serviles” (24).

Dora la Cordobesita (Toros y toreros, 5-6-1917, p. 13).

Dora la Cordobesita (Toros y toreros, 5-6-1917, p. 13).

Unos días más tarde, compartiendo cartel con Raquel Meller, debutó en el Trianón Palace, donde siguió siendo muy aclamada (25). Pocas semanas después, el 31 de mayo, sufrió el duro golpe de perder a su madre, por lo que a partir de entonces fue Antonio Cabrera quien se hizo cargo de ella. De hecho, en el padrón de vecinos de Córdoba de 1919 ambos aparecen domiciliados en el número 14 de la calle Muñoz Capilla.

Notas:

(1) Así consta en su acta de nacimiento, localizada por Manu Guerrero.

(2) Declaraciones de Dora en el diario La Unión, 15-4-1925, p. 9.

(3) Sus pocos años le originaron algún que otro problema, por ejemplo en el cine Escudero de Cádiz, “de donde inopinadamente fue desterrada por no considerársele en aquel tiempo con edad suficiente” (Diana, 31-10-1912, p. 11); o en el Salón Imperial de Sevilla, donde tuvo que suspender su actuación por orden gubernativa (Eco Artístico, 25-6-1914, p. 31).

(4) El Defensor de Córdoba, 28-4-1911, p. 4.

(5) El Eco del Pueblo, citado en Diana, 22-10-1911, p. 10.

(6) Noticiero Granadino, 23-3-1912, p. 3.

(7) Diana, 30-10-1912, p. 11.

(8) José Carlos Bruna, La Unión Ilustrada, 9-6-1912, p. 3.

(9) Zadí Jérico, Diana, 22-9-1912, p. 11.

(10) Eco Artístico, 5-12-1912, p. 24.

(11) En 1913 se anunció por primera vez en la prensa como representante exclusivo de Dora (Eco Artístico, 25-3-1913, 30).

(12) Cuando aún contaba once años de edad, Dora ya destacaba “por el rico vestuario que presenta” (Eco Artístico, 5-1-1913, p. 18). Uno años más tarde también contaría con sus propios decorados, firmados por escenógrafos de prestigio.

(13) Eco Artístico, 15-3-1913, p. 31.

(14) J. L., El Popular, 2-3-1913, p. 2.

(15) En 1913 pasó los meses de junio y julio descansando en Puerto Real “al lado de sus padres” –la prensa se refiere a su madre y Antonio Cabrera– (Eco Artístico, 5-6-1913, 55) y en diciembre “marchó a Córdoba a pasar con su familia las fiestas de Navidad” (M. R., Eco Artístico, 25-12-1913, p. 38).

(16) Pedro Fernández Santos, La Región Extremeña, 30-7-1914, 1.

(17) Eco Artístico, 25-5-1916, p. 17.

(18) Eco Artístico, 5-6-1916, p. 12.

(19) Con letra de Tomás Segado-Gómez y música de Vicente Quirós (El Telegrama del Rif, 18-9-1916, p. 1).

(20) Eco Artístico, 5-10-1916, p. 16.

(21) Eco Artístico, 15-10-1916, pp. 13-14.

(22) El Liberal, edición de Sevilla, 10-11-1916. Archivo ON.

(23) Enrique Honrubia, Eco Artístico, 5-2-1917, p. 12. En esa época Dora contaba ya con doce decorados propios (Heraldo de Zamora, 15-12-1916, p. 3).

(24) Toros y Toreros, 8-5-1917, p. 13.

(25) Toros y Toreros, 15-5-1917, p. 13.