Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Anita Sevilla, una brillante carrera truncada por la guerra y la muerte prematura (y VI)

En abril de 1941 se anunció la contratación de Anita Sevilla para realizar una serie de actuaciones en radios y teatros de la zona sur de los Estados Unidos (1). No obstante, las primeras referencias que nos ofrece la prensa norteamericana la sitúan, en los meses de junio y julio, en el club Bowery de Detroit, formando pareja con el bailaor Antonio de Córdoba, discípulo de Antonio Triana. En la publicidad aparecen como “famosas estrellas argentinas de la danza” (2).

Anita Sevilla en el parque de atracciones de Jefferson Beach (The Detroit Free Press, 2-7-1941).

Anita Sevilla en el parque de atracciones de Jefferson Beach (The Detroit Free Press, 2-7-1941).

Durante su estancia allí, el día doce de julio intervinieron en un espectáculo de variedades que se ofreció a los soldados de la base militar de Fort Custer, bajo el título The Palm Beach Show. Completaban el cartel Don Pablo y sus Californianos, los artistas acrobáticos Morris y Morris, la cantante Margie Wall, la bailarina de claqué Kay Windsor, y un coro de cantantes y bailarinas (3).

Poco después viajaron a Nueva York y debutaron en El Chico, considerado el club nocturno más antiguo y la “número uno de las auténticas salas españolas” de la ciudad. Se anunciaron como “pareja de cante y baile flamenco” y compartieron cartel con la bailarina hispana Teresita Osta, las cantantes mexicanas Hermanas Padilla, y don Alberto y su orquesta, entre otros artistas (4).

Unas semanas más tarde Anita pasó a Le Ruban Bleu −un “elegante cabaret” que ofrecía un “espectáculo educado, de salón, sin pista de baile”−, donde interpretó sus canciones flamencas acompañada a la guitarra por Jerónimo Villarino. Completaban el programa la acróbata Carrie Finnell, el cantante Richard Dyer-Bennet, el grupo vocal The Sophisticords, y los pianistas Stuart Ross y Herman Chittison (5). Asimismo, en esa época intervino en varias ocasiones en el programa de variedades radiofónicas Hemisphere Revue, amenizado por la orquesta de Ben Grauer y Paul Laval (6).

Anita Sevilla y Antonio de Córdoba (The Detroit Free Press, 10-7-1941).

Anita Sevilla y Antonio de Córdoba (The Detroit Free Press, 10-7-1941).

Poco después volvió a unirse a la compañía de Antonio Triana, que el doce de noviembre presentó en el Museum of Modern Art de Nueva York un programa de música y baile español. El coreógrafo sevillano ejecutó varios solos de danza y, formando pareja con Lola Montes, interpretó aires andaluces, asturianos y aragoneses. “Esta música, flamenco y música moderna derivada del mismo Falla, Infante, Granados y Albéniz, fue cantada por Anita Sevilla y tocada por el guitarrista Jerónimo Villarino”. El número estrella fue la puesta en escena de Boda gitana, de García Lorca, con la intervención de la pequeña Luisa Triana (7).

El veintiuno de diciembre tanto Anita como Antonio Triana y el resto de la compañía colaboraron en la denominada Fiesta de la Victoria, organizada por la Comisión de la Unidad Antifascista de España en la Cosmopolitan Opera House, a beneficio de la asistencia médica a la Unión Soviética y de la ayuda a los refugiados republicanos españoles. Numerosos artistas, tanto hispanos como rusos y estadounidenses, tomaron parte en el evento (8).

A fin de contribuir a la misma causa, la víspera de Año Nuevo, el dramaturgo y productor Edward Chodorov celebró una fiesta en su finca campestre de Sun Spring Valley Road, en Ossining. Además de la actuación de los actores y actrices de la obra Brooklyn U.S.A. y de Patricia Pearson, estrella de la comedia musical Junior Miss, “hubo cante y baile flamenco a cargo de la famosa artista española Anita Sevilla” (9).

Anita Sevilla (López Mohiño).

Anita Sevilla (López Mohiño).

También en Nueva York, en los primeros meses del año 1942 actuó en el Teatro Hispano y el catorce de abril intervino en una Fiesta de la Amistad ofrecida por la Federación de Clubes de Música en el Great Northern Hotel con motivo del Día Panamericano. En esa ocasión formó pareja de baile con José Greco y, entre otras muchas figuras, en el programa destacaba la presencia de Encarnación López, la Argentinita (10).

El diecinueve de julio participó en una nueva Fiesta de la Victoria celebrada en Dexter Park, con el patrocinio del Comité Conjunto Antifascista para los Refugiados, a fin de “conmemorar el sexto aniversario de la heroica lucha contra el fascismo librada por la España republicana” (11).

En octubre se anunció en el cabaret La Conga, de nuevo junto a José Greco, y de allí pasó al Havana-Madrid, considerado el “night club latino más antiguo de la zona de Broadway”, que ofrecía un programa compuesto por artistas como el cantante cubano Miguelito Valdés, el tenor Terri La Franconi, el Trío Mixteco o la orquesta de Froilán Maya. Anita Sevilla formaba pareja de baile con José Fernández, e interpretaban varios números acompañados a la guitarra por Jerónimo Villarino. A decir de la crítica, estaban “bien en las labores de taconeo, siendo la chica un tipo especialmente vivo” (12).

Anita Sevilla (New York P. M. Daily, 8-12-1941).

Anita Sevilla (New York P. M. Daily, 8-12-1941).

Un triste e inesperado final

Una noche del mes de noviembre, cuando se preparaba para salir a escena en el Havana-Madrid, Anita sufrió un agudo ataque de apendicitis que le impidió actuar. Fue trasladada a una clínica y operada de urgencia, mas no consiguió sobrevivir. Según López Mohiño, llevaba ya algún tiempo padeciendo dolores de estómago y su médico de confianza, el doctor Cantala, le había recomendado someterse a una intervención quirúrgica, mas aquel fatídico día no pudo atenderla por encontrarse fuera de la ciudad (13).

En ese momento se encontraba con ella su sobrina Julita, que solía acompañarla en sus actuaciones y se ocupaba de su vestuario. Su hermano Paco viajó desde México para hacerse cargo de todos los trámites y cumplir la última voluntad de Anita, que pidió ser embalsamada y descansar para siempre en el país que tan bien la había acogido. Debido a la situación de los Estados Unidos, que se hallaban inmersos en la Segunda Guerra Mundial, el traslado tardó cuarenta y siete días en realizarse. El veintinueve de diciembre de 1942 sus restos fueron sepultados en el Panteón Civil del Cementerio de los Dolores de Ciudad de México (14).

El prematuro e inesperado fallecimiento de Anita Sevilla, con solo treinta y cuatro años de edad, causó gran conmoción entre sus amigos y compañeros, que el día doce de diciembre organizaron una función en el Palm Garden de Nueva York a beneficio de sus hijos. Encabezó el acto don Joaquín Abellán, presidente de las Sociedades Españolas e Hispanoamericanas, y prestaron su colaboración figuras como Xavier Cugat, Rosario y Antonio, Antonio Triana y su hija Luisa, con los maestros García Matos y Escarpentier al piano (15).

Anita Sevilla (Popular Film, 30-7-1936).

Anita Sevilla (Popular Film, 30-7-1936).

Asimismo, la prensa mexicana le dedicó emotivos artículos, como el que firmó su amigo, el periodista y crítico de arte Juan Miró, que aún recordaba con nitidez su primer encuentro con la artista:

“Una varita de mimbre en la mano. Un clavel de sangre entre los labios sonrientes. Un sombrero cordobés sobre los negros cabellos. El escenario solo, entero para ella. Así la conocí la noche que se presentó por primera vez, en un intermedio de variedad durante una función cinematográfica. Una inmediata corriente de simpatía amistosa […] se estableció aquella noche entre Anita Sevilla y el público mexicano” (16).

Miró, que fue uno de sus más fieles seguidores en el país azteca, destacó de Anita su mexicanismo:

“… sintió siempre que aquí, en México, encontraba réplicas cabales de su Sevilla tan querida. Una vez, trepados en la azotea de la casa en que vivía −por Balderas−, me confiaba: ‘¿Sabe usté? Si er señó me quisiera jacé felíz, me pondría un puente grande, grande, para ir de aquí a Sevilla y de Sevilla a aquí toitos los día. Porque no sabría viví sin México ya quo (sic) lo conosí’” (17).

Anita Sevilla (López Mohiño).

Anita Sevilla (López Mohiño).

También evocó uno de sus grandes triunfos en los escenarios, el estreno de La muerte de Sánchez Mejías, creación de García Matos, cuya relación con Anita iba más allá de lo meramente profesional:

“Cantó por todas partes, siempre dirigida por el compositor Manolo García Matos. Una noche […] Anita se presentó enlutada. Estrenaba la composición de Manolo ‘La muerte de Sánchez Mejías’. Cuando empezó a cantar, toda la jacaranda que su presencia provocaba siempre, cesó como de milagro. Un recogimiento religioso corrió por todo el teatro, y ella, clavados los enormes ojos en la semi-obscuridad de la sala, recitó el romance como una oración, haciendo sentir a los espectadores la opresión de la muerte por la que Sevilla se había postrado de hinojos ‘con el fleco de la pena por mantilla’. La ovación fue grandiosa, Anita estaba feliz, y envuelta en la hora del triunfo, no tenía ojos sino para el compañero, el autor, prendido en los temblores de su cantaora. Para ella, el triunfo era de Manolo. Para Manolo, el triunfo de Anita lo era todo.

Hoy deben estar también doblando con emoción las campanas de la Giralda. La afición mexicana también se ha puesto de mantilla el fleco de la pena. García Matos no ha de encontrar ni siquiera el consuelo de poner en música lo que siente” (18).

Anita Sevilla y Manuel García Matos (López Mohiño).

Anita Sevilla y Manuel García Matos (López Mohiño).

Aunque ni López Mohiño ni el propio García Matos (19) se pronunciaron sobre ese particular, distintos testimonios localizados en la prensa americana dan por sentado que el músico y la cantaora mantenían una relación sentimental. Así, Pepe Elizondo se refería al “‘cuadrito andaluz’ que ha formado el ‘bailaor’ [Antonio Triana] con sus parientes el pianista Matos y Anita Sevilla” (20); y el diario La Opinión mencionaba al “maestro y compositor andaluz García Matos −esposo de la notable cataora (sic) Anita Sevilla” (21). Asimismo, según el propio Miró, en el desarrollo de la faceta bailaora de Anita, durante su estancia en los Estados Unidos, tuvo mucho que ver su relación profesional y familiar con Antonio Triana:

“… fue en los Estados Unidos donde más ganó, posiblemente. Aquí le conocíamos unos pasitos graciosos con que iniciaba ‘El Parque de María Luisa’, o con los que remataba aquellos inolvidables ‘Piconeros’ pero se nos había presentado precisamente como bailadora de flamenco. Su parentesco político y su gran amistad fraternal con Antonio Triana la transformó en bailarina, y los norteamericanos pudieron aplaudir lo que para nosotros fue un secreto. El baile le dio dinero, más que el cante” (22).

Sirva la serie de artículos que aquí culmina para recuperar la memoria y rendir homenaje a la inconmensurable Anita Sevilla, que se marchó demasiado pronto y cuando aún tenía mucho que ofrecer.

Anita Sevilla (Democracia, 9-9-1938).

Anita Sevilla (Democracia, 9-9-1938).

Notas:

(1) La Opinión, 1-4-1941, p. 4.

(2) Detroit Evening Times, 30-6-1941, p.13; 9-7-1941, p. 20. La traducción de todos los textos extranjeros es mía.

(3) The Battle Creek Enquirer and News, 11-7-1941, p. 14.

(4) Variety, 23-7-1941, p. 54; New York Post, 7-8-1941, p. 10.

(5) Variety, 24-9-1941, p. 47.

(6) Freedonia New York Censor, 28-10-1941, p. 2.

(7) M. M., Daily Worker, 15-11-1941, p. 7; The New York Times, 13-11-1941, p. 34.

(8) Daily Worker, 10-12-1941, p. 7.

(9) Ibidem, 30-12-1941, p. 7.
(10) El Curioso Pertinaz, Cine-Mundial, marzo de 1642, p. 135; Musical America, 25-4-1942, p. 42.

(11) Daily Worker, 10-7-1942, p. 7.

(12) The New York Sun, 24-10-1942, p. 5; Kahn, Variety, 14-10-1942, p. 46.

(13) Distintos medios periodísticos señalaron a un violento ataque de apendicitis como la causa del fallecimiento, que dataron entre el día 12 y el 13 de noviembre, mientras que López Mohiño habla de dolores de estómago y sitúa el óbito el día once.
Cfr. López Mohiño, José Manuel, Toda la verdad sobre Anita Sevilla, Salamanca, Kadmos, 2002, p. 87.

(14) Ibidem, pp. 87 y 96.

(15) Ibidem, p. 94.

(16) Juan Miró, en Revista de Revistas, 29-11-1942, p. 11; reproducido en López Mohiño, op. cit., pp. 91-92.

(17) Idem.

(18) Idem.

(19) García Matos, Manuel, Mi vida, mi obra y mis recuerdos, Servicio Municipal de Publicaciones de Alcalá de Guadaíra, 1985.

(20) Pepe Elizondo, Cine-Mundial, diciembre de 1940, pp. 584-585.

(21) La Opinión, 18-6-1939, p. 6. Hablar de matrimonio legal puede resultar excesivo, ya que tanto Anita como Manuel estaban casados en España, con Benito Durán Guerra y Ana Calvo Aragón respectivamente.

(22) Juan Miró, op. cit.


La odisea americana de Carmen Amaya: en el Maravillas de Buenos Aires (II)

Durante los siete meses ininterrumpidos que Carmen Amaya permaneció en el Teatro Maravillas, distintos artistas se fueron incorporando al programa. El 22 de enero de 1937 debutaron la cantaora y cancionista Anita Sevilla, y el trío formado por las bailaoras Pepita, Trinidad y Teresa Jiménez, a quienes la prensa denominaba indistintamente Gitanas del Sacromonte o Gitanas del Albaicín. La primera “cantó con un brío y simpatía singulares ‘Mi taranta’ […] ‘Jerrero der Sacromonte’, ‘Flor del romero’ y una ‘Saeta’”, que merecieron la ovación del público y le reportaron muy buenas críticas:

Anita Sevilla es más que una cancionista bien dotada. Es una expresión, simpatiquísima y garbosa, de la gitanería. Se luce especialmente en lo que ella canta, […] pero, además, le infunde una sensualidad, acentuada por los movimientos con que el cuerpo parece ayudar la emisión del sonido y acentuada también por la expresión de los ojos y la ancha sonrisa” (Crítica, 23-1-1937, 8).

Anita Sevilla le canta a Carmen Amaya (Crítica, 24-1-1937).

Anita Sevilla le canta a Carmen Amaya (Crítica, 24-1-1937).

Las hermanas granadinas “manifestaron al bailar unas bulerías su condición racial y su temperamento, pero no entusiasmaron mayormente”. Completaron el espectáculo la cancionista Ascensión Pastor, los mentalistas hermanos Marbel, las bailarinas Hermanas Vera al frente de un conjunto de coristas, el Chato de Valencia acompañado a la guitarra por el Pelao, y la reina indiscutible del elenco, Carmen Amaya, “cuyo fuego se transmite al público, que la aplaude frenéticamente” (ibidem).

Poco después fue contratado el guitarrista argentino Pedro Cerezo, que interpretaba un repertorio basado en el cancionero español, con obras de autores como Albéniz, Turina, Tárrega o Granados (Crítica, 3-2-1937, 10). El 5 de febrero se celebró una función extraordinaria para celebrar las cien representaciones del espectáculo y el extraordinario éxito de la “emperaora del baile cañí” (ibidem), que unas semanas más tarde debutó ante los micrófonos de la emisora Radio del Pueblo (Radiolandia, 13-2-1937, 18) y colaboró en un baile organizado en el Teatro Colón a beneficio de la Asistencia Pública (Caras y Caretas, 27-2-1937: 59).

Durante el mes de marzo siguieron incorporándose nuevas figuras en el elenco del Maravillas, como la pareja de baile formada por Rosario y Antonio, más conocidos como los Chavalillos Sevillanos; la cancionista Conchita Martínez, el humorista Manolo Vico, los bailarines excéntricos Hermanos Rubians y La Tirana, el funambulista Artinelli o los parodistas Machuca y Lopo (Crítica, 3-3-1937, 15).

Pepita, Trinidad y Teresa Jiménez (Crítica, 23-1-1937).

Pepita, Trinidad y Teresa Jiménez (Crítica, 23-1-1937).

Reunificación familiar

No obstante, para Carmen Amaya el desembarco más esperado sin duda fue el de su familia, que llegó el día once a bordo del vapor Campana, procedente de Marsella. Sus hermanos Antonia, Leonor y Antonio tenían previsto sumarse a la compañía del Maravillas, lo mismo que sus primos Juanillo y Pepita Amaya, que eran “toda una revelación en el arte del baile flamenco”. Sin embargo, su madre, Micaela Amaya, “no trabajará en el teatro “porque así han dispuesto sus hijos, pese a ser una consumada bailarina de gran vuelo entre la gitanería. Se presentará […] en el escenario del Maravillas a solo título de agradecer al público las demostraciones que se le tributan a su hija Carmen”. Tampoco se subirían a las tablas los tres hermanitos pequeños ni la prometida de Paco Amaya, Micaela Santiago (Crítica, 11-3-1937, 4).

Una vez reunida la familia completa, un periodista del diario Crítica visitó su domicilio y se encontró con una animada escena:

“Los seis hermanitos de Carmen Amaya, corretean por los patios y habitaciones como en terreno conquistado. Exploran el nuevo ambiente, curiosean la vereda, admiran los trajes de su hermanita ‘la estrella’, o chillan los más pequeños bajo la lluvia del cuarto de baño, mientras una hermana mayor los enjabona, los cepilla y los pule […]. Después, vestidos con minúsculos pijamas que evidentemente han salido de la misma pieza de tela azul, convertida en prendas de vestir de tamaños rigurosamente escalonados, por la casera industria de la matriarcal autoridad de la jefa de la familia, van a hacer compañía a los demás en sus incursiones por la nueva casa” (Crítica, 13-3-1937, 8).

Carmen Amaya junto a su madre, Micaela Amaya (Crítica, 13-3-1937).

Carmen Amaya junto a su madre, Micaela Amaya (Crítica, 13-3-1937).

La madre de las criaturas, de “magnífica estampa gitana […] desenvuelta, bien plantada” y con “su rostro moreno encuadrado en negrísima guedeja”, ponía el contrapunto al carácter nervioso e inquieto de Carmen. “Serena y callada […]. Los niños se ve que la consideran como la suprema autoridad de la familia. Un solo ademán suyo basta para cortar toda la bulla de los pequeños. Todos la adoran, […] pero, el cariño no excluye una fuerte dosis de respeto” (ibidem).

Las primeras palabras de Micaela fueron para su hija mayor: “Me complace el éxito de Carmencita. Pero no me sorprende. En la familia nadie nos ha enseñado a bailar, pero todos hemos bailado desde la infancia. Carmencita, baila desde los cuatro años de edad. Claro que desde entonces acá, ha aprendido algunas cosas nuevas…” (ibidem).

Después contó algunos detalles sobre el viaje y los últimos días pasados en España:

“En Barcelona se vivía con toda tranquilidad […]. Los teatros y los cines están llenos, la gente trabaja como siempre, y en la calle y en los paseos todo el mundo circula con toda naturalidad. […] En ningún momento tuvimos ninguna dificultad, y a nadie le faltó comida. […] Solamente a bordo, cuando estábamos embarcados ya, hemos chocado con eso de la comida. Usted se imagina, el buque era francés y nos servían unos platos tan complicados que muchas veces, los churumbeles y yo los dejábamos sin haberlos probado…” (ibidem).

La familia Amaya (Crítica, 13-3-1937).

La familia Amaya (Crítica, 13-3-1937).

La última parte de la conversación tuvo como protagonista a la benjamina del clan, que, a pesar de su corta edad, mostraba ya muy buenas dotes para la danza:

“– Aparte de los que ya conoce el público de Buenos Aires – preguntamos a Micaela Amaya – ¿tienen ustedes otros artistas en la familia?…
– ¡Claro está!… ¡Todos los somos! Yo no sé cuándo empecé a bailar; pero los churumbeles, puedo decir que ellos han aprendido a caminar bailando. Mire usted la pequeña…

‘La pequeña’ a la que se refiere Micaela, es la hermanita menor de Carmen Amaya. Todavía no ha cumplido los dos años. En ese momento, vestida con una corta camisita, está de espaldas a nosotros, mirando hacia el patio donde sus hermanos continúan sus interminables travesuras. Aprovechando ese momento de distracción de la niñita, Micaela, toma la guitarra y comienza a pulsar sus cuerdas. No han terminado de vibrar los primeros sones, y ya la pequeña, como obedeciendo a un conjuro, con los bracitos en alto, dándose vuelta con viveza, moviéndose con un garbo extraordinario, dibuja las primeras figuras de su fandanguillo…

– ¿Lo ven ustedes? – exclama la madre sonriendo –. Parece cosa de embrujo. Nadie se lo ha enseñado. ¡Cuando yo les digo que todos nacemos bailando!” (ibidem).

Las maravillas del Maravillas

El 9 de abril el diario Crítica publicó un reportaje a página completa titulado “Las maravillas del Maravillas”, ilustrado con fotografías de las principales figuras del espectáculo que constituía el “rotundo éxito del año 1937 […] alegría, tipismo, colorido, variedad y moralidad”. Una de las imágenes mostraba a Justo Ortega, bailarín y director artístico del elenco, acompañado por las “hermanas Vera y el lindo conjunto de segundas tiples, en el cuadro típico Mosaico valenciano, que constituye un acierto completo de luz y de color” (Crítica, 9-4-1937: 15).

Las maravillas del Teatro Maravillas (Crítica, 9-4-1937).

Las maravillas del Teatro Maravillas (Crítica, 9-4-1937).

En otra aparecía Conchita Martínez, “la supervedette de la canción andaluza que derrocha sin tasa los prodigios de su voz de timbre maravilloso y que electriza al público con el hechizo de su arte”; una artista que destaca por “sus espléndidas facultades de cantante” y por “el buen gusto en la elección de sus modelos”. También quedaron inmortalizados en la página del periódico “Artinelli, el extraordinario funambulista de las manos prodigiosas”; “Machuca y Lopo, dos perfectos imbéciles, que ni ellos saben lo que hacen, pero que hacen reír”; el trío formado por los hermanos Rubians y la Tirana, “graciosos y originales cómicos”; y Manolo Vico, “el ocurrente charlista que ameniza con su gracia los intermedios” (ibidem).

Mención especial merecieron Ascensión Pastor, “la aristócrata de la canción española, denominada, con verdadera justicia, la ‘cancionista de la voz de oro’”, que triunfaba con su repertorio internacional; Anita Sevilla, la “excepcional intérprete del cancionero gitano estilizado”; los Chavalillos Sevillanos, formidables ejecutantes de los “bailes clásicos gitanos y andaluces […] finos, elegantes, elásticos, que […] repiten una vez y otra sus bailes entre clamorosas ovaciones del público que los admira”; y la estrella máxima del espectáculo, Carmen Amaya, la “‘emperaora’ del baile ‘cañí’”, junto a “sus cuatro gitanos Francisco y José Amaya, ‘El Pelao’ y ‘El Chato de Valencia’” (ibidem).

Carmen Amaya y Los Chavalillos Sevillanos (Caras y Caretas, 27-2-1937).

Carmen Amaya y Los Chavalillos Sevillanos en el Teatro Colón de Buenos Aires(Caras y Caretas, 27-2-1937).

Nuevo programa

El 23 de abril se renovó completamente el programa del espectáculo, que quedó conformado por los siguientes números:

Nietas del Faraón, interpretado por Ascensión Pastor con la colaboración de Justo Ortega, las Hermanas Vera, Alonso y el coro de segundas tiples.
– Las canciones estilizadas Arenal de Sevilla, Placita de doña Elvira y Vete con los suyos, en la voz de Anita Sevilla.
Folías Canarias, número regional a cargo de Ascensión Pastor.
Seguidillas gitanas, La leyenda del beso y Sevilla de Albéniz, creaciones coreográficas de Los Chavalillos Sevillanos, “interpretadas con ajuste perfecto y brío inigualado”.
– Las canciones Juan León, Falsa Monea y Coplas del Burrero, dichas con “honda emotividad” por Conchita Martínez.
– El cuadro de ambiente taurino Ilusiones de chiquillo, a cargo de Ascensión Pastor, las Hermanas Vera, Alonso, el Chato de Valencia y el conjunto de segundas tiples.
Una fiesta en la Era, cuadro de ambiente gallego, por los mismos artistas, con el acompañamiento del cuadro de gaitas González y el costumbrista gallego Neira.
De Santa Cruz, “danza típica gitana del barrio brujo sevillano”, y Rumor andaluz, “baile clásico gitano de los Herreros Calés del Monte Pirolo”, por “la reina gitana Carmen Amaya”.
Gitanos Contrabandistas, cuadro final en el que tomaban parte Carmen Amaya, Ascensión Pastor, los Chavalillos Sevillanos, Conchita Martínez, el Chato de Valencia, Carmen España, las Hermanas Vera, José y Francisco Amaya, Sebastián Manzano, Justo Ortega, Alonso y el resto de la compañía (Crítica, 22-4-1937: 12; Crítica, 24-4-1937: 14).

Las hermanas Vera (Crítica, 30-1-1937).

Las hermanas Vera (Crítica, 30-1-1937).

Además de las mencionadas figuras, también actuó el guitarrista Rafael Soler; debutó la pareja de bailarinas españolas Villano-Vechas, con una “evocación del ambiente taurino […] cuyo sentido humorístico de buena ley fue calurosamente celebrado”; y se estrenó el sketch cómico Clínica Moderna Rubianol, creación de los Hermanos Rubians, en el que colaboraron la bailarina Tirana, Manolo Vico, Machuca y Lopo (ibidem).