Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Encarnación Hurtado, la Malagueñita, bailaora universal* (I)

En la segunda mitad del siglo XIX artistas como Pepita de Oliva o Trinidad Huertas ‘la Cuenca’ brillaron con luz propia en el ámbito de la danza española y flamenca, y prestigiaron el nombre de su tierra malagueña en los escenarios de Europa y América. En los albores del siglo XX recogió el testigo de aquellas grandes figuras Encarnación Hurtado, que, bajo el nombre de la Malagueñita, cosechó abundantes laureles en los salones de variedades españoles y desarrolló una brillante carrera internacional. Este artículo reconstruye su trayectoria a partir de las noticias localizadas en la prensa histórica, prestando especial atención al contexto artístico de la época.

Encarnacion Hurtado La Malagueñita_Archivo Esplugas

Encarnacion Hurtado La Malagueñita. Colección Antonio Esplugas, Arxiu Nacional de Catalunya.

1.- Sus comienzos: Del café cantante al género de variedades. Creación de la farruca y el garrotín

Se conocen escasos datos biográficos sobre Encarnación Hurtado, que, según su propio testimonio, nació en Málaga e inició su andadura profesional en el mundo del baile a los diez años de edad (1), probablemente, en los cafés cantantes de su ciudad.

El tránsito del siglo XIX al XX coincidió con la decadencia de aquellos locales, motivada por la mala reputación que se les asociaba, y con la emergencia del género de variedades, recién importado desde Francia, que en el primer lustro de la nueva centuria vio surgir numerosos salones especializados, tanto en Madrid como en el resto de capitales españolas. Desde el principio el flamenco ocupó un lugar destacado en esos teatros, que ofrecieron nuevas opciones de desarrollo profesional a sus artistas, y especialmente a las mujeres, dado que se trataba de espectáculos dirigidos a un público eminentemente masculino.

Debido a la confluencia de intérpretes de muy diversas especialidades y procedencia geográfica, los salones de variedades constituyeron un excelente caldo de cultivo para la innovación y la fusión de géneros. En lo que respecta al baile flamenco, entre otras novedades, se impusieron estilos como la farruca y el garrotín, de los que la Malagueñita se anunciaba como creadora, si bien distintas fuentes atribuyen su autoría a Faíco.

Francisco Mendoza Ríos, Faíco. Colección Antonio Esplugas, Arxiu Nacional de Catalunya.

Francisco Mendoza Ríos, Faíco. Colección Antonio Esplugas, Arxiu Nacional de Catalunya.

En su Tratado de bailes, de 1912, afirma José Otero que ambos estilos los ejecutó por primera vez en España el bailaor trianero y sitúa su génesis en el Café de la Marina de Madrid. «Faíco bailaba bastante bien los tangos y por alegrías o juguetillos, que es lo mismo, y lo que hizo fue amoldar los movimientos de los bailes flamencos a distinta música» (2) con la ayuda del guitarrista Ramón Montoya.

A decir del maestro, el garrotín tenía un claro precedente en un antiguo baile de los gitanos de Málaga, Granada y Valencia, que tal vez sirviese de inspiración a su paisano para crear el nuevo estilo; y, según Pepe el de la Matrona (3), en el caso de la farruca, el baile surgió a partir del estudio del cante homónimo, que, recién estrenado el siglo XX, se puso muy de moda.

José Blas Vega (4) sitúa la colaboración entre Montoya y Faíco entre 1905 y 1906, época en que el sevillano llegó a la Villa y Corte acompañado de su primo Mojigongo. Según el testimonio de Otero, «resultó tan ruidoso el éxito que tuvieron el Garrotín, la Farruca y sus tangos, que al poco tiempo lo contrataron para el Edén Concert de Barcelona. […] Después ocurrió que en Barcelona hicieron esos bailes más furor que en Madrid, y no había bailarina o coupletista que no los solicitara» (5).

Una de las pioneras en la ejecución de esas danzas fue Encarnación Hurtado, a quien distintos testimonios sitúan en la Ciudad Condal en los primeros años del siglo XX compartiendo escenario con Faíco en el Café de la Giralda, sito en la Calle del Alba. Ambos formaban parte del cuadro flamenco del local, junto con Paca Romero ‘la Morita’ y Enrique de Lara.

Paca Romero, la Morita. Colección Antonio Esplugas, Axiu Nacional de Catalunya.

Paca Romero, la Morita. Colección Antonio Esplugas, Axiu Nacional de Catalunya.

«En aquel café que estaba dedicado al arte clásico, se bailaba con bata y […] daba gusto ver a la hoy señorita Encarnación, y entonces Encarna, bailar acompañada por […] Lara, los bailes más castizos de toda Andalucía». La mayor parte del público «lo formaban los gitanos de Sans y la Cruz Cubierta que se habían dividido en dos bandos, el de la Encarna y el de la Curra; Lara y Faíco eran generalmente admirados» (6).

Según otra fuente, daba gusto ver a «Faíco bailando la farruca, a la Mora trenzando seguidillas, a la Encarna bailar tientos» (7). Por tanto, es plausible pensar que tal vez en ese café, inspirándose en las danzas de Faíco, pudo crear la Malagueñita las versiones femeninas de la farruca y el garrotín, que se convirtieron en su seña de identidad y le abrieron las puertas de los salones de variedades de España y el extranjero. De hecho, del Café «de la Giralda pasó a la Gran Peña, donde dejó la bata para vestirse de torero» (8), y también en ese sentido fue pionera y creó tendencia entre las artistas de varietés.

Los testimonios más antiguos que ofrece la prensa sobre ella datan de 1906 y la sitúan en Madrid actuando en locales como el teatro de Novedades, el de la Zarzuela, el Kursaal Central o el salón Concert Actualidades, y compartiendo cartel con las primeras figuras del género de variedades, como las cupletistas Fornarina o Chelito, y las bailaoras Pastora Imperio y Antonia Mercé ‘la Argentina’.

Enrique de Lara.

Enrique de Lara.

La Malagueñita se anunciaba como «bailadora gitana de tientos y tarantas», y «creadora de los bailes gitanos La farruca y El garrotín»; y también se distinguía por su dominio de las danzas orientales (9). La crítica destacaba su buen hacer y su sensibilidad artística:

«Es la artista graciosa y esbelta, que ha sabido sorprender los secretos mágicos de la danza andaluza con toda su riqueza de cadencias y ritmos voluptuosos que la caracterizan.

En ninguno de sus movimientos hay asomos de obscenidad ni de mal gusto. Por el contrario, respira su meritísima labor en todos momentos un arte y una delicadeza, que hacen de la simpática bailadora la típica cultivadora del clásico baile gitano» (10).

Asimismo, durante la primavera de 1906 viajó a Lisboa para trabajar en el teatro de Doña Amelia junto a una compañía de zarzuela cómica española en cuyo cuerpo de baile también figuraban la Tarifeña, la Trianita y las hermanas Esmeraldas; y en el mes de octubre debutó en el teatro Circo Barcelonés de la Ciudad Condal (11). En 1907 se anunció en el Kursaal madrileño, en el teatro de Verano de Alicante y en el salón Novedades de Valencia (12). La prensa alicantina elogió su flexibilidad y sus «graciosas genialidades» (13).

Encarnacion Hurtado, la Malagueñita. Colección Antonio Esplugas, Arxiu Nacional de Catalunya.

Encarnación Hurtado, la Malagueñita. Colección Antonio Esplugas, Arxiu Nacional de Catalunya.

2.- Primera gira americana

En el otoño de 1907 Encarnación Hurtado emprendió una tournée por América que se prolongó durante tres años y le reportó grandes triunfos en varios países. Tras una etapa inicial transcurrida en Buenos Aires (14), en los primeros días del año 1908 recaló en La Habana y debutó en el teatro Payret, que ofrecía tres tandas de proyecciones cinematográficas culminadas con números de varietés.

Su llegada causó gran expectación, ya que se trataba de una «bailarina de gran cartel […] considerada al igual que la Imperio» (15), y Encarnación no defraudó. Se presentó vestida con un ceñido traje de hombre que realzaba su elegante figura y en seguida se captó el favor del público:

«Porque la Malagueñita es una bailarina fina, buena, en la que no hay contorsiones exageradas, sensuales, en la que nada despierta una idea depravada […]. Y triunfó por su elegancia, por su cara, por su gracia, y sobre todo, por su baile» (16).

De hecho, se convirtió en la artista «más atrayente, valiosa y aplaudida» de las variedades de Payret (17). Tras un mes y medio de triunfos en ese coliseo, actuó durante varias semanas en la sala Rosas y en junio debutó en el teatro Albisu. Por su elegancia, buen gusto y sentido del compás, la prensa habanera la colmó de elogios, algunos de ellos sumamente poéticos: «Es chiquitina, menudita, pero esbelta como un junco, ligera como una cervatilla y graciosa como la sonrisa de un niño», y «hace esculturas al minuto con su propia carne». Bailando el tango, Encarnación «no se deja echar la zancadilla por nadie»; no en vano se ganó el título de «reina de Albisu» (18).

Encarnación Hurtado, la Malagueñita. Arte y Letras, 20-9-1908.

Encarnación Hurtado, la Malagueñita. Arte y Letras, 20-9-1908.

Notas:

(*) Artículo publicado en el monográfico Arte flamenco en la provincia de Málaga, de la revista Jábega, nº 114.

(1) LIDDELL, Scott, «La Malagueñita», en Cosmopolitan. Julio de 1912, pp. 269-270. Dado que, a partir de 1906, el nombre de Encarnación Hurtado aparece con cierta regularidad en la cartelera madrileña, es lógico pensar que debió de nacer entre las últimas dos décadas del siglo XIX.

(2) OTERO ARANDA, José, Tratado de bailes. Sevilla, 1912. Asociación Manuel Pareja-Obregón: Madrid, 1987, p. 221.

(3) ORTIZ NUEVO, José Luis, Pepe el de la Matrona. Recuerdos de un cantaor sevillano. Demófilo: Madrid, 1975, p. 217.

(4) BLAS VEGA, José, Los cafés cantantes de Madrid (1846-1936). Guillermo Blázquez: Madrid, 2006, p. 259.

(5) OTERO ARANDA, José, op. cit., p. 221.

(6) ARTURO, «De la vida alegre», en Papitu. Barcelona, 29 de noviembre de 1911, p. 876. La traducción es mía.

(7) JANICO, «Elogi d’una ballarina y teoría sobre la progressiva decadencia de varies coses belles, interessants y pintoresques», en Papitu. Barcelona, 4 de agosto de 1909, p. 582. Traducción mía.

(8) ARTURO, op. cit., p. 221.

(9) Heraldo de Madrid, «Novedades». Madrid, 1 de enero de 1906, p. 7; GIL BLAS, «Zarzuela. La nueva temporada», en La Correspondencia de España. Madrid, 30 de marzo de 1906, p. 3; Heraldo de Madrid, «Salón Concert Actualidades». Madrid, 29 de junio de 1906, p. 4; La Correspondencia de España, «Novedades». Madrid, 26 de febrero de 1906, p. 3.

(10) Heraldo de Madrid, «Salón Concert Actualidades». Madrid, 15 de julio de 1906, p. 3.

(11) Heraldo de Madrid, «A Lisboa». Madrid, 13 de abril de 1906, p. 3; La Vanguardia, «Teatro Circo Barcelonés». Barcelona, 12 de octubre de 1906, p. 9.

(12) La Época, «Diversiones públicas». Madrid, 1 de abril de 1907, p. 3; La Correspondencia de Alicante, «Teatro Verano». Alicante, 20 de mayo de 1907, p. 3. El Pueblo, «Espectáculos». Valencia, 27 de junio de 1907, p. 2.

(13) El Graduador, «Teatro de Verano». Alicante, 5 de junio de 1907, p. 2.

(14) El Diario de la Marina de La Habana la anuncia como «triunfadora en los teatros de Madrid, Barcelona, París, Lisboa, Buenos Aires, etc.» (Diario de la Marina, «Payret». La Habana, 2 de enero de 1908, p. 6). No obstante, dada la escasez de prensa histórica argentina disponible en línea, ha sido imposible encontrar referencias que permitan documentar esa primera etapa de su gira transoceánica.

(15) Diario de la Marina, ibidem.

(16) Diario de la Marina, «Por los teatros». La Habana, 7 de enero de 1908, p. 12.

(17) El Arte del Teatro, s. t. La Habana, 12 de enero de 1908, s. p.; referencia localizada por José Luis Ortiz Nuevo y citada en NAVARRO, José Luis, «La Malagueñita en La Habana», en El Eco de la Memoria, 2010.
(18) Diario de la Marina, «Albisu». La Habana, 9 de junio de 1908, ed. tarde, p. 6; El Mundo, s. t. La Habana, 9 de junio de 1908, s. p., en NAVARRO, José Luis, op. cit.; El Mundo, s. t. La Habana, 10 de junio de 1908, s. p., en NAVARRO, José Luis, op. cit.; Diario de la Marina, «En los teatros». La Habana, 15 de junio de 1908, p. 6.


De la cueva al papel. La zambra granadina vista por la literatura y la prensa en torno a 1922 (II)

1.2. La zambra, ejecutada por bailaoras de renombre en los escenarios de variedades

En estos casos, por lo general, el término “zambra gitana” se emplea para designar números de danza con acompañamiento de cante y toque, o incluso con música de orquesta, creados para el lucimiento de una artista principal. Una de las figuras más destacadas en este sentido es Pastora Imperio, que en 1917 había presentado en el Teatro Romea de Madrid su espectáculo Zambra gitana, en el que bailaba por alegrías con bata de cola y ofrecía un fin de fiesta por bulerías formando pareja con el bailaor Antonio Ramírez (35).

Pastora Imperio junto al resto de artistas de la zambra gitana de Zinela Cayí (La Mañana, 7 de febrero de 1918, p. 10).

Pastora Imperio junto al resto de artistas de la zambra gitana de Zinela Cayí (La Mañana, 7-2-1918, p. 10).

Un año más tarde intervino “en la escena de la zambra del acto segundo” (36) de la ópera Carmen, que fue representada en el Teatro Real de Madrid; y poco después se convirtió en la protagonista absoluta de Zinela Cayí, una “fantasía gitana en prosa y verso” (37), con texto de Juan Antonio Cavestany y música de Cándido Larruga, que se estrenó en el Teatro Romea de Madrid y que contenía “una zambra digna de ser estampada en una pandereta” (38). En el transcurso de la obra, Pastora era coronada como reina de la gitanería y, además de bailar y cantar, recitaba versos y aparecía junto a su madre en unas escenas de cinematógrafo.

En esos años también triunfaron en los escenarios con sus recreaciones de la zambra gitana artistas como Dora la Cordobesita, Isabelita Ruiz o Alondra. La primera de ellas estrenó en 1924 en el Teatro de la Latina de Madrid el cuadro de ambiente andaluz Lo mejor de Córdoba, escrito por José María Granada, que le ofreció “nuevas ocasiones de lucimiento, al bailar a la guitarra […] dos o tres danzas gitanas” (39). Unos meses más tarde presentó en Romea el sketch Gitanas del Sacro Monte, de Valverde y Quirós, en el que interpretó el cuplé Así lo quiso un divé (40).

La segunda cosechó grandes elogios durante su presentación en Sevilla con un número en el que se transformaba en una gitana granadina: “Isabelita Ruiz… es Granada. No importa dónde haya nacido. […] Al conjuro de su arte ‒expresión, ‘claro’ espejo de su espíritu‒ florece en la escena el alma granadina: zambra gitana en el Albaicín, sonar de una guitarra en un carmen” (41).

Isabelita Ruiz (Agence Rol, 1921).

Isabelita Ruiz (Agence Rol, 1921).

La cancionista y bailarina Alondra también se esmeró en el Kursaal Gaditano para representar su papel con la mayor fidelidad:

“La Zambra Gitana, uno de los mejores bailes que interpreta, mereció prolongados aplausos, principalmente por la presentación ad hoc, con el cabello destrenzado, ondulante sobre sus espaldas, sin más exorno que el clásico traje de faralaes. La expresión del rostro, los ademanes, el todo en fin un prodigio de interpretación” (42).

1.3. La zambra como un número más en el repertorio de distintas compañías flamencas y troupes de variedades

En la década de los veinte recorrieron España numerosos conjuntos de varietés integrados por artistas de distintas disciplinas, que llevaban en su repertorio algún cuadro de zambra gitana. El de la Troupe Max era un “número originalísimo, interpretado […] por tres artistazos, que bailan como en Albaicín, si es que no lo hacen mejor […]. Vaya dos gitanas y vaya un chavó meneando los pinreles” (43).

La zambra gitana de la Troupe Palacios (44) tenía como protagonista a la bailarina Carmen Guerrero, quien se transformaba en “zahorí de raza que pone en su bailar toda la expresión, toda la vida de esos bailes cañís artísticos y movidos” (45). La Troupe Ibérica (46) ofrecía números de conjunto tan variopintos como ‘El cabaret rojo’, de estilo parisino, y “la ‘Pasionaria’, gran zambra gitana, de gran visualidad y efecto escénico, que se desarrolla bajo el puente de Triana” (47).

Los artistas de la Troupe Palacios en el número de la zambra gitana (Vida Manchega, 20 de marzo de 1919, p. 13).

Los artistas de la Troupe Palacios en el número de la zambra gitana (Vida Manchega, 20-3-1919, p. 13).

Igualmente diverso era el programa de la agrupación Alma, que incluía bailes de zambra gitana y charlestón (48). La Troupe Walkyria presentaba su cuadro de zambra con “un hermoso decorado puramente gitano” y, durante su actuación en el Teatro Cervantes de Granada, una de las noches contrató a un grupo de artistas del Sacromonte ‒La Capitana, La Jardín, La Sobrina y la Finitú, entre otros‒ para darle mayor realce (49).

Probablemente debido a su vistosidad y colorido, con frecuencia la zambra figuraba como fin de fiesta de diversos programas de variedades, en los que en ocasiones también se intercalaban cuadros o sketchs de inspiración granadina, como el titulado Una noche en el Albaicín (Zambra gitana), que fue presentado en el Teatro Novedades de Madrid (50) y en el Folies Bergère de Barcelona (51).

Asimismo, en esos escenarios de varietés cabe destacar la presencia de elencos estrictamente flamencos que también ofrecieron números de zambra gitana. Es el caso del Trío Marekis (52) ‒integrado por el guitarrista Luis Molina, el cantaor Manuel Pavón y varias bailaoras‒; el grupo encabezado por el cantaor Antonio Pozo ‘El Mochuelo’ y la guitarrista Adela Cubas (53); la Troupe Pericet, compuesta por siete bailaoras más la cantaora La Minerita y el guitarrista Manuel Rodríguez (54); los Gómez Ortega (55); el conjunto formado por los bailaores Frasquillo, La Quica y Juanillo el Tumba (56); o el cuadro flamenco de Miguel Borrull (57), por mencionar solo algunos.

Laura Gómez y Rafael Ortega, los Gómez Ortega (La Nación, 26-11-1929).

Laura Gómez y Rafael Ortega, los Gómez Ortega (La Nación, 26-11-1929).

2. La zambra gitana está presente en los concursos de cante y en la ópera flamenca

La notoriedad adquirida por esas danzas a raíz del concurso de Granada de 1922 también se refleja en su incorporación en distintos espectáculos de cante o de ópera flamenca, que no necesariamente tienen como protagonistas a artistas granadinos. Cabe mencionar, por ejemplo, la fiesta de cante y baile flamenco celebrada en Madrid durante la Verbena de la Paloma de 1924, que incluía una zambra gitana interpretada por las bailaoras Alfonsina, Carmen la Madrileña y Gabrielita la del Garrotín, entre otras (58); el certamen flamenco desarrollado en 1927 en el Teatro Victoria de Barcelona, al que concurrieron artistas como José Cepero, Manuel Escacena y Miguel Borrull, y que finalizó con una gran “zambra gitana por el mejor cuadro de baile flamenco de España” (59); o el concierto de cante jondo ofrecido en 1928 en el Parque Genovés de Cádiz por figuras como Antonio Chacón, la Niña de los Peines, Manuel Vallejo, José Cepero, Ramón Montoya y Luis Yance, además de “un numeroso cuadro de zambra gitana compuesto por Carmen Vargas, Juan Sánchez (Estampío), Frasquito, Rovira, El Tobalo, La Quica, Carmelita Borbolla, Los seis gitanos de la Cava de Triana, Lolita Almería, Manolita la Macarena y La Gabrielita” (60).

Carmen Vargas (Santos Yubero, 1933. Archivo Comunidad de Madrid).

Carmen Vargas (Santos Yubero, 1933. Archivo Comunidad de Madrid).

Esta fórmula que aunaba cante flamenco y danzas gitanas también se pudo ver en 1929 en el Teatro Nuevo de Barcelona, donde Miguel Borrull organizó “una típica zambra gitana con valiosos elementos del Sacro-Monte y la cooperación de la eminente bailaora Conchita Borrull” (61); en el Teatro Olympia de la Ciudad Condal, con artistas como el Niño de Marchena y el Niño de Almadén más una gran “zambra gitana capitaneada por el coloso Ramironte” (62); y en el Teatro Cómico de Cádiz, con un cuadro de zambra compuesto por los bailaores Luis Mendoza, José Bonfante, Isabel Muñoz y Carlota Ortega, entre otros (63).

En 1930, tras el éxito obtenido en la Semana Andaluza de Barcelona, el mismo conjunto de zambra gitana del Sacromonte fue contratado por el empresario Vedrines para realizar una gira junto a un grupo de cantaores y guitarristas de primer nivel, como la Niña de los Peines, Pepe Marchena, Angelillo, José Cepero, Ramón Montoya y Miguel Borrull. El espectáculo, que se componía de una parte de ópera flamenca y otra de zambra gitana, fue
presentado en Madrid (64), Castellón (65), Murcia (66), Valencia (67), Cartagena (68), Córdoba (69) y Granada (70), entre otros lugares.

. Actuación de la zambra en la fiesta andaluza celebrada en el Centro Artístico de Granada (Granada Gráfica, julio de 1924, p. 23).

Actuación de la zambra gitana en la fiesta andaluza celebrada en el Centro Artístico de Granada (Granada Gráfica, julio de 1924, p. 23).

Notas:

(35) De Hoyos y Vinent, A. (10 de enero de 1917). Una noche azul perfumada de azahar… El Día, 6.

(36) El Imparcial. (26 de enero de 1918). Teatro Real.- ‘Carmen’, 2.

(37) Cavestany, J. A. (1918) Zinela Cayí. En Cantos de otoño (poesías) (pp. 179-235). Librería de la Viuda de Pueyo.

(38) La Acción. (18 de febrero de 1918). La gitana caprichosa, 1.

(39) La Unión Ilustrada. (24 de agosto de 1924). Dora ‘La Cordobesita, 14.

(40) La Unión Ilustrada. (12 de abril de 1925). Varietés en Madrid, 14.

(41) Villar Sánchez, M. (3 de noviembre de 1922). Isabelita Ruiz. El Noticiero Sevillano, 5.

(42) El Noticiero Gaditano. (18 de febrero de 1922). Kursaal Gaditano, 1.

(43) El Noticiero. (19 de abril de 1918). Teatro Cine de San Juan, 2.

(44) Este grupo actuó en lugares como el Teatro Circo de Ciudad Real (Vida Manchega, 20 de marzo de 1919, p. 13), el Circo Price de Madrid (La Correspondencia de España, 12 de septiembre de 1919, p. 4), el Teatro Ortiz de Murcia (El Liberal de Murcia, 12 de octubre de 1919, p. 3; El Tiempo, 19 de abril de 1921, p. 2) o el Kursaal Gaditano de Cádiz (El Noticiero Gaditano, 11 de mayo de 1922, p. 1).

(45) Vida Manchega. (20 de marzo de 1919). La Farándula. Teatro-Circo, 13.

(46) Se les pudo ver en el Teatro Principal de Valencia (Diario de Valencia, 31 de enero de 1922, p. 5), en el Teatro Liceo de Salamanca (El Adelanto, 9 de noviembre de 1922, p. 2) y en el Teatro Cervantes de Granada (La Publicidad, 7 de abril de 1922, p. 2; El Defensor de Granada, 8 de febrero de 1924, p. 3).

(47) El Adelanto. (9 de noviembre de 1922). Debut de la Troupe Ibérica, 2.

(48) Levante Agrario. (17 de noviembre de 1926). Ortiz, 1.

(49) La Publicidad. (18 de diciembre de 1923). Teatro Cervantes, 2.

(50) La Opinión. (9 de mayo de 1925). Novedades, 3.

(51) El Día Gráfico. (18 de julio de 1926). Folies Bergere, 8.

(52) La Correspondencia de España. (10 de febrero de 1918). Álvarez Quintero, 7.

(53) Las Provincias. (28 de febrero de 1918). Teatro Martí, 2.

(54) Gaceta del Sur. (24 de junio de 1924). Teatro Gran Capitán, 3.

(55) El Guadalete. (16 de abril de 1926). Teatro Eslava, 1.

(56) La Voz. (1 de septiembre de 1925). Salón San Lorenzo, 13.

(57) El Noticiero Universal. (13 de septiembre de 1929). Bodega Andaluza, 4.

(58) La Libertad. (22 de agosto de 1924). La verbena de la Paloma, 6.

(59) El Noticiero Universal. (14 de septiembre de 1927). Teatro Victoria, 5.

(60) El Noticiero Gaditano. (6 de agosto de 1928). En el Parque de Genovés, 2.

(61) El Día Gráfico. (5 de enero de 1929). Nuevo.- El festival flamenco de hoy, 16.

(62) Diario de Barcelona. (23 de enero de 1929). Olympia, 34.

(63) El Noticiero Gaditano. (18 de enero de 1929). Teatro Cómico, 3.

(64) El espectáculo de Vedrines se llevó a escena en el Monumental Cinema (La Voz, 3 de julio de 1930, p. 2) y en el Circo de Price (La Libertad, 6 de julio de 1930, p. 6).

(65) Heraldo de Castellón. (5 de julio de 1930). La fiesta regional española, 2.

(66) El Liberal de Murcia. (9 de julio de 1930). Teatro Circo Villar, 2.

(67) El Pueblo. (10 de julio de 1930). Plaza de Toros, 2.

(68) La Tierra. (19 de julio de 1930). Espectáculos Vedrines, 3.

(69) La Voz. (25 de julio de 1930). Plaza de Toros.- Ideal Cinema, 2.

(70) El Defensor de Granada. (27 de julio de 1930). Plaza de Toros del Triunfo. Concierto de ópera flamenca, 3.