Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

La odisea americana de Carmen Amaya: en el Maravillas de Buenos Aires (II)

Durante los siete meses ininterrumpidos que Carmen Amaya permaneció en el Teatro Maravillas, distintos artistas se fueron incorporando al programa. El 22 de enero de 1937 debutaron la cantaora y cancionista Anita Sevilla, y el trío formado por las bailaoras Pepita, Trinidad y Teresa Jiménez, a quienes la prensa denominaba indistintamente Gitanas del Sacromonte o Gitanas del Albaicín. La primera “cantó con un brío y simpatía singulares ‘Mi taranta’ […] ‘Jerrero der Sacromonte’, ‘Flor del romero’ y una ‘Saeta’”, que merecieron la ovación del público y le reportaron muy buenas críticas:

Anita Sevilla es más que una cancionista bien dotada. Es una expresión, simpatiquísima y garbosa, de la gitanería. Se luce especialmente en lo que ella canta, […] pero, además, le infunde una sensualidad, acentuada por los movimientos con que el cuerpo parece ayudar la emisión del sonido y acentuada también por la expresión de los ojos y la ancha sonrisa” (Crítica, 23-1-1937, 8).

Anita Sevilla le canta a Carmen Amaya (Crítica, 24-1-1937).

Anita Sevilla le canta a Carmen Amaya (Crítica, 24-1-1937).

Las hermanas granadinas “manifestaron al bailar unas bulerías su condición racial y su temperamento, pero no entusiasmaron mayormente”. Completaron el espectáculo la cancionista Ascensión Pastor, los mentalistas hermanos Marbel, las bailarinas Hermanas Vera al frente de un conjunto de coristas, el Chato de Valencia acompañado a la guitarra por el Pelao, y la reina indiscutible del elenco, Carmen Amaya, “cuyo fuego se transmite al público, que la aplaude frenéticamente” (ibidem).

Poco después fue contratado el guitarrista argentino Pedro Cerezo, que interpretaba un repertorio basado en el cancionero español, con obras de autores como Albéniz, Turina, Tárrega o Granados (Crítica, 3-2-1937, 10). El 5 de febrero se celebró una función extraordinaria para celebrar las cien representaciones del espectáculo y el extraordinario éxito de la “emperaora del baile cañí” (ibidem), que unas semanas más tarde debutó ante los micrófonos de la emisora Radio del Pueblo (Radiolandia, 13-2-1937, 18) y colaboró en un baile organizado en el Teatro Colón a beneficio de la Asistencia Pública (Caras y Caretas, 27-2-1937: 59).

Durante el mes de marzo siguieron incorporándose nuevas figuras en el elenco del Maravillas, como la pareja de baile formada por Rosario y Antonio, más conocidos como los Chavalillos Sevillanos; la cancionista Conchita Martínez, el humorista Manolo Vico, los bailarines excéntricos Hermanos Rubians y La Tirana, el funambulista Artinelli o los parodistas Machuca y Lopo (Crítica, 3-3-1937, 15).

Pepita, Trinidad y Teresa Jiménez (Crítica, 23-1-1937).

Pepita, Trinidad y Teresa Jiménez (Crítica, 23-1-1937).

Reunificación familiar

No obstante, para Carmen Amaya el desembarco más esperado sin duda fue el de su familia, que llegó el día once a bordo del vapor Campana, procedente de Marsella. Sus hermanos Antonia, Leonor y Antonio tenían previsto sumarse a la compañía del Maravillas, lo mismo que sus primos Juanillo y Pepita Amaya, que eran “toda una revelación en el arte del baile flamenco”. Sin embargo, su madre, Micaela Amaya, “no trabajará en el teatro “porque así han dispuesto sus hijos, pese a ser una consumada bailarina de gran vuelo entre la gitanería. Se presentará […] en el escenario del Maravillas a solo título de agradecer al público las demostraciones que se le tributan a su hija Carmen”. Tampoco se subirían a las tablas los tres hermanitos pequeños ni la prometida de Paco Amaya, Micaela Santiago (Crítica, 11-3-1937, 4).

Una vez reunida la familia completa, un periodista del diario Crítica visitó su domicilio y se encontró con una animada escena:

“Los seis hermanitos de Carmen Amaya, corretean por los patios y habitaciones como en terreno conquistado. Exploran el nuevo ambiente, curiosean la vereda, admiran los trajes de su hermanita ‘la estrella’, o chillan los más pequeños bajo la lluvia del cuarto de baño, mientras una hermana mayor los enjabona, los cepilla y los pule […]. Después, vestidos con minúsculos pijamas que evidentemente han salido de la misma pieza de tela azul, convertida en prendas de vestir de tamaños rigurosamente escalonados, por la casera industria de la matriarcal autoridad de la jefa de la familia, van a hacer compañía a los demás en sus incursiones por la nueva casa” (Crítica, 13-3-1937, 8).

Carmen Amaya junto a su madre, Micaela Amaya (Crítica, 13-3-1937).

Carmen Amaya junto a su madre, Micaela Amaya (Crítica, 13-3-1937).

La madre de las criaturas, de “magnífica estampa gitana […] desenvuelta, bien plantada” y con “su rostro moreno encuadrado en negrísima guedeja”, ponía el contrapunto al carácter nervioso e inquieto de Carmen. “Serena y callada […]. Los niños se ve que la consideran como la suprema autoridad de la familia. Un solo ademán suyo basta para cortar toda la bulla de los pequeños. Todos la adoran, […] pero, el cariño no excluye una fuerte dosis de respeto” (ibidem).

Las primeras palabras de Micaela fueron para su hija mayor: “Me complace el éxito de Carmencita. Pero no me sorprende. En la familia nadie nos ha enseñado a bailar, pero todos hemos bailado desde la infancia. Carmencita, baila desde los cuatro años de edad. Claro que desde entonces acá, ha aprendido algunas cosas nuevas…” (ibidem).

Después contó algunos detalles sobre el viaje y los últimos días pasados en España:

“En Barcelona se vivía con toda tranquilidad […]. Los teatros y los cines están llenos, la gente trabaja como siempre, y en la calle y en los paseos todo el mundo circula con toda naturalidad. […] En ningún momento tuvimos ninguna dificultad, y a nadie le faltó comida. […] Solamente a bordo, cuando estábamos embarcados ya, hemos chocado con eso de la comida. Usted se imagina, el buque era francés y nos servían unos platos tan complicados que muchas veces, los churumbeles y yo los dejábamos sin haberlos probado…” (ibidem).

La familia Amaya (Crítica, 13-3-1937).

La familia Amaya (Crítica, 13-3-1937).

La última parte de la conversación tuvo como protagonista a la benjamina del clan, que, a pesar de su corta edad, mostraba ya muy buenas dotes para la danza:

“– Aparte de los que ya conoce el público de Buenos Aires – preguntamos a Micaela Amaya – ¿tienen ustedes otros artistas en la familia?…
– ¡Claro está!… ¡Todos los somos! Yo no sé cuándo empecé a bailar; pero los churumbeles, puedo decir que ellos han aprendido a caminar bailando. Mire usted la pequeña…

‘La pequeña’ a la que se refiere Micaela, es la hermanita menor de Carmen Amaya. Todavía no ha cumplido los dos años. En ese momento, vestida con una corta camisita, está de espaldas a nosotros, mirando hacia el patio donde sus hermanos continúan sus interminables travesuras. Aprovechando ese momento de distracción de la niñita, Micaela, toma la guitarra y comienza a pulsar sus cuerdas. No han terminado de vibrar los primeros sones, y ya la pequeña, como obedeciendo a un conjuro, con los bracitos en alto, dándose vuelta con viveza, moviéndose con un garbo extraordinario, dibuja las primeras figuras de su fandanguillo…

– ¿Lo ven ustedes? – exclama la madre sonriendo –. Parece cosa de embrujo. Nadie se lo ha enseñado. ¡Cuando yo les digo que todos nacemos bailando!” (ibidem).

Las maravillas del Maravillas

El 9 de abril el diario Crítica publicó un reportaje a página completa titulado “Las maravillas del Maravillas”, ilustrado con fotografías de las principales figuras del espectáculo que constituía el “rotundo éxito del año 1937 […] alegría, tipismo, colorido, variedad y moralidad”. Una de las imágenes mostraba a Justo Ortega, bailarín y director artístico del elenco, acompañado por las “hermanas Vera y el lindo conjunto de segundas tiples, en el cuadro típico Mosaico valenciano, que constituye un acierto completo de luz y de color” (Crítica, 9-4-1937: 15).

Las maravillas del Teatro Maravillas (Crítica, 9-4-1937).

Las maravillas del Teatro Maravillas (Crítica, 9-4-1937).

En otra aparecía Conchita Martínez, “la supervedette de la canción andaluza que derrocha sin tasa los prodigios de su voz de timbre maravilloso y que electriza al público con el hechizo de su arte”; una artista que destaca por “sus espléndidas facultades de cantante” y por “el buen gusto en la elección de sus modelos”. También quedaron inmortalizados en la página del periódico “Artinelli, el extraordinario funambulista de las manos prodigiosas”; “Machuca y Lopo, dos perfectos imbéciles, que ni ellos saben lo que hacen, pero que hacen reír”; el trío formado por los hermanos Rubians y la Tirana, “graciosos y originales cómicos”; y Manolo Vico, “el ocurrente charlista que ameniza con su gracia los intermedios” (ibidem).

Mención especial merecieron Ascensión Pastor, “la aristócrata de la canción española, denominada, con verdadera justicia, la ‘cancionista de la voz de oro’”, que triunfaba con su repertorio internacional; Anita Sevilla, la “excepcional intérprete del cancionero gitano estilizado”; los Chavalillos Sevillanos, formidables ejecutantes de los “bailes clásicos gitanos y andaluces […] finos, elegantes, elásticos, que […] repiten una vez y otra sus bailes entre clamorosas ovaciones del público que los admira”; y la estrella máxima del espectáculo, Carmen Amaya, la “‘emperaora’ del baile ‘cañí’”, junto a “sus cuatro gitanos Francisco y José Amaya, ‘El Pelao’ y ‘El Chato de Valencia’” (ibidem).

Carmen Amaya y Los Chavalillos Sevillanos (Caras y Caretas, 27-2-1937).

Carmen Amaya y Los Chavalillos Sevillanos en el Teatro Colón de Buenos Aires(Caras y Caretas, 27-2-1937).

Nuevo programa

El 23 de abril se renovó completamente el programa del espectáculo, que quedó conformado por los siguientes números:

Nietas del Faraón, interpretado por Ascensión Pastor con la colaboración de Justo Ortega, las Hermanas Vera, Alonso y el coro de segundas tiples.
– Las canciones estilizadas Arenal de Sevilla, Placita de doña Elvira y Vete con los suyos, en la voz de Anita Sevilla.
Folías Canarias, número regional a cargo de Ascensión Pastor.
Seguidillas gitanas, La leyenda del beso y Sevilla de Albéniz, creaciones coreográficas de Los Chavalillos Sevillanos, “interpretadas con ajuste perfecto y brío inigualado”.
– Las canciones Juan León, Falsa Monea y Coplas del Burrero, dichas con “honda emotividad” por Conchita Martínez.
– El cuadro de ambiente taurino Ilusiones de chiquillo, a cargo de Ascensión Pastor, las Hermanas Vera, Alonso, el Chato de Valencia y el conjunto de segundas tiples.
Una fiesta en la Era, cuadro de ambiente gallego, por los mismos artistas, con el acompañamiento del cuadro de gaitas González y el costumbrista gallego Neira.
De Santa Cruz, “danza típica gitana del barrio brujo sevillano”, y Rumor andaluz, “baile clásico gitano de los Herreros Calés del Monte Pirolo”, por “la reina gitana Carmen Amaya”.
Gitanos Contrabandistas, cuadro final en el que tomaban parte Carmen Amaya, Ascensión Pastor, los Chavalillos Sevillanos, Conchita Martínez, el Chato de Valencia, Carmen España, las Hermanas Vera, José y Francisco Amaya, Sebastián Manzano, Justo Ortega, Alonso y el resto de la compañía (Crítica, 22-4-1937: 12; Crítica, 24-4-1937: 14).

Las hermanas Vera (Crítica, 30-1-1937).

Las hermanas Vera (Crítica, 30-1-1937).

Además de las mencionadas figuras, también actuó el guitarrista Rafael Soler; debutó la pareja de bailarinas españolas Villano-Vechas, con una “evocación del ambiente taurino […] cuyo sentido humorístico de buena ley fue calurosamente celebrado”; y se estrenó el sketch cómico Clínica Moderna Rubianol, creación de los Hermanos Rubians, en el que colaboraron la bailarina Tirana, Manolo Vico, Machuca y Lopo (ibidem).


Retrato subjetivo de Pastora Pavón en su contexto histórico-artístico (I)

Mucho se ha escrito ya sobre la Niña de los Peines, cantaora excelsa y enciclopédica, y referente fundamental de los cantaores y cantaoras de distintas generaciones, incluida la actual.

Cuando acaba de conmemorarse el 53 aniversario de su partida, con el afán de ofrecer una mirada distinta sobre esta figura capital, cabe preguntarse qué imagen tenían de ella sus coetáneos, y si su arte y sus aportaciones eran ya justamente valorados.

Para tratar de responder a estas cuestiones, hemos acudido a la prensa de su tiempo en busca de impresiones y juicios de valor emitidos por escritores, críticos y cronistas que fueron testigos directos de su época y de su arte.

Pastora Pavón (Foto: Antonio Esplugas, ANC)

Pastora Pavón (Foto: Antonio Esplugas, ANC)

Pastora Pavón debutó en Madrid en los albores del siglo XX y empezó a adquirir cierta notoriedad en la prensa en torno a 1910. Tenía entonces veinte años de edad, y distintos medios la calificaban como “renombrada cantadora” (El Popular, 8-10-1908), “célebre cantadora” (El Popular, 26-10-1910), “auténtica notabilidad en su género” (La Mañana, 17-4-1909), “inimitable” (El Popular, 26-10-1910) o “una de las pocas que han logrado ser indiscutibles” (El Popular, 26-10-1910). Era considerada ya una cantaora larga, “sin rival […] en todos los más variados estilos” (El Telegrama del Rif, 17-6-1911).

En 1913, el periodista José Jiménez escribía en el Noticiero Granadino:

“El género andaluz, lo sostienen hoy Cayetano (el Niño de Cabra) y Pastora (la Niña de los Peines).

Esta les lleva en ventaja a los demás cantadores, que su repertorio es más extenso. Se compone de malagueñas, tarantas, tangos, bulerías, seguirillas o seguidillas, soleares y peteneras, estilo propio, marca Pastora” (26-6-1913).

Reina de las varietés, a pesar de todo

En ese momento histórico de decadencia y paulatina desaparición de los cafés cantantes, muchas artistas flamencas, entre ellas la Niña de los Peines, desarrollaron gran parte de su actividad en los teatros y salones de variedades que desde principios de siglo florecieron por toda la geografía española.

Entre las especialidades más demandadas en esos escenarios destacaba el cuplé, y en sus intérpretes se valoraba, sobre otras cualidades, el atractivo físico. El perfil de Pastora no era el más acorde a esos requisitos, y así lo hacían notar algunos medios.

Pastora Pavón (Foto: Antonio Esplugas, ANC)

Pastora Pavón (Foto: Antonio Esplugas, ANC)

Por ejemplo, La Correspondencia de España (30-10-1911) la definía como “artista singular y extraordinaria”, que debía “luchar con el inconveniente de lo poco habituado que está nuestro público a su género” pero que, por sus “extraordinarias facultades vocales”, su “maestría y sentimiento”, lograba entusiasmar al respetable.

Pastora era mucha Pastora y, a pesar de no seguir a pies juntillas el dictado de las modas, con su arte y sus excelentes cualidades logró ganarse el favor del público. No sucumbió a la fiebre del cuplé, aunque lo incluyó en sus creaciones por bulerías, en las que también tuvieron cabida canciones asturianas, mexicanas y hasta el charlestón.

Tampoco dijo el cante con acompañamiento de orquesta, como sí hicieron muchas de sus coetáneas; artistas como Amalia Molina o Adela López, que contribuyeron a prestigiar el denostado género flamenco, y a convertirlo en un arte refinado.

Según la revista El Diluvio, la Niña no podía “transigir con las orquestas porque […] se comen la voz” (5-6-1911). Sin embargo, una crónica de 1912 describe una actuación en el Trianón Palace de Madrid, en la que Pastora bailó con acompañamiento de música sinfónica:

“La orquesta comienza a preludiar unos aires andaluces. Álzase el telón y aparece en el escenario, muy gentil, muy airosa y muy española la Niña de los peines.

Cruza varias veces la escena al compás de un pasodoble, completamente envuelta en un rico mantón de Manila.

… se desprende del mantón y haciendo mil contorsiones, baila unas sevillanas primero, después un tango y así hasta volver locos a los espectadores” (El Progreso, 7-5-1912, 1).

Pastora Pavón (Foto: Antonio Esplugas, ANC)

Pastora Pavón (Foto: Antonio Esplugas, ANC)

Aunque se mantuvo fiel al estilo clásico y a la tradicional sonanta, Pastora también fue considerada la “reina del cante flamenco fino y elegante” (La Mañana, 23-10-1911) y atrajo a los teatros de variedades a un “público distinguido” (Crónica Meridional, 5-9-1916, 2). Nadie “como La Niña de los Peines logró que este arte burdo fuera aplaudido y oído con gusto” (El Pueblo, 28-11-1913).

Su maestría, “su voz extensa, su estilo y sus recursos excepcionales” (La Publicidad, 24-6-1913, 2), así como el sentimiento que ponía en sus interpretaciones, suplieron la carencia de otros atributos muy preciados en los escenarios de variedades, como era el caso de la belleza física.

En 1915, José Manuel Santos escribía en el Diario Toledano (20-2-1915):

“Sus triunfos la han matado. ‘La Niña de los Peines’ enfermó moralmente, porque así lo querían sus enemigos.

Sus compañeras, eran guapas, más que ella, pero no sabían cantar, no tenían tampoco sentimientos nobles; pero eran coquetas con el público, al que enviaban besos en vez de raudales de notas”.

En 1916 otro cronista afirmaba:

“Menos mal que, estéticamente, no todas las artistas que brillan en esta clase de espectáculos son ‘Niñas de los peines’… Las hay que son verdaderas divinidades con mantilla de claveles rojos, y algunas que, si no son hetairas o bacantes precisamente, lo parecen, con los sutiles trajes de malla que ahora se usan por aquí” (La Prensa, 11-8-1916).

Pastora Pavón (Foto: Antonio Esplugas, ANC)

Pastora Pavón (Foto: Antonio Esplugas, ANC)

Era la época del desnudo, del ir ligerita de ropa. El público quería contemplar a mujeres hermosas y rebosantes de juventud, y con 20 y con 30 años la Niña de los Peines tenía incluso que soportar que la llamasen vieja y decadente. He aquí varios ejemplos:

[Con 22 años] “La ya anticuadaNiña de los Peines’, […] una cantaora flamenca que ya está en el ocaso de su vida artística” (Diana, 22-3-1912).

[Con 29 años] “La Niña de los Peines, en los linderos de su caducidad artística, o ha perdido mucho de su antiguo esplendor, o ha ganado bastante en picardía y desaprensión.

[…] no hay derecho a esto cuando se cobran ¡seis reales! por una butaca” (Correo de la Mañana, 13-3-1919, 2).

[Con 33 años] “… esa anciana Niña de voz cascada y humos de trasatlántico que trabaja poco, mal y de peor humor. Industrialmente justifico el debut de la abuela de los Peines, pues hay mucho flamenco en Madrid amante de la tradición que aún va a aplaudir esa reliquia cascada del cante jondo; pero artísticamente censuro a la empresa por tan lamentable camelo” (La Unión Ilustrada, 18-3-1923).

Sin embargo, el principal objetivo de las críticas era el aspecto físico de Pastora. En la prensa de los años diez aparecen varios artículos que no son nada favorables en su descripción de la entonces joven artista.

En 1913 Nicasio Hernández Luquero afirma que la Niña tiene una “cara de corte filipino, mongólico, sin el menor asomo de Andalucía” (El Pueblo, 15-11-1913); y Diego Martín del Campo escribe:

“La ‘Niña de los Peines’ no es guapa. Su rostro, de una morenidad cetrina, […] no tiene realmente ningún atractivo. Solo sus cabellos, de un precioso negror azabachino, y el mirar de sus ojos negros –ojos de hechizo, de lujuria y de alucinación– ponen algo de feminidad al semblante andrógino” (El Radical, 6-11-1913).

Pastora Pavón (La Esquella della Torratxa, 15-11-1912)

Pastora Pavón (La Esquella della Torratxa, 15-11-1912)

La descripción que hace de ella Wenceslao Fernández Flórez en 1916 resulta realmente demoledora:

“una mujer de amplias formas desmoronadas por la ancianidad, de mantecosas mejillas colgantes, de boca grande, de mirada muerta en los ojos bovinos […]

La boca repulsiva se abre. Y he aquí que brota el mismo sonido terrorífico que pudiera producir el bostezo de un salvaje embriagado. […] El son de bocina destemplada, sigue. […]

‒ ¡Bravo!… ¡Viva tu madre!… ¡Ole!…

Y aquella carne mantecosa, que sugiere la idea del sudor, del pus, de los flujos, de la baba de todo lo viscoso y sucio, se queda quieta con su gesto inmutable de diosa…” (El Noroeste, 20-4-1916, 1).


La Niña de Linares, una diva del cante flamenco (I)

La historia del flamenco está jalonada de grandes estrellas del cante, el baile y el toque, en torno a las cuales gravita toda una pléyade de astros menores, cuya contribución también ha resultado fundamental para la conformación y el desarrollo de este arte.

La jerarquización de esas figuras depende de distintos factores, algunos de los cuales están sujetos a una evolución temporal, en función de los gustos estéticos imperantes en cada momento histórico. Ése es el motivo por el cual grandes ídolos de una época pueden quedar arrinconados tras la imposición de nuevas formas cantaoras.

Nina de Linares_Maria de la O

La Niña de Linares (imagen extraída del filme María de la O, de 1936)

En el caso de las mujeres, hay que sumar un elemento más a la ecuación: el radical cambio de contexto político y social que, a partir de los años 40, impuso nuevos modelos femeninos, en los que no tenían cabida las artistas flamencas, y que corrió un tupido velo de olvido sobre muchas cantaoras, bailaoras y guitarristas que en las primeras décadas del siglo XX habían gozado de gran fama y prestigio.

Queda, pues, por realizar, una importante labor de recuperación y revalorización de tantas figuras a las que el tiempo y las circunstancias han arrebatado su lugar en la historia, como es el caso de la Niña de Linares, una artista que desarrolló la mayor parte de su carrera en Barcelona, donde se convirtió en una auténtica estrella del flamenco. (1)

Una cantaora precoz

Petra García Espinosa nace en Linares el veintisiete de enero de 1908 (2), en el número seis de la Calle Ventura de la Vega. Su padre, Manuel García Martín, es natural de Ugíjar (Granada) y su madre, Carmen Espinosa Ruiz, linarense, procede de una familia de Dalías (Almería).

En torno a 1919 fallece el cabeza de familia y su viuda debe sacar adelante a los cinco hijos de la pareja, entre los que Petra, con once años de edad, ocupa el tercer lugar (3). Por tanto, probablemente sea esa difícil situación económica la que motiva el temprano debut de la Niña de Linares sobre los escenarios, arropada por su madre, que se anuncia como La Lavandera.

Petra García Espinosa junto a su madre y hermanos, en el padrón de Linares de 1918-19.

Petra García Espinosa junto a su madre y hermanos, en el padrón de Linares de 1918-19.

A principios de los años 20, ambas empiezan a anunciarse en distintas salas madrileñas. En junio de 1923, en el Circo Americano, participan en la “pantomima bufa La Feria de Sevilla”, junto a artistas tan renombrados como el cantaor Niño de los Lobitos, la bailaora La Gabrielita o el guitarrista Manuel Martell (La Correspondencia de España, 28-6-1923).

Pocas semanas más tarde, a sus quince años de edad, Petra García ya se presenta en solitario en Santander, compartiendo cartel con la bailarina Julita Castejón. Su actuación es todo un éxito, a juzgar por los elogios que le dedica la prensa local, que la denomina “rival de la Niña de los Peines” (El Cantábrico, 10-7-1923). (4)

A su regreso a la Villa y Corte, en el mes de agosto, se puede ver a la Niña de Linares, de nuevo junto a su madre, en Casa Juan. El cronista de la revista España, que firma como Pipí, las compara con la gran Juana la Macarrona, por ser uno de los pocos ídolos flamencos que, en su opinión, quedan. Les dedica estas líneas:

«‘La Lavandera y su hija‘, anunciadas así, sin más ditirambo, sin concesión a ningún europeísmo de programa de varietés, suben al tablao, con la austeridad y el empaque característicos del buen género. Se sienta la cantaora junto al tocaor, apoyada ligeramente en el respaldo de su silla, se enjuga los labios con el pañuelo, quizá, supremo aliciente en el silencio de la espera, escupe al suelo a espaldas del guitarrista. Aquí no hemos venido a divertirnos, sino a sentir.
La Lavandera y su hija tienen sentimiento. Más impostado en la hija en cierto desgaire casticísimo; más atemperado en la madre al gusto fino de los canarios más sonoros. En ambas de fuente popular…» (Pipí, España, 24-8-1923).

El Adelanto, Salamanca, 13-3-1926.

El Adelanto, Salamanca, 13-3-1926.

Durante los años siguientes, el nombre de la Niña de Linares aparece cada vez con más frecuencia en la cartelera madrileña, a veces junto al de su madre (5), aunque la joven Petra ya vuela sola y se codea con los mejores artistas flamencos del momento.

Con paso firme

En 1926, la voz de Petra García suena en distintas emisoras (6), como Unión Radio Madrid o Radio Ibérica, y se la puede ver en distintos programas de variedades (en los Jardines del Buen Retiro y en el Teatro Fuencarral, entre otras salas madrileñas). En ese mismo año, Petra también actúa en otras ciudades, como Alicante, donde comparte cartel con Angelillo y el Niño de Valdepeñas (Diario de Alicante, 25-8-1926), o Salamanca.

En el Teatro Moderno de la capital charra, la cantaora linarense forma parte de un cuadro flamenco que tiene como figura principal al Niño de Marchena, y en el que también se encuentran El Americano, la Niña de la Merced, Emilio el Faro y el Niño de Valdepeñas. Su actuación es todo un éxito:

«La que se hizo aplaudir con entusiasmo enorme, y muy justificado, fue La Lavandera (7), que con una voz muy bonita, de cantaora muy grande, nos recreó escuchándole fandanguillos y milongas; estas últimas repetidas varias veces y todas ellas premiadas con grandes ovaciones» (El Adelanto, 14-3-1926).

De nuevo junto a Pepe Marchena, en septiembre y octubre de ese mismo año, la Niña de Linares sale de gira con una troupe cuajada de figuras. Los cantaores Antonio García Chacón, Manuel Blanco ‘El Canario‘, Niño de las Marianas, Chato de las Ventas, Niño de la Flor y Niño de la Sierra también forman parte del elenco, y les acompañan a la sonanta Marcelo Molina y Jorge López, entre otros guitarritas. El conjunto se presenta en ciudades como Madrid, Valencia, Castellón, Sevilla y Utrera (8). La artista linarense “cantó con mucho estilo, mereciendo los aplausos del público” (El Liberal de Sevilla, 28-10-1926).

La Correspondencia de Valenica, 9-9-1926.

La Correspondencia de Valencia, 9-9-1926.

En el mes de noviembre, Petra García Espinosa es contratada por el empresario Vedrines para realizar una nueva tournée, con paradas en ciudades como Madrid, Salamanca o La Coruña (9). Además de algunos de los artistas mencionados -El Canario, Chato de las Ventas, Antonio García Chacón, Marcelo Molina, Jorge López-, en el grupo también destacan los cantaores Antonio Pozo ‘El Mochuelo‘ y El Canario de Madrid, y los tocadores Ramón Montoya y Victoria de Miguel, entre otras figuras.

En enero de 1927, la empresa renueva el elenco de la compañía, que continúa con su periplo por distintas ciudades españolas. Los artistas que se presentan en el Teatro Lope de Vega de Valladolid, con un espectáculo de ópera flamenca, son los siguientes:

«‘Ramironte‘, bailador serio-cómico; Carmen, la Flamenca, bailadora; Aurorita Imperio, emperatriz de las danzas a guitarra; Antonio García (a) Chacón, el non plus ultra del cante jondo, el fenómeno del día; La Coquinera, bailadora por alegrías; El Estampío, creador del baile ‘El Picaor’; La Gabrielita, bailadora por ‘chufla’; Manuel Blanco (a) El Canario (el de la voz de oro); Niño de la Flor, cantador premiado en la plaza de toros de Córdoba; Niño de las Marianas II, Chato de las Ventas y Niño de Coín, cantadores; El Canario de Madrid (el de la voz de platino); La Niña de Linares, célebre cantadora de flamenco; Manuel Bonet, mago de la guitarra, y los famosos guitarristas Marcelo Molina, Jorge López y Victoria de Miguel» (El Noticiero Sevillano, 19-1-1927).

Después de actuar en la capital castellana, el grupo se dirige a Córdoba y Cádiz. El público de la ciudad califal “aplaudió mucho a la Niña de Linares en unos fandanguillos cantados con gusto”, si bien el crítico del diario La Voz (22-2-1927) echa en falta alguna soleá y “otros cantes grandes”.

La guitarrista Victoria de Miguel. Fuente: Escribano Ortiz, Y Madrid se hizo flamenco, 1990.

La guitarrista Victoria de Miguel. Fuente: Escribano Ortiz, Y Madrid se hizo flamenco, Madrid, El Avapiés, 1990.

Tras un breve paso por Madrid, Petra García regresa a tierras andaluzas y, durante las fiestas de Pascua de Resurrección y Feria de Sevilla, se presenta en los teatros San Fernando y Cervantes de Sevilla junto a un elenco de auténtico lujo:

«Las célebres cantadoras: Niña de los Peines, Adela López y Niña de Linares.
Los famosos cantadores: José Cepero, Manuel Escacena, El Chato de las Ventas y el ya célebre cantador Antonio G. Chacón.
Los ‘ases’ de la guitarra: Ramón Montoya, Luis Yance y Manuel Bonet.
Las célebres artistas del baile flamenco: Juana la Macarrona y Malena La Charru.
Paco Senra, notable bailador cómico-serio, y la emperadora del baile gitano, la joven y bella Aurorita Imperio» (El Liberal de Sevilla, 14-4-1927).

Con José Cepero, Manuel Escacena y Antonio García Chacón también comparte cartel poco después en sendos espectáculos de ópera flamenca ofrecidos en el Teatro Circo de Verano de Cádiz (El Noticiero Gaditano, 18-5-1927) y en el Teatro Eslava de Jerez (El Guadalete, 20-5-1927).

Durante el otoño de 1927 y todo el año siguiente, Petra continúa desarrollando una intensa actividad artística, fundamentalmente en los teatros y salas de Madrid. Se la puede ver en distintos carteles de variedades y en espectáculos de ópera flamenca, en los que alterna con algunos de los artistas ya mencionados y con su madre, Carmen la Lavandera.

Además, “la célebre cantadora de saetas ‘La niña de Linares’” (Heraldo de Madrid, 23-5-1928) también es requerida para actuar en los cines durante la proyección de películas mudas como La hermana San Sulpicio o Rejas y votos (10), y poner voz a las coplas incluidas en las mismas.

El Liberal de Sevilla, 14-4-1927. Archivo de José Luis Ortiz Nuevo.

El Liberal de Sevilla, 14-4-1927. Archivo de José Luis Ortiz Nuevo.

Notas:

(1) Salvando la obra El flamenco en la Barcelona de la Exposición Internacional 1929-1930, de Montse Madridejos (Barcelona, Bellaterra, 2012), que realiza un pormenorizado inventario de los artistas flamencos activos en la Ciudad Condal a principios de los años treinta, son escasas las referencias bibliográficas que puedan arrojar luz sobre la historia de esta cantaora.

(2) Así consta en el folio 150 del tomo 226 de la sección 1ª del Registro Civil de Linares.

(3) Cfr. Padrón Municipal de Linares. En el de 1918 figuran Juan García y Carmen Espinosa junto a sus cinco hijos -Juan Manuel, Josefa, Petra, Antonio y Lorenzo-; y en el de 1918-19 ya no aparece el padre y Carmen figura como “viuda”.

(4) Al día siguiente, en respuesta a esa reseña, Ignacio G. Lara afirma: “Yo sí la he oído y tanto me gustó” (El Cantábrico, 11-7-1923).

(5) En febrero de 1924, la Niña de Linares y Carmen Espinosa forman parte del cuadro flamenco del Edén Concert de Madrid. La Lavandera es “una cantaora del mejor estilo” y su hija “apunta también una muy clásica manera” (La Libertad, 1-2-1924).

(6) Desde ese momento, los cantes de la Niña de Linares sonarán con cierta asiduidad a través de las ondas hertzianas. Ello, unido a sus registros discográficos, contribuirá a la pronta consolidación de su carrera (Madridejos Mora, 2012; p.35).

(7) La cantaora a la que se refiere esta información es Petra García Espinosa, la Niña de Linares, que también se anuncia en ocasiones como La Lavandera hija. De hecho, así aparece en ese mismo diario el día anterior (El Adelanto, 13-3-1926)

(8) Durante la actuación de la troupe en el Teatro Fuencarral de Madrid, completan el cartel los bailaores Estampío y Gabrielita (El Imparcial, 4-9-1926). El grupo también se presenta en la Plaza de Toros de Valencia (El Pueblo, 9-9-1926), en el Teatro Oberón de Castellón (Heraldo de Castellón, 11-9-1926), en el Teatro Cervantes de Sevilla (El Liberal de Sevilla, 28-10-1926) y en el Teatro Rodrigo Caro de Utrera (El Noticiero Sevillano, 13-10-1926).

(9) La compañía de Vedrines actúa en el Monumental Cinema de Madrid (El Liberal, 10-11-1926), en el Cine Bretón de Salamanca (El Adelanto, 18-11-1926) y en el Teatro Linares Rivas de La Coruña (El Orzán, 28-11-1926).

(10) La Niña de Linares canta unas coplas durante la proyección del filme La hermana San Sulpicio (dirigida por Florián Rey en 1927) en el Teatro Pavón (La Libertad, 18-3-1928) y en el Cinema X (La Voz, 4-5-1928) de Madrid, y pone voz a las saetas de la película Rejas y votos (dirigida por Rafael Salvador en 1927) cuando ésta se exhibe en el Cine Argüelles (Heraldo de Madrid, 23-5-1928).


Adela López, una cantaora de éxito a la altura de las mejores de su tiempo (y IV)

En los primeros años veinte la casa Odeón pone a la venta los discos de Adela López, que recorre buena parte de la geografía española -principalmente, de Andalucía y Extremadura- con una compañía de circo y variedades dirigida por Don José Barriada.

Adela López (El Liberal de Sevilla, 4-8-1917)

Adela López (El Liberal de Sevilla, 4-8-1917)

En esa época, la prensa suele referirse a ella como “reina de los cantos regionales” o “estrella española de aires regionales”, y alaba, entre otras cualidades, su “dicción de exquisito timbre y buen gusto” (El Adelanto, 24-12-1921). En su repertorio destacan temas como ‘El Fandanguillo’ o el cuplé ‘La piconera cordobesa‘.

En los balcones de Sevilla

Los numerosos compromisos de su exitosa tournée no impiden a Adela acudir a la que desde hace años es para ella una cita ineludible: la Semana Santa de Sevilla. Invitada por el Infante Don Carlos, la cantaora vuelve a regalar al público sevillano sus inimitables saetas:

“Las saetas de Adela López

En nuestra incomparable Semana Santa hemos saboreado este año el placer exquisito de escuchar las saetas que con admirable arte y exquisito sentimiento ha interpretado la que pudiera conceptuarse como reina de los cantos regionales, Adela López.

Tuvimos el gusto de escucharla en la madrugada del Viernes Santo, haciendo gala de sus incomparables dotes, en bellísimas ‘saetas’ al Señor del Gran Poder, y la popular Virgen de la Esperanza.

Pero su mayor triunfo lo ha obtenido la maravillosa artista en la tarde del viernes, al paso de la cofradía de Monserrat (sic).

A cortés invitación de su alteza el infante Don Carlos, que aceptó como mandato la gentil artista, puso en el cantar toda su alma grande, y con estilo insuperable bordó varias de las mismas, obteniendo estruendosas ovaciones del numeroso público que la escuchaba.

Digna de merecer la estimación y agradecimiento de los sevillanos es la simpática Adela, que tan intensamente se ha identificado con nuestras incomparables fiestas, y que con toda su alma corresponde a las muestras de cariño y simpatía que recibe, por su maestría en la interpretación de los cantos regionales, en los que se muestra insuperable” (El Noticiero Sevillano, 16-4-1922) (1).

Luis Yance

Luis Yance

Las gacetillas de esos años ofrecen abundantes referencias sobre las actuaciones de Adela López. Entre sus triunfos más sonoros cabe mencionar los cosechados en el Circo Pirce de Madrid, en diciembre de 1923, y en el Salón Hesperia de Almería, en mayo del año siguiente:

“[Madrid, Circo Price] Adela López, el ‘as’ de las reinas de los cantos regionales, se vio precisada a agotar su repertorio en virtud de tan constantes ovaciones” (ABC, 2-12-1923).

“[Almería, Salón Hesperia] Y coronando el triunfo de la noche, Adela López la que matiza con inimitable arte y exquisito gusto, los cantos regionales españoles y la que domina de modo soberano el clásico cantar flamenco, supo quedar ante nuestros público, muy por alto de todas las ponderaciones que de ella habrá hecho la prensa de las principales capitales de España” (Diario de Almería, 9-5-1924).

El triunfo de lo jondo

A partir de 1926, la “reina de los cantos regionales” vuelve a mostrar su lado más flamenco. En marzo de ese año es contratada por el Teatro Campoamor de Oviedo para cantar saetas durante la proyección de la película El niño de las monjas (2) y en el mes de diciembre, participa en un concierto de cante jondo que se celebra en el Teatro Duque de Rivas de Córdoba.

El elenco lo forman “El Niño de Alcalá, Niño de Utrera, Teresita Ibarra, Villarrubia, Adela López, El Americano, El Canario Chico y el rey de las Tarantas y Fandanguillos Manuel Guerra (Guerrita) y los tocadores Martel y Yances” (Diario de Córdoba, 15-12-1926). La cantaora está a la altura de lo que se espera de ella:

Adela López entonóse bien por levante y mucho mejor por malagueñas, siendo justamente aplaudida” (La Voz, 16-12-1926).

“… fueron muy aplaudidos, especialmente Guerrita, El Niño de Alcalá y Adela López, que reverdeció sus laureles” (Diario de Córdoba, 16-12-1926).

Juana la Macarrona (Fondos del Centro Andaluz de Documentación del Flamenco)

Juana la Macarrona (Fondos del Centro Andaluz de Documentación del Flamenco)

Unos meses más tarde, tras presentarse en el Teatro Chueca de Madrid junto al guitarrista Luis Yance (La Correspondencia Militar, 26-3-1927), Adela participa en varios conciertos de ópera flamenca que tienen lugar en los teatros San Fernando y Cervantes, de Sevilla, con un elenco de categoría:

“… De verdadero acontecimiento artístico pueden calificarse los ‘selectos espectáculos’ organizados para ambos teatros para debutar el sábado de Gloria, inauguración de la temporada de primavera.

Grandes conciertos de ópera flamenca, tomando parte en ellos los principales ‘ases’ del género, tanto en cantadores como en bailadores, y acompañados a la guitarra por los más famosos maestros.

Las célebres cantadoras: Niña de los Peines, Adela López y Niña de Linares.

Los famosos cantadores:
José Cepero, Manuel Escacena, El Chato de las Ventas y el ya célebre cantador Antonio G. Chacón.

Los ‘ases’ de la guitarra:
Ramón Montoya, Luis Yance y Manuel Bonet.

Las célebres artistas del baile flamenco:
Juana la Macarrona y Malena La Charru.

Paco Senra, notable bailador cómico-serio, y la emperadora del baile gitano, la joven y bella Aurorita Imperio.

Todos estos artistas, combinados con otros muy notables del género, compondrán los programas de San Fernando y Cervantes durante las próximas fiestas de Pascua de Resurrección y feria de Sevilla” (El Liberal de Sevilla, 14-4-1927).

Aurorita Imperio (La Voz de Aragón, 10-12-1930)

Aurorita Imperio (La Voz de Aragón, 10-12-1930)

En esa época, Adela también actúa en varias ocasiones con la agrupación artística ‘Patria’, integrada por la guitarrista Victoria de Miguel y el cantaor Pedro Sánchez, ‘El Canario de Madrid’, entre otros artistas. Se les puede ver en ciudades como Almería, Cartagena o Valencia.

Precisamente en la ciudad del Turia, en los primeros meses de 1928, le perdemos la pista a Adela López. “La sin rival cantadora, intérprete del cante antiguo por malagueñas y granadinas” (El Pueblo, 14-2-1928), y “reina de las saetas” (El Pueblo, 26-2-1928), actúa durante varias semanas en el Teatro Princesa. Completan el elenco los “afamados cantadores Niño del Puerto, Niño de Granada, Saboneret del Cabañal, Palanca de Marchena y Juanito Vargas, siendo acompañados por los profesores de guitarra Lucas el Valenciano y Chufeta” (El Pueblo, 14-2-1928).

Hasta aquí el acercamiento a la figura de Adela López, una artista de éxito que, por su portentosa voz y sus extraordinarias dotes para los cantes regionales y flamencos, ocupó un lugar destacado entre las cantaoras de su tiempo.


NOTAS:
(1) Las noticias extraídas de la prensa de Sevilla han sido localizadas por José Luis Ortiz Nuevo y están disponibles en el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco.
(2) El estreno no puede realizarse en el día previsto, debido al retraso de la cantaora:

“A causa de haber retrasado la salida de Sevilla la cantadora de saetas Adela López, no llegando por lo tanto a tiempo para tomar parte hoy en el estreno de la interesante película ‘El niño de las Monjas’, la Empresa pone en conocimiento del público que se ve precisada a suspender por ahora la representación en Oviedo de esta película” (Región, 18-3-1926).

 


Adela López, una cantaora de éxito a la altura de las mejores de su tiempo (III)

Después de casi un mes en Jerez, con el teatro lleno, “aplausos a granel” (El Guadalete, 14-11-1915) y varias prórrogas, Adela López continúa su exitoso periplo por Andalucía, con sendas actuaciones en Córdoba y Málaga. En enero de 1916 regresa a Madrid y allí permanece durante dos meses, entre el Hotel Palace y el Teatro Benavente.

Adela López (Revista de Varietés, 30-12-1914)

Adela López (Revista de Varietés, 30-12-1914)

Osuna, Huelva, Riotinto, Nerva, Montellano, Morón y Algeciras son algunas de las ciudades que visita la artista durante ese año, con un repertorio en el que adquiere mayor protagonismo el género flamenco. En algunas de esas actuaciones la acompaña a la guitarra Pepe Crévola.

Nuevos éxitos en Sevilla y Málaga

En abril de 1917, Adela López está presente en las dos fiestas grandes de Sevilla. Durante la Semana Santa, lanza sus saetas al cielo desde los balcones del Café Madrid y, en la Feria, deleita a los invitados a la Caseta del Doctor Brionde con sus tarantas y malagueñas:

“En la calle Sierpes, en uno de los balcones del Café Madrid estuvo cantando saetas la artista de varietés, cantadora de aires regionales, Adela López, cuyas coplas, alusivas a las Hermandades que anoche hicieron estación, fueron muy celebradas. Adela López tiene una hermosa voz y canta con gran gusto. Fue celebradísima” (El Liberal de Sevilla, 5-4-1917) (1).

“Los balcones del Café Madrid se venían abajo. Allí cantaba Adela López, que lo hace muy bien” (El Liberal de Sevilla, 7-4-1917).

“[Feria de Abril] Una hermosa mujer, que si no es artista merece serlo, por los méritos que en ella concurren, Adela López, cantó con una voz espléndida y con perfecto estilo malagueñas, tarantas y otros diversos aires, siendo ovacionada” (El Noticiero Sevillano, 20-4-1917).

Tras conquistar al público sevillano, a finales de abril la cantaora se presenta en el Teatro Lara de Málaga. Desde el mismo día de su debut, y durante dieciocho días consecutivos, el respetable la despide con “estruendosos aplausos” (La Unión Mercantil, 5-5-1917):

“Anoche debutó en este favorecido coliseo la famosa artista Adela López, obteniendo un éxito colosal, sencillamente clamoroso, pues el público entusiasmado ante las portentosas condiciones de tan formidable artista no cesaba de aplaudir, obligándola a repetir entre atronadores salvas de aplausos diversos aires regionales de los que ella es indiscutiblemente la más notable artista de su género.

El público salió satisfechísimo del espectáculo” (La Unión Mercantil, 29-4-1917).

Durante su estancia en Málaga, Adela se ve “obligada a cantar diariamente ‘Una Jerezana’, creación de esta formidable artista’ (La Unión Mercantil, 7-5-1917), y también ha de interpretar, a petición de varias familias, sus apreciadas saetas” (La Unión Mercantil, 9-5-1917).

Lolita Astolfi

Lolita Astolfi

Por tarantas, guajiras, malagueñas, tientos, granadinas…

A finales de julio, la cantaora regresa a Sevilla, para actuar en el Salón Circo Victoria y en el Teatro Portela. Durante las tres semanas y media que permanece en la capital andaluza, Adela comparte cartel con artistas como La Niña de los Peines. Cada noche debe repetir varios números, para corresponder a las ovaciones del público, que aprecia especialmente sus tarantas y guajiras:

“En el bonito y recreativo ‘Salón Circo Victoria’, ha debutado con un éxito inmenso, la excelente y sin rival reina de cantos regionales y flamenco, Adela López. Tan simpática y bella artista, ha sido la nota saliente de la temporada de verano. Su extenso repertorio de canciones, son ya del dominio público. Su arte es, indudablemente, pura filigrana. Adela sabe dar a cada cosa lo suyo. […] Las ovaciones que escuchó en las canciones la Graviela (sic), Guajiras, las del ‘Cojo de Málaga’ y otras muchas, fueron estruendosas, teniendo que salir a saludar al público muchas veces, y recibiendo de los socios del Casino y del Círculo de Labradores, dos preciosas canastillas de flores. Tan notable artista no tenía manos para devolver los sombreros que le tiraran al escenario” (Virgilio, La Región Extremeña, 7-8-1917).

“[Teatro Portela] La función de anoche celebrada en este teatro a beneficio de la notable cantante de aires regionales Adela López, constituyó un merecidísimo éxito para esta simpática artista, que durante su actuación ha sabido conquistarse generales simpatías en el público.

Adela López se vio precisada a repetir infinidad de números, siendo aplaudidísima, así como en las saetas, que esta noche volverá a repetir a ruego de sus muchos admiradores” (El Liberal de Sevilla, 21-8-1917).

En el mes de septiembre, la cancionista y cantaora actúa en el Cine Victoria de Córdoba, junto a la bailarina Trinidad Benítez, y en el Parque Alfonso XIII de Granada. El día de su presentación en la ciudad de la Mezquita, “entre los números que cantó sobresalieron por el buen gusto y estilo con que las ejecutó unas granadinas y cartageneras, que obtuvieron muchos aplausos del público” (Diario de Córdoba, 4-9-1917).

La Goyita

La Goyita

En los últimos meses de 1917, Adela López regresa a dos de las ciudades en las que ha cosechado mayores éxitos, Sevilla y Jerez. En el Teatro Lloréns y en el Salón Moderno de la capital hispalense coincide con la cancionista La Goyita y la bailarina Lolita Astolfi, entre otras artistas. En el Teatro Principal de la ciudad gaditana comparte cartel con el músico cubano Vega y vuelve a conquistar al público con sus tientos, guajiras y malagueñas:

“[Jerez, Teatro Principal] Adela López viene superiorísima de voz y de ‘hechuras’, canta ‘como los ángeles’ ¡vaya unas malagueñas y unas guajiras y unos tientos y unas jotas…! Arriba la ‘oleaban’ a cada instante, abajo la aplaudían con calor” (El Guadalete, 15-12-1917).

Gran saetera

En 1918 la cantaora, que sigue teniendo su domicilio en Madrid, visita ciudades como Valdepeñas, Puertollano o Valencia. En el Circo Regües de la capital del Turia actúa durante más de tres semanas y, a petición del público, interpreta “las saetas que tanto nombre le dieron cuando cantó en competencia en Sevilla con la Niña de los Peines” (El Pueblo, 28-2-1918).

De hecho, junto con las malagueñas, la saeta es uno de los estilos flamencos en los que más destaca Adela López, que en la Semana Santa de 1918 vuelve a asomarse a los balcones de Sevilla. En esta ocasión, la polifacética artista se reparte los aplausos con Amalia Molina:

“El ‘clou’ de la noche fueron las ‘saetas’ cantadas en calle Sierpes por la notabilísima artista Adela López.

La gran artista, durante toda la noche, en medio de ruidosas ovaciones y vítores, cantó muchísimas saetas.

Adela López, tan conocida de nuestro público, cantó anoche mejor que nunca. Unió a la plenitud de su voz el sentimiento. Los versos de la copla sentimental fueron, más que cantados, ‘llorados’” (El Liberal de Sevilla, 30-3-1918).

De tú a tú con las más grandes

No hay rival demasiado fuerte para Adela López, que después de medirse con la gran Amalia, comparte cartel durante varios días en el Teatro Lloréns con la gran Pastora Pavón. Así se anuncian en los carteles: “Todas las noches ADELA LÓPEZ, colosal cantante de aires regionales. La Niña de los Peines, reina del cante flamenco” (El Liberal de Sevilla, 17-4-1918). Completan el programa Malvaloca, Los Geromes y Carmelita Palacios.

La Niña de los Peines (Foto de Antonio Esplugas)

La Niña de los Peines (Foto de Antonio Esplugas)

Un mes más tarde, en la Feria de Osuna, las dos artistas vuelven a competir por ver quién atrae a un mayor número de seguidores:

“… El amigo Castillo, que es un empresario de vista y conoce al público, se trae a la formidable Adela López, y el otro circo, para hacer la competencia honrada, contrató a la rebelde Pastora, célebre por la Niña de los Peines. Adela López, que ha teatralizado lo flamenco, y el maestro Lozano, que la acompaña, triunfan en todas las secciones, y Adela se va a quedar afónica y el maestro Lozano se pondrá un cintillo en la muñeca, para que no se le doble en el piano sonoro.

Pastora y el clásico ‘Habichuelas’, canta y da sus quejidos con un sentimiento, y la gente ‘cañí’ va a recrearse con la buena tela flamenca” (Tomás Servando Gutiérrez, El Liberal de Sevilla, 19-5-1918).

En mayo de 1919, tras haberse presentado en distintas salas y circos de ciudades como Granada, Córdoba, Sevilla o Sanlúcar, Adela López comparte cartel con otra gran Pastora, la Imperio, en el Salón Lloréns de la capital hispalense (Eco Artístico, 15-5-1919).


NOTA:
(1) Las noticias extraídas de la prensa de Sevilla han sido localizadas por José Luis Ortiz Nuevo y están disponibles en el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco.