Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Matilde Cuervas, guitarrista internacionalmente reconocida (I)

El primero de abril de 1879 vino al mundo en Sevilla Matilde Cuervas Rodríguez, en el número 14 de la calle Almirante Hoyos. Desde niña recibió clases de guitarra flamenca de distintos tocadores de la escuela sevillana, como el Jabonero, el Egipciano, o Paco el Corvas, que solían frecuentar la casa familiar de la pequeña.

Las excepcionales dotes musicales de Matilde, que destacaba especialmente por su habilidad en la ejecución de las falsetas, no pasaron desapercibidas a sus maestros. “Ella apuntaba las notas, y luego tocaba leyendo los apuntes, dejando maravillados a los flamencos. […] fue purificando la música que oía, y ahora es la técnica de la música flamenca”, afirma la periodista Irene Falcón, corresponsal de La Voz en Londres en 1929, sobre la evolución de la guitarrista, que dominaba tanto el toque clásico como el flamenco.

La guitarrista sevillana Matilde CuervasLa guitarrista sevillana Matilde Cuervas

Años más tarde, en una entrevista publicada en el mencionado periódico, Matilde Cuervas rememora la experiencia de su debut, a los ocho años de edad:

“Cuando tenía ocho años di mi primer concierto […]. Por cierto que lloré en el escenario, de coraje. En mi casa tenían la costumbre de llamarme fea, feúcha, en broma, claro es. El día de mi primer concierto yo llevaba dos trencitas muy tiesas, y como era tan chica que tenía que llevar la guitarra a rastras, el público, al verme, se echó a reír. Yo creí que se reían de mí porque era fea, y llorando me fui del escenario, con la guitarra detrás de mí. Luego me consolaron, y salí otra vez a tocar; pero miraba al público con una rabia…” (La Voz, 17-1-1929).

En 1907, la prensa se hace eco de la participación de la guitarrista en una de las reuniones musicales organizadas por la Marquesa de Villamagna:

“Hoy terminarán las reuniones semanales de la gentil Marquesa de Villamagna, en las que se ha rendido al divino arte gran culto. […] Vicentita Salcedo, encantadora muchacha, cuyo rostro atrae por su espiritual expresión, delicada como la de una virgen de Botticelli, es una andaluza que ha cantado flamenco con arrebatadora gracia; la gallarda Matilde Cuervas ha tocado la guitarra deliciosamente” (El álbum iberoamericano, 30-5-1907).

Junto a Emilio Pujol, en la vida y en el arte

Pocas referencias encontramos sobre ella en esa primera época, si bien su presencia en prensa comienza a ser más frecuente a partir de los años veinte, cuando la carrera profesional de Matilde Cuervas empieza a estar estrechamente vinculada a la de su marido, el guitarrista, compositor e investigador Emilio Pujol.

La pareja se conoce en 1918, en un concierto ofrecido por Pujol en el Real Conservatorio de Música de Madrid. Sin embargo, la relación entre ellos surge cinco años después, cuando ambos se encuentran en París, tal y como relata la propia Matilde en la mencionada entrevista:

“En realidad lo conocí en España, en un concierto. Fui con mucho entusiasmo a oírle, porque me habían hablado mucho de él. Pero aunque estaba sentada en primera fila, y él, por su posición, no tenía más remedio que mirar en mi dirección, ni siquiera me vio, ni siquiera se dio cuenta del entusiasmo con que yo le escuchaba. Esto me molestó bastante, y le tomé cierta antipatía. Años después, en París, aunque yo sabía que Emilio estaba allí, no tenía ningún deseo de conocerlo. Una tarde, sin embargo, lo encontré en casa de unos amigos, y… nada, nos casamos” (La Voz, 17-1-1929).

En octubre de 1923, según el registro policial de París, la pareja reside en la Rue Bouganville de la capital francesa. A partir de ese momento, el matrimonio comparte escenario y triunfos. Juntos desarrollan una intensísima actividad profesional, que los lleva a realizar constantes giras por distintas ciudades europeas, donde ofrecen conciertos y conferencias. Matilde, además, se suma a la labor investigadora que desarrolla su marido en archivos y bibliotecas de todo el mundo.

El guitarrista y compositor Emilio PujolEl guitarrista y compositor Emilio Pujol

Sus recitales conjuntos suelen constar de tres partes: en la primera, Emilio interpreta, normalmente, piezas clásicas; en la segunda, Matilde ofrece parte de su repertorio flamenco; la tercera, por lo general, consiste en la interpretación de piezas clásicas a dúo. Sirva de ejemplo el programa del concierto retransmitido por la radio británica en mayo de 1928:

“Recital de guitarra: Matilde Cuervas y Emilio Pujol. E. Pujol: Minueto, Sor. Serenata andaluza, Malats. Matilde Cuervas: Soleares y Malagueñas. Matilde Cuervas y Emilio Pujol: Danza del molinero, M. de Falla”.

Hoy tenemos referencias de muchas de esas actuaciones gracias a la tesis doctoral realizada por Fabián E. Hernández Ramírez sobre la obra de Emilio Pujol.

En diciembre de 1923, el músico ofrece en París un recital de música clásica y flamenco, en el que se incluyen guajiras y fandanguillos, lo cual hace pensar al citado investigador que posiblemente Matilde lo acompañe en dicho concierto.

Dos años más tarde, Pujol y Cuervas vuelven a tocar en la capital del Sena, junto a la cantante Alma Reyles y el flautista Marcel Peyssies; y posteriormente se presentan en Bruselas, donde les acompaña el tenor ruso Gabril Léonoff.

En mayo de 1927, “la excelente guitarrista Matilde Cuervas” es una de las artistas de nuestro país que toman parte en la Fiesta de la fraternidad francoespañola celebrada, con gran éxito, en el Círculo de la Unión Interaliada de París. “La concurrencia, distinguida y selecta, premió con aplausos la actuación de los artistas, admirable demostración del arte español” (Época, 18-5-1927).

Con las maletas a cuestas

Los dos años siguientes son bastante intensos para la pareja Cuervas–Pujol. En 1928 realizan varios viajes por Europa: actúan dos veces en Lérida; al menos tres en Londres y otras tantas en París; y también se presentan en Viena. En todos estos lugares ofrecen conciertos e imparten conferencias sobre “la guitarra y su historia”. Por dondequiera que van levantan gran expectación y reciben grandes elogios.

La guitarrista sevillana Matilde CuervasLa guitarrista sevillana Matilde Cuervas

Por ejemplo, el programa anunciador de las fiestas leridanas contiene la siguiente nota: “En el Teatro Vines dan un brillante concierto el eminente guitarrista Emilio Pujol y su señora doña Matilde Cuervas, constituyendo un éxito clamoroso” (mayo de 1928).

En 1929, el matrimonio ofrece varios recitales y conferencias en tierras catalanas. Regresan, además, a Bruselas y Londres. La prensa española de la época publica algunos detalles sobre dichos conciertos, y no escatima en elogios para la pareja de guitarristas:

“El programa tendrá un aliciente de interés: la interpretación de obras a dos guitarras, para lo cual cuenta con la colaboración de la señora Matilde Cuervas, concertista de mérito, cuya interpretación ha llegado a compenetrarse íntimamente con la de Emilio Pujol” (La Vanguardia, 19-11-1929).

“Con la brillante colaboración de otra guitarrista sensible y depurada, Matilde Cuervas, Emilio Pujol ofreció varios de estos arreglos: melodía y pastoral de ‘La artesiana’, de Bizet-Tárrega; el intermedio de ‘Goyescas’, de Granados; ‘Córdoba’, de Albéniz; un ‘Tango’, de Broqua; la sardana ‘Les fulles seques’, de Morera, y, para corresponder a los aplausos del público, que se resistía a abandonar la sala, la ‘Danza del molinero’, de Manuel de Falla. Para Matilde Cuervas y Emilio Pujol resultó, pues, triunfal la velada” (La Vanguardia, 23-11-1929).

“Los insignes guitarristas Matilde Cuervas y Emilio Pujol, que dieron un selecto concierto en la sala Mozart, el día 22 del pasado noviembre, obteniendo un señaladísimo éxito de público y prensa” (pie de foto, revista La ilustración iberoamericana, diciembre de 1929).

Sin embargo, el hecho de compartir escenario con su marido no resta protagonismo a Matilde Cuervas, cuya labor es muy apreciada por el público. A propósito de su actuación en el londinense Wigmor Hall, Irene Falcón escribe lo siguiente:

“Matilde Cuervas ha sabido refinar, pulir la música flamenca, quitándole un poco de su salvajismo. En el Wigmor Hall apareció sola primero, y después con su marido, tocando con una soltura y una gracia que dejaba a los ingleses admirados. Sus dedos tejían la música sobre las cuerdas como una araña su tela. A mi lado unos ingleses, que por lo visto tenían algunas nociones de la música de guitarra, observaban que resultaba muy gracioso y elegante ver tocar la guitarra a una mujer, a una mujer andaluza sobre todo.

Matilde Cuervas honra a la mujer española con su presencia en el Extranjero. Además de artista es muy culta, y se dedica, colaborando con su marido, a adaptar a la guitarra piezas musicales antiguas, compuestas para instrumentos de cuerda de hace cientos de años. […] Son un matrimonio ideal. Eso lo ve, lo siente el público inglés y le agrada. Ellos destruyen la leyenda de que la mujer española es, como las mujeres de Oriente, muy linda, pero completamente inútil” (La Voz, 17-1-1929).


Antonia la Coquinera, genial bailaora y musa de pintores (y II)

Durante los meses de abril y mayo de 1898, la Coquinera figura en el cuadro de cante y baile andaluz que acompaña las representaciones del sainete La buena sombra, en el madrileño teatro de la Zarzuela. El éxito obtenido en la primera función convierte en imprescindible la presencia de los artistas flamencos:

“… para que los extranjeros puedan conocer el clásico baile y cante andaluz, para esta sola noche se ha contratado un notable cuadro de artistas de este género, en el que figuran las célebres bailaoras Matilde Prada y Antonia Gallardo (La Coquinera), además de los celebrados artistas andaluces Antonio Sierra y José Castellano” (La Época, 16-4-1898).

“ En el último cuadro, hubo un numero de cante y baile flamenco, en el que tomaron parte las bailadoras Matilde Prada y Antonia Gallardo, a las que no se cansaba el público de aplaudir. El baile tuvieron que repetirlo hasta cuatro veces, cosechando no pocos aplausos. La empresa ha contratado a las celebradas bailarinas para que tomen parte todas las noches en la obra” (El Día, 16-4-1898).

“La empresa, en vista del buen éxito obtenido por las bailaoras del genero flamenco Matilde Prada y la Coquinera, ha contratado a varios artistas de cante y baile andaluz, que actuarán todas las noches en el último cuadro de La buena sombra” (Diario Oficial de Avisos de Madrid, 20-4-1898).

El 16 de mayo, la obra se representa “a beneficio de las aplaudidas Matilde Prada y Antonia Gallardo, la Coquinera” (El Liberal,16-5-1898).

En abril de 1900, Antonia figura en el Gran Cuadro de Baile Flamenco que actúa en el Café Concierto Novedades de Sevilla, junto a las bailaoras Juana Valencia, Juana Antúnez y María Malvío, y al cantaor Antonio Cordero. Tres años más tarde se encuentra en el Salón Filarmónico, donde comparte escenario con Pepa Oro, Enriqueta ‘la Macaca‘, Carmen ‘la Pichira‘ y Carlota Ortega, entre otros artistas.

La gracia y el atractivo de esta artista cautivan a propios y extraños, incluido el pintor holandés Kees van Dongen, que en 1906 la convierte en protagonista de su óleo “Antonia la Coquinera”, que se conserva en el Museo Hermitage de San Petersburgo.

"Antonia la Coquinera" (1906), por Kees van Dongen«Antonia la Coquinera» (1906), por Kees van Dongen

Entre Madrid y Sevilla

En 1908 volvemos a encontrar la pista de Antonia Gallardo en el Novedades sevillano:

“Ahora trabajan en dicho local los siguientes artistas:
Tocador de guitarra, José Triana, ‘El Ecijano‘.
Cantadores: Antonio Valiente, ‘El Macareno‘, uno de los más famosos y que más se distinguen en el género andaluz, y José Pérez, ‘El Tiznao‘.
Bailadoras: Magdalena Seda; Antonia Gallardo, ‘La Coquinera‘; Juana Junquera; Rita Ortega.
Cantadora: Teresa Seda, ‘La Jerezana‘. […]
Este cuadro, tan completo y numeroso, no lo puede costear ningún establecimiento de Madrid de la índole referida” (El Globo, 3-10-1908).

En septiembre de 1911, también en Sevilla, la revista Eco Artístico informa sobre el debut en el salón Pasarela del Cuarteto Andalucía, dirigido por Víctor Rojas e integrado por “Antonia Gallardo y María Benítez y el bailador del género andaluz Antonio Ramírez, que son muy aplaudidos” (15-9-1911).

En abril de 1912, la prensa vuelve a situar a Antonia la Coquinera en la capital de España, en el teatro Madrileño, donde permanece varias semanas. En octubre de 1913 se presenta en el salón Primera de Jerez, donde es muy bien recibida:

“Este Salón de varietés abrió sus puertas el 12 del actual con el imprescindible cuadro flamenco. Antoñita la Coquinera, popular y simpática bailadora, en unión de las cantadoras por ‘lo jondo’ La Pompi y Sebastianita, son aplaudidísimas a diario por los asiduos concurrentes a este Salón” (Eco Artístico, 5-10-1913).

Unos meses más tarde, la bailaora regresa al lugar donde debutara en Madrid una década antes, el antiguo Café de la Marina. La prensa la sitúa en dicho local en distintas ocasiones entre los meses de enero y junio de 1914, junto a las bailaoras la Paloma, la Camisona y María la Macarrona, el guitarrista Ramón Montoya, y el cantaor Manuel Escacena, entre otros artistas.

Antiguo Cafe de la Marina (Revista Estampa, 1935)Antiguo Cafe de la Marina (Revista Estampa, 1935)

La siguiente referencia periodística que encontramos sobre Antonia Gallardo hace alusión a la velada benéfica celebrada en el salón Olimpia de Madrid en favor de la artista. El evento tuvo lugar el 29 de agosto de 1925, y en él participaron su hermana Josefa la Coquinera, Rita Ortega, la Gabrielita, Estampío, Fosforito, Manuel Vallejo, el Cojo de Málaga, el Mochuelo y Ramón Montoya, entre otras personalidades del mundo del flamenco. “Tomó parte en el espectáculo la beneficiada, que obtuvo un éxito grande” (La Libertad, 2-9-1925).

El declive de la artista

A partir de ese momento, son escasas las apariciones públicas de la bailaora, que ya supera los cincuenta años de edad. En 1925 actúa en el teatro Romea, junto a Manuel Vallejo y Manuel Centeno, y al año siguiente hace lo propio en el Kursaal y en el Maravillas.

En 1927, Antonia Gallardo, Faíco y Angelillo son las estrellas principales del espectáculo de ópera flamenca que se presenta en el teatro Goya con motivo de las fiestas populares del barrio del Puente de Vallecas. Un año más tarde se celebra una función similar “a beneficio de la afamada bailarina Antonia ‘la Coquinera’”, en la que toman parte “muchos tocadores y cantadores, todos ellos premiados en diversos concursos” (La Libertad, 10-6-1928).

En 1933, La Vanguardia anuncia el estreno del ballet El amor brujo en el Liceo de Barcelona. En el reparto figuran, entre otras artistas, las Coquineras, en el papel de “viejas gitanas” (22-11-1933). Un año más tarde, Antonia Gallardo, junto a Rita García, Fosforito y Estampío, forma parte del cuadro de “viejas glorias” que actúa con gran éxito en el Café Magallanes. En 1935, en un reportaje publicado en la revista Estampa, Rita la cantaora rememora aquella actuación: “Mire usté, cuando aparesimo, to se gorvían grito y viva a nosotro. Desían: ‘¡Vivan los viejos!’ ‘¡Viva la solera der cante y der baile!’” (8-6-1935).

En ese mismo reportaje, que incluye entrevistas a algunos de los otrora “emperaores del cante y del baile flamenco”, se informa sobre el reciente fallecimiento de Josefa la Coquinera, y sobre la actual situación de su hermana Antonia, que reside en Cuatro Vientos (Madrid), donde “está al frente de un bar de camareras, en compañía de su cuñado, tipo magnífico de gitano trianero, esposo de la difunta Coquinera y ex camarero de los más famosos colmados de Madrid”.

Antonia la Coquinera en su bar de Cuatro Vientos. Revista Estampa, 1935Antonia la Coquinera en su bar de Cuatro Vientos (Revista Estampa, 1935)

La bailaora recuerda, no sin cierta nostalgia, los años dorados en que mostraba su arte ante la flor y nata de la sociedad madrileña:

“Había muncha juerga ayí. Se cuenta y no se acaba. Muncha gente del palasio, pariente der rey… […] Nos pagaban después, según la voluntá de ca cuá. Por ejemplo, desían: ‘Ahí van quinientas -o setesientas, según- pa los flamenco’. Y lo repartíamo entre toos. Y ayí sí que había reunío señorío…
To se gorvían marquese y condese y reverensia. Entonse se respetaba ma a la artista que hoy. Hoy, por dos cochino duro, creen que tien derecho a to. Entonse había el señorito que mandaba regalo y regalo cuando le gustaba una mujé. A mí había uno que tenía finca, y que ca vez que iba a casa me mandaba pa Seviya to lo mejón” (Estampa, 8-6-1935).

En 1942 nos dejó para siempre esta gran bailaora, inspiradora de poetas y musa de pintores, cuyo arte y belleza le valieron elogios como éste: “Ver bailar a la Coquinera fue un sueño, metía cantaor y guitarra en su baile y los dirigía como una orquesta, no he visto bailar mejor” (Manolo Heras, Niño de Madrid)*.

* Citado por Antonio Cristo Ruiz, “Las Coquineras del Puerto”, Revista de Flamencología, 1999.


Antonia la Coquinera, genial bailaora y musa de pintores (I)

La bailaora Antonia Gallardo Rueda, la CoquineraLa bailaora Antonia Gallardo Rueda, la Coquinera

Antonia Gallardo Rueda nació en El Puerto de Santa María (Cádiz) el 9 de diciembre de 1874, en la Plaza del Carbón. Su padre, herrero de profesión, era buen cantaor. Se le conocía como “el Coquinero”, por su afición a mariscar coquinas, y sus hijas adoptaron ese mismo apodo. La mayor, Josefa, nacida en 1871, fue la primera en dedicarse al mundo artístico. Le siguieron Antonia y Milagros (n. 1876). Las tres empezaron a bailar muy jóvenes en los cafés cantantes de la zona, con el nombre de “las Coquineras del Puerto”.

En 1889, la prensa anunciaba el debut de Josefa en la capital andaluza:

“Hoy llegan a Sevilla las bailadoras y cantaoras del género flamenco, Josefa Gallardo la Coquinera y María Giménez, que en unión de los demás artistas del mismo género, harán su debut esta noche en el Café teatro de Santo Domingo” (Crónica Meridional, 8-12-1889).

Un año más tarde, la artista se presentaba en Córdoba:

“Los aficionados a darse un par de pataítas y a cantar por lo jondo y lo sentimental tienen en el Centro de Recreo desde esta noche, a la ‘Mejorana‘, la ‘Coquinera‘ y la ‘Palomita‘, que en compañía de ‘Carito‘ y otras notabilidades flamencas, harán las delicias y levantarán el entusiasmo en los afectos al espectáculo” (Diario de Córdoba, 19-10-1890).

Sin embargo, según Fernando el de Triana, Antonia era la mejor de las tres:

“Fue una graciosa porteña (de Santa María), que como artista a nadie tuvo que envidiar; y como cara bonita, vean […] la cara de miss y el tipo faraónico de la más graciosa gitana (aunque no lo era). […] Pepa y Milagros, como bailadoras, no pasaron de regulares. ¡Pero qué guapas!”

La bailaora Antonia Gallardo Rueda, la CoquineraLa bailaora Antonia Gallardo Rueda, la Coquinera

En 1892 debuta Antonia la Coquinera en Jerez, junto a dos cantaores de primera fila. Años más tarde, en una entrevista concedida a la revista Estampa, la bailaora rememora aquellos años:

“Entonces el cante y el baile flamencos estaban en to su esplendó. Nasíamo toos con las castañuelas en la mano. Yo empesé muy joven. Con mi hermana, desde luego. Nos contrataron juntas. Debutamos en Jeré, con er tocaó Chacón y con er Chato de Jeré. Gustamos horrore. Al poco tiempo nos ofresían un contrato para Méjico, con la Pastora Imperio. Ojalá hubiéramo ío. Yenita de oro y orsequio vinieron las que fueron ayá. […] No nos dejó mi madre. Le tenía mucho mieo a crusá er charco. Luego se arrepintió con toa su alma… Pero ya era tarde” (8-6-1935).

Sus primeros triunfos

A partir de ese momento, los éxitos se suceden y la bailaora fija su residencia en Sevilla, donde es requerida por los mejores cafés cantantes de la época, como el Novedades o el Filarmónico. Su fama pronto llega a la capital de España. “Debuté en el Café de La Marina, que estaba en la caye Jardine. Era el café cantante ma famoso de España. Cantar en La Marina era la ilusión de toos los prinsipiantes der cante y er baile flamenco. Ayí iba to lo florío de Madrí”, afirma la bailaora en la misma entrevista.

En abril de 1893, la Coquinera se presenta en el madrileño Teatro Martín, junto a la bailaora Salud Rodríguez. Ambas forman parte del cuadro flamenco ‘Una juerga en Sevilla‘, incluido en la obra José María o los bandidos de Sierra Morena. En 1902, un reportaje publicado en la revista Por esos mundos ofrece más detalles sobre dichas representaciones:

“… el renacimiento del baile hubiese sido efímero sin una empresa que tomó a su cargo el Teatro Martín y organizó en él un cuadro dramático y una compañía de cante y baile; allí bailaron Salud Rodríguez […], Antonia la Coquínera y otras notabilidades del género. Los dramas que se ponían en escena eran Luis Candelas, José María ó los bandidos de Sierra Morena y otros […], y en ellos se intercalaba siempre cante y baile, sin perjuicio del que, además, se daba como añadidura en los intermedios” (1-2-1902).

Un mes más tarde, de nuevo en la capital andaluza, Antonia Gallardo actúa junto a su hermana Pepa en el Café Suizo; y en septiembre regresa a Madrid, esta vez al Teatro Príncipe Alfonso. Allí comparte cartel con la hija del Ciego, las hermanas Prada, Juan Breva y Antonio Pozo, entre otros artistas.

En abril de 1894, la prensa anuncia “un gran concierto de cante y bale andaluz, dirigido por la célebre bailaora la Coquinera”, en el que toman parte “las Macarronas, las Borriqueras y la del Pamplina” (La Correspondencia de España, 3-4-1894), además del cantaor Juan Breva. El nivel de los artistas participantes, así como el hecho de que la Coquinera aparezca como directora del espectáculo, nos dan una idea del prestigio alcanzado por la bailaora, que pronto se convirtió en un referente de los bailes festeros, y creó escuela. De hecho, primeras figuras del baile, como La Argentinita, confiesan haberla tenido como maestra (El Sol, 15-6-1926).

Las bailaoras la Paloma (izq.) y la CoquineraLas bailaoras la Paloma (izq.) y la Coquinera

El espectáculo permanece durante dos meses en cartel en el madrileño Liceo Rius, y por él pasan artistas como Pepa “la Buena Moza”, Matilde Prada, Rita García o La Malagueña, entre otros. El 29 de mayo, la función se celebra a beneficio de Josefa Gallardo.

En enero de 1895, en el Jardín del Buen Retiro vuelve a representarse el drama de costumbres andaluzas José María o los bandidos de Sierra Morena, con la participación de Antonia la Coquinera y Salud Rodríguez, en el cuadro flamenco ‘Una juerga en Sevilla‘.

Unos meses más tarde, la prensa se hace eco del viaje a Berlín de una compañía flamenca formada en Madrid, e integrada, entre otros artistas, por las hijas del Ciego, la Macarrona, Antonia la Gitana, la Cotufera, Enriqueta Macho y Josefa la Coquinera. No tenemos noticias de que Antonia Gallardo estuviese en el elenco, aunque tampoco sería descabellado pensarlo, dado que, según confiesa la artista, su carrera artística siempre estuvo vinculada a la de su hermana: “Era mi pareja de baile. Siempre trabajamos juntas, hasta que nos retiramos. Ella era más flamenca que yo. Yo bailaba ‘más fino‘. Eramos uña y carne las dos” (Estampa, 8-6-1935).

Sus años dorados

En enero de 1897, la prensa sitúa, de forma simultánea, a las Coquineras en el Liceo Rius y en el Salón Variedades, lo cual nos hace pensar que alguno de los dos periódicos puede haber confundido la fecha:

“En el Liceo Rius se dará esta noche una función de cante y baile andaluz a beneficio del tocador de guitarra Manuel López. Tomarán parte en el espectáculo la Borriquera, las Coquineras, los Feos de Madrid, el Mochuelo, el Tuerto y el Divino, con otros renombrados artistas del género” (El Imparcial, 1-1-1897).

“Salón Variedades.- Esta noche se verificará una gran función de cante y baile andaluz, que sus organizadores dedican a los célebres artistas Antonio Chacón y Francisco Díaz. En el espectáculo tomarán parte […] las famosas bailadoras Isabel Santos, Carmen Fernández, Antonia y Josefa Gallardo (las Coquineras), Rosario Moreno y Dolores Rodríguez, y los no menos famosos cantadores Antonio Revuelta, José Verea, José Acosta, Juan Maldonado, José Martínez, Antonio Pozo y José Río” (El Liberal, 1-1-1897).

Las bailaoras la Coquinera (izq.) y la CuencaLas bailaoras la Coquinera (izq.) y la Cuenca

Entre los meses de octubre y diciembre de ese mismo año, las dos hermanas Gallardo se anuncian, de manera ininterrumpida, en el madrileño Café de la Patria (antiguo café Naranjeros), junto al siguiente elenco:

“Cante: la celebrada cantadora Luisa Pérez, de Cádiz, y el niño Martín García, Chaconcito.
Bailes por alegría: las aplaudidísimas bailadoras Antonia y Josefa Gallardo (Las Coquineras), que tienen merecido y universal renombre.
Bailes nacionales: por los notabilísimos boleros Matilde Prada y Antonio Cansino […]” (Revista Pan y toros).

Éstos son, sin duda, los años de mayor esplendor de Antonia Gallardo, que se convierte en una habitual de los mejores teatros y cafés cantantes de Madrid. Allí se rodea de nobles y gente de postín, e incluso rompe algún corazón, según su propio testimonio:

“Los aristócratas y los toreros eran gente que le gustaba muncho la juerga. Ayí iban Benalúa, Tamame. Muncho militare también. Conosí en er café a Primo de Rivera, cuando no era ma que teniente. Berengué también era un juerguista. Y Lagartijo y er ganadero Murube… Qué sé yo cuánta gente de postín… Don Fernando Díaz de Mendosa iba muncha vese a la juerga. A mí me ponía los punto, antes de conosé a la Guerrero. Una ve me hiso muncha fuersa pa que bailase en una funsió que daban en la Prinsesa, a benefisio de las vírtimas de una inundasión horrible, que quearon muncho en la miseria. Er tenia interé en que yo bailase, porque iba a di la familia reá. […]

Otro de mis pretendiente […] fue Miguelito Fernánde Nájera, nieto de la marquesa de Nájera. Miguelito anduvo muncho tiempo detrá de mí; me regalaba muncha cosas. Pero yo no le hasía caso. […] Una ve me pintó. Pintaba muy bien. Me pintó la cabesa y estaba yo presiosa, con unas gasa en er cueyo. Paresía un ánge” (Estampa, 8-6-1935).


Isabelita de Jerez, una gran cantaora injustamente olvidada

Isabel Ramos Moreno nació en 1895 en Jerez de la Frontera, en el flamenquísimo barrio de San Miguel. Inició su carrera artística en 1914 de la mano del guitarrista Pepe Crévola. La revista Eco Artístico, que se refiere a ella como “La Jerezanita”, informa sobre algunas de sus actuaciones, en distintas localidades de las provincias de Cádiz, Sevilla y Huelva:

“MONTELLANO – […] Pepe Crévola, con muy buen acuerdo, ha dejado a Luisa Requejo, que ya verá ahora las ventajas de vivir a la sombra de un buen artista, y en su lugar trabaja Isabel Ramos (La Jerezanita), cantadora de primera fila, y que desde su debut en ésta es muy celebrada” (15-8-1914).

“OLVERA – […] actúa el notable guitarrista Pepe Crévola y la cantadora de flamenco Isabel Ramos. Ambos obtienen estruendosos aplausos, habiendo sido prorrogados dos veces en su actuación a instancias del público” (15-9-1914).

“CONIL – […] Actuaron con gran éxito […] Isabelita Ramos (La Jerezanita), que domina el cante flamenco a maravilla, y Pepe Crévola, el gran guitarrista” (25-9-1914).

“BOLLULLOS DEL CONDADO – […] El notable guitarrista Pepe Crévola y la afamada cantadora de flamenco La Jerezanita actuaron en este Salón, escuchando ambos grandes ovaciones por su labor artística inmejorable. […] La Jerezanita canta con estilo y facultades” (5-11-1914).

La cantora Isabel Ramos Moreno, Isabelita de JerezLa cantora Isabel Ramos Moreno, Isabelita de Jerez

Como se deduce de estas reseñas periodísticas, la joven Isabel Ramos pronto alcanzó el reconocimiento y el favor del público. Junto a guitarristas como Pepe Crévola o Javier Molina, cosechó grandes éxitos en tierras andaluzas, y su presencia se hizo habitual en los cafés cantantes y teatros de Sevilla, como el Kursaal o el Novedades.

Una cantaora de primera

Isabel Ramos Moreno, “La Jerezanita”, más conocida hoy como Isabelita de Jerez, fue una excelente cantaora, muy completa. En su voz se aprecian ecos de las más grandes figuras del flamenco de su tiempo, como Juanito Mojama, El Gloria o Pastoria Pavón. Destacó especialmente en las bulerías de su tierra, así como en las saetas, alegrías, soleares, peteneras, tientos y seguiriyas, un cante, este último, típicamente masculino, que la artista interpretaba a la perfección.

Dan testimonio de ello las tres decenas de placas de pizarra que Isabel impresionó a principios de los años treinta para el sello Odeón, acompañada a la guitarra por Manolo de Badajoz, en las que interpreta letras como ésta:

“Al sitio donde te hablé
ganas me dan de volverme,
sentarme un ratito en él”

Pocas reseñas más encontramos en prensa sobre sus actuaciones en Andalucía, si bien sabemos, a través de un reportaje sobre Javier Molina publicado en el diario ABC, que en 1930 Isabel Ramos fue una de las artistas participantes en la fiesta celebrada por Juan Pedro Domecq en su finca “El Majuelo” de Jerez, con motivo del segundo centenario de sus bodegas.

“Fue una fiesta flamenca de la que se habló durante mucho tiempo. De Madrid acudieron para actuar Isabelita de Jerez, su marido Pepe Durán, ‘El Tordo‘, su hija, la hoy famosa bailaora Rosa Durán y el guitarrista Perico el del Lunar; de Cádiz fueron el tocaor Capinetti y Aurelio Sellés, uno de los grandes patriarcas del cante, […] y de Jerez actuaron, entre otros, Luisita Requejo, La Pompi, el Niño Gloria… A las cuatro de la mañana se incorporó el genial Manuel Torre” (24-5-1968).

Todo un cartel de lujo para un evento de postín, que nos da una idea de la popularidad alcanzada por esta cantaora jerezana, quien, tras alternar durante un tiempo en un café cantante de Valdepeñas (Ciudad Real) con Antonio Chacón y Manuel Torre, se instaló definitivamente en Madrid junto a su familia, para seguir cosechando éxitos.

En Madrid junto a Pastora Imperio

En 1930, Isabelita de Jerez comparte cartel con Manuel Centeno en el cine Alkázar, donde ambos ponen voz a las saetas de la película Fútbol, amor y toros.

La cantaora Isabelita de JerezLa cantaora Isabelita de Jerez

A partir de 1934, la artista empieza a aparecer en los carteles vinculada a los distintos espectáculos de Pastora Imperio, con quien recorre buena parte de la geografía española. Así, en febrero de ese año ambas participan en un homenaje al recitador González Marín, que se celebra en el Teatro Calderón de Madrid:

“Nota sensacional de esta noche, que para todo amante de las letras será inolvidable, ha de ser la reaparición en escena de la maravillosa artista Pastora Imperio, que acompañada por Ramón Montoya a la guitarra y por Isabelita de Jerez al cante bailará unas alegrías con aquel estilo único, personalísimo y genial que la [sic] dio fama” (La Libertad, 1-2-1934).

El éxito del espectáculo lo resume el diario ABC de una manera bastante gráfica: “Y para todos tuvo el auditorio, que ocupaba totalmente la vasta sala del Calderón, el premio de sus aplausos, porque lo cierto es que anoche, lo diremos en cañí para mayor propiedad, las palmas echaron jumo” (15-2-1934).

En el mes de mayo, la compañía de Pastora Imperio prosigue su gira por la costa mediterránea. El día cuatro, la prensa la sitúa en el Teatro Novedades de Barcelona y, dos semanas después, en el Teatro Principal de Alicante. En ambas ocasiones, el guitarrista que acompaña el cante de Isabelita de Jerez es Manolo de Badajoz.

Pocos días más tarde, el espectáculo se presenta con gran éxito en Córdoba, en el Cine Góngora:

“La emperadora del arte gitano, Pastora Imperio, hizo anoche su debut […]. Los tocadores de guitarra, Manolo de Badajoz y Víctor Rojas, con la monísima Isabelita de Jerez, célebre cantadora, completaron el gran espectáculo. Aplaudió mucho el público” (La Voz, 27-5-1934).

La gira continúa en Madrid, en el Coliseo España, con “grandes ovaciones” (ABC, 29-5-1934) a la “incomparable” Pastora Imperio y a la “buena cantaora” Isabelita de Jerez.

Nuevos éxitos y nueva gira

Unos días más tarde, El Heraldo de Almería publica la crónica de una fiesta celebrada en el Liceo Andaluz de Madrid, en la que actúa Isabelita de Jerez acompañada a la guitarra por Perico el del Lunar, en presencia de grandes personalidades:

“Allí aparece Isabelita de Jerez -la Niña de Jerez– que ha recogido en su rostro todo el color moreno y el gesto gitano de las ocho provincias andaluzas -es feílla pero graciosa-, con Perico el del Lunar, que lleva a su guitarra en fuerte abrazo como si fuera una novia.
¡Por bulerías!
¡Ollll…lé!
Ese olé lo dicen todos de corazón: desde el ministro de Agricultura don Cirilo del Río, hasta el conde de Colombí que ha honrado la fiesta con su esposa la señora condesa, pasando por Pepe Centeno, ministro del Tribunal de Cuentas, Perico Torres, Director del Centro de Estudios Agrosociales […] Bulerías, caracoles, sevillanas…” (Heraldo de Almería, 7-6-1934)

En agosto de 1934, Isabelita de Jerez forma parte del elenco de artistas que actúan en la Fiesta de las Actrices Españolas, celebrada en el Ideal Rosales de Madrid. Acompañada a la guitarra por Manolo de Badajoz, la cantaora comparte escenario con su hija, Rosa Durán, que debuta con éxito como bailaora:

“Las actrices españolas presentarán esta noche ante el público madrileño a la futura estrella del baile flamenco Rosita Durán, a la que cantará en esta su primera salida su madre, la popular y famosa cantaora Isabelita la de Jerez, acompañadas ambas a la guitarra por el no menos popular y famoso Manolo el de Badajoz” (La Libertad, 21-8-1934).

“Para todos estos artistas hubo aplausos entusiastas” (La Libertad, 24-8-1934).

La cantaora Isabelita de JerezLa cantaora Isabelita de Jerez

Un año más tarde, madre e hija participan en una nueva edición del festival de las actrices, celebrada esta vez en el Teatro de la Zarzuela:

“Gran cuadro de carácter genuinamente andaluz, a cargo de la joven y ya famosa bailaora de ‘alegrías’ y ‘bulerías’ Rosita Durán, esencia de la gentileza. Bailes raciales de ‘farrucas’ y ‘garrotines’ por la famosa, escultural y bellísima Alfonsina. Cantará en los bailes la popularísima artista Isabelita la de Jerez, solera del cante, todas ellas acompañadas a la guitarra por el maestro de maestros en el rumbo andaluz Niño Pérez” (La Voz, 9-4-1935).

En ese mismo año, la cantaora vuelve a salir de gira con la compañía de Pastora Imperio, que recorre España con un nuevo espectáculo. Entre otras ciudades, visitan Zamora, en el mes de septiembre.

Un año más tarde, ya en plena Guerra Civil, Isabelita de Jerez y su hija, Rosita Durán, forman parte del elenco de artistas contratados por el madrileño teatro Alkázar para la nueva temporada. Junto a ellas, “Caracol (padre), Niño Caracol, Manolo el de Badajoz, Pedro el del Lunar, Mazaco [y] José Ortega” (La Voz, 30-10-1936) completan el cuadro flamenco para los finales de fiesta.

Sus últimos años

En la primavera de 1938, la prensa vuelve a situar a la cantaora en Madrid, en el teatro Variedades, vinculada a un nuevo montaje de Pastora Imperio, el cuadro flamenco “Canasteros de Triana”, en el que intervienen artistas como Caracol padre. Desde finales de abril, también forma parte del cartel La Niña de los Peines, así como -en algunas ocasiones- Rosita Durán. El espectáculo permanece durante dos meses en el Variedades, hasta que, a mediados de mayo, pasa al Teatro de la Zarzuela, donde continúa representándose varias semanas más, hasta finales de junio.

Tras un obligado paréntesis, debido a la toma de Madrid por las tropas nacionales, y una vez finalizada la guerra, la compañía de Pastora Imperio vuelve a los escenarios. Sin embargo, durante los años 1940 y 41 se advierte la ausencia de Isabelita de Jerez, tal vez debido a su enfermedad, según el testimonio de José Ignacio Primo, que ha realizado una exhaustiva investigación sobre los últimos años de vida de la cantaora.

En 1942, Pastora Imperio estrena su espectáculo “El Amor Brujo, La Bodega, La Zapaterita y Rumbero Gitano”, según el mismo autor. Tras su presentación en el madrileño Teatro Fontalba, la compañía inicia una nueva gira en Valladolid y llega, posteriormente, a Zamora, donde tiene lugar el repentino fallecimiento de la cantaora, aquejada de una insuficiencia hepática.

Tal y como reza en la partida de defunción, localizada por José Ignacio Primo, el deceso se produjo a las 8 de la tarde del día 7 de junio, en la pensión Cuatro Naciones de Zamora, donde se alojaba la compañía durante sus representaciones en el Teatro Nuevo de dicha localidad. A pesar del luctuoso acontecimiento, la función no se suspendió.

En la prensa de la época no se han encontrado referencias a la desaparición de esta cantaora, que permaneció en la brecha hasta el último momento, y que ha sido definida por críticos y estudiosos como “una gran emperadora de los cantes de Jerez” (Juan de la Plata), “una artista de un gran calado, con un sentimiento gitano y una profundidad tremenda” (José Ignacio Primo), que “poseía un eco gitano insuperable, y todo lo cantaba bien” (Augusto Butler).

Con estas credenciales, cuesta entender el olvido en que el tiempo ha sumido a esta extraordinaria cantaora, a la que, gracias al esfuerzo de estudiosos como José Ignacio Primo, podemos hoy conocer un poco mejor.

 

Unos cantes de Isabelita de Jerez, de la colección Flamenco y Universidad, por cortesía de Pedro Moral:


Salud Rodríguez, la «zapateadora» prodigiosa

Salud Rodríguez nació en Sevilla en 1873 y desde su más tierna infancia sintió pasión por el baile, lo cual no es de extrañar, teniendo en cuenta que su padre era el guitarrista Juan Manuel Rodríguez “el Ciego” -“que si bien no fue muy extenso en ejecución, acompañaba los cantes y, cosa rara, en un ciego, los bailes, con una precisión inconcebible”-, y que cuatro de sus seis hermanos y hermanas también se dedicaron al mundo del espectáculo, tal y como relata Fernando el de Triana en su libro Arte y artistas flamencos (1935): “Lola, bailadora puntera; Mercedes y Baldomero, fenomenal pareja de baile de palillos, y Joaquín, guitarrista de buena clase, aunque no de gran ejecución” (1).

Salud Rodríguez, “la hija del Ciego”, debutó cuando era sólo una niña, en el sevillano Café de Silverio. En mayo de 1882, La Unión Mercantil hace referencia a su paso por el Teatro Cervantes de Málaga, a los seis años de edad; y en abril de 1886, La Palma de Cádiz reproduce una información publicada en la prensa malagueña, relativa al debut de la compañía de “Las Viejas Ricas” de Cádiz, que comienza sus representaciones en el Teatro-circo de Variedades, y que incluye el siguiente “cuadro del genero andaluz”:

“Cantadores, D. Antonio Ortega (conocido por el Breva), D. Félix Magan y Don Antonio Pozo (niño de diez años). Bailadora, Srta. Dª. Salud Rodríguez (niña de diez años), conocida por la hija del ciego. Bailador, D. Francisco Cortés. Tocadores, D. Manuel Montero y D. Manuel Rodríguez, el ciego” (30-4-1886).

Una alumna aventajada

Según Fernando el de Triana, la joven Salud “al principio tenía un pequeño defecto en la colocación de los brazos, que ella misma corrigió viendo a la gran maestra”, Trinidad Huertas “la Cuenca”, quien años antes había revolucionado el mundo del flamenco al ejecutar bailes típicamente masculinos vestida de hombre, algo realmente escandaloso para la época.

Salud Rodríguez, la hija del CiegoSalud Rodríguez, la hija del Ciego

Además de a la mencionada artista, “la hija del Ciego” también tuvo como maestro a Enrique «el Jorobao», todo un virtuoso en el arte del zapateado. De ellos aprendió la pequeña Salud la mejor técnica, si bien añadió “muchos detalles de su propia cosecha, muy difíciles de ejecutar”, en opinión de ese mismo autor.

Quienes la conocieron coinciden en resaltar la excelente calidad artística de la joven bailaora, que ejecutaba magistralmente las escobillas y zapateados. Así, Pepe el de la Matrona, en sus confesiones a José Luis Ortiz Nuevo (2), le dedica las siguientes palabras: “Salú Rodríguez, que bailaba vestía de hombre, la mujer que yo he visto por alegrías hacer el baile de hombre más perfecto”.

Parece ser que cualidades no le faltaban, pues su carrera fue realmente meteórica. Durante la década de los ochenta recorrió toda la geografía española con varios espectáculos, como el que anuncia en 1889 el Diario de Córdoba, que se refiere a ella como “la Nueva Cuenca”:

“Circo del Gran Capitán.- Para hoy prepara la compañía ecuestre de don Rafael Díaz una extraordinaria función, antepenúltima de la temporada. Se repetirá el episodio bailable, cantante, cómico y taurino, titulado La feria de Sevilla, en la que se lidiará un verdadero y bravo novillo por el aplaudido diestro don Eduardo Díaz (Frascuelo). No faltarán en la escena del baile y el cante flamenco las aplaudidas señoritas Aniceta y Constanza Díaz, y la ‘Nueva Cuenca’ Salud Rodríguez” (29-6-1889).

De Sevilla a Madrid

En los años noventa Salud se traslada definitivamente a la capital de España, donde desarrolla la mayor parte de su carrera. En 1893, durante varios meses consecutivos, la prensa se hace eco de sus actuaciones en el Teatro Martín, donde forma parte del cuadro flamenco “Una juerga en Sevilla”, que suele representarse como colofón de las obra Luis Candelas, entre otras. Salud comparte escenario con artistas como la bailaora Antonia Gallardo, “la Coquinera” o el cantaor Juan Breva. Su padre, Juan Manuel Rodríguez, también interviene como guitarrista en algunas de las funciones. La prensa de la época suele elogiar el buen hacer de la bailaora:

“Las reputadas bailarinas Salud Rodríguez y las hermanas Prada bailarán al final de cada sección” (El País, 5-3-1893).

“En el favorecido teatro Martín se representarán hoy sábado, en dos secciones, las extraordinariamente aplaudidas obras Luis Candelas y José María, presentándose en las escenas más culminantes de dichas producciones, Una juerga en Sevilla, donde tanto se distinguen las notables bailadoras Salud Rodríguez y Antonia Gallardo” (La Correspondencia de España, 1-4-1893).

“… en escena el aplaudido apropósito titulado Una juerga en Sevilla, en el que tomarán parte el aplaudido cantaor Juan Breva, tan conocido por el público de Madrid, y la célebre bailaora Salud Rodríguez, que tan justamente llama la atención de la concurrencia” (La Correspondencia de España, 3-4-1893).

En julio de ese mismo año, La estafeta de León publica la crónica de un espectáculo similar, compuesto por la representación de varios dramas, seguidos de un espectáculo flamenco, en el que vuelve a brillar con luz propia la hija del Ciego:

“Una verdadera sesión de baile y canto andaluz, con peteneras, zapateado, sevillanas, seguidillas, guajiras, tango, todo, en fin, lo que puede llamarse flamenco, pero flamenco clásico y culto. La malagueña de Juan Breva, los armoniosos y melancólicos cantos del Canario y del Mochuelo, y el zapateado magistralmente bailado por la Srta. Salud Rodríguez entusiasmaron de tal manera al público que llenaba completamente el teatro, que ambas funciones duraron hasta cerca de las dos de la madrugada, sin que nadie sintiera cansancio de tan bello espectáculo” (29-7-1893).

Unos meses más tarde, de nuevo en Madrid, Salud forma parte del elenco de actores y artistas flamencos que actúan en una función benéfica celebrada en el teatro Príncipe Alfonso. En el cartel destacan también las bailaoras Antonia Gallardo “la Coquinera”, Matilde y Josefa Prada, los cantaores Juan Breva y Antonio Pozo “el Mochuelo”, y el guitarrista Joaquín Rodríguez -hermano de Salud-, entre otros muchos artistas.

Antonia Gallardo, la Coquinera, y Trinidad Huertas, la CuencaAntonia Gallardo, la Coquinera, y Trinidad Huertas, la Cuenca

En 1894, en el Liceo Rius, El Imparcial anuncia un “gran concierto de cante y baile andaluz, en el que tomará parte la plana mayor del género flamenco” (21-11-1894). En él intervienen artistas de primer nivel, como las bailaoras Juana y María Vargas, “las Macarronas”, el cantaor Juan Breva, o la pareja de sevillanas formada por “la tan aplaudida Salud Rodríguez y hermana”.

Unos meses más tarde, “las primeras bailarinas del género andaluz, señoritas Salud Rodríguez y Antonia Gallardo” (La Correspondencia de España, 5-1-1895) debutan en los Jardines del Buen Retiro, donde se representa la obra José María o los bandidos de Sierra Morena.

La conquista de Alemania

En la primavera de 1895, Salud Rodríguez y sus hermanos Lola y Joaquín forman parte de la compañía de cante y baile flamenco que se desplaza a Berlín para ofrecer una serie de espectáculos… toda una aventura, que la prensa describe de esta forma:

“Desde hace días está funcionando en Berlín un cuadro de tocadores de guitarra, bailadoras y cantadoras del género flamenco. La compañía se formó en Madrid, contratándose los artistas por cuatro duros diarios cada uno. Los periódicos de Berlín dedican largas crónicas a los trabajos de los artistas. […]
El número que más agrada es de los bailables sevillanos. Los tocadores de guitarra, Francisco Martínez y Rafael Marín, son calificados de notabilidades. La Macarrona, la Cotufera y las hijas del Ciego, hacen las delicias de los alemanes en los diferentes números de baile flamenco que ejecutan. […]
Los artistas pasaron muchos apuros hasta llegar a Berlín. Tuvieron que cambiar de tren muchas veces, y como no llevaban intérprete, fue preciso entenderse con los empleados del ferrocarril por medio de señas. […]
La compañía está formada por por los siguientes artistas: Juana Vargas, la Macarrona; Antonia García, la Gitana; Salud y Dolores, las Hijas del Ciego; María de Haro, la Cotufera; Antonia García Vargas; Enriqueta Macho; María Bocanegra; Amalia Pimentó; Matilde Prada; Josefa Gallardo; Carmen la de Pichiri; Antonio de la Rosa Pichiri; José Barea; Rafael Martín; Francisco Barberán; Joaquín Rodríguez; Juan Gallardo y Francisco Martínez” (La Correspondencia de España, 4-4-1895).

Salud y Lola Rodríguez, en BerlínSalud y Lola Rodríguez, en Berlín

En 1897, la prensa vuelve a situar a Salud Rodríguez en Madrid, en el Salón Variedades. La bailaora participa en un concierto benéfico dedicado al cantaor Juan Ríos, en el que también intervienen artistas como María Vargas, Antonio Pozo «el Mochuelo” o Matilde Prada, entre otros.

Salud y Lola Rodríguez, una excepcional pareja de baile

A partir de este momento, las mayor parte de las alusiones a Salud Rodríguez que encontramos en la prensa la vinculan a su hermana Lola, con quien forma pareja de baile por sevillanas. En 1898 y 1900, ambas actúan en el teatro de la Zarzuela. En 1901 se presentan en el Teatro Barbieri, en una función benéfica, y al año siguiente, en el Teatro Real, en un baile de máscaras organizado por la Asociación de la Prensa.

En este último intervienen numerosas artistas, algunas de ellas francesas, así como varias parejas españolas, procedentes de distintas salas y teatros de variedades de Madrid, que bailan las sevillanas compuestas por el maestro Chapí para la zarzuela Vía libre. Entre ellas, destacan las siguientes:

“Gracia la Morenita, Lola y Salud Rodríguez, del Japonés; Encarnación Fernández, Consuelo Anastasio, Rosario Acosta y la Bella Belén, el teatro Romea, y Pastora Imperio, María Reina, Julia Esmeralda, Emilia Santi y la Africanita, del Salón de Actualidades” (La Época, 30-1-1902).

“Las sevillanas, bailadas por Lola y Salud Rodríguez, Gracia la Morenita, Rosario Acosta, las bellas Imperio y Belén y otras artistas, constituyeron una nota original, castizamente española. Tanto éxito alcanzó el número, que hubo necesidad de repetirlo” (La Época, 2-2-1902).

En 1902 y 1903, las hijas del Ciego también viajan a Sevilla en varias ocasiones, para actuar en el Salón Filarmónico y en el Oriente, donde coinciden con primeras figuras del flamenco, como un jovencísimo Manuel Torre. El espectáculo lo abre la actuación de una chirigota gaditana, tras la cual da comienzo el programa flamenco, en el que ocupan un lugar predominante “LAS HIJAS DEL CIEGO”, cuyo nombre aparece tipográficamente destacado en el cartel. Comparten escenario con ellas los siguientes artistas: Juana Valencia “la Sordita”, Juana y Fernanda Antúnez, Pepa de Oro, Josefa Molina, María Valencia “la Serrana”, y Rita Ortega, acompañadas de los tocadores Juan Ganduya “Habichuela” y Joaquín Rodríguez “el hijo del Ciego”. También merece un lugar destacado “Manuel Soto (el Niño de Torres)”.

Maestra y referente de bailaoras y bailaores

A partir de ese momento, pocas reseñas más encontramos en la prensa sobre Salud Rodríguez. A través de un reportaje publicado en El Heraldo de Madrid en 1929, sabemos que la bailaora compartió con Francisco Lema, Fosforito, “muchas campañas triunfales en una de las épocas más esplendorosas del cante hondo”.

Pepe el de la Matrona y Fernando el de Triana, en las ya mencionadas obras, destacan el magisterio ejercido por la artista con el bailaor Estampío:

“… esta Salú fue la que sirvió de maestra a Estampío. Por el año doce vino Estampío a Madrid, era aficionao a los toros y andaba por las capeas y por los pueblos bailando ‘el picaor’, un baile de chusma, y se presentó aquí y cayó bien, cayó en gracia y le contrataron en el Café de la Madalena, que ahí bailaba Salú. Y ahí l’empezó a preguntar esto y lo otro…, y total, se hizo la clase de bailaor que fue Estampío, porque cogió de ella el baile de hombre” (Pepe el de la Matrona).

“Fue el más ferviente devoto de aquella virtuosa del baile que se llamó Salud Rodríguez, la Hija del Ciego, y aunque en su época de aficionado copió de los buenos bailadores que entonces había, era el de Salud el que más le agradaba” (Fernando el de Triana).

El bailaor EstampíoEl bailaor Estampío

Además del Café de la Magdalena, distintos locales madrileños también fueron testigos del arte de la hija del Ciego, como el Café del Gato, en el que coincidió a principios del siglo XX con Manuel Escacena y el bailaor «el Macareno»; el Café Numancia, el de la Marina, el Teatro Barbieri o el Café Concert.

En el Barbieri sitúa Manuel Ríos Ruiz a la bailaora allá por el año doce, en un homenaje a José Ortega. En 1914, Salud forma parte del cuadro flamenco que actúa en el Café Concert, junto a la Antequerana y Estampío; y dos años más tarde se presenta en el Teatro Madrileño, donde comparte cartel con la Rubia de Jerez, la Antequerana y Ramón Montoya, entre otros artistas.

Pocos datos más conocemos de esta bailaora, salvo los que nos ofrecen, de primera mano, distintos artistas que coincidieron con ella en algún momento de su carrera:

“Vestida de jerezana y metida en zapateado, era un monumento a la raza” (Antonio el de Bilbao).

“En el Café de la Marina me tocó actuar al lado de las famosas Macarronas, de Malena, de Salud, la hija del Ciego, que representa para mí lo más grande en bailes de hombres interpretados por una mujer, que aparecía en traje de corto con zajones y sombrero calañés, chiquita y con una voz cavernosa que coincidía perfectamente con su arte” (Ramón Montoya).

“… como la Macarrona y la Malena, ninguna. Salú sí. Salú en lo suyo era portentosa, no sabía andar con vestío de mujer porque estaba acostumbrá al vestío de hombre” (Pepe el de la Matrona).

De esos testimonios se desprende que Salud Rodríguez, la hija del Ciego, muy pronto dejó de ser una alumna aventajada de la Cuenca para convertirse en toda una maestra de lo que entonces se consideraba el “baile de hombre”, algo realmente rompedor e incluso revolucionario para una época en que los roles masculinos y femeninos, tanto en el flamenco como en la sociedad en general, estaban perfectamente delimitados.

Cuál no sería la calidad de esta muchacha que, no sólo resistía la comparación con la Macarrona y la Malena -los dos mejores referentes de su tiempo en baile de mujer-, sino que, además, fue elegida como maestra por Estampío y Lamparilla, que estaban llamados a convertirse en importantes figuras del baile masculino.

…

NOTAS:

(1) Rodríguez Gómez, Fernando (el de Triana), Arte y artistas flamencos, Madrid, Imprenta Helénica, 1935; (reedición) Sevilla, Editoriales Andaluzas Unidas, 1986.

(2) Ortiz Nuevo, J. L., Pepe el de la Matrona. Recuerdos de un cantaor sevillano, Madrid, Demófilo, 1975.