Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

CRÓNICA – II Cabildo Flamenco “Archidona tiene nombre de mujer” – Día II

Diálogo entre Rocío Márquez y La Tremendita

La segunda jornada del II Cabildo Flamenco “Archidona tiene nombre de mujer” comenzó con un encuentro entre dos de las cantaoras flamencas con mayor proyección en la actualidad, la onubense Rocío Márquez y la trianera Rosario la Tremendita, que entablaron un ameno e interesantísimo debate sobre diversas cuestiones relacionadas con su modo de entender y abordar el proceso de creación artística.

El primer tema que trataron fue su relación con los letras, la necesidad que ambas sienten de contar aquello que han vivido y con lo que se identifican. Para Rocío, “el texto es una vía más para encontrarte como artista y ver qué es lo que quieres decir”. Rosario, que confesó haber llegado a ese mismo punto de una forma mucho más inconsciente, considera “muy importante “contar la verdad de hoy y que el flamenco siga emocionando”, porque “no tiene ningún sentido que, trabajando con un ordenador, estemos hablando de arar el campo”.

Foto: Paco Lobato

Foto: Paco Lobato

Precisamente en esa coherencia reside para la onubense el significado de la palabra pureza, “si es que existe alguno”, en “ser auténtico con lo que uno es y con lo que ha vivido”, y lo ilustró cantando su versión del “Romance a Córdoba” de Pepe Marchena, con letra del poeta Antonio Orihuela.

A continuación, las dos artistas conversaron sobre su modo de acercarse al cante: dos búsquedas diferentes que convergen en un mismo punto. Para la Tremendita no tiene ningún sentido escuchar una grabación y hacer una copia exacta. Ella necesita trabajar la armonización, jugar con el bajo, la guitarra, el cajón, o darle la vuelta al cante por soleá, comenzando por el final, y nos lo demostró con un ejemplo práctico, que arrancó los oles de auditorio.

Foto: Paco Lobato.

Foto: Paco Lobato.

Rocío, por su parte, se vale del conocimiento adquirido en el transcurso de sus investigaciones sobre la técnica vocal para realizar una búsqueda mucho más consciente, con el fin de sacar el máximo partido a la infinidad de posibilidades que le ofrece su voz y que redundan en una gran libertad expresiva. No obstante, la artista confesó que la importancia de esa conciencia es relativa, porque al final “lo mental va por un lado y el corazón va por otro”.

Tras regalar al auditorio una ronda de abandolaos con el acompañamiento de Rosario a la percusión, surgió el tema del posicionamiento político y el compromiso con el arte, que va más allá de las letras y los textos. Ambas artistas destacaron la importancia del estudio, aunque Rocío declaró haber sentido una resistencia inicial “porque en el flamenco hay veces que está mal visto, hay veces que se nos penaliza mucho y se nos da una caña brutal”.

Foto: Paco Lobato

Foto: Paco Lobato

La Tremendita refrendó las palabras de su compañera, afirmando que “para poder ejecutar los cantes hay que estudiarlos, de verdad”, entendiéndolos, dándoles su carácter; hay que realizar una búsqueda “más o menos inconsciente, en el cuarto de tu casa o en el bar o donde sea, pero al final estás estudiando”. En su opinión, el duende, la inspiración o como quiera llamarse, no surge de manera espontánea, sino que es fruto de largas horas de trabajo y de un compromiso.

También se habló sobre los tópicos, los estereotipos y los miedos que nos limitan, y sobre el eterno debate en torno a lo que es y lo que no es flamenco. Según Rocío, “si al final caemos en algo que reconocemos, entonces todo está bien, el problema es cuando el resultado no lo tenemos catalogado”, pero es bueno que exista el intercambio y que se desarrollen nuevos lenguajes, porque ello demuestra que el flamenco está vivo.

Foto: Paco Lobato

Foto: Paco Lobato

En la misma línea, Rosario considera positivo que exista diversidad de corrientes y de propuestas, desde las más tradicionales y ortodoxas hastas las mas contemporáneas y vanguardistas, y defiende la libertad, tanto de los artistas como del público, para identificarse con lo que más les guste.

Para la trianera, el flamenco “es una manera de entender la vida, y el que es flamenco va a coger una bandurria y va a ser flamenco, y el que no lo es, cante por soleá, por malagueña o por granadina, no lo va a ser, porque no hay una búsqueda, no hay unos códigos ni hay un entendimiento”… y para muestra, la mariana que nos regalaron las dos, armonizada con el bajo de la Tremendita.

A los postres

En el ciclo de presentaciones literarias, el miércoles fue el turno del investigador morisco Juan Diego Martín Cabeza, que presentó el libro Estética de lo jondo. Poesía y pintura de Francisco Moreno Galván, basado en su tesis doctoral y editado en 2018 por la Universidad de Sevilla.

El texto aborda en profundidad la figura y la obra del pintor y poeta de La Puebla de Cazalla Francisco Moreno Galván, que, veinte años después de su fallecimiento, continúa siendo un gran referente en la estética flamenca, en lo que se refiere tanto a la iconografía como a los textos.

Foto: Paco Lobato

Foto: Paco Lobato

Las creaciones de Moreno Galván brotaban de un anhelo constante de libertad, como persona y como artista. Su pintura flamenca, de influencia picassiana, buscaba superar los manidos tópicos costumbristas, mientras que sus letras, basadas en la realidad de su pueblo y del momento histórico que le tocó vivir, ofrecieron a cantaores como José Menese, Miguel Vargas o Diego Clavel, un valioso caudal con el que expresar su verdad, muy al hilo de lo que exponían Rocío Márquez y la Tremendita en la sesión matinal.

Tras una etapa en Madrid, en la que frecuentó el Tablao Zambra y alternó con grandes artistas de lo jondo, tras la llegada de la democracia, Moreno Galván regresó a su pueblo, donde emprendió una gran labor de recuperación de la cultura y la estética popular.

Foto: Paco Lobato

Foto: Paco Lobato

Juan Diego Martín, su sobrino-nieto, además de todo lo mencionado, destacó la gran generosidad y calidad humana de Francisco, su gran sensibilidad y su entrega incondicional al flamenco, y celebró el que sus textos sigan gozando de una gran vitalidad, en la voz de los artistas de hoy.

Leonor Leal, la conjunción de la danza y la palabra

En el apartado “Flamenco a escena”, la bailaora Leonor Leal presentó “El lenguaje de las líneas”, una conferencia bailada en la que reflexionó sobre el proceso de creación coreográfica y, ante la escasez de escritos en los que sean las propias bailaoras quienes aborden estas cuestiones, la jerezana esbozó algunas pinceladas de la que sería su propia filosofía de la danza.

Buena parte de su intervención giró en torno a la importancia de las imágenes. ¿Qué ve la bailaora mientras baila? Mucho más de lo que a priori pudiera imaginar, pues por su mente transitan mil y una instantáneas, que ha ido recopilando, a veces de manera inconsciente, y que resultan fundamentales a la hora de transmitir la verdad de su danza.

Estas imágenes se vuelven imprescindibles a la hora de enseñar: las manos como palomas, los brazos que se mueven con densidad, como si estuvieran dentro de un bote de miel, o las vueltas de la bailaora bajando sobre su propio eje, como el agua que gira antes salir por el desagüe del fregadero…

Foto: Paco Lobato

Foto: Paco Lobato

Leonor también habló de sus referentes, como Antonia Mercé “La Argentina”, artista polifacética donde las haya, que también sintió la necesidad de expresar por medio de la palabra sus teorías sobre el baile; y reflexionó sobre el estado actual del aprendizaje de la danza, que, por mediación de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, en ocasiones se ve reducido a un mero intercambio de pasos por euros. En opinión de la bailaora, ése es el punto al que no se debe llegar, puesto que la cercanía y el contacto directo con los maestros no puede ser sustituido por ninguna máquina.

Tras su excelente disertación, ilustrada por ella misma con pinceladas de su baile elegante, delicado y siempre preciso, la jerezana ofreció un ejemplo práctico de la importancia de todas “esas líneas que nos conectan en el tiempo, a las personas, en el cuerpo”… y lo hizo recuperando, junto al guitarrista Tino van der Sman, una farruca creada por ambos hace más de una década, que en su día tuvo para ellos un especial significado tanto a nivel personal como profesional, y dándole una nueva vida.

Flamenco en clave de humor

El broche final de la jornada, dentro del ciclo “Nocturnos”, lo puso la representación de la obra “Por la íntima gloria de mi mare”, a cargo de la bailaora Asunción Pérez “La Choni” y el actor Juanjo Macías, con el cante de Alicia Acuña y la guitarra de Raúl Cantizano.

El espectáculo, que cuenta ya con una larga trayectoria de éxitos, está protagonizado por dos mujeres de bandera, la joven Estrellita -Choni-, talentosa bailaora en ciernes, y su madre -Juanjo Macías-, vieja gloria de los tablaos convertida para la ocasión en conferenciante.

Foto: Paco Lobato

Foto: Paco Lobato

En un momento en que está tan de moda la fusión, esta obra representa la simbiosis perfecta entre el arte flamenco más clásico y el teatro, con una elevada dosis de humor. Ésa es la clave en que el gaditano, que estuvo auténticamente sembrao, abordó temas que ya habían sido tratados en este II Cabildo, como la importancia del estudio -yo tengo amigos que leen y los trato igual que a cualquier persona-, o determinadas situaciones a las que han tenido que enfrentarse las flamencas en épocas pretéritas: antiguamente las mujeres eran guitarristas, hasta que el flamenco se profesionalizó, y los hombres se quedaron con la guitarra y con el dinero; la bata de cola se inventó para dejar a la mujer quieta y convertirla en florero; la cachucha era un baile que se consideraba pecaminoso porque las mujeres lo bailaban descalzas…

Foto: Paco Lobato

Foto: Paco Lobato

La Choni-Estrellita, que ilustró con su baile las teorías de su madre, deslumbró al público con su técnica depurada, su gran capacidad de transmisión y su extraordinaria vis cómica. Fue dulce en la guajira con abanico. Sedujo en las alegrías, y se despojó del mantón, los peines y hasta los zapatos, en un alarde de libertad. Sentó cátedra con su baile enjundioso en la farruca. Se desmelenó en la zambra y terminó alzándose desafiante para reclamar el aplauso del público.


CRÓNICA – II Cabildo Flamenco “Archidona tiene nombre de mujer” – Día I

El pasado 10 de septiembre, bajo el título “Archidona tiene nombre de mujer”, daba comienzo la segunda edición del Cabildo Flamenco de Andalucía, que por cuarto año consecutivo ha convertido la ciudad de la Plaza Ochavada en el epicentro del flamenco.

Se afianza así una tradición, iniciada en 2016 con las jornadas “Entre medias”, de inauguración y presentación de la Biblioteca Flamenca de Archidona, y continuada en 2017 con el curso de verano “La década prodigiosa, 1860-1869: El big bang del flamenco”, y en 2018 con el I Cabildo Flamenco.

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El artífice de todas estas iniciativas es el investigador, poeta y flamencólogo José Luis Ortiz Nuevo, fundador de la Bienal de Sevilla y siempre fértil en nuevas ideas, que en esta etapa de su vida sigue escribiendo páginas memorables en el libro del flamenco con su Archidona natal como telón de fondo.

Inauguración

El acto oficial de apertura del II Cabildo, a cargo de su director, de la Alcaldesa de Archidona, Mercedes Montero, y de la jovencísima estudiante de música Marta Solís, tuvo lugar a las 12 del mediodía en la Biblioteca Pública Ricardo Conejo Ramilo.

Ortiz Nuevo señaló que el lema del Cabildo, ‘Archidona tiene nombre de mujer’, “no significa que entendamos el flamenco como algo propio de un sexo o de una categoría o de una raza. Somos tolerantes, somos abiertos, somos librepensadores en tanto que lo que nos alumbra es la ciencia y la experiencia, y no la ideología previa”.

Foto: Paco Lobato

Foto: Paco Lobato

En palabras de su organizador, lo que diferencia a este encuentro de otros muchos es la intención de “sembrar juntos la idea, el pensamiento con la praxis, de manera que los conciertos son conferencias, las conferencias son conciertos, los artistas disfrutan, el público disfruta y vamos avanzando”, siempre con cariño, con ilusión y con muchas ganas de enmendar los errores y seguir adelante.

La Alcaldesa destacó el gran salto, tanto cualitativo como cuantitativo y en lo que se refiere a la diversidad, que supone este II Cabildo respecto a los encuentros flamencos celebrados en Archidona en los últimos años, y cerró el acto con una frase de José Antonio Benítez Macías: “Salud y que al flamenco lo sigan meciendo los sueños”.

Foto: Paco Lobato

Foto: Paco Lobato

Se inauguraban así cuatro días de aprendizaje, disfrute, convivencia e intercambio en torno al arte jondo, con especial hincapié en la aportación de las mujeres, todo ello aderezado con la excelente gastronomía de la zona, la belleza del entorno y la hospitalidad de su gente… Es cierto que esto suena poco imparcial, pero ¿cómo se puede serlo después de haberlo experimentado en carne propia? Vayan, vean y juzguen por sí mismos.

Conferencia de Génesis García

Tras el acto de apertura, la doctora Génesis García Gómez ofreció una brillante conferencia inaugural, titulada “Flamenca y bailaora: El gesto de la libertad”. Nacida en Cartagena, Génesis cuenta con una extensa trayectoria en el ámbito de la docencia -ha sido profesora de educación secundaria y universitaria-, el mundo editorial -diseñó y puso en marcha la colección de flamenco de Almuzara, y forma parte del consejo asesor y científico de la editorial de la Universidad de Sevilla- y la investigación. Su campo de estudio es el flamenco desde una perspectiva histórica, historiográfica y sociocultural, es decir, dentro del contexto general de la cultura, en relación con otras músicas y manifestaciones artísticas.

La tesis central de la conferencia giró en torno a la afirmación de que, desde el punto de vista expresivo, la bailaora flamenca comporta un gesto de libertad mayor que ninguna otra danza o manifestación artística, sea ésta espontánea o coreográfica.

Foto: Paco Lobato

Foto: Paco Lobato

Para apuntalar esta idea, Génesis empezó por explicar por qué el flamenco es una música tradicional que evoluciona con los tiempos y permanece viva, mientras que otras músicas tradicionales españolas, como es el caso de la zarzuela, constituyen hoy un género residual, estático, muerto.

Esto sucede, según la investigadora, porque el flamenco se desarrolla tanto encima como debajo de los escenarios. En la época en que el arte jondo se estaba forjando como nuevo género musical, en los escenarios oficiales se estrenaban sainetes, tonadillas, zarzuelas, que constituían un programa de educación nacional en valores liberales y que, por tanto, contaban con el beneplácito de los escritores.

Mientras tanto, debajo de los escenarios seguía desarrollándose el “género nacional negro, protagonizado por los jácaros, los majos y los gitanos a lo flamenco”. Éstos eran los crúos, es decir, los marginales, denostados en los escritos. Es precisamente esa situación de exclusión de las instituciones oficiales lo que garantiza la buena salud de esta música.

Sin embargo, no hay que obviar la constante retroalimentación que se produce entre ambas esferas, pues los grandes autores, como Barbieri o Chueca, se inspiraban en esas manifestaciones musicales marginales, violentas, crúas, que constituían para ellos una garantía de éxito y, tras someterlas a un proceso de blanqueamiento, las subían a los escenarios oficiales, ya cocías. De este modo, el flamenco acude al rescate de esas músicas tradicionales oficiales, a las que insufla un soplo de vitalidad.

Foto: Kyoko Shikaze

Foto: Kyoko Shikaze

Según Génesis, “el flamenco es un arte que ha conservado la memoria simbólica de los siglos” y también la memoria histórica. De hecho, el no haber formado parte de los escritos oficiales no significa que esté al margen de la historia y precisamente esa situación de marginalidad, el haberse desarrollado sin atender a normas musicales ni académicas, ni a control alguno en su expresividad, es lo que ha permitido al flamenco evolucionar en libertad.

A continuación, la ponente introdujo la simbología del rojo, el blanco y el negro, que representan, respectivamente, la naturaleza, la civilización y la condenación. Llevados al terreno de la danza, el rojo correspondería a los bailes de seducción, como la sevillana, y el blanco serían los bailes virginales, que raramente se dan; mientras que “en negro se baila casi todo, porque el baile ya viene satanizado”, como sucede con los tangos, un “baile reptilesco que remite a mundos infrahumanos y lleva a situaciones de perdición”.

La investigadora hizo hincapié en que, en un momento en que los intelectuales de toda Europa trataban de demostrar la inferioridad de las mujeres, como respuesta a su incipiente movimiento de emancipación, los escritores, pintores y dramaturgos de nuestro país nunca trataron mal a la fémina hispana, puesto que su representación de la bailaora flamenca como figura satánica obedecía más bien a un deseo de denunciar lo negro para buscar su regeneración.

Como conclusión de todas estas ideas, Génesis afirmó que “no se ha visto un gesto de tanto orgullo y poderío como tiene la bailaora flamenca”, que “coge todos los objetos de sumisión y se los baila y los convierte en objetos de liberación”. Se baila el mantón, que estaba pensado para “estar debajo y quieta”; se baila la cola, se la taconea, la agarra, se la enrosca y la extiende a sus pies; enseña sus piernas con el pantalón y zapatea; lanza sus peines y peinetas al aire como símbolo de libertad… El baile flamenco es, pues, un baile de posesión, que puede ser dichosa -ejemplificada en la imagen Pastora Galván- o bien dramática -simbolizada por La Chana-.

A los postres: Tremendo asombro

Durante la sobremesa, en el Bar Central, José Luis Ortiz Nuevo presentó su libro Tremendo asombro. Huellas del género andaluz en los teatros de La Habana y otras informaciones a lo flamenco (1790-1580), que acaba de ser publicado por la editorial Athenaica de Sevilla, con prólogo de Cristina Cruces y epílogo de Raúl Rodríguez.

Esta obra es el resultado de las investigaciones de su prolífico autor en las hemerotecas cubanas, una labor que comenzó allá por el año 1997 con el fin de documentar el origen de los tangos flamencos y que en la actualidad sigue dando sus frutos, pues el segundo volumen de esta historia se encuentra ya en proceso de preparación.

Tremendo Asombro, Editorial Athenaica

Tremendo Asombro, Editorial Athenaica

Aunque esta primera entrega de Tremendo asombro culmina a mediados del siglo XIX, cuando aún no se había extendido la partida oficial de nacimiento del arte jondo, sus páginas contienen una gran cantidad de referencias a bailes, canciones y tipos andaluces, gitanos y españoles, elementos todos ellos que jugarán un papel decisivo en la conformación del primer repertorio flamenco.

El libro da cuenta de la gran efervescencia cultural que caracterizaba a la entonces ciudad española de ultramar, por cuyos teatros desfilaban tenores andaluces como don Andrés del Castillo, que en 1830 cantaba a lo gitano acompañándose con la guitarra; actores como el cubano Francisco Covarrubias, que durante décadas destacó por su interpretación en piezas de temática andaluza; toreros como Ignacio Ezpeleta, ascendiente del famoso cantaor gaditano; o cantautores andaluces como Don Federico de Vera, que llega dispuesto a conquistar al público habanero con canciones como “La jaca de terciopelo”, que tantos éxitos había cosechado en Cádiz. Se pone, por tanto, de manifiesto la fructífera relación de intercambio y comunicación entre la capital cubana y la Tacita de Plata.

Asimismo, según señaló el autor, llama poderosamente la atención la riqueza de la prensa cubana, mucho más generosa que la peninsular en este tipo informaciones. Los diarios habaneros ofrecen una visión amable y alegre de lo andaluz, que se vincula sobre todo con el baile. Grandes artistas coreográficos, como la pareja de boleros formada por Marietta Gozze y Francisco Piáttoli, triunfan durante años en la escena americana con números como la Cachucha, el Jaleo de Jerez, el Zapateado de Cádiz con pandereta o las Boleras jaleadas. Aún está por llegar el sentimiento trágico del flamenco.

Flamenco a escena: Pastora eterna

Tras un necesario receso, a las siete de la tarde comenzó en el Auditorio Municipal José Luis Miranda el espectáculo “Pastora eterna”, que versa sobre la inmensa figura de Pastora Pavón Cruz, la Niña de los Peines, abordada desde una doble vertiente, como mujer y como artista, gracias al excelente trabajo de la actriz Susi González y de la cantaora Laura Vital, con el magistral acompañamiento de Eduardo Rebollar a la guitarra.

Foto: Ayuntamiento de Archidona

Foto: Paco Lobato

Nacida en Sevilla en 1890, Pastora fue precoz en la vida y en el arte. Tuvo que crecer antes de tiempo y se convirtió en una mujer adelantada a su época. Vivió grandes pasiones y amargos desamores, se abrió camino en un mundo de hombres y alcanzó la excelencia en el arte; mas su existencia no fue un camino de rosas, y es en ese aspecto más íntimo y personal -en sus miserias y sinsabores- en el que ahonda especialmente el texto dramático, para mostrarnos a esa mujer de carne y hueso que se oculta tras el mito.

La desgarradora interpretación de Susi González tuvo su contrapunto ideal en la actuación de Laura Vital, que interpretó una selección de cantes extraídos del amplísimo repertorio de Pastora. Las bamberas, la soleá, las bulerías -con versos de su admirado Federico-, los tangos -la famosa letra “péinate tú con mis peines”, que dio a la Niña su nombre artístico-, la seguiriya, las cantiñas, las peteneras, la malagueña y el fandango de Lucena, en la voz dulce y elegante de la sanluqueña, constituyeron un digno homenaje a la más grande de las cantaoras. La sonanta del maestro Rebollar creó el marco sonoro ideal para que la gaditana hiciera gala de su gran conocimiento y sensibilidad.

Nocturno: Cuatro noches y un amanecer

La jornada finalizó con la presentación del espectáculo “Cuatro noches y un amanecer” en el claustro del Instituto Luis Barahona de Soto. Muy en consonancia con la temática y la filosofía del Cabildo, esta obra denuncia la lacra de la violencia machista, tomando como inspiración el libro universal de Las mil y una noches.

Foto: Paco Lobato

Foto: Paco Lobato

“Mi cuchillo le clavé
porque me engañó con otro
y cuando ya muerta estaba
de pronto me arrecordé
que yo también la engañaba”.

Tras esta declaración de intenciones del asesino, al que dio vida un inspiradísimo José Luis Ortiz Nuevo, entró en escena una Sherezade flamenca encarnada por Luisa Palicio, que, a diferencia de su mítica antecesora, sólo necesitó cuatro noches para reducir al malvado con su arte y su inteligencia.

Bailó por guajiras, peteneras, bulerías por soleá, cantiñas y tangos, unas veces sensual, seductora y juguetona; otras veces trágica; y siempre poderosa, altiva, dominadora, cual ilustración práctica de las teorías expuestas unas horas antes por Génesis García. Tanto es así que, tras desarmar al agresor, la bailaora conquista su libertad y “el libre albedrío de su cuerpo”.

La maestría y el metal inconfundible de Juan José Amador, y el impecable toque de Jesús Rodríguez crearon el ambiente propicio para el lucimiento de la esteponera, que, a pesar de su juventud, demostró por qué es uno de los más sólidos valores el baile flamenco actual.