Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Isabel Cubas, la embajadora de los bailes andaluces (y IV)

En octubre de 1862, Isabel Cubas debuta en el Nixon’s Theatre de Washington junto a su pareja habitual, Juan Ximénez, y un cuerpo de baile formado por diez señoritas. Allí actúan durante varias semanas con la sala abarrotada y “unos salarios que asustarían a otros mánagers” (Daily National Republican, 12-1-1862) (1).

Isabel Cubas (Foto de Case & Getcher, Boston)

Isabel Cubas (Foto de Case & Getcher, Boston)

Además de los típicos bailables españoles, como El Ole, La Madrileña o La Flor de Sevilla, la Cubas interpreta primorosamente la danza húngara, con la que cosecha grandes aplausos:

“… una de las figuras o poses consiste en colocar las plantas de los pies casi juntas, y permanecer de pie sin moverse sobre las puntas de los dedos. Es raro que una bailarina trate de realizar esta figura delante del público. Cubas lo consiguió de un modo tan elegante que todo el público estalló en una serie tras otra de aplausos” (The National Republican, 5-11-1862).

Asimismo, por su actuación en The French Spy y The Wizard Skiff, la española es reconocida por la crítica como “una de las mejores bailarinas que hemos tenido en América” y una actriz de pantomima que “no tiene igual en la escena”:

“La Cubas está dotada de un don especial para la actuación; e, independientemente de sus talentos como discípula de Terpsícore, parece peculiarmente apta para conferir a ciertas obras como ‘The French Spy’, ‘Wizard Skiff’, etc., etc., una fuerza que pocas artistas pueden ofrecer” (National Republican, 25-11-1862).

Una rutilante estrella

En una nueva visita a Búfalo, la española hace historia, pues “nadie que haya aparecido en los carteles del Metropolitan durante mucho tiempo ha sido más generosamente recibido que la dama antes referida. No hay nada accidental en su éxito. Es una intérprete genuinamente brillante y se enorgullece de reivindicar una originalidad que no se le puede negar” (Evening Courier and Republic, 29-12-1862).

Durante su estancia en la ciudad, la artista ofrece lo mejor de su variado repertorio: se mete en la piel de la protagonista de Masaniello, la muda dei Portici, baila la Tarantella, ejecuta sus elegantes bailes andaluces, y deslumbra al respetable con su actuación en las obras The French Spy y The Wept of the Wish-Ton-Wish.

Isabel Cubas ataviada como uno de sus personajes (University of Illinois Library)

Isabel Cubas ataviada como uno de sus personajes (University of Illinois Library)

Tras una breve estancia en el Metropolitan de Rochester, donde recibe un doble beneficio con el teatro lleno hasta la bandera, en 1863 Isabel Cubas actúa durante varias semanas en el Winter Garden de Nueva York, antes de recalar en el Walnut-Street Theatre de Filadelfia. Allí es recibida como la gran estrella que es:

“Otra sala abarrotada acogió anoche a la fascinante Cubas con motivo de su beneficio. El entusiasmo fue intenso. Ella atrajo la atención de la gente con su extraordinaria gracia y hermosura. Esta noche es su última aparición. Al entrar hoy en el teatro, cada señora recibirá una tarjeta de visita con la forma de una fotografía de la encantadora criatura. Su imagen ya está indeleblemente impresa en las mentes de los miles de ciudadanos de esta urbe que han sido testigos de sus actuaciones” (The Philadelphia Inquirer, 14-2-1863).

Poco después, Isabel se presenta en el McVicker’s Theatre de Chicago, donde obtiene un éxito sin precedentes con la obra The French Spy. No obstante, a petición del público, que acude desde distintos lugares, la gran estrella española introduce más números de baile en el programa:

“Los forasteros que visitan la ciudad expresamente para ver a la CUBAS han expresado cierta decepción al ver que ella no aparece en lo que la ha hecho tan universalmente famosa – su baile. Para satisfacer, hasta donde está en nuestra mano, los deseos de nuestros patrones, a pesar del gran esfuerzo requerido de parte de la Señorita para conseguirlo, nos complace anunciar el programa de esta noche como GRAN BALLET Y NOCHE DRAMÁTICA” (Chicago Daily Tribune, 6-3-1869).

Nuevos retos

Durante los meses siguientes, Isabel continúa con su gira por distintas ciudades. En esa época, uno de los hitos más reseñables tal vez sea su aparición, por vez primera, en un papel dramático hablado. La española da vida a dos personajes distintos en la obra Lavengro o The Gipsy Brother, escrita expresamente para ella y que resulta ser “un completo fracaso” (The Press, 21-9-1863). A pesar de ello, la Cubas sigue estando sublime en sus ya conocidas facetas de bailarina y actriz de pantomima:

“Nos han dicho que la lira de Petrarca era como ‘la luz de la mañana, mitad rocío y mitad fuego’. No es una hipérbole decir que las ejecuciones de la Cubas en el baile y la pantomima son así […].

The French Spy’ es la obra que la Señorita Cubas ha hecho suya […]. La versatilidad con la que asume los distintos personajes, la risa, el humor, la diversión, la vergüenza, la rabia y el arrebato que por turnos humedecen sus ojos y envuelven a cada personaje, son tan animados y naturales que resultan irresistibles” (The Press, 21-9-1863).

Auncio de la actuación de Isabel Cubas en el Walnut Street Theatre de Filadelfia, 1863

Auncio de la actuación de Isabel Cubas en el Walnut Street Theatre de Filadelfia, 1863

Ya en esa época, la artista empieza a acusar los síntomas de la grave enfermedad que padece y que amenaza con retirarla de los escenarios:

“Quienes la hayan observado de cerca deben de haber notado que ha sufrido, especialmente el sábado por la noche, una cierta disminución de la energía […]. Quizás el público no sea consciente del hecho de que la artista que tanto les deleita ha estado gravemente enferma durante su actual compromiso; de hecho, estaba tan mal que era altamente desaconsejable para ella actuar.

Pero actuaría, y así lo hizo. Con todos sus esfuerzos -deben haber sido dolorosos e incesantes- por ser ella misma” (The Press, 21-9-1863).

En noviembre de 1863, algo más recuperada, la Cubas regresa al Metropolitan Theatre de Búfalo con su obra Lavengro. Ni la enfermedad ni las malas críticas obtenidas el día de su estreno en Filadelfia han conseguido frenar a la española, que aspira a convertirse en una gran actrizparlante’, siguiendo la estela de sus antepasados:

“LA SRTA. CUBAS […] dará vida, por primera vez en Búfalo, a un personaje hablado, en un nuevo, original y espectacular drama de gran interés, en cuatro actos, con decorado y vestuario totalmente nuevos, que han sido diseñados y preparados expresamente para la Señorita CUBAS (y que son de su propiedad), titulado LAVANGRO o, THE GIPSY BOTHER” (Buffalo Evening Post, 5-11-1863).

“La Srta. Cubas ha tenido desde hace tiempo la ambición de de convertirse en una ‘artista parlante’, pues no estaba satisfecha con la gran fama que había adquirido como actriz mímica y bailarina española. […]. La Srta. Cubas ha dedicado más de un año de intensa aplicación a la adquisición de un amplio conocimiento de la lengua inglesa, y ha tenido éxito […]; y confía en que el público la apoye en su nueva carrera que acaba de comenzar” (Buffalo Evening Post, 5-11-1863).

Isabel Cubas (foto de Charles D. Fredricks, 1862)

Isabel Cubas (foto de Charles D. Fredricks, 1862)

En esta ocasión, Lavango fue un éxito, tanto de crítica como de público, y ni siquiera sus mermadas facultades físicas consiguieron deslucir el magnífico trabajo de la española:

“Un público muy numeroso recibió a la Señorita Cubas anoche en el Metropolitan y su primera aparición como ‘Lavangro’ fue un rotundo éxito. Por primera vez en Búfalo, la Cubas se presentó en un drama, y la novedad resultó ser toda una atracción. Su maravilloso sentido de la pantomima la ayudó mucho y, aunque su inglés no fue tan correcto como debería, su actuación compensó totalmente cualquier imperfección apreciable” (Evening Courier and Republic, 6-11-1863)

“Anoche el teatro estaba abarrotado hasta la asfixia, por la novedad que ofreció la Cubas en un ‘papel hablado’. Su actuación fue extraordinaria, pero su voz estaba sensiblemente afectada debido a su reciente indisposición. De hecho, en el primer acto, que tiene las escenas más emocionantes de la obra, su voz apenas podía oírse […], pero no podemos negar que su actuación fue exquisita […].

El público pareció apreciar las situaciones habladas de la obra y aplaudió hasta gritar…” (Buffalo Evening Post, 6-11-1863).

Una carrera truncada

Sin embargo, la tuberculosis sigue haciendo estragos en el bello y joven organismo de la Cubas. En diciembre de 1863 la encontramos actuando por última vez en el McVicker’s Theatre de Chicago y sólo seis meses más tarde numerosos diarios estadounidenses se hacen eco de su fallecimiento en Nueva York, el 20 de junio de 1864. Dejaba marido y una hija de corta edad.

Isabel vivió deprisa y se marchó casi sin avisar. A pesar de ello, tuvo tiempo de imprimir una profunda huella en quienes la conocieron y tuvieron la suerte de disfrutar de su arte, como es el caso de Col. Brown, que, varias décadas después de su muerte, le dedicaba estas palabras:

“Nunca hubo una bailarina española en este país como la Cubas. Estaba llena de fuego andaluz y abandono, y si he de parafrasear al poeta, ella era la ‘gracia que había tomado vida’. […]

Ojalá hubiesen visto a la Cubas en su baile del abanico, que en su mano se convertía en un ser vivo y sensible, capaz de expresar todas las pasiones del alma, pero especialmente las del amor y el deseo, de la manera más elocuente” (Fort Worth Daily Gazette, 28-12-1900).


NOTA:
(1) La traducción de todos los textos extranjeros es mía.