Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

La Niña de la Alfalfa, reina de la saeta (y VI)

En abril de 1935 Galerín dedica un artículo a Rocío Vega, a quien él mismo bautizara casi dos décadas atrás como La Niña de la Alfalfa. El periodista se lamenta de la mala suerte de aquella muchacha que, a pesar del gran esfuerzo realizado, vio frustradas sus esperanzas de convertirse en cantante de ópera. Según él, “la engañaron”. No era ésa la misión que le tenía reservada el destino, porque Rocío posee un don especial para el flamenco, unos “duendes” que no salen en las partituras ni se aprenden en el conservatorio:

“… No gustó. Lo dice ella misma. ‘No gusté, no señor’. El miedo… los nervios… No sé. Lo que ocurrió entonces no quiero ni pensarlo. Todavía siguieron los inteligentes hablando de la futura diva. Y el tiempo, juez supremo de todo, le dio la razón a la muchacha. ¡A Rocío no le gustaban los macarrones! Le gustaba más el jamón serrano, y Rocío se dedicó a las varietés, y si ha ganado y gana dinero en su vida, ha sido cantando cuplés, a los que les intercala esos duendes flamencos que las cupletistas de por ahí desconocen, porque esos duendes son los duendes de Sevilla. […]

Agustín López Macías, Galerín

Agustín López Macías, Galerín

El músico lleva a los papeles su canción y las artistas andaluzas son las que se encargan de que los duendes levanten al público en vilo. Los artistas que no poseen esos misteriosos duendecillos, cantan siempre lo mismo. […]

El artista que canta flamenco no es tan seguro como el que lo hace por sus estudios; pero llega más al alma el flamenco” (El Liberal de Sevilla, 10-4-1935) (1).

La propia Rocío se muestra optimista y confía en sus posibilidades de triunfar con el repertorio andaluz:

“Todas las que tienen algo propio -nos dice- han vuelto o no se han ido: Pastora, la Argentinita, Raquel… Yo creo que sé cantar las saetas y que en otros números flamencos no desentono. Yo bailo un poquito y toco los palillos como cualquier chavala de mi tierra. ¿Por qué no he de tener suerte? En Madrid se están representando ahora obras de teatro a base de artistas flamencos. Yo no hablo del todo mal y tengo mis pretensiones haciendo coplas. ¿Que no tengo veinte años? El maquillaje, la luz de las baterías y el foco no entienden de edad. Figura, afición, voz y entusiasmo por mi trabajo, no me han faltado todavía. Yo no aspiro a ser “Miss Alfalfa”. Con que me sigan diciendo Rocío, me conformo” (El Liberal de Sevilla, 10-4-1935).

Flamenca de primer nivel

Durante la Semana Santa de 1935 la Niña de la Alfalfa vuelve a entonar sus saetas desde los balcones de Sevilla, y comparte las ovaciones con artistas como La Finito, La Niña de Marchena, El Gloria o el Niño de Mairena.

Después emprende una gira por distintas localidades de Huelva y Extremadura, al término de la cual “marchará a Madrid para impresionar discos de ‘saetas’, y entrará a formar parte de una de las compañías que cultivan el género flamenco” (El Liberal de Sevilla, 19-8-1935).

Rocío Vega en 'La Carcelera' (Diario de Córdoba, 10-5-1936)

Rocío Vega en ‘La Carcelera’ (Diario de Córdoba, 10-5-1936)

En enero de 1936 se anuncia en Córdoba un espectáculo teatral titulado Al pie de la Giralda, en cuyo elenco figuran “Canalejas, el famosísimo as del cante en unión del Niño de Fregenal, Peluso, Regadera, Revoltoso, Niña de Marchena, Encarnita Pérez, Rocío Vega y otros artistas famosísimos” (Diario de Córdoba, 8-1-1936). Un mes más tarde, La Niña de la Alfalfa colabora en una función benéfica que se celebra en Utrera con gran afluencia de público, y en la que también participa el bailaor Rafael Ortega.

En el mes de abril, como cada año, Rocío Vega regresa a Sevilla para cantar a las imágenes de su devoción. Gracias al establecimiento de una estación de radio en La Campana, hasta el público americano podría disfrutar de sus saetas:

“Aquí escuchamos una saeta cantada con el alma y la primera ovación del público […].

Fue la cantaora Rocío Vega, la Niña de la Alfalfa, quien con su privilegidada voz y su inconfundible estilo saludó a la Virgen de la Estrella de este modo:

Mare mía de la Estrella – ampárame con tu manto – que mientras yo tenga vía – he de mandarte en mi canto – la saeta más sentía…

¡Y estalló la ovación! Ya la cantaora no se pertenecía. Era del público. Y así cantó varias saetas, entre aclamaciones. […]

La última en llegar fue la de San Jacinto, que entró cerca de la una.

Aquí otra vez Rocío Vega volvió a poner al rojo al público, cantando.

Ya va a su casa la Estrella – Triana está iluminá – con el oro de su manto – y el reflejo de su cara – por donde quiera que va – la luna a verla se para” (El Liberal de Sevilla, 7-4-1936).

Rafael Ortega

Rafael Ortega

Se avecinan tiempos difíciles

La última aparición pública de La Niña de la Alfalfa de la que tenemos constancia antes del estallido de la Guerra Civil tiene lugar en el Teatro Principal de Cabra (Córdoba), en un homenaje al pintor Julio Romero de Torres. La sevillana interpreta los siguientes números:

“La Musa Gitana, original de Juan Soca. Recitación de Rocío Vega, con acompañamiento de orquesta.

Soleares a Julio Romero de Torres, escritas por J. S., por la Niña de la Alfalfa, acompañada a la guitarra por Joaquín Cañero. […]

La Jaca (canción), por la Niña de la Alfalfa. Letra de Perelló. Música del maestro J. Mostazo.

Triniá (canción), por Rocío Vega. Letra de Valverde y León. Música del maestro Quiroga. […]

Semana Santa en Sevilla (marcha y saetas). Letra de Juan del Sarto y música del maestro Quiroga, por la Niña de la Alfalfa. […]

Estreno de la canción española La Carcelera, expresamente escrita para este acto por el ilustre maestro Francisco Alonso, letra de Juan Soca. Reproducción plástica del célebre cuadro de Julio Romero de Torres. Verdadera creación de Rocío Vega (Niña de la Alfalfa)…” (ABC de Sevilla, 7-5-1936).

En junio de 1938, en plena contienda, se la puede ver en el Teatro Cervantes de Sevilla, en una función benéfica en la que también participa Eloísa Albéniz, entre otros artistas, que “interpretaron con general aplauso la atrayente revista titulada ‘Luces de España’” (ABC de Sevilla, 7-6-1938).

Eloísa Albéniz (La Union Ilustrada, 16-2-1921)

Eloísa Albéniz (La Union Ilustrada, 16-2-1921)

Una vez finalizada la guerra, Rocío Vega interviene en la gran Fiesta de la Victoria organizada por la Agrupación Sur de Carros de Combate en el cortijo ‘Las Quemadas’ de Córdoba:

“Terminada la corrida, se organizó una gran fiesta flamenca, en la que tomaron parte la Niña de la Alfalfa, Vallejo, el Sevillano, el mago del baile gitano Rafael Ortega y un cuadro flamenco, con elementos de Sevilla, Cádiz y Córdoba, a los que acompañaba un coro de gitanillos verdad, que bailaron y cantaron al compás de las guitarras” (ABC de Sevilla, 26-5-1939).

A partir de ese momento, no son muchas las apariciones públicas de Rocío Vega, que sigue manteniendo la tradición -eso sí- de cantar cada Semana Santa sus apreciadas saetas. En 1943 actúa como artista invitada en un concurso de saetas organizado por Radio Sevilla y también se la puede ver ese verano en las fiestas de Alcolea del Río (Sevilla) “al frente de su cuadro artístico” (ABC de Sevilla, 23-9-1943).

Artista hasta el final

La última aparición de La Niña de la Alfalfa de la que hemos hallado noticia tiene lugar en la Plaza de Toros del Triunfo de Granada en julio de 1947, junto a un elenco de excepción:

Pepe Marchena con su grandioso espectáculo Pasan las Coplas, integrado por 40 artistas valiosísimos. Niña de la Puebla, El Americano, El Peluso, Ramón Montoya, José Cepero, Manolo el Malagueño, Rosita Durán, Lola Ortega, Guerrita, Pericón de Cádiz, Pepe Azuaga, Niña de la Alfalfa, Luquita” (La Prensa, 14-7-1947).

La Niña de la Alfalfa

La Niña de la Alfalfa

Según la saetera Angelita Yruela, Rocío le canta por última vez a la Estrella en 1969, año en que deja de salir a la calle debido a la enfermedad que padece. En su domicilio de la Calle Peral, la voz de La Niña de la Alfalfa se apaga para siempre el 16 de julio de 1975, sólo unos meses después de haber sido nombrada hermana de honor de la Hermandad de la Estrella y de haber recibido un merecido homenaje promovido por la Junta de Damas de dicha entidad:

“Culminó la obra de las mujeres de la Estrella cuando conseguimos que se le descubriese un azulejo en la Alfalfa, donde ella empezó a cantar, cosa que le pedimos al Ayuntamiento. Nos prometieron que así se haría, y así se hizo. El día 15 de diciembre de 1974, a la una de la tarde, quedó el nombre de Rocío Vega Farfán grabado para siempre, justo al lado de un balcón, ya que en los hierros de muchos balcones de Sevilla se enredaron más de una vez la voz de esta mujer sencilla, que rezándole a nuestras Vírgenes se iba dejando en el aire jirones de su corazón.

Todavía cuando la llevaban desde su habitación de la clínica a recibir su sesión de cobalto recordaba los versos que le dedicaran grandes poetas, como José María Pemán y tantos otros. Ella se hacía poeta y le musitaba esta oración a su Virgen:

Balconcito de la Estrella,
donde tanto he ‘salío’ a verte,
‘pa’ decirte muchas cosas.
¡Todas las que Tú mereces!
Pero aún hay muchas más
¡Las que mi corazón siente!
Aunque no puedo expresar
porque me encuentro,
¡No sé!, como inerte.
Pero aún puedo decirte,
¡Virgencita! ¡La Valiente!
es que me encuentro enfermita
y no puedo ir a verte.
Y si Dios me recogiera
porque lo crea conveniente,
en el lugar donde esté
siempre te tendré presente” (Angelita Yruela Rojas, ABC de Sevilla, 22-7-1975).

NOTA:

(1) Las referencias de la prensa sevillana de 1916 a 1936 han sido localizadas por José Luis Ortiz Nuevo y se encuentran disponibles en el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco.

 


La Niña de la Alfalfa, reina de la saeta (V)

Tras largos años de estudio y dedicación al género lírico -primero a la ópera y después a la zarzuela- y a la canción, La Niña de la Alfalfa retoma de lleno la que siempre ha sido su auténtica vocación (1), el cante flamenco en general y la saeta en particular, si bien esta última siempre ha estado presente en su repertorio.

La Niña de la Alfalfa (El Liberal de Sevilla, 29-6-1934)

La Niña de la Alfalfa (El Liberal de Sevilla, 29-6-1934)

No obstante, los tiempos están cambiando y también la saeta, que se vuelve más jonda. Rocío Vega, que siempre se había distinguido por su cante tan personal, tampoco escapa a las nuevas tendencias:

“El paso de la Cofradía del Cachorro por la Campana […]; todos quieren colocarse en lugar estratégico para escuchar […] las modernas saetas por seguidillas de la Niña de la Alfalfa -sentimiento, pasión, estampa de ahora- desde los balcones de ‘la Fiambrera’” (Correo Extremeño, 23-8-1929).

“… la ‘saeta’ moderna, amplificada, lleva aires de seguidillas gitanas, o de soleares, o de bulerías, y es lágrima y sonrisa indistintamente, suspiro y arrullo […].

Ésta es la saeta y el ‘cante jondo’ de Rocío Vega, la ‘Niña de la Alfalfa’, que de nuevo […] se confirmó una vez más ante nosotros como reina de la saeta y el fandanguillo…” (T. Rabanal Brito, Correo Extremeño, 4-9-1929).

Más flamenca que nunca

En los primeros meses de 1930, “la gran estrella del cante andaluz Rocío Vega” (La Voz, 14-7-1930) actúa en Córdoba, junto a la bailarina Amparito Sánchez; y unas semanas más tarde regresa al Teatro Duque de Sevilla, con la divertida revista ‘¡Por algo será!’, de José García Rufino. En ella brilla con luz propia la artista hispalense, que canta por soleares, fandangos y saetas:

“La obra […] tuvo dos inestimables aportaciones: las soleares y saeta de la ‘Niña de la Alfalfa’, dueña más que nunca del arte que le dio fama, y las portentosas alegrías -‘desideratum’ de lo flamenco- bailadas por Antonio G. Triana, ” (ABC de Sevilla, 3-8-1930).

 

Antonio Triana

Antonio Triana

“En el cuadro que representaba un cabaret de la Exposición reapareció la gentil Rocío Vega (La Niña de la Alfalfa), que a la guitarra cantó varios fandanguillos con el más depurado estilo, siendo ovacionada calurosamente. Luego en el que simula la salida de la cofradía de San Lorenzo volvió a deleitar al auditorio, cantando ‘sus saetas’” (Don Félix, El Liberal de Sevilla, 8-3-1930). (2)

Sus compromisos de ese año también la llevan a Oliva de la Frontera (Badajoz), donde comparte cartel con la bailaora Manolita la Cañí, y a Córdoba. En esta última ciudad canta saetas junto a Manuel Centeno durante la proyección de la película Fútbol, amor y toros, de Florián Rey.

Saetera magistral

Durante la Semana Santa de 1931, el pueblo sevillano vuelve a deleitarse con el cante de su célebre paisana, cuya voz “fuertemente expresiva, de pura cadencia andaluza, de quebrados tonos flamencos, de modulaciones incomparables, […] tiene ese ‘duende’ necesario e imprescindible, para decir bien lo que decir quiere” (La Voz, 17-2-1930):

Rocío Vega, la famosa Niña de la Alfalfa, haciendo ‘un alto en el camino’ de sus ‘tournées’ por provincias, ha querido dedicar el tesoro de su voz y las galas de su estilo a las Cofradías del Viernes Santo.

Primeramente, por promesa, fue al Cristo del Calvario. Allí la aplaudieron, con el gentío que fue a admirar a la notable escultura, los ilustres hermanos Álvarez Quintero. Luego, en la calle Feria, en la madrugada, a la ‘Macarena’, cuya belleza ensalzó Rocío en varias saetas ‘escalofriantes’. Hasta el capitán de la centuria soltó la rodela y aplaudió… y con el ‘armado’ el gentío, loco de entusiasmo.

La Macarena, a su paso por el Ayuntamiento

La Macarena, a su paso por el Ayuntamiento

Por la tarde, en calle Sierpes, a la bellísima Virgen de la Soledad, de San Buenaventura, cuyos hermanos mandaron ‘parar’ en firme ante e

l gesto, la voz, el gusto, la emoción y el estilo de la Niña.

Y, finalmente, al Cachorro, en Triana, primero, y en calle Sierpes, después, dedicando la penúltima (la última, nunca) a la peregrina belleza de Nuestra Señora del Patrocinio, poniendo Rocío toda su alma en ese canto, entre profano y divino, que, como anoche, hizo poner a la gente de pie, estremecida.

La ovación fue como un homenaje a la Niña, que, agradecida, se marchó después, llorando…” (El Liberal de Sevilla, 4-4-1931).

La saeta vuelve a brotar de sus labios

Tras más de dos años en silencio -debido, entre otros motivos, a la grave crisis que se cierne sobre la Semana Santa sevillana (3)-, en la primavera de 1934 Rocío Vega reaparece en su ciudad, en una función a beneficio del actor Enrique Morillo que se celebra en el Teatro Cervantes. En el fin de fiesta, “la Niña de la Alfalfa puso la vibración intensa de sus coplas populares, todo recuerdo y risueñas esperanzas de tiempos pasados que han de volver a la realidad” (ABC de Sevilla, 13-3-1934).

La Estrella saliendo de San Jacinto en 1932

La Estrella saliendo de San Jacinto en 1932

Sólo unos días más tarde, ávida por reencontrarse con las imágenes de su devoción tras esa larga y dolorosa espera, Rocío vuelve a emocionar al pueblo sevillano con sus sentidas saetas. El Domingo de Ramos se asoma primero a los balcones del Círculo Mercantil y posteriormente, a su paso por el Ayuntamiento y ya en el arrabal trianero, dedica a la Virgen de la Estrella letras como las siguientes:

“Que España ya no es cristiana
se dijo en el banco azul;
aun siendo republicana,
aquí quien manda eres Tú,
Estrella de la mañana” (ABC de Sevilla, 30-3-1934).

“Estrella de noche y día
al Altozano llegaste
sana y salva ¡Madre mía!
por eso ya no me cabe
en mi pecho la alegría” (El Liberal de Sevilla, 29-3-1934).

Pepita Ramos, la Niña de Marchena

Pepita Ramos, la Niña de Marchena

En los días sucesivos, Rocío baja de los balcones para darse un baño de multitudes y mezclarse con sus paisanos, como en los años en que aún era una desconocida muchacha sevillana. Éstas son sus declaraciones a un periodista de El Liberal:

“… las invitaciones me llueven; pero quiero cantarle a las imágenes desde la calle, como cuando yo no era más que Rocío Vega y me iba a cantar por ahí.

Esta Semana Santa, después de dos años de pena infinita por no ver las Cofradías, es para mí de una emoción inexplicable. Me hago la ilusión de que las veo por vez primera, y que canto también mis saetas por vez primera. Además, todos los sevillanos tenemos la obligación de que esta Semana Santa sea de recuerdo imborrable” (El Liberal de Sevilla, 28-3-1934).

Su cante traspasa fronteras

Sin embargo, durante esos años de ausencia, la voz de La Niña de la Alfalfa no ha permanecido completamente en silencio, pues las emisoras de radio de distintas ciudades españolas -e incluso de Filipinas– han seguido programando algunos de sus cantes:

“… Canciones andaluzas por la señorita Rocío Vega: ‘Mariá del Rocío’, canción-soleares; ‘La Cartagenera’, canción-fandanguillo; ‘Joselillo Soleares’, canción. […] ‘Café cantante’, seguidilla gitana; ‘Zambra gitana’; ‘Soy capitana’, cuplet. Cante flamenco, con acompañamiento de guitarra” (Ondas, 12-11-1932).

“… Niña de la Alfalfa (Rocío Vega): ‘Adónde vas Paloma Blanca’ – ‘Y se acerca la Esperanza’” (La Vanguardia, Filipinas, 31-12-1932).

Cartel del sainete Trianerías

Cartel del sainete Trianerías

En marzo de 1935, Rocío acude a los estudios de Unión Radio de Sevilla para interpretar un variado programa de cante, con el que obtiene un éxito notable:

“… Actuación de Rocío Vega (Niña de la Alfalfa), que interpretará el siguiente programa: ‘Mi jaca’, Perelló y Mostazo; ‘Villancico gitano’ (bulerías), Kola, Pérez Ortiz y Gardey; ‘Rumor de guitarra’, Pérez Ortiz y Mostazo; ‘Semana Santa en Sevilla’ (marcha y saeta), Juan del Sarto y Quiroga” (ABC de Sevilla, 27-3-1935).

Poco después se la puede ver en una función organizada por la Asociación de la Prensa en el Teatro Cervantes de Sevilla, en la que la compañía de Pacheco-González representa Trianerías, de Muñoz Seca y Pérez Fernández. En el segundo acto de la obra, Rocío y otros artistas flamencos deleitan al público con sus saetas:

“Con un lleno rebosante, que daba al teatro el aire alegre y animado de las veladas solemnes, se celebró anoche en Cervantes la gran función organizada por la Asociación de la Prensa en homenaje y exaltación de las tradiciones sevillanas.

[…] La intervención en el segundo acto de la notable Banda de Tomares, consumada intérprete de Los Campanilleros, produjo gran entusiasmo en el público, al que arrancaron ovaciones clamorosas las admirables saetas entonadas por la Niña de Marchena, la Niña de la Alfalfa, la Sevillanita y el Niño de Villanueva…” (ABC de Sevilla, 30-3-1935).


NOTAS:
(1) “No tenía ella vocación para ello y dejó el bello canto, para dedicarse de lleno a lo suyo, a lo que le dictaba su corazón, para lo que había nacido, para ‘cantaora’ flamenca de las ‘güenas”, escribe Nicolás Callejón (La Voz, 17-2-1930).
(2) Las referencias de la prensa sevillana de 1916 a 1936 han sido localizadas por José Luis Ortiz Nuevo y se encuentran disponibles en el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco.
(3) En 1932, debido al clima de enfrentamiento político y social imperante, las juntas de gobierno de las cofradías sevillanas toman la decisión unánime de no procesionar por las calles de la ciudad. La Hermandad de La Estrella es la única que contraviene al acuerdo adoptado y, por ese motivo, su Virgen recibe desde entonces el apelativo de ‘La Valiente’. En 1933 no sale ningún paso a la calle, ni siquiera los de la cofradía trianera.


La Niña de la Alfalfa, reina de la saeta (IV)

En la primavera de 1925 actuó en el teatro de Bujalance (Córdoba) “la gran artista de cantos regionales María del Rocío Vega, la que por su estilo de gran valor artístico, gustó mucho y fue muy aplaudida por el distinguido público que llenaba el teatro” (La Voz, 12-5-1925).

Un año más tarde, La Niña de la la Alfalfa regresa al Teatro San Fernando de Sevilla, para interpretar sus famosas saetas durante la proyección de la película El Niño de las Monjas (1). Ana María Tejada y Antonio León completan el elenco de cantaores.

La Niña de la Alfalfa (Correo Extremeño, 15-2-1929)

La Niña de la Alfalfa (Correo Extremeño, 15-2-1929)

Sin embargo, la artista, dedicada desde hace años al género lírico, no logra revivir a la gran saetera que un día fue:

“… la expectante concurrencia hubo de lamentar una decepción, porque Rocío Vega no pudo sobreponerse al justificado temor que para ella suponía saltar de sus actuales cualidades de cantante al arte espontáneo, natural y pleno de sentimiento de la saetera. Sin embargo, la voluntad que puso en el empeño permiten esperar que en noches sucesivas recobre el dominio de sí misma, y con él este aplauso halagador que el público se reservó anoche” (El Liberal de Sevilla, 23-3-1926) (2).

Tal vez sólo le faltara encontrarse en su ambiente. De hecho, unos días más tarde, ante las imágenes de su devoción, Rocío consigue reeditar aquel mágico momento en que, al cantar por primera vez su saeta, conquistó incondicionalmente al público de Sevilla:

Rocío Vega, la famosa Niña de las Saetas, que está de facultades como en sus mejores tiempos, refrendó ayer tarde, en la propia Alfalfa, su consagración como incomparable cantante de ‘saetas’.

Desatendiendo un ventajoso contrato, […] quiso cantarle al Cristo de la Salud y María Santísima del Refugio, […] y superándose a sí misma, ante las sagradas imágenes y un inmenso gentío, desde uno de los balcones de la morada del conocido industrial don Juan J. Álvarez […] cantó varias admirables saetas’, plenas de estilo y emoción, la última casi llorando” (El Liberal de Sevilla, 28-3-1926).

El antiguo Teatro Llorens de Sevilla

El antiguo Teatro Llorens de Sevilla

Excepcional saetera, por encima de todo

Ni su dedicación al bel canto ha podido borrar el sello único e inconfundible que imprime Rocío a sus saetas, de estilo “sencillo, fino y bonito” (El Liberal de Sevilla, 3-4-1926), y absolutamente inimitables:

“Este año vamos a escuchar la ‘saetaclásica, la ‘saeta’ fina, sin ayes flamencos, sin troncos, sin gritos raros, sin salidas por ‘seguiriyas’, sin exageraciones. La ‘saeta’ sencilla, clara, que tiene más emoción, que es más nuestra, sólo la canta esta simpatiquísima y hermosa artista que se llama María del Rocío Vega, conocida por la Niña de la Alfalfa.

[…] Porque la hemos oído ensayar podemos asegurar que nadie logrará no ya superarla, sino imitarla. Son las ‘saetas’ de Rocío algo que no se puede copiar, que nadie ha copiado, aunque la han imitado muchos ‘cantaores’. Y es que Rocío no es ‘cantaora’. Rocío no canta la ‘saeta’ sujetándose a ningún patrón. Es una cosa suya, inconfundible, única. Y ahora que recordamos a la Niña de la Alfalfa nos damos cuenta de que lo que hemos escuchado hasta aquí han sido coplas flamencas con letra religiosa. La ‘saeta’ que nos hace enmudecer, la ‘saeta’ que nos hace sentir y emocionarnos, es la que canta María del Rocío Vega ‘La Niña de la Alfalfa’” (El Liberal de Sevilla, 21-3-1926).

De teatro en teatro, de triunfo en triunfo

Unas semanas más tarde, también en la capital andaluza, María del Rocío se sube a las tablas del Teatro Lloréns, junto a Benvenuto Franchi, para interpretar El Barbero de Sevilla. La artista suma un nuevo éxito a su imparable carrera:

“Ha triunfado María por la calidad de su arte, exento de trampa y cartón y limpio de esos recursos y ventajillas que suelen adquirirse después.

Emite las notas altas con limpidez y perfectísima afinación y la factura es de la mejor ley.

[…] El público premió con atronadoras ovaciones el primoroso trabajo de la debutante, que puede estar satisfecha del éxito obtenido, por lo que le damos nuestra más entusiasta enhorabuena” (La Unión, 25-4-1926).

Rocío Vega, cantando sus saetas (ABC de Sevilla, 25-4-1993)

Rocío Vega, cantando sus saetas (ABC de Sevilla, 25-4-1993)

En noviembre de 1927 llega al Teatro Enrique de la Cuadra, de Utrera, la película El Niño de las Monjas. En esta ocasión, Rocío sí se encuentra a sí misma y, ante un coliseo abarrotado, ofrece una actuación memorable. Además de sus conocidas saetas, la sevillana interpreta varias canciones y se despide con una tanda de fandangos de su creación:

“Los aplausos estruendosos que en la bonita sala del precioso coliseo resonaron anoche, entusiastas y espontáneos, tributados, fueron a la admirable cantante, que en esa su primera actuación ante este público hizo pasar una ráfaga de verdadero arte por el hermoso escenario […].

Las diversas saetas que entonó al paso de las cofradías sevillanas, escuchadas fueron por la apiñada multitud en medio de sepulcral silencio, convertido segundos después en atronadoras salvas de aplausos que estallaban frenéticas y entusiastas, adquiriendo a veces caracteres apoteósicos.

Finalizada la película El Niño de las Monjas, volvió María del Rocío Vega a deleitar al público con las siguientes canciones españolas: ‘Malagueñas’, ‘La Perolera’, ‘Florerillo’, ‘El mocito de los claveles’ y ‘La garrochista’.

Nuevas demostraciones de férvido entusiasmo en el auditorio, exteriorizadas al ejecutar la artista de manera insuperable una serie de fandanguillos, de los cuales es creadora y excepcional intérprete.

El público, de pie, aclamó a la celebrada cantante, haciéndole bisar todos los números en medio de calurosas ovaciones” (Pepe Romero, El Noticiero Sevillano, 15-11-1927).

El Cristo de la Salud, de la cofradía de San Bernardo (ABC de Sevilla)

El Cristo de la Salud, de la cofradía de San Bernardo (ABC de Sevilla)

Durante los dos años siguientes, Rocío alcanza una gran notoriedad en Extremadura (3). Su presencia es una constante en los teatros y fiestas populares de localidades como Zafra, Alburquerque, Bienvenida, Almendralejo, Granja de Torrehermosa, Talavera la Real, Badajoz o Santa Marta. En todas ellas, La Niña de la Alfalfa se anuncia, no ya como cantante lírica, sino como cancionista e intérprete de cantes regionales. Sus actuaciones se cuentan por éxitos.

Sus saetas, desde Sevilla al mundo

A pesar de todos estos cambios de registro, a lo que nunca renuncia Rocío es a su vocación de saetera. En la Semana Santa de 1928 su cante se eleva al cielo desde varios puntos de la carrera oficial sevillana, para el disfrute de españoles y extranjeros:

“Durante el paso de las cofradías por la Campana, en la tarde de ayer, se radiaron las ‘saetas‘ que cantaron La Finito y Rocío Vega a Madrid, y de allí a Londres […].

Rocío Vega, La Niña de la Alfalfa, que ha dejado en buen (sic) hora el repertorio ‘selecto’, pasándose al flamenco, cantó ‘saetas’ a la salida del Cristo del Patrocinio y luego en el Casino Militar, llamando poderosamente la atención sus ‘saetas’, las clásicas ‘saetas’ que hace ocho años la hicieron popular” (El Liberal de Sevilla, 8-4-1928).

El Correo Extremeño (7-4-1928) reproduce algunas de las letras cantadas por Rocío Vega al paso de la Cofradía del Señor de la Humildad y Paciencia, en la Semana Santa de Zafra:

“Tú que eres Padre de Amor
prodiga Tu caridad,
y échale Tu bendición
a esos pobres desgraciados,
que sufren triste prisión,
y perdona sus pecados.

De Tu humildad y paciencia
los judíos se mofaban.
Te coronaron de espinas,
y de Tus sienes brotaban
gotas de sangre Divina,
que por Tu rostro rodaban.

Silencio pueblo cristiano,
que se acerca la Humidad;
rézale pueblo de Zafra
y acompáñalo al altar
donde la Gloria se alcanza.

Escucha Tú, Padre mío,
esta voz de mi garganta,
que es un grito de dolor,
que la ‘Niña de la Alfalfa’
te lo ofrece con fervor”.


NOTAS:
(1) Filme basado en la novela homónima de Juan López Núñez, dirigido por Antonio Calvache, ‘Walken’, y estrenado en Madrid en enero de 1926.
(2) Las referencias de la prensa sevillana de 1916 a 1936 han sido localizadas por José Luis Ortiz Nuevo y se encuentran disponibles en el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco.
(3) Rocío Vega concede una entrevista al periodista C. Giovanni Cannonico para el Correo Extremeño (23-12-1928). Lo recibe en su casa de calle Corral del Rey, nº 17, ricamente vestida y envuelta en un abrigo de piel: nada que ver con la modesta joven que se dio a conocer cantando aquella histórica saeta.


La Niña de la Alfalfa, reina de la saeta (III)

En la primavera de 1923, La Niña de la Alfalfa cumple la tradición de cantar en la Calle Sierpes sus inconfundibles saetas y, un mes más tarde, se presenta como cantante lírica en el sevillano Teatro Lloréns con el nombre de María D’Rocío. La obra elegida para la ocasión es El barbero de Sevilla, en la que la artista interpreta el papel de Rosina.

Rocío Vega (El Liberal de Sevilla, 21-4-1926)

Rocío Vega (El Liberal de Sevilla, 21-4-1926)

Un paso más hacia la cúspide del género lírico

En el mes de junio, en la caseta del Real Círculo de Labradores de la capital andaluza, se celebra una velada musical a beneficio de La Niña de la Alfalfa, con el fin de que ésta pueda viajar a Italia para completar su formación como soprano. La velada, que cuenta con la asistencia de varios miembros de la Familia Real, resulta ser todo un éxito artístico y económico.

Tras la actuación de la Banda Municipal de Música de Sevilla, dirigida por el Maestro Font, los cantantes líricos José Martínez y Manuel Alba interpretan varias piezas cada uno. Finalmente, sube al escenario la beneficiada, que seduce al público con sus extraordinarias cualidades para el bel canto y, como no podía ser de otra manera, entona algunas saetas:

“Llegó el turno a nuestra linda paisana María del Rocío Vega, y ya libre de la preocupación del debut y de la formidable Orquesta Sinfónica, y ajena al temor de actuar con las celebridades con que alternó en la última temporada de ópera en el teatro Lloréns, lució las galas de su preciosa y bien timbrada voz, de extraordinaria tensión, ejecutando con gran nitidez y claridad, toda suerte de artificios vocales, trinos, picados, etc., en la ‘cavatina’ de ‘El barbero de Sevilla’, ‘Voce de primavera’, de Strauss, y aria de ‘Traviata’, ratificando en esta crónica mi opinión de que María del Rocío será gloria del arte lírico […].

Manuel Font de Anta

Manuel Font de Anta

El público no regateó los aplausos, prodigando calurosas ovaciones a todos los elementos que tomaron parte en la agradable velada, que terminó con la hermosa marcha fúnebre ‘Amargura’, de nuestro paisano el inspirado maestro Manuel Font y de Anta, alternando con ‘saetas’ cantadas por la beneficiada, que puso en la última gran sentimiento:

Adiós Madre del Refugio;
adiós, hermosa María;
no olvides a quien te canta;
no olvides, no, madre mía,
a la Niña de la Alfalfa,
que en tu protección confía” (Feliz, El Liberal de Sevilla, 12-6-1923) (1).

Un sueño malogrado

A pesar de los esfuerzos realizados por sus benefactores, Rocío Vega no puede cumplir el sueño de continuar sus estudios en Italia. La propia artista explica los motivos a Galerín, a quien revela además todas las dificultades que ha encontrado en su carrera como cantante de ópera, finalmente frustrada:

“- […] Si viera usted cuánto he sufrido, cuánto he trabajado por corresponder a lo que conmigo se hacía. Pero la ópera es muy difícil, dificilísima. Se lucha enormemente, y la mayor lucha hay que sostenerla con las figuras del teatro lírico, con los que ya llegaron.

[…] Todos. Empezando por el divo, que no quería cantar con una debutante, hasta el apuntador, que equivocaba el tono, todos. Todos, con la excepción de Ofelia Nieto (3), que me ayudó mucho; pero no puede ser. Es imposible, sin contar con medios, con muchos medios. La ópera es para las niñas ricas.

La soprano Ofelia Nieto

La soprano Ofelia Nieto

-¿Usted no se marchó a Italia?

-No, señor. […] Yo obtuve en aquella función después de mi debut cuatro mil pesetas. Con ese dinero pensaba marcharme a Italia a perfeccionar mis estudios […]; pero caí enferma con la gripe y estuve muy delicada. Los médicos temían por mi salud; quedé delicada de un pulmón, y cuando mejoré marché a la sierra. El dinero me sirvió para reponerme en Castilblanco. ¡No pude ir a Italia! Y ya, ¿para qué voy? El tiempo pasa, la niña ya no es niña, y hay que pensar en ayudar a los míos, cada vez más agotados y más viejos. Hay que empezar una vida nueva” (El Liberal de Sevilla, 10-4-1924).

De la ópera a la zarzuela

Esa nueva vida a la que se refiere Rocío consiste en probar suerte como tiple de zarzuela. Para ello, según relata a Galerín, está tomando clases con la profesora Magdalena Díaz, que la está ayudando a preparar un nuevo repertorio: “hasta ahora tengo aprendidas ‘Marina’, ‘Bohemios’, ‘El barbero de Sevilla’ y el ‘Maestro Campanone’ (de esta obra estoy enamorada). Tengo en estudio ‘Doña Francisquita’ y ‘Maruxa’” (El Liberal de Sevilla, 10-4-1924).

La Niña de la Alfalfa ha firmado ya un suculento contrato con una compañía de zarzuela, con la que tiene previsto debutar pronto en alguna ciudad andaluza, para realizar a continuación una gira por distintos teatros. En las funciones, Rocío interpretará, entre otras piezas, varias canciones escritas expresamente para ella:

“… Yo haré en la compañía el fin de fiesta. Para esto me ha escrito Mariani un número precioso, que empieza con aires andaluces, sigue con una cartagenera, que canto ‘en su propia salsa’; unas notas explican luego la Semana Santa, suenan y unos tambores y ‘al acercarse el paso’ canto mi ‘saeta‘ (2), la que yo cantaba a la Virgen del Refugio.

La Niña de la Alfalfa durante su época de cantante lírica (ABC de Sevilla, 4-12-1977)

La Niña de la Alfalfa durante su época de cantante lírica (ABC de Sevilla, 4-12-1977)

[…] Llevo también -nos dice- otra canción muy linda, del maestro Pantión, y dos canciones orientales del maestro Tolosa. ¡Ah! Y una cosa exclusivamente mía, letra y música. Se titula ‘Mi guitarra‘. Para completar números cantaré algunos de ópera, de los que tengo aprendidos, el aria de ‘Traviata’, la cavatina del ‘Barbero’, ‘Boheme’…” (El Liberal de Sevilla, 10-4-1924).

Nuevos triunfos en Sevilla

En junio de 1924, Rocío debuta junto a la compañía de Diego Valero en el Teatro del Duque de Sevilla, con la zarzuela ‘Marina‘, de Arrieta. La sevillana se reparte los aplausos con los señores Bruna -tenor-, Francés -barítono- y Rabaza -bajo-:

María del Rocío Vega, nuestra admirada ‘Niña de la Alfalfa’, se presentó anoche con ‘Marina’. La prodigiosa cantante popular que un día asombró a Sevilla con sus ‘saetas’, que después triunfó en la dura prueba de la ópera, se presentó anoche a la consideración del público del Duque. Y María del Rocío triunfó en toda la línea. Esta simpatiquísima artista sevillana, merecedora de aplausos, digna de toda simpatía, atrajo anoche a un público numerosísimo que la ovacionó justamente” (El Noticiero Sevillano, 8-6-1924).

Tras su exitoso debut, Rocío Vega sigue conquistando triunfos en todos los coliseos en los que se presenta. En diciembre de 1924 se la puede ver en el sevillano Teatro de San Fernando, en una función a beneficio de la Colonia de Periodistas.

Tras la zarzuela ‘La verbena de la Paloma‘, llevada a escena por la compañía de Meana, se representa el sainete ‘La copla andaluza‘, de Eduardo Rodríguez ‘Dubois’. En él destaca especialmente Manuel Centeno, que luce sus extraordinarias facultades en un amplio repertorio de cante flamenco.

Manuel Centeno

Manuel Centeno

La intervención de María del Rocío también fue muy bien acogida por el público. “[L]a eminente cantante, interpretó, como ella sabe hacerlo, varios trozos de ópera y cantó algunas saetas, tributándosele un homenaje de admiración” (La Unión, 5-12-1924).

Rocío Vega, la encantadora artista sevillana, tuvo a su cargo, en el agradable concierto, la Cavatina del Barbero, que interpretó memorablemente. Luego, en homenaje a su querida tierra, quiso ser de nuevo la famosa ‘Niña de la Alfalfa’, tantas veces aclamada […]. El prodigio inolvidable de sus saetas se renovó anoche, levemente estremecida la voz de la cantadora con inflexiones de añoranza que hicieron más conmovedor el momento. ¿Qué importa que las notas hayan pedido, al educarse la voz, algo de su antigua amplitud? Ahora, como antes, a las divinas saetas de Rocío las impulsa un corazón de sevillana […]

Clamorosas manifestaciones de admiración y de cariño premiaron la actuación de la gentilísima paisana ” (Dionisio Piñol, El Noticiero Sevillano, 5-12-1924).


NOTAS:

(1) Las referencias de la prensa sevillana de 1916 a 1936 han sido localizadas por José Luis Ortiz Nuevo y se encuentran disponibles en el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco.

(2) Aunque sigue siendo conocida por su famosa saeta, Rocío declara con pesar que, al haber educado su voz para el bel canto, ésta ya no suena igual cuando entona los aires de su tierra:

“- ¿Va usted a cantar ‘saetas’ este año?
– ¡Ojalá!; pero ya no puedo. Es muy fácil aprender a cantar por música, teniendo afición y voluntad; pero a cantar ‘saetas‘ o a cantar flamenco no se aprende. No es cante, es sentimiento; es lo que se llama estilo, es la mayoría de las veces improvisación: algo propio que ponemos en la copla. Cuando se ha aprendido a cantar por escalas, por gradaciones, ya no se pueden dar esas notas, ya no se puede cantar. Yo misma me asusto ahora cuando canto una saeta. No crea que esto que le digo es una tontería.
– ¿Pero no saldrá la ‘saeta’ como para que griten?
– Tanto como eso no. Pero el público esperaría a la Niña de la Alfalfa y sufriría una decepción. No, no puedo cantar en público ‘saetas’. Tengo impresionados varios discos y yo misma no quiero escucharlos. Mi garganta ahora obedece a lo que está escrito, y no responde más que a lo que leo en el papel pautado” (El Liberal de Sevilla, 10-4-1924).

(3) Soprano española (1898-1931).


La Niña de la Alfalfa, reina de la saeta (II)

Es tal la fama cosechada por Rocío Vega desde sus primeras apariciones públicas, que en mayo de 1916 los hermanos Álvarez Quintero cuentan con ella para interpretar las saetas del tercer acto de su obra Malvaloca, que se representa en el Teatro Cervantes de Sevilla, a beneficio de la actriz Carmen Cobeña; y, unos días más tarde, en la Sociedad Benavente. En ambas ocasiones, La Niña de la Alfalfa deslumbra al público con su cante, y ha de regresar a escena varias veces ante la insistencia de sus admiradores:

“[Teatro Cervantes] En el último acto cantó varias saetas la joven Rocío Vega, que consiguió un éxito grande por su estilo y voz armoniosa y espléndida.

Aclamada con entusiasmo tuvo que salir a escena, viéndose obligada ante la insistencia del respetable a cantar otra saeta” (El Noticiero Sevillano, 21-5-1916). (1)

“[Sociedad Benavente] En el tercer acto cantó irreprochablemente una saeta Rocío Vega, siendo ovacionada y obligada a salir a escena a recibir los aplausos” (El Noticiero Sevillano, 5-6-1916).

Rocío Vega (portada de La Semana Gráfica, 18-5-1921)

Rocío Vega (portada de La Semana Gráfica, 18-5-1921)

“… Cuando la Niña de la Alfalfa cantó su saeta, se organizó tal barullo que se hubo de detener la obra durante un rato, pues los aplausos no dejaban proseguir.

Al finalizar la representación hubo de cantar durante horas. Los hermanos Quintero, en agradecimiento, le regalaron un abanico (que aún conservaba) dedicado con la siguiente letra:

‘Es tu saeta canción
que hasta el cielo se levanta,
grito de tu corazón,
que al pasar por tu garganta
se convierte en oración’” (ABC de Sevilla, 22-7-1975).

De la saeta a la ópera

Sin embargo, durante los meses siguientes, La Niña de la Alfalfa sólo se deja ver en muy contadas ocasiones. Durante las fiestas de Alcalá del Río se puede “oír su sentimental y armonioso cante” por saetas desde el balcón del Ayuntamiento, “en medio de atronadores aplausos del público” (El Noticiero Sevillano, 6-6-1916); y en la capital, mientras procesionaba la Virgen del Carmen, “cantó, acompañada al piano, una preciosa Salve, que fue escuchada con el mayor silencio. Al terminar escuchó una ovación indescriptible, pidiéndole el público que cantase una ‘saeta’, a la cual accedió, siendo, al terminar, muy aplaudida y felicitada” (El Noticiero Sevillano, 26-7-1916).

La actriz Carmen Cobeña (por Calvache)

La actriz Carmen Cobeña (por Calvache)

El motivo por el que Rocío Vega prácticamente desaparece de la escena pública (2) es su dedicación al estudio con el fin de convertirse en cantante de ópera, gracias a la generosidad de varios benefactores, que asumen todos los gastos. Así lo cuenta la propia artista años más tarde:

“Unos señores muy ricos entonces me protegieron por mi saeta; les había llegado al alma el verso. Y cuando estuve completamente curada me presentó (sic) al Círculo de Labradores y éstos, en reunión, trataron de subvencionarme con mil quinientas pesetas todos los años, a más de las saetas que cantara, que las pagarían aparte. Ya ve usted cómo canté la primera saeta que me valió del nombre que hoy gozo. Toda mi vida tendré en mi mente a tan caritativos señores, que me dieron luz a mis ojos, felicidad a mi alma, paz y holgura a mi casa…” (Correo extremeño, 23-12-1928).

El profesor elegido es el cantante sevillano Luis Álvarez Udell, que prepara para ella un repertorio de ópera con la intención de hacerla debutar en el Teatro Real de Madrid. Durante ese retiro forzoso, Rocío sigue acudiendo cada Semana Santa al Círculo de Labradores, sito en la Calle Sierpes, para regalar al público sevillano sus saetas de estilo “sencillo, fino y bonito” (El Noticiero Sevillano, 3-4-1917). (3)

Rocío Vega ocupaba un balcón de Labradores. La gentil muchacha estaba admirable de voz, cantando de manera asombrosa. Tienen las ‘saetas’ de esta muchacha algo de canto de iglesia, algo que se aparta de las otras, que parecen coplas flamencas, sin que esto quiera decir que sean feas.

[…] donde estuvo durante toda la noche establecida la academia de esa modalidad de la liturgia del pueblo, en su aspecto más sentido y delicado, fue en la calle de las Sierpes, en el trozo comprendido entre Labradores y la Plaza de San Francisco, donde la renombrada Rocío Vega y otras jóvenes pusieron cátedra, manteniendo al público en una constante admiración” (El Liberal de Sevilla, 7-4-1917).

La soprano Rocío Vega (La Unión, 1924)

La soprano Rocío Vega (La Unión, 1924)

La Niña de la Alfalfa progresa más que adecuadamente en sus estudios, y en 1919 supera los exámenes del tercer curso en el Conservatorio de Música de Sevilla, ante el júbilo del público asistente:

“Se examinaba la joven Rocío del tercer año de canto. El público era numerosísimo y al terminar la futura diva la cavatina del ‘Barbero’ y el aria de ‘Traviata’, dos piezas dificilísimas, lo hizo de tal forma, cautivó al auditorio de tal modo, que la concurrencia rompió en atronadora ovación, faltando a la prohibición de hacer manifestaciones, siendo inútiles los campanillazos de la presidencia” (El Liberal de Sevilla, 8-7-1919).

Debut triunfal en el Labradores

En el mes de julio de 1921, tras cinco años de intensa preparación, Rocío Vega debuta como tiple en el Círculo de Labradores de Sevilla, la institución que ha hecho posible su acceso al mundo del bel canto. Las piezas seleccionadas para su presentación son la cavatina de El barbero de Sevilla, el aria de La Traviata, la plegaria de Tosca y la canción española ‘El niño judío’.

Desde el su aparición en escena, la artista confirma las grandes esperanzas puestas en su talento para el género lírico y desata el entusiasmo del público, que le regala grandes ovaciones durante toda la noche y la hace concluir su actuación con una de sus apreciadas saetas:

“Anoche se celebró la presentación de la bella artista ante el Círculo de Labradores y ciertamente que hubo unanimidad en el elogio y la satisfacción de haber ‘hecho’ a una artista.

Así fue su triunfo al lanzar al aire las primeras saetas veladas al principio por la emoción y animadas después por su dominio y seguridad en el arte, logrando cautivar al distinguido auditorio, que premió con clamorosas demostraciones de entusiasmo la labor de la artista” (La Unión, 15-7-1921).

“Cantó la romanza de El Barbero de Sevilla, ‘Una voce poco fa’, de manera tan ingenua y deliciosa, que al terminar la primera cadencia, no pudo el público dominar su entusiasmo, estallando en clamorosa ovación, que se repitió al acabar la romanza, sucediendo lo mismo en ‘Traviata’ y ‘Tosca’” (El Noticiero Sevillano, 16-7-1921).

Teatro Real de Madrid

Teatro Real de Madrid

No cabe duda de que Rocío tiene cualidades suficientes para convertirse en una gran artista:

“Posee Rocío Vega una admirable voz de timbre dulcísimo, a la par que potente, con una facilidad para los agudos asombrosa; los ‘trinos’ y los ‘picados’ salen de aquella privilegiada garganta sin el menor esfuerzo; y las más difíciles agilidades son vencidas por ella de la manera más natural y espontánea” (El Noticiero Sevillano, 16-7-1921).

Rocío Vega tiene ‘posse’ de artista, simpatía y , sobre todo, una gracia peculiar que atrae y enamora” (La Unión, 15-7-1921).

Se está forjando una diva

Un año después de su presentación ante el público sevillano, La Niña de la Alfalfa supera con éxito una de las pruebas más importantes de su carrera como cantante de ópera: la audición celebrada en el Teatro Real de Madrid ante grandes críticos y maestros del arte lírico. El tribunal queda realmente satisfecho con la interpretación de la sevillana que, en esta nueva etapa, se hace llamar María D’Rocío:

“… causó una impresión admirable, tanto por su hermosa y delicada voz como por su escuela de canto, pura italiana, que han de colocarla en plazo brevísimo en la fila de las primeras sopranos de ópera. Tanto en ‘Traviata’ como en ‘Barbero’, hizo verdaderas filigranas de trinos y picados, cuyas notas dulces y de perfecta afinación, hicieron recordar a las más afamadas sopranos líricas; únase a esto una escuela de canto irreprochable, belleza, figura y las simpatías propias de las mujeres de esta tierra” (El Correo de Andalucía, 13-10-1922).

NOTAS:

(1) Las referencias de la prensa sevillana de 1916 a 1936 han sido localizadas por José Luis Ortiz Nuevo y se encuentran disponibles en el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco.

(2) “Ha permanecido un año en silencio, un año estudiando, perfeccionándose para el arte al que piensa dedicarse. ‘No canto porque me lo tienen prohibido’, dice la muchacha de la Alfalfa a quienes le preguntan.

Ella quisiera cantar todos los días en todas las fiestas, que una muchacha de esta tierra sólo piensa en eso cuando piensa que lo hace bien, pero no puede ser, se lo han prohibido. Y Rocío no sale del Do Re Mi, ni canta otra cosa que sus lecciones” (El Liberal de Sevilla, 2-4-1917).

(3) Esa misma primavera también se puede admirar el arte de Rocío en la caseta de San Bernardo de la Feria de Abril de Sevilla: “… Más cerca La Giraldilla y Rocío Vega, la graciosa nena de la Alfalfa. Tres guitarras tocando, un piano, mucha luz, mucha alegría…” (El Liberal de Sevilla, 21-4-1917).