Flamencas por derecho

Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Flamencas por derecho - Mujeres que han dejado su impronta en la historia del flamenco

Laura de San Telmo, la que dicen que no es sevillana*

La últimas pinceladas del maestro Sorolla, reducido hoy a la esclavitud de su docencia, fueron dadas sobre un cuadro inconcluido en que el modelo era esta genial bailarina del Teatro Lloréns, llamada Laura de San Telmo… Fue el propio pintor de la luz quien le puso el nombre: un nombre evocador de Sevilla por medio de uno de sus más interesantes monumentos. Laura es verdad que se llama Laura, pero sus apellidos fueron sustituidos para lograr la sonora denominación artística por la referencia sevillana y monumental ‘de San Telmo’.

Laura de Santelmo (Nuevo mundo, 22-4-1927)

Laura de San Telmo (Nuevo mundo, 22-4-1927)

Laura es también un monumento ¡como mujer bella, prototipo del sevillanismo femenino -morena, graciosa, de ojos profundos y misteriosos y lustrosos pelo entre negro y azul-, y como artista que siente su arte y lo ejerce como una devoción febril y fervorosa!

Habíamos oído decir que Laura no es sevillana, ni siquiera andaluza, pero viéndola bailar ‘alegrías’ siguiendo el ritmo contrapunteado de la guitarra, sólo pueden dudarlo aquéllos que, aun teniendo ojos, no saben ver más allá de sus narices. Esa magnífica danza del ‘baile jondo’ sólo puede ser interpretada por quienes llevan sangre de por acá en las venas y tienen el pueblo metido en el corazón. Lo que pasa es que Laura no se formó aquí, no recorrió la ruta obligada -desde las casetas a Novedades y desde Novedades al teatro-, sino que luchando por la vida, viéndose huérfana y pobre y madrecita de unos pocos hermanos ‘chipilines’, dio en la buena obra de ser por todos, poniendo por medio su vocación de bailarina. Se fue por el mundo –Madrid, París, Londres– y al tornar a Sevilla trae labrada su fama, reconocido su valer por los grandes públicos y hecha una mujercita. A Sevilla ha venido a contrastarse en el ambiente. Y los que saben del baile a lo clásico, sin resabios varietescos ni requilorios falsos, han tenido a bien concederle su aprobación entusiástica.

Caricatura de Laura de San Telmo (El Noticiero Sevillano, 6-10-1922)

Caricatura de Laura de San Telmo (El Noticiero Sevillano, 6-10-1922)

Pasa con el baile lo que con el cante: se ha creído, hasta el concurso de Granada, que el cante era la decadente mistificación falmenquista que nos servían entre gorgoritos, ronquidos, salivazos y palitroqueo los ‘cantaores’ insoportables. Ahora se sabe que el ‘cante jondo’ no es el cante flamenco, y ya se va sabiendo que también hay un ‘baile jondo’ que no es ciertamente el de los cuadros de la flamenquería. Vuelve lo sobrio, lo castizo, lo que es verdadero de la raza… Ya va volviendo también a ponerse sobre los hombros varoniles la clásica capa y los bustos de las mujeres se envuelven sin desdoro en los pañolillos de Manila. Nos vamos encontrando de nuevo.

Después de aplaudir el arte soberano de Laura de San Telmo, hemos ido a saludarla en su camarín del teatro.

– Aquí venimos a felicitar a usted.

– Gracias.

– Y, además, a saber si es usted o no paisana nuestra.

– ¡Ya lo creo que lo soy! Nasí en la Alameda y viví en la Macarena hasta los diez y seis (sic) años.

– ¿Hace mucho tiempo que nació usted en la Alameda?

– Hace veintidós años; y ahí está mi partida de bautismo que no me dejará mentir.

– Pero, ¿se va usted a casar? Parece que ha sacado usted los papeles…

– No; es que no quiero que me prendan por indocumentada.

– ¿Tiene usted familia aquí en Sevilla?

Laura de San Telmo (portada de La Unión Ilustrada, 29-8-1918)

Laura de San Telmo (portada de La Unión Ilustrada, 29-8-1918)

– Ya lo creo. Mis abuelos y ‘la mar’ de parientes.

– ¿Cómo se hizo usted ‘bailaora’?

– Porque tenía muchas ganillas de serlo. Yo vivía con mis padres y mis hermanos… Ayudaba a llevar la casa, haciendo flecos para mantones… Nos quedamos ‘toos’ huerfanitos, y como yo era la mayor, me dije: los flecos no dan para mantener a toda esta patulea, de modo que a bailar se ha dicho… Y me fui por el mundo y… aquí me tiene usted: salvé la situación de la familia y me he dao el gusto a mi voluntad de ser artista.

– ¡Admirable, Laura!

– Pero no le quiero decir a usted ‘na’ de lo que he pasao para llegar donde estoy.

– Y está usted contenta de su triunfo.

– Aún, no. Nunca creo que llegué a la perfección. Todos los días estudio

– Y del público sevillano, ¿está usted satisfecha?

– Naturalmente. Me ha aplaudido mucho y sus aplausos son los que mejor han resonado dentro de mí. […]

Nota:

* Fuente: El Noticiero Sevillano, 6-10-1922. Este texto ha sido localizado por José Luis Ortiz Nuevo y está disponible en el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco de Jerez de la Frontera.

 


“La Imperio se retira”

“Nuestro querido colega ‘El Noticiero Universal’, de Barcelona, publica la siguiente interviú de uno de sus redactores con la bella cupletista sevillana Pastora Imperio, y que reproducimos por creer ha de despertar interés en nuestra capital.

***

Pastora Imperio (El Día, 10-1-1917)

Pastora Imperio (El Día, 10-1-1917)

… La Orquesta ataca las primeras notas de un pasodoble alegre y saleroso…

En el escenario, con una mano en la cadera y la otra marcando un braceo arrogante y castizo, luciendo las gallardías de su cuerpo majo, aparece la artista, arrebolada su cara morena, entreabierto el estuche sangriento de su boca, abiertos, muy abiertos los ojos esmeraldinos, sombreados por las pestañas negras, muy negras y muy largas…

Luego canta. Canta una copla en la que la musa popular puso su alma. Una copla que habla de amores, besos y suspiros, celos gitanos, risas y sollozos…

Canta, y mientras la copla tiembla en sus labios, sus ojos, sus divinos ojos, ora parpadean acariciadores, ora brillan maliciosos, rientes, ahítos de alegría y amores; ora, en fin, rutilan, despidiendo centellazos acerados y reflejando, desafiadores y soberbios, la indómita arrogancia de una raza de héroes y fanáticos…

‘Yo soy la descendiente de aquellas majas que tanta guerra dieron a Napoleón…’

Dice. Y su figura y su gesto, evocan la figura y el gesto feroz de la hija de ‘Malasaña’, la heroína popular…

Luego cantarinea la vihuela agarena, rasguea el que la tañe con picados y punteos monorrítmicos que tienen dejos alegres, dejos tristes, dejos de lloros…

Pastora Imperio

Pastora Imperio

Y la bella, la genial artista se adelanta. Enarca los brazos alrededor de la cabeza a modo de nimbo. Crotalean sus dedos a compás, repiquetean sus pies sobre el tablado, marcando trenzados y redobles inverosímiles de puro complicados…

Y el cuerpo de la bailadora, grácil y esbelto como el de una bayadera india, como el de una sacerdotisa dionisíaca, gira, tiembla, se encoge felinamente, se dobla, se agiganta, en mil posturas y ademanes plenos de gracia, de arte, de armonía de líneas, dignos de la valentía de un pincel zuloagnesco…

La seda, joyante, se ciñe al cuerpo, dejando adivinar la euritmia venusina de la carne palpitante. Y caireles, faralaes, plisados de gasa, lazos y cintas, madroños y flores de oro y de plata, revolotean alrededor de la artista como insectos deslumbrados por el resplandor de los divinos ojos esmeraldinos de misterio

***

[…]

– Conformes, y muy agradesía… Pero le arvierto asté – nos dice Víctor Rojas, el simpático hermano de la Imperio – que hase sinco minutos que ha estao un compañero de usté a solisitá lo mismo… y también ha aseptao mi hermana Pastora. Asín es, que se lo digo, pa que luego no me eche usté ninguna mardisión si el otro se l’adelanta y publica la informasión antes que usté en otro diario…

Pastora Imperio con su madre, Rosario la Mejorana, y su hermano, Víctor Rojas

Pastora Imperio con su madre, Rosario la Mejorana, y su hermano, Víctor Rojas

El repórter siente algo como un golpe de mazo en la nuca, a tiempo que de todo su cuerpo mana un sudor frío, característico en los casos de azoramiento.

De suceder las cosas tal como anuncia Víctor Rojas, el más espantoso de los ridículos caería sobre el reportero, al encontrarse con que ‘otro’ le había ‘birlado’ las primicias de un rato de charla con la genial Pastora

– ¿Y sabe usted qué periódico es ese ‘querido compañero’, que me ha tomado la delantera? – preguntamos por decir algo, y próximos al síncope.

– No, señó, no lo sé de fijo, pero creo que es de un periódico de la mañana…

Al oír esto, el reportero da un bote como cualquier pelota de goma.

– ¡Un periódico de la mañana! – piensa -. Es decir, que si logro celebrar y publicar la interviú hoy mismo (son las doce y media) le doy un disgusto mayúsculo al ‘madrugador’ y me evito un ridículo espantoso…

– ¡Qué! ¡Parese que se l’ha pasao argo el susto!, ¿eh?

– Oiga usted, Rojas. ¿A usted se le han roto alguna vez las seis cuerdas de la guitarra a un tiempo mientras acompañaba una copla a su hermana, en el escenario?

– ¡Hombre, a mí, no! Pero yo creo que me hubiera dao un tabardiyo de la sofocasión que hubiera pasao…

Pastora Imperio, ataviada para interpretar El amor brujo

Pastora Imperio, ataviada para interpretar El amor brujo

– Bueno, pues hágase cuenta de que hace un momento me he visto en un caso parecido y… he descubierto el medio de que la guitarra suene sin cuerdas y sin que nadie se haya dado cuenta del percance… ¿El caso es para ponerse alegre, o no?

– ¡Josú, ya lo creo!

***

Y en efecto, a la hora indicada (tres y media de la tarde), el reportero se presenta en el hotel en que se hospeda la popular artista.

– La señora ‘Imperio’, nos dicen, está acabando de comer, tenga la bondad de esperarse unos minutos…

Unos minutos que no vienen mal, por cierto, pues durante ellos, y gracias al abanico indispensable del reportero, se evaporan un poco los goterones de sudor que perlean (sic) su frente.

Pero a los pocos momentos se abre la mampara de la escalera y – ¡Oh, cielos! – ¿quién creerá usted que aparece por ella?

Pues nada menos que el ‘compañero madrugador’ del reportero, que acompañado de su buen fotógrafo, se dispone a lograr el correspondiente ratito de charla con la artista.

En este momento, aparece la gentil Pastora, la cual, después de saludar a todos con su deliciosa sonrisa, entreabriendo un poco los ojos esmeraldinos de misterio, ríe a carcajadas al ver la triste figura de los dos reporteros convertidos en estatuas de sal […].

Pastora Imperio

Pastora Imperio

***

Al llegar a la Plaza de Cataluña, el reportero, mustio, alicaído, se deja caer en un banco y como no puede llorar… se queda dormido.

A poco, alguien le habla al oído. Es la Imperio, la mismísima Pastora que, compadecida, se dispone a contar al reportero sus andanzas por tierras americanas.

Y como el tiempo apremia (son las cuatro y media), allá va sin rodeos lo que la Pastora le dijo:

– Como usted sabe, salimos de Barcelona el 4 de agosto del año pasado con rumbo a Buenos Aires.

Sin incidentes durante al viaje, llegamos a aquella capital, donde debuté el 3 de septiembre en el teatro San Martín, con un éxito tan grande cual no recuerdo otro. En este teatro actuaba también un cuadrito de comedia y el dueto ‘Los Chimenti’. Dimos 68 representaciones, celebrándose dos a beneficio mío con unos resultados fabulosos…

– ¿Y después?…

– Después fuimos a Rosario de Santa Fe, Santa Fe de Bogotá, Paraná y Mendoza. De aquí fuimos a Valparaíso por el túnel transandino, tan largo, que los trenes llevan a prevención balones de oxígeno, porque son muy frecuentes los síntomas de asfixia entre los viajeros. Mi madre, sin ir más lejos, y el bailaor flamenco Faíco, hubieron de ser atendidos, por faltarles ya la respiración… También dimos unas representaciones en una población cercana a Valparaíso, que se llama Viña del Mar.

Pastora Imperio (portada de La Unión Ilustrada, 7-9-1913)

Pastora Imperio (portada de La Unión Ilustrada, 7-9-1913)

– ¿Y aquí terminó la tournée?

– No, señor. Antes de zarpar de Buenos Aires, y a ruegos de varios amigos y de la prensa en general, me presenté ante el público bonaerense en tres o cuatro funciones de despedida. ¡Créame usted, que a aquel público lo recordaré yo con cariño toda mi vida!…

– ¿Y en aquella fecha salieron de Buenos Aires?

– El día 2 de mayo, y por cierto, que durante el viaje fuimos detenidos dos veces por buques de guerra. La primera por un acorazado inglés y la otra por dos cruceros franceses que nos dejaron continuar el viaje sin más inconvenientes.

– ¿Y después?

– Llegamos a Cádiz, descansamos en Madrid todo el mes de junio, debuté en Valencia, en el teatro de Eslava, el 7 de julio, donde estuve trabajando hasta el domingo, en que me despedí de aquel público. Aquí llegamos ayer, como usted sabe, y respecto al cariño con que me ha acogido el público de Novedades, no encuentro frases con que agradecerlo. ¡Qué bueno ha sido siempre conmigo el público de Barcelona!

– ¿Cuántas funciones va usted a dar aquí?

– Estoy contratada por diez representaciones

– ¡Y habrá prórroga! ¿Verdad?

[…]

Pastora Imperio (Museo Nacional del Teatro)

Pastora Imperio (Museo Nacional del Teatro)

– Desde aquí iré a San Sebastián, Logroño, Bilbao y Valladolid, donde tengo firmados contratos…

– Y después…

– Después a Madrid y… ¡agárrese usted que ésta es una noticia de las que ustedes llaman morrocotudas… Para la primavera próxima, si la Virgencita de la Macarena quiere, me retiro del teatro.

– ¡¡¡Pastora!!!

– ¡Sí, señor, Pastora se retira del teatro en cuanto haga una tournée de despedida!

– ¡¡Pero!!…

– Sí, hombre. Me retiro… ¡Y no grite, que se va usted a despertar y sería una lástima que se desvaneciera con esto!…

– Oiga usted, Pastora, antes de que salga de ese sueño, dígame usted, por su salusita gitana, algo del Gallo, el divino ‘calvo’…

– ¡Sobre eso, no obtendrá usted ni una palabra! – nos ha dicho.

Al oír esto, la gentil Pastora (o su ‘sombra’) se ha puesto muy seria, ha abierto enormemente sus ojos esmeraldinos.

***

Pastora Imperio, por Manuel Benedito

Pastora Imperio, por Manuel Benedito

– ¡Eh, amigo! ¡Que se va usted a caer! Nos despertamos sobresaltados.

La sombra de la Pastora ha desaparecido.

Son las cinco menos veinte minutos.

En un tranvía, vemos a nuestro querido compañero ‘el madrugador’, que oprime amorosamente unas cuartillas…”

(Emilio G. de Bustillo, El Noticiero Sevillano, 14-8-1916).

NOTA:

Este artículo ha sido localizado por José Luis Ortiz Nuevo y está disponible en el Centro Andaluz de Documentación del Flamenco de Jerez de la Frontera.

 


Los secretos del retrato de Carmencita, de Sargent

SE PINTÓ LA NARIZ DE ROJO PARA HIPNOTIZAR A SU FOGOSA MODELO*

El secreto del maravilloso retrato de Sargent de la felina Carmencita, teatralmente revelado por su biógrafo, que desvela otros misterios de las vidas del artista y la bailarina

"La Carmencita", por John S. Sargent (1890)

“La Carmencita”, por John S. Sargent (1890)

Desde hace 37 años la famosa pintura de Sargent de Carmencita, la bailarina española, ha sido la maravilla -y el misterio- del mundo artístico. ¿Con qué milagrosas habilidades logró Sargent transformar un poco de lienzo y pigmento naranja en el frufrú de la seda y el movimiento suspendido de la danza?

El inquietante poder con el que capturó y conservó para siempre la fugaz actitud de un momento ha hecho que el retrato sea aclamado hoy como una obra maestra del dibujo, el color y la expresión.

El logro parece aún más destacable si se considera la personalidad de la modelo de Sargent. Carmencita era una chica de los music-halls españoles. En su naturaleza se combinaban toda la pasión, todo el amor al color y el movimiento, y toda la tempestuosidad de la raza oscura y romántica.

Otros artistas habían intentado retratarla sin éxito. La pintura que representara sólo un segundo en el rápido giro de un baile necesariamente debía ser la culminación de una larga y agotadora sesión de lucha con el temperamento así como con el pincel.

¿Quién podría someter el fogoso espíritu de Carmencita durante el tiempo suficiente para realizar esa tarea?

John Singer Sargent (Autorretrato, 1907)

“Autorretrato” de John Singer Sargent (1907)

El retrato terminado demostró que John Singer Sargent lo logró, pero no ha sido hasta la reciente aparición de un libro de Hon. Evans Charteris cuando se ha dado a conocer el grotesco método del artista para captar la atención de la modelo. El episodio queda registrado en ‘John Sargent’ del Sr. Charteris, una biografía publicada por Charles Seribner’s Sons, de Nueva York.

El circunspecto Sargent, al reparar en la inmadurez de todas las naturalezas primitivas, comenzó su tarea intentando no someter a su modelo con argumentos grandilocuentes ni con la razón. Por el contrario, adoptó el método del fotógrafo que obtiene sus mejores resultados con un niño de dos años incitándolo a mirar al pequeño e inexistente ‘pajarito’. Ejercitando su ingenuidad, Sargent -afirma el Sr. Charteris- se pintó la nariz de rojo para atraer hacia él la atención infantil de Carmencita, y si la nariz roja fallaba, la fascinaría comiéndose su cigarro. Esta actuación, posiblemente nociva para la digestión del artista, hizo las delicias de la bailarina, que permaneció quieta, en un aparente estado de hipnosis.

El ingenio de Sargent no terminó aquí. Los clientes de los establecimientos de vodevil y comedia musical saben que una nariz roja puede ser divertida, pero no durante mucho tiempo. Sargent tenía otros recursos. Apreciaba la música española y tenía en su estudio una máquina parlante en la que reproducía sus canciones españolas favoritas. Es posible que así engañara el tedio de más de una sesión de Camencita y volviera a capturar el decreciente interés de su temperamental modelo.

Boceto de 'La Carmencita' de Sargent

Boceto de “La Carmencita” de Sargent

También hubo otros modos de lograrlo. Cuando el cuadro se exhibió en Nueva York y un admirador ofreció 3.000 $ por él, Sargent respondió que no podía aceptar esa cantidad, porque pintar el retrato había costado más de eso. ‘¿Que ha costado más? ¿Qué quiere decir?’, le preguntaron con sorpresa.

‘Porque…’ -respondió- ‘en pulseras y otras cosas’. Hasta ese punto hubo que convencer a la caprichosa belleza para que cumpliera su promesa de posar.

Carmencita tuvo un gran éxito en Nueva York. El Sr. Charters dice en su libro lo ansioso que estaba Sargent por que la Sra. Gardner, una mecenas de las artes, viera a esa ‘desconcertantemente espléndida criatura’. ‘¿Podría usted -escribió- tenerla en su casa de la Quinta Avenida? Si es así, ¿podría yo ir a ver si el suelo o la alfombra están bien, o si hay alguna lámpara de araña con la que pueda romperse la cabeza? Tendría que ser sobre las doce de la noche, después de la actuación’.

Charteris continúa: ‘ Al final, la fiesta la dio la Sra. Gardner en el estudio de William Chase, el pintor, en la Calle Décima de Nueva York. Los honorarios que se pagaron a Carmencita fueron de 150 dólares. La Señora de Glehn […] estuvo presente con su hermana y describe la escena. Sargent, a quien nunca había visto antes, ‘estaba sentado en el suelo. El estudio estaba suavemente iluminado; al fondo de la habitación se pudo ver una escena como la que él había representado en ‘El Jaleo’.

El Jaleo (J. S. Sargent, 1882)

“El Jaleo” (J. S. Sargent, 1882)

Carmencita, con una luz que la iluminaba desde abajo, ora retorciéndose como una serpiente, ora con una arrogante elegancia, se pavoneaba por el escenario con una hilera sombría de guitarristas al fondo, que rasgueaban su embriagadora música española. Ella había llegado al estudio con el pelo encrespado y la cara cargada de polvo y pintura. Sargent, como su empresario ocasional, le alisó el pelo con un cepillo mojado e incluso aplicó un paño húmedo a su maquillaje. Con esto estaba llevando demasiado lejos el puesto de director escénico; ella se molestó y se enojó. Entonces se necesitó tacto para reprenderla e incitarla a bailar, pero sus ‘escenas’ fueron breves. Cuando aún no había bailado muchos pasos, la Sra. de Glehn la vio lanzar una rosa al pintor, que estaba sentado en el suelo a media luz. Él la recogió y, desde su ojal, ésta ratificó la paz’.

Más tarde Carmencita se casó con el líder de la orquesta de guitarras, y compartió con él un estudio con una cama individual en Bloomsbury, Londres. Aunque bailaba por cuantiosos salarios en los music-halls ingleses, ya no era la Carmencita de Nueva York. El Sr. Jacob Hook, que la visitó en este apartamento, escribió entonces sobre ella que el tiempo había calmado su furia, aunque no su belleza, y que la civilización había sometido el fuego de su espíritu, aunque no su gracia. Estaba domesticada y en sus pasos difería de los estándares de la convencionalidad británica.

El vestido con el que Sargent pintó a Carmencita fue comprado recientemente en Londres en una venta de sus efectos personales por una cantidad sorprendentemente pequeña. En América, se habría vendido por una suma mucho mayor.

Carmencita Dauset

Carmencita Dauset

Sargent fue uno de los pocos grandes pintores que para triunfar no tuvieron que luchar contra la adversidad. Nacido en Florencia de padres americanos acomodados, tuvo la ventaja de viajar por Europa y estudiar con los mejores maestros franceses e italianos. Pronto dio muestras de su gran talento, y toda su vida estuvo marcada por el inveterado deseo de dibujar, dibujar y dibujar todo aquello que intrigara a su vista.

Pero Sargent era el adecuado, por su inclinación y su experiencia, para hacer el retrato de la famosa Carmencita. Tenía un gran interés por los temas españoles, y su propio estilo de pintura había recibido una gran influencia de los maestros españoles, especialmente Velázquez. Una nariz roja, una merienda de puros… -no le importó hacerlo en tanto que le ayudaron a captar en el óleo el alma de tigresa de la más hermosa bailarina española”.

NOTA:

* Artículo publicado en The Des Moines Register, el 7 de agosto de 1927. La traducción es mía.

 


“El baile gitano salvaje de Carmen Amaya tiene a Broadway entusiasmado”

 

Carmen Amaya (Pittsburgh Post Gazette, 26-3-1941)

Carmen Amaya (Pittsburgh Post Gazette, 26-3-1941)

16 familiares viven de la actuación de la joven española

– Sus hermanas, sus primas y sus tías –

Por Iola Ellis*

NUEVA YORK, 25 de marzo.- Que una bailaora gitana española llamada Carmen Amaya se haya paseado entre nosotros cargada de familiares es lo más excitante que ha sucedido a los sibaritas de Broadway en muchos meses.

No hay que culpar a nadie de tan enorme exageración. Honestamente, sólo podría afirmarse que ese relámpago de diecinueve años zapatea, gira, salta o brinca. Para decirlo suavemente, es un huracán en acción.

Desde que tenía cinco años, sus talentos han servido como un vale de comida para sus familiares menos brillantes; de los 16 que tiene a su cargo, ocho forman parte del equipo artístico de su compañía en el Beachcomber.

En el grupo hay unos cinco guitarristas (primos y cosas así) que, con sus golpes, dan a Carmen la señal para entrar. Después su hermana Antonia grita, ‘¡Vamos, animal salvaje! ¡Abrimos la jaula!’ y el baile comienza.

En Broadway nunca se ha visto nada así. Ese baile tiene una arrogancia y una insolencia, una crueldad y una pasión que sólo pueden compararse con las de un animal atormentado. Parece un salvaje e inútil intento de escapar.

Carmen Amaya (The Courier Journal, 6-4-1941)

Carmen Amaya (The Courier Journal, 6-4-1941)

***

Lo que es, en realidad. Parece que hace años Carmen Amaya tenía el ardiente deseo de ser torera. Cuando era niña, desfogaba su ardor bailando para los turistas en el camino de la plaza de toros de Granada (4) y después corría con los preciosos centavos a comprar su tique para la corrida.

Incluso ahora, siempre incluye en su rutina un baile que se supone que retrata a un torero en una auténtica corrida de toros.

En inglés no existe una definición exacta del término baile flamenco. No es necesariamente un baile, está mejor descrito como una manera, un estilo de comportamiento.

Si una persona está segura de sí misma, es en cierto modo arrogante o engreída, los españoles dicen que es ‘flamenco’. Amaya es considerada la mayor bailaora de flamenco del mundo, según el testimonio de figuras como Toscanini (1), Stokowski (2) y Lily Pons (3). Nunca en su vida ha tomado clases de baile y cambia su rutina en cada actuación.

Su relación con su variado entorno es afectuosa, posesiva y sentimental.

Carmen Amaya (The Minneapolis Star Sun, 6-4-1941)

Carmen Amaya (The Minneapolis Star Sun, 6-4-1941)

***

Para Papá Amaya, el soberano de la tribu, ella ha decidido ganar 100,000 $, a fin de que pueda completar la adquisición de un teatro en Sudamérica.

Para sus hermanas, planea sus carreras como bailarinas y después del trabajo las entrena con las castañuelas.

Para Mamá Amaya, quiere construir la mayor casa del mundo, porque, según dice, su corazón es tan grande como el universo.

En cuanto a Carmen, le gustaría actuar en Broadway o hacer una película. Y algún día, tal vez, llegar a ser torera.

NOTAS:

* Artículo publicado en el diario Pittsburgh Post Gazette el 26 de marzo de 1941. La traducción es mía.

(1) Arturo Toscanini (1867- 1957), músico italiano.

(2) Leopold St0kowski (1882-1977), director de orquesta británico.

(3) Lily Pons (1989-1976), soprano franco-estadounidense.

(4) Se trata, sin duda, de una licencia de la periodista, ya que, como es sabido, Carmen nació y pasó sus primeros años en Barcelona.

 


La Estrella de Andalucía y Estrella Trouppe triunfan en Jerez

En 1915, Luz de Garay y sus hermanas debutan en el Teatro Principal de Jerez. En el programa figuran la polifacética Adela López (cantaora y canzonetista) y un exótico número de focas amaestradas. El 16 de noviembre se anuncia la presentación de las Garay, que despiertan gran expectación:

Las hermanas Garay (Foto de Antonio Esplugas, ANC)

Las hermanas Garay (Foto de Antonio Esplugas, ANC)

“El programa de esta noche no puede ser más atrayente. Después de la reaparición de Adela López […] debutará el notabilísimo número Estrella Trouppe, compuesto de cuatro bellísimas señoritas, que han llamado grandemente la atención, no sólo en España, sino en las principales capitales europeas.

Forman parte de la trouppe la admirable bailarina de fama mundial ‘La estrella de Andalucía’, la notable concertista ‘Blanca de Garay’, discípula de Saldac, la que ejecuta con la concertina, escogidas piezas de concierto y dos preciosas señoritas hermanas de las anteriores, que actúan también como canzonetistas y bailarinas.

El número es fino, atrayente y completamente moral, habiendo llamado grandemente la atención de todas partes y siendo apropiadísimo para el distinguido público, que favorece con su presencia los espectáculos del Principal” (El Guadalete, 16-11-1915).

El éxito no se hace esperar. Tras su primera aparición en el coliseo jerezano, el público acude en masa al Teatro Principal:

“La Trouppe Estrella que tan inmenso éxito alcanzó anoche en su primera presentación interpretará bailes y canciones distintas, así como Blanca de Garay y la Estrella de Andalucía […].

En vista del enorme éxito alcanzado anoche por la Adela López y la ‘Trouppe Estrella’, para atender a la gran demanda de localidades la taquilla estará abierta desde las cinco de la tarde” (El Guadalete, 17-11-1915).

Las hermanas Garay (Foto de Antonio Esplugas, ANC)

Las hermanas Garay (Foto de Antonio Esplugas, ANC)

Luz, Blanca, Ángeles y Consuelo de Garay ofrecen un espectáculo fino, variado, lleno de arte y colorido, que no deja indiferente a nadie:

“Son tan escasos los números de varietés verdaderamente artísticos, que cuando como ocurre en el caso presente con la Troupe Estrella, realizan una labor admirable, el público jerezano se apresura a llenar el teatro como ha ocurrido estas dos últimas noches.

La sola presentación de las cuatro bellísimas hermanas, ataviadas con la clásica mantilla, arranca ya una entusiasta ovación del público que contempla aquel brillante cuadro de color.

Luego la menor, Blanca, con la concertina, toca escogidísimos trozos musicales, con tanta delicadeza, maestría y depurado gusto, que el público no se cansa de oírla. Pero donde el entusiasmo se desborda, es al ejecutar la Estrella de Andalucía, las alegrías, jotas, flamencomanías y demás números, con arte tan sin igual y posturas tan artísticas, que hacen resaltar su bellísima figura y cuerpo arrogante, que al público le parece no haber presenciado jamás bailes tan conocidos, por ser tal el sabor aristocrático que les imprime y su maestría al tocar las castañuelas, que le ha valido el renombre de reina de los palillos. Esta artista ha sido sancionada por los principales públicos de España y algunas capitales europeas, como París y Berlín, habiendo sido consagrada como bailarina sin rival por su forma, distinción y sprit que imprime a su extenso repertorio de bailables. Actúa además en unión de su hermana Consuelo como duetista, luciendo ambas su linda voz y maestría al interpretar canciones del más depurado gusto y finalmente unidas las cuatro realizaron danzas tan admirablemente combinadas, con tal arte las figuras y tan perfectamente ensayadas, que el público aplaude sin cesar, no cansado de admirar tan notable conjunto” (El Guadalete, 18-11-1915).

Las hermanas Garay (Foto de Antonio Esplugas, ANC)

Las hermanas Garay (Foto de Antonio Esplugas, ANC)

Las Garay siguen cosechando aplausos y ovaciones durante varios días. El 21 de noviembre se despiden del público jerezano para viajar a Tánger, donde las esperan nuevos compromisos:

“La función será de gran moda, regalándose a las señoras lucidos ramos de flores por las Hermanas Garay, que ejecutarán los números mas escogidos, debutando Ángeles de Garay como artista musical y ejecutándose el tango argentino por las cuatro hermanas, que hacen de él una verdadera creación.

Es grandísimo el entusiasmo que reina para esta función, habiéndose ya anoche apartado numerosas localidades” (El Guadalete, 19-11-1915).

“La ‘Estrella Troupe’, continúa obteniendo el favor del público.

Anoche debutó como artista musical Ángeles de Garay, siendo muy aplaudida.

Las referidas artistas bailaron también ‘El Tango Argentino’, con una elegancia, delicadeza y gusto, admirables” (El Guadalete, 20-11-1915).

“La ‘Estrella Troupe’ gusta más cada día.

Blanca de Garay en la concertina y la ‘Estrella de Andalucía’ con sus bailes, logran entusiasmar a la concurrencia que les pide nuevos números, a lo que ellas acceden siempre, complacidas.

Esta noche se despiden tan bellas y notables artistas” (El Guadalete, 21-11-1915).

“Ayer marcharon a Cádiz en cuyo puerto embarcarán con rumbo a Tánger, para donde han sido ventajosamente contratadas, las artistas que forma la Troupe Estrella” (El Guadalete, 23-11-1915).